El alcoholismo es una terrible enfermedad mental con secuelas somáticas fatales que llevan a la muerte. Es una enfermedad ingrata e injusta, generada por la insidia progresiva y que provoca fatales consecuencias. El alcoholismo acaba con todo y todos, sin respetar condiciones de ningún tipo. Igual afecta a profesionales, iletrado, mujeres, hombres, jóvenes, adultos, ateos, creyentes, pudientes, pobres o a personas de cualquier raza o ideología.
Antes de acabar con la vida del alcohólico, esta enfermedad destruye el valor más sensible del humanismo, nos referimos a la dignidad humana. Muchas personas, en alcoholismo activo han pasado a ser bazofia y un desecho de la sociedad, pero lo más terrible es que el alcohólico acaba considerablemente con la paz y tranquilidad de su entorno, entiéndase su familia, su comunidad y su familia. Los hijos de la persona alcohólica viven con ilusiones destrozadas y con anhelos pisoteados. Con autoestima degradada.
El entorno del alcohólico (a) es triste y acomplejado. Los hijos, padres y esposo (a) siempre están a la espera de la peor noticia. Han acumulado vergüenza, sufrimiento, incertidumbre y un dolor en el alma porque a pesar de todo no han dejado de querer al alcohólico (a) convertido en un ser indeseable, imbécil, idiota, irresponsable, intolerante, inhóspito, ingrato e injusto.
Es injusto que por la irresponsabilidad de una persona alcohólica toda su familia sufra las nefastas consecuencias, sin que el alcohólico adquiera un ápice de conciencia. Es ingrato que las personas que más lo quieran sufran directamente las consecuencias, entre ellas las carencias el efecto de las dolencias. El alcohólico sufre las consecuencias psíquicas y físicas y su madre el dolor por la ingratitud de su hijo, quien cuando consumió la primera cerveza o el primer trago de alcohol nunca imaginó que caería en las aterradoras garras de esa terrible enfermedad, capaz de terminar con la lucidez de otros y con su misma vida.
He conocido cientos de casos de personas que bajo los efectos del alcohol han matado a su madre, a su padre, a sus hijos, a su esposa (o), a sus hermanos, a sus vecinos, a sus amigos o a personas desconocidas. Alcohólicos que han provocado tragedias o que han pasado a engrosar el número de pacientes en los hospitales, la cantidad de reos en los penales o que han perdido su propia vida o que acabaron con la vida de otros.
Muchos han perdido todo lo que tenían. Primero perdieron sus valores y su principios, luego sus bienes materiales y a su seres queridos, Rechazados por la sociedad y la familia acabaron con todo y pasaron a ser, literalmente, un estorbo indeseable para la comunidad que los considera repulsivos.
La gravedad del alcoholismo fue entendida perfectamente por dos hombres que seguramente fueron iluminados por un Poder Superior, nos referimos a los estadounidenses Bill Wilson y al Dr. Bob Smith, ambos desahuciados por el alcoholismo, dieron paso a la comunidad de Alcohólicos Anónimos, en la ciudad de Akron, Ohio, Estados Unidos, hecho ocurrido el 10 de junio de 1935, hace 91 años.
Actualmente AA tiene presencia en 180 países, donde hay alrededor de 120 mil grupos que en total tienen una membresía estimada de 2.4 millones de personas. Solo en El Salvador hay más de 17 mil miembros en más de 1,400 grupos distribuidos en todo el territorio. La finalidad de AA es rescatar vidas y llevar el mensaje a quien sufre las consecuencias de esta enfermedad, entendiendo que es una enfermedad mental que no tiene cura biosomática, pero que si puede ser retenida evitando el consumo del primer trago.
Si bien es cierto el alcoholismo no tiene cura, esta es una enfermedad controlable. El método de AA es sencillo. La persona en proceso de recuperación debe sujetarse a un Poder Superior, mantenerse lleno de humildad, y tener claro que sus reuniones grupales son sesiones terapéuticas cada 24 horas. Esa es la forma ideal de contener la insidiosa enfermedad. El alcohólico anónimo conociendo las experiencias de otros crea su propia conciencia y evita el primer trago. Compartir experiencias es una forma honesta de desnudar el alma y crear conciencia sobre las nefastas consecuencias de una enfermedad que en el caso de El Salvador genera un promedio de tres muertes diarias por ingesta alcohólica.
En nuestro país, según la Organización Mundial para la Salud (OMS) por cada 100 mil habitantes fallecen 18.63 por efectos del alcoholismo, siendo los líderes mundiales en este desagradable y detestable rubro. La cifra es mucho mayor si se toma en cuenta que muchos suicidios, muertes somáticas, homicidios culposos y agravados son considerados como producto de la delincuencia o la intolerancia y no como efecto de las bebidas embriagantes.
Hasta ahora son 91 años de existencia de AA, una comunidad de hombres y mujeres de ayuda mutua conformada por sujetos que comparten su experiencia, fortaleza y esperanza para superar el alcoholismo. Se mantienen con ayuda económica exclusiva de sus miembros y el único objetivo es mantenerse sobrio y ayudar a otros a lograrlo. Según la tercera tradición el único requisito para ser Alcohólico Anónimo es querer dejar de beber.
En 91 años han sido millones de hombres y mujeres de todo el mundo que han sido rescatados del alcoholismo lo que se traduce en ciudadanos que de irresponsables pasaron a ser responsables llevando consigo paz, tranquilidad y felicidad a sus seres queridos y a su entorno más inmediato. Entonces, como no agradecer profundamente a Bill y Bob, que motivados por un Poder Superior crearon una comunidad ampliamente democrática, espiritual y humanista de hombres y mujeres que ha recuperado y salvado a millones de vidas. ¡Felicidades AA!
*Jaime Ulises Marinero es periodista

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