En su último comunicado oficial, fechado el 5 de junio, el Colegio Médico de El Salvador declara en el punto 4: “Rechazamos cualquier política que favorezca la contratación de personal médico extranjero por encima del talento nacional…”. La frase, rotunda y sin matices, ha generado un debate que va más allá de la política sanitaria: toca la fibra de lo que significa ser profesional en un mundo globalizado.
Personalmente, y tras haber trabajado durante un periodo considerable de mi vida profesional en el extranjero, considero esa postura no solo excesivamente radical, sino que roza la xenofobia. No se trata de negar el valor del talento salvadoreño, sino de reconocer que la movilidad profesional es un derecho y una herramienta necesaria para fortalecer —no debilitar— los sistemas de salud. ¿Pero que nos dice la experiencia de contratar médicos extranjeros en otros sistemas de salud?
La proporción de médicos extranjeros varía bastante entre EE. UU. y Europa, pero en general es alta en ambos casos y especialmente elevada en algunos países europeos. En EE. UU., una fuente citada por el Migration Policy Institute indica que alrededor de 26% de los médicos que ejercen nacieron en otro país. A escala de la OCDE, los médicos formados en el extranjero representaron en promedio 20% de la fuerza laboral médica en 2023. Dentro de Europa, la dependencia es mucho más alta en algunos países: Irlanda llega a 39% de médicos formados en el extranjero, Noruega 38%, y Suiza se acerca a 40%. Si comparas regiones, EE. UU. y Europa no tienen una sola cifra homogénea, pero sí un patrón común: los sistemas de salud de altos ingresos usan de manera relevante personal médico formado o nacido en el extranjero para cubrir vacantes y sostener la oferta asistencial. Estos países no contratan médicos extranjeros «por encima» del talento nacional—contratan porque no hay suficiente talento nacional para cubrir la demanda. Rechazar la contratación médica extranjera en un país con déficit estructural podría llevar a hospitales sin personal suficiente, afectando directamente la atención de pacientes.
Aparentemente, el Colegio Médico rechaza al médico extranjero argumentando que su contratación no responde a un déficit estructural del sistema nacional de salud en El Salvador. Según dicha institución —y otros sindicatos médicos como el del Seguro Social, que también ha externado su indisposición ante tales contrataciones—, el médico extranjero viene a desplazar a los médicos locales. Por el otro lado, ambas instituciones han expresado continuamente los mismos problemas: largas esperas para obtener una cita médica, demoras en procedimientos quirúrgicos y, más concretamente, la falta de médicos cirujanos en el sistema público y en el ISSS. La contradicción es evidente: reclaman que no hay déficit de médicos mientras describen un sistema que no puede atender a su población. Si el médico extranjero desplaza al local, ¿por qué los pacientes salvadoreños esperan meses por una cita? ¿Por qué hay falta de cirujanos? ¿Por qué el ISSS enfrenta un déficit del 40% de médicos especialistas? El rechazo al profesional extranjero no protege el talento nacional: perpetúa un déficit que ya afecta directamente la atención de pacientes.
Según información proveniente tanto del gobierno como del sector no gubernamental, actualmente existe un déficit estructural grave de personal medico en El Salvador, especialmente en el sistema publico de salud. Una publicación en un periódico nacional reportaba: “El Sindicato de Médicos Trabajadores del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (SIMETRISSS) manifestó su preocupación por el déficit del 40% de médicos con el que inicia el año, lo cual dificulta garantizar una atención oportuna a los beneficiarios.” Y agregaba ““Para satisfacer la demanda, se necesitan contratar 1,600 médicos nuevos. Es una cifra importante que no se puede alcanzar en un año dadas las condiciones actuales del Seguro Social”, según un medico sindicalista.
El mismo médico sindicalista expresaba en un canal nacional de televisión que el déficit de médicos en el seguro social alcanzaba el 40% en el Seguro Social y aumentaba al 55% en el sistema público. La OMS recomienda 44.5 médicos, enfermeras y parteras por cada 10,000 habitantes (4.45 por 1,000). Por su parte, la Organización Panamericana de Salud (OPS) ha estimado que para lograr una cobertura efectiva de salud universal en America Latina y el Caribe se requieren al menos 2.07 médicos por cada 1,000 habitantes. El Salvador tiene aproximadamente 1.6 médicos por 1,000 habitantes (https://statisticsoftheworld.com/country/el-salvador/SH.MED.PHYS.ZS?utm_source=chatgpt.com).
La postura del Colegio Médico de rechazar la contratación de médicos extranjeros es contradictoria y contraproducente. Mientras argumentan que no existe un déficit estructural de personal médico en El Salvador, simultáneamente describen un sistema de salud público y del ISSS colapsado: pacientes que esperan meses para una cita, demoras en procedimientos quirúrgicos y una falta crítica de médicos cirujanos. Los datos confirman la realidad que ellos niegan: el ISSS enfrenta un déficit del 40% de médicos especialistas, con 300 renuncias de subespecialistas desde diciembre de 2023 y solo 2,100 médicos para atender 2.1 millones de derechohabientes.
Rechazar al médico extranjero no protege el talento nacional; perpetúa un déficit que afecta directamente la vida de los pacientes salvadoreños. La experiencia de Estados Unidos y Europa demuestra que la contratación de profesionales extranjeros responde a necesidades estructurales reales, no a la falta de talento local. El verdadero desafío no es cerrar puertas, sino construir políticas que equilibren la protección del talento salvadoreño con la integración de médicos extranjeros que vienen a sumar, no a sustituir. La xenofobia no es protección: es exclusión. Y en salud, la exclusión tiene costos que todos pagamos.
*Dr. Alfonso Rosales es médico epidemiólogo y consultor internacional

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