En la teoría: “Espiral del silencio” de la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann hace reflexionar que muchos se cosen la boca y no dicen nada, callan; sin embargo, en su interior protestan. Protestar no es solo ir a la calle con pancartas e insultar a medio mundo.
El Salvador se ha sangrado muchas veces; las heridas sanaron; sin embargo, esos conflictos fueron porque alguien protestó. Actualmente, el país respira seguridad. Si alguien protesta por esa ansiada seguridad, es porque no supo lo que era ver morir a un hijo por las pandillas. No supo quedarse sin cinco centavos en la bolsa debido a las extorsiones.
Mientras alguien se dirige al trabajo manejando su carrito, observa el tablero de los precios del combustible y protesta. Mientras tanto, otros protestan porque no les alcanza para comprar su almuerzo. Nos percatamos que hay muchas formas de protestar. El contexto es lo que cambia. El ser humano protesta por el cambio climático, por leyes injustas, por haber votado por el funcionario que le brindó falsas ilusiones.
El que tiene una plaza laboral protesta, mientras allá afuera hay miles de personas que anhelan estar empleados. Protestan por los hijos, mientras que en algún hogar hay matrimonios que llevan años en tratamiento para poder engendrar a un ser humano.
¿Por qué las personas se cosieron la boca para enlistarse a una protesta de hambre? Ahora comprendo que la causa fue porque buscaron mejores oportunidades y no las encontraron. Las personas protestan por el gobierno, por la mala educación en las escuelas; protestan por no tener un sueldo justo. Las personas protestan porque se aburren de hacer cola por unas pastillas en las unidades de salud, las cuales las tiene más que compradas.
La gente protesta por no tener los derechos humanos equitativos. Las personas protestan porque salieron de las universidades y no les sirvió de nada. Las personas protestan porque no tuvieron a unos padres que les guiaran correctamente. Otros tomaron en el pasado una lucha armada por estar disconformes con el gobierno.
Las personas protestan por no haber nacido en cuna de oro. Las personas con dinero protestan porque otros tienen más dinero que ellos. Las personas protestan porque en sus trabajos los explotan; las personas protestan porque en sus trabajos los jefes se aprovechan.
Las personas rezongan porque los sindicalistas se aprovechan. Las personas protestan porque en la iglesia (…) les fallaron. Los estudiantes protestan porque el maestro le acosó en la escuela.
Lo injusto es protestar sin tener causa alguna. Hay que protestar cuando algo no nos gusta. Se protesta porque no hay trabajo, porque no hay empresas para laborar. El que se queda callado se llevará a su tumba los deseos de protestar, lo cual le pudo servir para cambiar su vida.
En las redes sociales, las personas protestan a cada segundo, a cada minuto (muchos crean cuentas falsas para no ser censurados). Las personas protestan, escriben lo que el hígado o el corazón les dictamine. Es crucial no protestar por gusto. En la historia salvadoreña, igual que en otros países, a muchos les silenciaron, les asesinaron por protestar, por decir la verdad. Tomo de referencia al único santo salvadoreño que tenemos: San Romero.
El padre de familia abre su refrigeradora y lo único que hay es agua helada; protesta porque tiene a hijos que alimentar. Le echa la culpa a todo el mundo y hasta al gobierno. Protesta consigo mismo.
Al final de nuestras vidas, contemos cuántas protestas se nos concedieron. Yo; protesto porque no es justo ver a ancianos abandonados por sus hijos; protesto porque a diario circulan noticias de abortos; protesto cuando evidencio injusticias y desigualdades. Y, la peor protesta es la que el ser humano hace en silencio. Eso también comunica. Muchas protestas son por una causa justa. Lo peor es ver a un ser humano protestar cuando está en óptimas condiciones.
* Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador
fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

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