Más de uno de cada cuatro partidos disputados en el Mundial de Fútbol se desarrolló bajo condiciones consideradas de «calor peligroso», un nivel que la Federación Internacional de Asociaciones de Futbolistas Profesionales (FIFPro) identifica como un umbral para evaluar el aplazamiento o la reprogramación de los encuentros.
La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) advirtió que las altas temperaturas han afectado el desarrollo del campeonato y representan un riesgo tanto para los futbolistas como para los aficionados. Además, alertó sobre las condiciones previstas para la final entre España y Argentina, programada para este domingo en el MetLife Stadium de Nueva Jersey.
Según el organismo, el escenario de la final es un estadio al aire libre que durante el torneo ya registró elevados niveles de calor húmedo. A ello se suma una alerta por la calidad del aire emitida por las autoridades de Nueva York debido al humo procedente de los incendios forestales en Canadá.
El análisis citado por la CMNUCC revela que en 35 de los primeros 94 partidos la temperatura de bulbo húmedo natural (WBGT) superó los 26 °C, nivel a partir del cual la FIFPro recomienda aplicar medidas reforzadas de enfriamiento para proteger a los jugadores. En otros 27 encuentros el indicador sobrepasó los 28 °C, umbral que el organismo considera suficiente para evaluar un cambio de horario o el aplazamiento del partido.
La temperatura WBGT mide el estrés térmico combinando factores como la temperatura del aire, la humedad, la velocidad del viento y la radiación solar, por lo que no equivale a la sensación térmica habitual.
El informe sostiene que algunos encuentros podrían ubicarse entre los más calurosos en la historia de los Mundiales. Entre ellos figuran los partidos Uruguay-Cabo Verde, que habría alcanzado o superado los 33 °C de WBGT, y Uruguay-Arabia Saudí, con un registro estimado de 32.9 °C. Ambos se disputaron en Miami, ciudad donde también se registraron temperaturas elevadas durante el duelo entre Inglaterra y Noruega por los cuartos de final.
Como consecuencia de estas condiciones, el torneo ha estado marcado por pausas obligatorias para hidratación, uso de techos retráctiles, estadios con aire acondicionado, retrasos por las condiciones meteorológicas y un debate permanente sobre los horarios de los partidos.
La CMNUCC recordó que diez de las ciudades que serán sedes del Mundial de 2026 ya albergaron encuentros en las ediciones de 1986 o 1994. Sin embargo, advirtió que actualmente la probabilidad de registrar días de calor extremo durante junio y julio es aproximadamente tres veces mayor que cuando recibieron el torneo por última vez.
El responsable de clima de la ONU, Simon Stiell, afirmó que «este Mundial ha vuelto a muchas de las mismas ciudades que en 1986 y 1994, pero no al mismo clima», al señalar que «el calor extremo es mucho más frecuente y los incendios forestales y las tormentas más severas». Además, sostuvo que «la crisis climática está afectando a lo que todos necesitamos como un clima estable, aire limpio y alimentos asequibles, además de a aquello que nos apasiona, como el fútbol y otros deportes».

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