La noticia corrió como pólvora en las diferentes plataformas de redes sociales este pasado 24 de julio de 2026. Luego de una semana de ingreso en máxima urgencia y cuidados intensivos del Hospital Nacional San Juan de Dios el reconocido creador de contenido Gilberto Antonio Martinez García quien desarrollaba su programa, personaje y fenómeno digital «El Criaturo tóxico» paso a la presencia de su Señor Jesucristo.
Tuve la oportunidad y la bendición de tener una relación cercana con el estimado «Gil» como siempre me referí a él, y estar en su primera entrevista en tiempo real en su canal. Un mañana recibí varios mensajes a mis multiplataformas para invitarme a su programa, acepté y demostró su alta capacidad de conducir un conversatorio sobre la seguridad pública, el combate a las pandillas criminales, las fases del Plan Control Territorial. Estuve en varias ocasiones en su plataforma y logramos desarrollar una relación compartiendo además de la seguridad, de prevención de adicciones, prevención del suicidio y del alcoholismo. La semana anterior nos comunicamos todos los días en su ingreso, pude ser testigo de su excelente estado de ánimo, actitud enfrentando la situación del ingreso, pero sobre todo de su Fe en El Señor.
En nuestro país donde los titulares suelen estar dominados por la política, la economía o los sucesos de última hora, el fútbol, la partida de un creador de contenido podría parecer, a ojos de las generaciones más tradicionales, un evento menor. Sin embargo, cometeríamos un grave error al subestimar el impacto que Gilberto tuvo en la cultura popular salvadoreña contemporánea.
Para entender el trabajo y aportes del Gilberto, primero debemos despojarnos de los prejuicios hacia el término «influencer». Gil no era un simple presentador frente a un aro de luz y una computadora; era un verdadero cronista urbano de la era digital. A través de la sátira, el humor negro y ese sarcasmo tan característico salvadoreño, logró algo que muchos académicos, intelectuales, sociólogos, políticos y medios tradicionales intentan con gran esfuerzo: retratar fielmente cómo somos, cómo hablamos, cómo sobrevivimos al día a día, cómo es un día del salvadoreño que tiene que salir a trabajar de madrugada dentro y fuera del país, por medio de su contacto cercano con la gente y una poderosa red de contactos dentro y fuera del país. Su programa era seguido y monitoreado por diferentes actores y sectores de la sociedad salvadoreña y de nuestros hermanos fuera del país.
Algunos de sus principales aportes con su humor tóxico:
Demostró, es testigo y evidencia que un hombre puede cambiar su destino con la gracia y el favor del Señor Jesucristo a quien rindió su vida posterior a la pandemia y con la Fe en El dejo las adicciones que lo mantuvieron esclavo. Supo reconocer la derrota y busco la ayuda en Dios, quien le dio la fortaleza para perseverar hasta el día de su partida.
Deja un mensaje claro sobre su capacidad para trabajar duro y emprender. Era un hombre que tenía su negocio de transporte privado, en ese microbus atendia a sus clientes, les orientaba, les asesoraba, y les hablaba bien de El Salvador.
De madrugada Gil salía a trabajar para ganarse la vida. Sabía que tenía que trabajar y esforzarse para ganarse el sustento.
Gil es un hombre que luego de su paso por el programa de Alcohólicos Anónimos y con el apoyo incondicional del Oratorio San José en San Miguel fundo este grupo para ser bendición a la zona oriental. El oratorio fue un lugar donde Gil recibió amor, acompañamiento, comprensión, solidaridad y donde libro grandes batallas en la Fe, que ganó.
Gilberto Martínez fue víctima de las extorsiones, amenazas de muerte, persecución y absurdos de las pandillas criminales.
Su vida estuvo en riesgo. Y los políticos y grupos de poder del partido FMLN le dieron la espalda y le manifestaron que había que acostumbrarse a pagar la extorsión, su negocio quebró por las pandillas criminales y la grave inseguridad de diez años de esta administración. Pero desde la pandemia y posterior gracias al trabajo de la PNC, Fuerza Armada, Fiscalía General de la República fue libre de la extorsión, él me dijo que llego a creer lo que el FMLN le había dicho. Pero disfruto varios años de las ganancias de sus negocios en un nuevo El Salvador. Estaba muy agradecido con la estrategia de seguridad Plan Control Territorial del presidente Nayib Bukele y el apoyo de la Asamblea Legislativa a la seguridad del país.
La democratización de la comedia salvadoreña. Antes de la masificación de TikTok, YouTube y las plataformas de streaming, el humor nacional estaba fuertemente centralizado en la televisión abierta. Gil fue parte de esa vanguardia de creadores que demostró que, con un teléfono celular, talento empírico y una conexión a internet, se podía construir una audiencia masiva. Su personaje, irreverente y sin filtros, le dio voz a la clase trabajadora, a los más necesitados, al estudiante de a pie y al salvadoreño de barrio y de la comunidad, así como a nuestros hermanos que abandonaron el país por la inseguridad.
Generó un puente nostálgico con nuestros hermanos en el exterior, por todo el mundo. Quizás uno de sus mayores logros, y muchas veces el menos reconocido, fue su capacidad para conectar a nuestros hermanos en el exterior con el terruño.
Para los salvadoreños en Los Ángeles, Maryland, Milán o Sidney, los videos del «Criaturo Tóxico» no eran solo chistes de 20 minutos; eran una ventana directa a su país. Era volver a escuchar las jergas, ver las calles y reírse de las mismas tragedias cotidianas que los vieron crecer. Gil enviaba un pedacito de El Salvador en cada actualización de estado. Pero con un profundo contenido social de manera clara y directa.
La catarsis a través del personaje no era casualidad. Gil entendió que nuestra sociedad tiene dinámicas complejas, muchas veces disfuncionales, en las relaciones interpersonales y familiares. Al exagerar estos rasgos hasta el absurdo, nos obligó a vernos en un espejo. Nos reíamos de sus exageraciones porque, en el fondo, todos conocíamos a alguien exactamente igual a su personaje. Detrás de la «toxicidad» de su alter ego, había una aguda crítica social sobre el machismo, los celos, cultura patriarcal, la economía del rebusque, la viveza criolla y la incapacidad y falta de voluntad de gobiernos anteriores de resolver la seguridad y erradicar las pandillas criminales.
Gilberto «Gil» Martínez duerme en la presencia de su Señor, nos deja una lección invaluable sobre el poder de los nuevos medios y la importancia de no perder nuestra identidad en un mundo globalizado. Apagó su cámara, su móvil, pero su risa, sus frases célebres y su capacidad para hacernos olvidar los problemas cotidianos, aunque fuera por unos minutos, quedarán inmortalizados en los servidores del internet y en la memoria colectiva del salvadoreño y de sus colegas creadores de contenido. Gil murió lleno de vida, compartiendo su testimonio, mostrando su Fe en Dios y sonriendo.
*Por Ricardo Sosa / Doctor y Msc. en Criminología / @jricardososa

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