Vivimos con la sensación de que siempre vamos tarde. Tarde para alcanzar una meta, para cambiar de trabajo, para emprender, para formar una familia, para comprar una casa o simplemente para sentir que estamos donde deberíamos estar. Y muchas veces esa sensación no nace de nosotros, sino de compararnos con el ritmo de los demás.
Las redes sociales han hecho esa comparación todavía más difícil. Vemos ascensos, viajes, negocios exitosos, relaciones perfectas y proyectos que parecen avanzar a una velocidad extraordinaria. Lo que no vemos son las dudas, los tropiezos, los años de esfuerzo o las decisiones que hubo detrás de cada resultado.
Durante mucho tiempo también he pensado que ciertas cosas deberían suceder en determinados momentos. Como si existiera una especie de calendario invisible que nos dijera cuándo deberíamos lograr cada cosa. Con los años he entendido que la vida no funciona así.
Cada persona tiene circunstancias diferentes, oportunidades distintas y también batallas que nadie más conoce. Por eso, comparar nuestro capítulo cinco con el capítulo quince de alguien más es una manera bastante injusta de medir nuestra propia historia.
Hay procesos que necesitan tiempo. Hay decisiones que requieren madurez y sueños que necesitan varias oportunidades antes de encontrar el momento correcto. Que algo todavía no haya sucedido no significa que hayamos fracasado.
También he aprendido que avanzar no siempre significa ir más rápido. A veces avanzar es detenerse, replantear una decisión, empezar de nuevo o aceptar que el camino que habíamos imaginado ya no es el que queremos recorrer.
Nos hemos acostumbrado a celebrar únicamente los grandes resultados: el ascenso, el negocio, la casa, el reconocimiento. Pero hay pequeños avances que también merecen ser celebrados. Levantarse después de una etapa difícil, atreverse a comenzar algo nuevo o simplemente tener la valentía de elegir diferente también es progreso.
No todos tenemos que correr la misma carrera. Incluso puede que ni siquiera estemos corriendo hacia el mismo lugar. Entonces, ¿por qué insistimos en utilizar el reloj de otra persona para medir nuestra vida?
Creo que una de las formas más silenciosas de perder la tranquilidad es vivir intentando cumplir expectativas ajenas. Queremos demostrar que podemos, que avanzamos, que tenemos éxito. Y en medio de esa carrera podemos olvidar preguntarnos algo mucho más importante: ¿esto realmente es lo que yo quiero?Ir a nuestro ritmo también implica aprender a escucharnos. Reconocer cuándo necesitamos acelerar, cuándo debemos esperar y cuándo simplemente necesitamos descansar. No todo momento de pausa es un retroceso.
Hay personas que encuentran su propósito muy jóvenes y otras que lo descubren después de muchos años. Algunas construyen una carrera rápidamente y otras necesitan cambiar varias veces de dirección. Ninguna historia es menos valiosa por haber tomado más tiempo.
Quizás deberíamos dejar de preguntarnos por qué todavía no estamos donde está alguien más y empezar a preguntarnos cuánto hemos avanzado desde donde nosotros comenzamos.
A veces somos mucho más duros con nosotros mismos de lo que seríamos con cualquier otra persona. Le damos a los demás permiso para equivocarse, comenzar de nuevo y tomarse su tiempo, pero a nosotros nos exigimos tener todas las respuestas.
Hoy creo que no se trata de conformarnos ni de utilizar “cada quien tiene su ritmo” como una excusa para no avanzar. Se trata de trabajar por lo que queremos sin convertir la vida de los demás en una medida de nuestro propio valor.
Porque sí, hay que tener metas, ambición y ganas de crecer. Pero también hay que tener paciencia con nuestra propia historia. Algunas cosas llegan cuando estamos preparados para recibirlas, no necesariamente cuando creemos que deberían llegar.
Quizás la verdadera libertad está en dejar de correr para demostrar que vamos al mismo ritmo que los demás y empezar a caminar con la certeza de que nuestro camino, con sus pausas, cambios y aprendizajes, también tiene sentido. A tu ritmo. No al de los demás.
*Amanda Rodas, emprendedora y consultora de reputación y marca

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