De vacío a crisol

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En un nivel fundamental, es la física cuántica la que desplazó a la palabra de origen latino vacivus o vacío, la cual  significa desocupado o sin contenido. Sin embargo, la evolución y el avance de la ciencia, son las que van determinando la perspectiva del universo que nos rodea. La eterna búsqueda por  la comprensión del mismo, es un camino que no acaba, puesto que muy probablemente, aun no conocemos todo lo que realmente existe.

Una mirada en modo micro, puede darnos la idea sobre lo que realmente es el vacío. Siendo, una física moderna la cuántica, la cual estudia el comportamiento de la materia y la energía a escalas atómica y subatómica; y nos dice que el vacío como tal, es la falta de energía más baja posible.

De este modo, ¿cuantas veces entrelazamos nuestra parte sensorial ante una ciencia precisa y exacta?  Muchas. Porque aunque no hay cantidad exacta que revele de cuantas partículas de átomo faltan  en un lugar donde solía estar una persona o cualquier otro ser vivo, y ya no se encuentra, para nosotros está vacío y no existe forma de suplantar; pues seguramente cada partícula en el Universo es

Irrepetible, pues venimos siendo únicos y así partimos.

Comprendemos que casi todo es cuantificable científicamente, pero ¿Cuántos átomos deberían existir para no enredarnos en las hebras de la nostalgia y entender que el vacío no existe como tal, pese a que este ocupa un lugar en nuestra alma? No lo sé.

Talvez esa parte sensorial será necesario evolucionar, pero no creo que pueda llegar a ser medida por ningún método. Calcular cuánto amor, cuanto olvido, cuanto dolor hay en una sola persona, serian inconmensurables y sin embargo las mismas tienen manifestaciones físicas, son energías  pero jamás sabremos medirlas y menos aún, predecirlas como causa y efecto.

Desde este punto de vista, para expresar que hay un vacío paradójicamente debe haber algo en baja frecuencia, pero debe estar allí para que sea medible; por lo tanto y a diferencia en carácter sensorial humano, no es necesario saber cuánto sentimos para saber que lo sentimos.

El vacío, lejos de ser una condición emocional negativa que se asemeja a ausencia, pérdida o abandono, es en realidad lo que fue y ya no lo es, algo cambio, mutó y por eso no puede contabilizarse, así como no se mide el sentir que es tan particular como cada individuo lo es y el impacto que en su psiquis tiene.

También el vacío es una oportunidad. Ante esa nostalgia podríamos ser un recipiente que tiene la posibilidad de ser llenado de nuevo, de algo diferente, probablemente de mejor contenido; y fundirse como un crisol ante el universo que tampoco se encuentra vacío, aunque lo parezca a nuestros ojos.

*Ivette María Fuentes Cortez, Abogada

Ivettemaria.fuentes@gmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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