Veteranos argentinos que combatieron contra el Reino Unido en la guerra de las Malvinas y familiares de soldados fallecidos regresaron esta semana a las islas, 44 años después del conflicto, para recorrer antiguos escenarios de combate y visitar el cementerio argentino de Darwin.
El grupo, integrado por 11 personas, llegó hasta el cementerio donde se encuentran 230 cruces blancas. Allí, veteranos y familiares buscaron las tumbas de amigos, compañeros y parientes, donde dejaron cartas, banderas y rosarios. Ramón Robles, quien encabezó el viaje, llevó además las cenizas de un excombatiente fallecido hace un año que pidió descansar junto a sus compañeros.
Robles, quien combatió a pocos kilómetros del lugar donde posteriormente se instaló el cementerio, definió la visita como «un viaje humanitario, para cerrar etapas y librarse de fantasmas».
Durante siete días recorrieron montes, playas y campos donde todavía permanecen trincheras, restos de fortificaciones y municiones oxidadas.
«Cada uno que encontró el lugar donde estuvo es como que volvió a los 18 años», relata Robles. Los veteranos reconstruyeron durante las noches sus experiencias de la guerra, desde los lugares donde durmieron y combatieron hasta los sitios donde padecieron hambre y frío.
«¿Cómo aguantamos esto?», es una de las preguntas que, según el excombatiente, surgió reiteradamente durante el recorrido.
Eduardo Albornoz tenía 18 años y apenas tres semanas de instrucción militar cuando fue enviado a las islas. Recordó que, debido al bloqueo británico, llegó a recibir únicamente una pequeña taza de sopa de sémola por la mañana y otra por la noche. Tras la rendición argentina regresó al continente con 14 kilos menos.
«He llorado acá, he llorado en el Monte Longdon, porque fue una guerra tan absurda, en un territorio tan grande, tan mal cubierto, con un ejército tan pobre como el nuestro», afirma sobre el conflicto, que dejó 649 argentinos, 255 británicos y tres isleños muertos.
El viaje también permitió a familiares concretar despedidas pendientes. Miriam Gramisci visitó por primera vez las islas para conocer el lugar donde murió su hermano Donato, quien cayó en combate tres días antes de la rendición argentina y permaneció durante décadas enterrado en Darwin bajo la inscripción “Soldado argentino solo conocido por Dios”.
Los restos de Donato fueron identificados en 2018 mediante análisis de ADN realizados como parte de un proyecto humanitario acordado entre Argentina y el Reino Unido y coordinado por el Comité Internacional de la Cruz Roja.
«Pienso que este es su lugar. Por más que esté lejos de su familia, lejos de lo que fue su casa, es el lugar donde él, sin elegirlo, eligió estar», dice Miriam.
Las visitas de veteranos y familiares a las islas se realizan desde hace unos 20 años y también implican un contacto limitado con sus habitantes. «Estamos todos pagando las consecuencias de una guerra. Ellos seguramente nos deben odiar y nosotros los odiamos a ellos, que no sé si tienen directamente la culpa», expresa Miriam, y concluye: «Más allá de lo que uno pueda sentir, ellos están, por lo menos algunos, en la misma situación que yo».

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