La reciente ola de violencia de las últimas semanas y los lamentables asesinatos de policías en Honduras son el trágico síntoma de un error estratégico fundamental. La administración del presidente Nasry Asfura ha decidido adoptar un enfoque de seguridad pública basado en el denominado «modelo Bukele» en El Salvador, endureciendo las medidas carcelarias y promoviendo reformas legislativas para catalogar a los grupos delincuenciales como terroristas. Sin embargo, desde la óptica de la criminología y la seguridad nacional, es evidente que estamos frente a una peligrosa y sencilla imitación.
Se trata de un plan calcado de recortes de periódicos, foros de internet, redes sociales, video de YouTube, todo desde escritorios y dispositivos móviles, carente de la cooperación estratégica y el contacto bilateral entre gobiernos que requiere una verdadera política de Estado. No han dejado nada que no se ha diseñado en El Salvador por el presidente Bukele con sus ministros de seguridad publica y justicia, ministro de la defensa nacional y el apoyo del señor fiscal general de la República. La estrategia integral es salvadoreña.
El Salvador y Honduras, aunque comparten frontera, poseen ecosistemas criminales sumamente asimétricos. Mientras que la crisis en El Salvador radicaba principalmente en el control territorial, la extorsión sistemática por parte de las pandillas criminales y otras tipologías delictivas, Honduras funciona, además, como un complejo corredor estratégico transnacional para el narcotráfico y carteles de drogas a gran escala bajo el dominio, poder y control de la delincuencia organizada , bandas y pandillas criminales. Exportar un modelo, plan o estrategia de seguridad sin adaptarlo a la morfología criminológica del país receptor, es además de un grave error técnico es una decisión que tendrá graves efectos secundarios letales. Ninguna copia sera mejor que el original.
La principal falencia de esta estrategia en mi opinión es la falta de un diseño autóctono fundamentado en inteligencia local con diseño y planificación por expertos y expertas hondureños. Y lo que mas me asombra es que en Honduras existen criminólogos, criminólogas, expertos en seguridad y defensa nacional, profesionales de alto nivel a quienes conozco, pero el poder político y grupos de poder no les permiten contribuir. Al no existir un contacto directo y oficial a nivel de presidentes para compartir doctrina táctica, protocolos operativos y contrainteligencia, el gobierno hondureño está aplicando únicamente la «fachada» punitiva , con altos mensajes mediáticos y emulando administraciones anteriores que engañaron a los hondureños que llegaría la paz y la seguridad.
Esta es una nueva apuesta por replicar el modelo salvadoreño que tiene evidencia de éxito e indicadores criminológicos a la baja de manera sostenible e irrefutables. Este es un nuevo paquete de medidas con acciones puramente reactivas que, al ejecutarse sin la base logística e investigativa adecuada, ha detonado una desestabilización inmediata.
Los riesgos de carecer de un plan propio son inminentes y ya están cobrando un saldo humano irreparable. La seguridad pública de una nación no admite atajos. El gobierno hondureño debe abandonar el espejismo de las soluciones importadas y diseñar una estrategia integral, verdaderamente soberana y quirúrgicamente adaptada a la realidad criminal de Honduras. De lo contrario, el Estado y su gobierno no solo corre el riesgo de que el control territorial lo sostenga la delincuencia organizada de forma definitiva, sino que seguirá sacrificando la vida de sus policías, militares, custodios y población en general en una guerra mal planificada.
En el mundo académico lo que ha hecho el presidente hondureño se le llama «plagio» y es motivo de reprobar y una marca que nunca se quita.
*Por Ricardo Sosa / Dr y Msc en Criminologia / Experto en Seguridad Nacional / @jricardososa

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