España cimentó buena parte de su éxito en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá en el dominio del balón y la presión inmediata después de perderlo, dos aspectos en los que encabezó las estadísticas entre las 48 selecciones participantes.
Así lo señala el informe del Grupo de Estudio Técnico de la FIFA sobre la Copa Mundial de la FIFA 2026, publicado este viernes, que analiza desde el punto de vista táctico los 104 encuentros disputados, la mayor cantidad registrada hasta ahora en una edición del torneo.
El documento destaca la presión tras pérdida como una de las principales tendencias de la competición. España ejecutó esta acción en 60.1 % de las ocasiones en las que perdió el balón en campo contrario, aprovechando su estructura ofensiva para recuperar rápidamente la posesión y atacar antes de que sus rivales pudieran reorganizarse.
El equipo dirigido por Luis de la Fuente también encabezó la estadística de posesión con 58 % y alcanzó 75 % en el último tercio del campo contrario. La Roja consiguió 39 recuperaciones después de perder el balón, nueve más que Francia, y necesitó en promedio cuatro segundos para volver a controlar la pelota. El 48 % de esas recuperaciones se produjo entre uno y tres segundos.
La presión se convirtió además en una herramienta ofensiva. España consiguió nueve remates a gol después de recuperaciones altas, la cifra más elevada de la competición, apoyada en pases cortos y precisos que buscaban generar peligro antes de que la defensa contraria pudiera acomodarse.
Entre los futbolistas, Rodri Hernández encabezó las acciones tras pérdida, con 18 por cada 30 minutos sin posesión, y también las recuperaciones exitosas. Pedri acumuló el mayor volumen de participación en este tipo de presión, mientras Pau Cubarsí terminó tercero en recuperaciones. El informe también destaca al eje formado por Pedri, Fabián y Olmo, quienes estuvieron entre los cinco mejores jugadores del torneo en recuperaciones altas.
Para los expertos de la FIFA, la fortaleza española estuvo en hacer funcionar como un mismo sistema su estructura con balón y su comportamiento defensivo sin posesión. Esa capacidad para controlar el juego y recuperar la pelota en posiciones adelantadas permitió a España conceder a sus rivales apenas 0.31 gol por partido. También sobresalió por el aporte ofensivo de laterales y extremos, que la colocó segunda en generación de peligro por las bandas. ″La relación y los perfiles de los jugadores de banda se complementaban bien para proporcionar espacio y generar peligro″, señala el informe.
Por la izquierda, el documento destaca la sociedad entre Cucurella y Baena, mientras que por la derecha resalta a Pedro Porro, quien ″desempeñó un papel clave en la estructura ofensiva gracias a sus dinámicos movimientos hacia adelante″. Sus incorporaciones permitieron generar situaciones de uno contra uno para Lamine Yamal. El estudio también señala el papel de Unai Simón en la elaboración del juego y concluye que la presión tras pérdida se consolidó como una de las grandes tendencias del Mundial, junto a alternativas como los bloques bajos y las transiciones rápidas utilizadas por Cabo Verde. «Al más alto nivel, el fútbol está en constante evolución. Surgen nuevas ideas, se adaptan los principios existentes y las soluciones desarrolladas por un equipo pueden influir en el juego mucho más allá de un solo torneo (…) El objetivo no es simplemente describir lo que sucedió, sino comprender por qué sucedió», expone el jefe de Desarrollo Global del Fútbol de la FIFA, Arsène Wenger.

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