El Partido Republicano de Estados Unidos enfrenta una crisis interna tras la contundente victoria de los demócratas en las elecciones de medio mandato del martes, un resultado que dirigentes conservadores atribuyen principalmente a la guerra contra Irán, el encarecimiento de los combustibles y el creciente costo de la vida para los estadounidenses.
El presidente Donald Trump intentó distanciarse de la derrota al señalar que su nombre no figuraba en las papeletas electorales, pese a que durante la campaña pidió a sus seguidores votar pensando en él. Sin embargo, los sondeos reflejan un voto de castigo contra su Administración, mientras dirigentes republicanos cuestionan las decisiones económicas y militares de la Casa Blanca.
El senador republicano por Texas, Ted Cruz, cuyo escaño no estaba en disputa, consideró que los resultados no fueron simplemente «unas malas elecciones de mitad de mandato», sino «un repudio al nivel del Watergate», en referencia al escándalo político que provocó la renuncia del presidente Richard Nixon en 1974. Cruz también cuestionó la falta de respuestas de su partido ante las dificultades económicas de la población.
«Los alimentos son demasiado caros, la gasolina es demasiado cara, el diésel es demasiado caro, los seguros son demasiado caros, la vida es demasiado cara», afirmó el senador, quien lamentó que muchos de sus colegas «parecen no haberlo entendido».
Las críticas de Cruz surgieron después de que el demócrata James Talarico consiguiera un escaño en el Senado por Texas, convirtiéndose en el primer candidato de su partido en lograrlo en casi 40 años. Ante este resultado, el legislador republicano sostuvo que su formación política necesita «defender políticas económicas que marquen una verdadera diferencia».
Por su parte, el vicepresidente JD Vance responsabilizó directamente al conflicto con Irán por la derrota electoral. «La razón por la que perdimos es la guerra», escribió en X, donde explicó que los datos internos del partido muestran que numerosos ciudadanos que apoyaron a Trump en 2024 votaron esta vez por los demócratas.

La guerra de Irán divide al Partido Republicano
La postura de Vance profundizó las diferencias entre los sectores del movimiento MAGA, contrarios a las intervenciones militares en el extranjero, y los republicanos tradicionales que defienden una política exterior más agresiva.
Ari Fleischer, exportavoz del expresidente George W. Bush, rechazó que la guerra fuera el principal problema y sostuvo que el error consistió en no derrotar completamente al régimen iraní.
«Si inicias una guerra, debes ganarla y terminarla; de lo contrario, no la inicies», dijo. Trump, por su parte, reconoció que el conflicto provocó un voto de castigo, pero aseguró que volvería a ordenar la ofensiva porque considera prioritario impedir que Irán consiga un arma nuclear, incluso si eso significa perder el control del Congreso.
Crecen cuestionamientos sobre continuidad de Pete Hegseth
La derrota también aumentó las presiones sobre el secretario de Defensa, Pete Hegseth, uno de los principales defensores de la ofensiva contra Irán y cuya gestión estuvo marcada por distintas controversias. Informaciones periodísticas apuntan a posibles cambios en la dirección del Pentágono, aunque Trump descartó públicamente su salida este jueves durante una entrevista con ABC News.
«Tengo toda la intención de mantenerlo», aseguró el mandatario.
El congresista republicano saliente Thomas Massie, crítico de Trump, pidió retomar una resolución presentada antes de los comicios para promover la destitución de Hegseth.

Massie recomendó al presidente sustituirlo antes de enero, cuando la nueva mayoría demócrata en el Senado tendrá capacidad para condicionar los nombramientos de funcionarios de alto nivel. La discusión sobre el futuro del secretario de Defensa ocurre mientras el Partido Republicano intenta determinar las consecuencias políticas de la guerra y recuperar el respaldo de sus votantes.
Los resultados electorales también abrieron la disputa por la candidatura presidencial republicana de 2028, una contienda en la que Trump no podrá participar.
Entre los posibles aspirantes destacan el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado, Marco Rubio, quien mantiene una amplia popularidad dentro del partido. Según el periódico The Independent, Rubio estaría considerando abandonar su cargo para tomar distancia de Trump antes de lanzar una eventual candidatura, aunque el Departamento de Estado rechazó esa versión y la calificó de «noticias falsas». Rubio ya intentó conseguir la nominación republicana en 2016, sin éxito.
El expresidente republicano de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich, consideró que la derrota legislativa modificó el panorama político de su partido y dejó las primarias presidenciales «completamente abiertas». Gingrich también destacó que el número de republicanos que prefieren a Rubio frente a Vance «es impresionante», una señal de que la disputa por el liderazgo conservador podría intensificarse durante los próximos dos años.

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