¿El “Cóndor” pasa?

Entre esta especie, el andino se asume como símbolo de libertad por la altitud de su vuelo; pero también es carroñero. Su nombre fue utilizado para bautizar la operación que hace medio siglo inició en Sudamérica con un objetivo central, claramente definido: frenar el avance del marxismo en nuestro continente. El acta fundacional del llamado Plan Cóndor fue elaborada durante la reunión iniciada en Santiago de Chile el 28 de noviembre de 1975, convocada previamente en la llamada “Primera reunión de trabajo de inteligencia nacional” realizada un mes antes en esa misma ciudad. Además de Chile se integraron al principio Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay; luego se sumaron otros a está “coordinación represiva”, así definida en la página web del proyecto colectivo “Sitios de Memoria Uruguay”. Entonces, se plantearon enfrentar coordinadamente la “subversión” en el continente intercambiando información, prisioneros y experiencias.

De esa historia dolorosa cabe rescatar el legado del jurista, pedagogo, poeta y defensor de derechos humanos paraguayo que encontró en 1992 los llamados “Archivos del terror”. Martín Almada se llamaba. Fue preso político y víctima de las torturas que le aplicaron, en el marco del Plan Cóndor, los esbirros de la prolongada dictadura paraguaya de Alfredo Stroessner; su primera esposa, Celestina Pérez de Almada, también fue detenida per no sobrevivió a tormentos similares. Se habla de alrededor de 700 000 documentos descubiertos, tanto escritos como fotográficos y en formato de audio; estos fueron encontrados en el Departamento de Producciones de la Policía Nacional y sirvieron para revelar fehacientemente la barbarie ocurrida no solo en ese país sino en buena parte del resto de la región.

El accionar criminal de esta siniestra estrategia llegó hasta Centroamérica. No nos escapamos. Alfredo Forti, defensor argentino de derechos humanos, resultó gravemente perjudicado por el terrorismo estatal en su país natal incluyendo la desaparición forzada de su madre ‒Nélida Azucena Sosa de Forti‒ cuando ella, él y sus hermanos fueron capturados dentro del avión en el cual volarían a Venezuela. Además, integró el equipo principal de investigadores de la Comisión de la Verdad para El Salvador y llegó a convertirse en viceministro de Defensa durante la primera administración de Cristina Fernández de Kirchner. Antes, del 2004 al 2007, ocupó el cargo de embajador en Honduras.

Este querido hermano y colega seleccionó un cúmulo extenso de comunicaciones diplomáticas del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, dirigidas desde Buenos Aires a las dictaduras entronizadas en América del Sur; también a las de El Salvador, Guatemala y Honduras. Esos documentos –según dicha cartera gubernamental– revelan “el papel de las agregadurías militares, comisionadas para establecer contactos con sus contrapartes, coordinar apoyos y capacitaciones, intercambio de inteligencia y venta de armas con líneas de financiamiento del Banco Central” del país conosureño.

En dicha confabulación no faltó otro protagonista principal e imprescindible. “La represión entonces –sostiene Stella Calloni en su libro titulado “Operación Cóndor, pacto criminal”– ya no tuvo límites ni fronteras. En todos los casos, detrás aparece la mano de Washington y el esquema de la Teoría de Seguridad Nacional estadounidense, bajo cuyo diseño se produjo el genocidio regional que ahora aparece en su verdadera dimensión”. Los “halcones” del Pentágono, desde la capital gringa movieron los hilos entonces para que el “cóndor” carroñero alzara vuelo al sur de sus fronteras y las consecuencias terribles ‒los golpes de Estado y los “gorilatos”, la mentada represión, la indecente corrupción, el saqueo…‒ le tocó padecerlas a nuestros pueblos.

¿Estaremos repitiendo esa parte de la historia continental? La realidad actual nos muestra que los “cuartelazos” han quedado atrás, al menos por el momento. Pero aunque Milei y demás compinches como Kast, Noboa y compañía hayan alcanzado el poder presidencial mediante elecciones cuestionadas o no, la “mano dura” en sus diversas expresiones contra el “enemigo interno” es moda junto a otra: la muy larga de la corrupción. El caso de Bukele, quien en el 2019 ganó por las buenas pero se reenganchó y pretende eternizarse tras manosear y alterar la Constitución para ello, parece ser el paradigma a seguir. Y es que el buen ejemplo ‒siempre lo he dicho‒ no se derrama, pero el malo sí.

Y se mantiene el pillaje, la rapiña, el atraco, la depredación de los recursos diseminados del Rio Bravo hacia abajo. Llámele como quiera; el caso es que ya sacaron de las pantallas del cine la aversión “trumpista” de los “piratas del Caribe” que navegan y atacan mortal e impunemente…, hasta la fecha. Así las cosas, me atrevo a decir que de nuevo el “Cóndor pasa” reciclado y recargado. Quién sabe hasta qué altura volará y cuánto tiempo durará.