Autor: Alvaro Cruz

  • La caída de «El Mencho» y la terrible venganza del crimen organizado

    La caída de «El Mencho» y la terrible venganza del crimen organizado

    La muerte de un capo no es, por sí sola, una victoria. Puede ser un golpe táctico, incluso simbólico, pero rara vez constituye una solución estratégica. Los disturbios, bloqueos y ataques que siguieron al operativo contra Nemesio Oseguera Cervantes vuelven a recordarnos una verdad incómoda: el narcotráfico ya no es únicamente un problema criminal; es un fenómeno con capacidad de desestabilización social, económica y política.

    Durante años, el discurso público mexicano ha oscilado entre triunfalismos prematuros y fatalismos paralizantes. Cada captura o abatimiento de alto perfil suele presentarse como un punto de inflexión histórico. Sin embargo, la experiencia demuestra que las organizaciones criminales modernas no dependen de una sola figura. Funcionan como estructuras empresariales: diversificadas, descentralizadas, resilientes. Cuando cae un líder, el sistema no colapsa; se reconfigura.

    El episodio reciente ilustra algo aún más preocupante. La reacción violenta —quema de vehículos, ataques a infraestructura, paralización del transporte, siembra de terror— no es simplemente una respuesta emocional de una organización herida. Es una demostración deliberada de poder. Es el mensaje implícito de que ciertos grupos poseen la capacidad de alterar la vida cotidiana de millones de ciudadanos. Y ese mensaje erosiona uno de los pilares fundamentales del Estado: el monopolio legítimo de la fuerza.

    México enfrenta aquí una paradoja compleja. La acción del Estado contra figuras clave es necesaria; la inacción sería impensable. Pero si cada golpe genera episodios masivos de violencia, el costo social inmediato puede ser devastador. La ciudadanía queda atrapada entre dos fuegos: el de la criminalidad organizada y el de una confrontación que no siempre logra traducirse en mayor seguridad.

    Más allá de México, el impacto es regional. El narcotráfico opera como una red transnacional que conecta producción, rutas, lavado de dinero, tráfico de armas y mercados de consumo. La violencia no reconoce fronteras administrativas. Las economías ilícitas infiltran instituciones, distorsionan mercados laborales y corrompen sistemas políticos en toda América Latina. Lo que ocurre en un estado mexicano reverbera en El Salvador, en Centroamérica, en el Caribe, en los Andes y, por supuesto, en Norteamérica.

    Conviene también cuestionar una narrativa recurrente: la idea de que la eliminación de capos equivale a debilitar estructuralmente al narcotráfico. La demanda global de drogas, los flujos financieros ilícitos y la desigualdad persistente crean incentivos constantes para que nuevas figuras ocupen el vacío. Mientras el negocio siga siendo extraordinariamente rentable, la oferta de liderazgo criminal será prácticamente inagotable.

    El problema, por tanto, no puede reducirse a operaciones militares o policiales. Requiere políticas integrales que combinen seguridad, inteligencia financiera, fortalecimiento institucional, reducción de impunidad, desarrollo económico local y prevención social. Requiere también cooperación internacional genuina, no solo en materia de persecución, sino en la reducción de la demanda y el control del tráfico de armas y capitales ilícitos.

    El narcotráfico ha demostrado una alarmante capacidad de adaptación: utiliza tecnología avanzada, drones, redes logísticas sofisticadas, estrategias de comunicación y modelos de negocio que imitan prácticas corporativas. Combatirlo exige Estados igualmente modernos, coordinados y estratégicos. No basta con la fuerza; se necesita inteligencia, consistencia y visión de largo plazo.

    La verdadera pregunta no es quién sucederá a un cabecilla caído. La pregunta es si las instituciones estatales pueden recuperar plenamente el control del territorio, la economía y la narrativa pública. Si la sociedad puede dejar de normalizar la violencia como ruido de fondo. Si el Estado puede demostrar que los golpes al crimen organizado no solo son espectaculares, sino sostenibles.

    Porque la victoria real no será la caída de un nombre. Será el día en que un operativo de alto impacto no paralice ciudades, no cierre escuelas, no obligue a la población a resguardarse. Será el día en que la ley deje de disputar autoridad con el miedo.

  • Vivimos mas seguros… ¿pero más libres?

    Vivimos mas seguros… ¿pero más libres?

    “‘Me encanta mi país’, me decía un miembro de la diáspora. ‘Recuerdo cuando antes me avergonzaba de ser salvadoreño. Hoy, cada vez que me preguntan, lo digo con orgullo: soy salvadoreño, del país más seguro del continente’. En redes sociales, turistas —sobre todo centroamericanos— alaban también los progresos en seguridad que ha logrado El Salvador. La mayoría de esas voces, sin embargo, hablan desde lejos: no viven aquí, no hacen fila en el hospital, no toman el bus al amanecer, no miran por encima del hombro cuando comentan de política en una mesa cercana.

    El problema con la percepción de turistas o compatriotas que residen en el extranjero —muchos de ellos en el país del norte— no es el sentimiento de seguridad que experimentan al visitar El Salvador. El problema es distinto: tiene que ver con cómo se vive y se experimenta esa seguridad por quienes habitamos y trabajamos aquí. Vivimos más seguros… ¿pero también más libres?

    La seguridad y el orden que sentimos quienes residimos en este país son el resultado de una férrea militarización de la vida cotidiana y de la pérdida progresiva, durante casi cuatro años, de nuestros derechos constitucionales. A ello se suma un miedo constante que nos desgasta. Somos, al final, un país cansado. En El Salvador hemos dejado de temer a las pandillas en la calle, pero hemos aprendido a tener miedo a otra cosa: a hablar, a criticar, a disentir. Y esa nueva forma de miedo también marca, silenciosamente, nuestra vida cotidiana.

    Hace apenas unos años, El Salvador se situaba entre los países más violentos del mundo, incluso por encima de algunos en guerra. Las tasas de homicidios estaban en la estratósfera. En muchos barrios de las grandes ciudades, tomar la ruta equivocada podía costar la vida, y más de la mitad de los negocios pequeños reportaban haber sufrido algún tipo de extorsión en algún momento.

    Hoy, las cifras hablan de reducciones históricas en los homicidios y de miles de capturas asociadas al régimen de excepción. El CECOT se ha convertido en uno de los símbolos más representativos de esta nueva seguridad y, para algunos, en motivo de orgullo. En 2025, El Salvador se ubicó como el país con la tasa de encarcelamiento más alta del mundo, con alrededor de 1,600–1,800 personas privadas de libertad por cada 100,000 habitantes: más del 2% de nuestra población adulta está tras las rejas.

    Bajo el régimen de excepción se han denunciado miles de casos de personas detenidas sin antecedentes penales, incluyendo estudiantes, trabajadores informales y empleados públicos. Encontrarse, de pronto, sin derechos constitucionales limita nuestras libertades para expresarnos e infunde miedo y temor. Este miedo se encuentra omnipresente para aquellos que, si vivimos y trabajamos en este país, pero invisible para aquellos que solo nos visitan.

    La vida en contextos de alta presión permanente —económica, emocional, simbólica— deja huellas físicas. Cuando la incertidumbre es constante, el cuerpo no descansa. Se mantiene en alerta, como si la amenaza fuera inminente, aunque no siempre sea visible. Ese estado prolongado tiene efectos reales: hipertensión, trastornos del sueño, depresión, enfermedades autoinmunes exacerbadas. La biología no es ajena a la política.

    En El Salvador, el discurso público reciente enfatiza la fortaleza, la disciplina, la resistencia. Se celebra la dureza como virtud cívica. Pero poco se habla del costo humano de vivir en tensión sostenida. La narrativa del “aguante” invisibiliza el desgaste. Quien se cansa parece débil; quien se detiene, sospechoso. Así, el malestar se medicaliza en silencio, sin cuestionar sus causas estructurales. Vivimos mas seguros, por supuesto, ¿pero a que costo?

    En una democracia sana, la seguridad no se mide solo por cuantos homicidios se evitan, sino también por cuantas palabras se pueden pronunciar sin temor a castigo. Según Freedom House, El Salvador es hoy un país ‘parcialmente libre’, con apenas 47 de 100 puntos en su Índice de Libertad; y Reporteros Sin Fronteras nos sitúa en la posición 135 de 180 en su ranking mundial de libertad de prensa, tras perder 61 puestos desde 2020. Si, estamos mas seguros… ¿pero más libres?

    Nos repiten que nunca habíamos estado tan seguros, y tal vez sea cierto en las calles. Nadie quiere volver al pasado, pero sí ansiamos un futuro donde la verdadera democracia coexista con la seguridad, un futuro donde no tengamos miedo de hablar, de discutir, o de discernir.

  • Estados Unidos y los riesgos de enfangarse en Venezuela

    Estados Unidos y los riesgos de enfangarse en Venezuela

    Hay muchas maneras de enfangarse en territorio extranjero. EE UU tiene una larga historia de complicaciones internacionales, casi todas militares, por no haber aprendido la que quizá es la lección más importante en esta materia: si desconoces su idiosincrasia, ignoras los valores que la edificaron y careces de una vía segura de salida, ¡evita intervenir en una nación!

    Desde el ilegal apoyo de infantes de marina al derrocamiento de la reina de Hawái en 1893 –acción por la que se vio obligado a pedir disculpas el presidente Grover Cleveland– hasta la controvertida participación de alrededor de 1.000 soldados americanos en Níger, África occidental, en 2013, o la desastrosa retirada de tropas de Afganistán, hace menos de cinco años, Estados Unidos ha protagonizado demasiadas operaciones militares calamitosas fuera de sus fronteras, en las que además de experimentar pérdidas humanas y económicas terminó incumpliendo los objetivos que originalmente planteaba la concreta intervención.

    Filipinas (1899-1902), México (1916-1917), Corea (1950-1953), Vietnam (1964-1975), Laos (1964-1973), Irán (1980), Irak (2003-2011) y Siria (2014) son algunos de los nombres de países que, con sus respectivas fechas, no figuran en la lista de acciones guerreras que EE UU desearía recordar, pues tanto políticos como historiadores –y muchos ciudadanos informados– siguen deplorando las justificaciones y los resultados de aquellas incursiones. La Administración de Donald Trump, en consecuencia, debería evitar a toda costa sumar Venezuela a esa penosa lista.

    Nada tendría que complicarse demasiado en la tierra de Bolívar si el Gobierno estadounidense entendiera, luego de remover a Nicolás Maduro, el compromiso que ha adquirido delante del mundo. Como se ha explicado en esta columna, Trump, lo quiera o no, solo puede exhibir una campaña exitosa en Venezuela si el trance desemboca en un proceso democrático. Ningún otro objetivo le otorgaría credenciales de triunfo al presidente, a ojos de la comunidad internacional y –¡muy importante!– de los votantes de su partido en noviembre, si la caída del dictador chavista no se traduce, más pronto que tarde, en un retorno de la libertad y el rescate de la institucionalidad.

    Ciertamente, es un mal necesario contar con cuadros del chavismo para cubrir la primera etapa de la transición; sin embargo, como todo mal, lo “necesario” se empieza a volver relativo conforme pasan los días. Delcy Rodríguez está obligada a manejar un doble discurso y eso es muy entendible: su situación política –y hasta quizá su seguridad personal– depende del fino equilibrio con que logre aplacar a los extremistas bolivarianos mientras cumple las órdenes de la Casa Blanca. Pero Donald Trump no puede seguir comportándose como lo está haciendo. En este momento tiene que apretar las tuercas del régimen para que el proceso gane ritmo, hondura e intensidad.

    Contrario a las de Oriente Medio, Venezuela es una nación cultural y étnicamente uniforme. Apenas en septiembre pasado, una encuesta seria expuso que siete de cada diez venezolanos rechaza sin paliativos la dictadura chavista. Edmundo González Urrutia y sobre todo María Corina Machado son reconocidos como los líderes de la oposición que triunfó en las elecciones de julio de 2024. Esto es fundamental: existe una alternativa política que goza de credibilidad y apoyo.

    Sin embargo, como ocurre cuando se descabeza a un cartel criminal, la estructura tiende a adaptarse al nuevo entorno; las lealtades se vuelven transaccionales, de mera sobrevivencia; y si además son muchos los que pueden perder sus privilegios e ir directo a la cárcel, la cuestión se complica. El aparato ya no responde a idealismos revolucionarios trasnochados, sino a la necesidad de permanecer lo más posible y evadir la rendición de cuentas.

    Como ha escrito la académica Colette Capriles, de la Universidad Simón Bolívar de Caracas, “incluso sin Maduro el Estado sigue siendo un laberinto, compuesto por una extensa red de servicios de inteligencia superpuestos, grupos paramilitares conocidos como colectivos y jefes regionales que compiten por sobornos. Esta fragmentación (…) ha contribuido a garantizar que ningún general o ministro tuviera suficiente poder unificado para liderar un golpe de Estado, al tiempo que mantenía a todos los funcionarios vinculados al centro por la necesidad compartida de protección y ganancia”. En otras palabras, un sistema mafioso en toda regla.

    Para domar un pulpo así, Trump y Marco Rubio deben exigir mayores muestras de compromiso por parte del grupo que gobierna. Aparte de las excarcelaciones –que se han venido dando a cuentagotas–, el interinato de  Rodríguez debe empezar a liberalizar la economía y restaurar los incentivos que hacen de la propiedad privada una garantía de dignidad humana. No se olvide que la inflación provocada en Venezuela confiscó el fruto del trabajo de varias generaciones; se imprimió billetes, agregándoles ceros, tratando de cubrir los agujeros heredados del gasto incontrolable de Hugo Chávez.

    La moneda de la libertad, ya se sabe, tiene una cara política y otra económica: ambas subsisten solo si van juntas. Pero, ¿quién está a la cabeza de ese esfuerzo paralelo? Desde luego no serán los remanentes del chavismo, que entienden de libre intercambio lo que un chimpancé entiende de trigonometría. Y tampoco puede hacerlo a control remoto la Casa Blanca, porque toda intervención extranjera en otra nación, si no culmina en democracia, apenas es hinchazón gubernamental extendida en un mapa.

    Mientras más tiempo le lleve asegurar la libertad en Venezuela, por mucho que rehúya enfangarse en territorios extraños, peores consecuencias habrá para Trump y su legado.

  • EEUU asegura que todos los acuerdos siguen en pie pese a nuevos aranceles

    EEUU asegura que todos los acuerdos siguen en pie pese a nuevos aranceles

    El representante de Comercio de Estados Unidos, Jamieson Greer, aseguró el domingo que los acuerdos comerciales bilaterales suscritos por Washington, incluido el pactado con la Unión Europea (UE), se mantendrán en vigor pese a la reciente decisión del Tribunal Supremo que invalidó los aranceles originales del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la posterior proclamación de nuevos gravámenes bajo otro instrumento legal.

    “Vamos a respaldar estos acuerdos y esperamos que nuestros socios también lo hagan”, declaró Greer en comentarios a la cadena CBS, en referencia a los pactos con la UE, China y Corea del Sur.

    El funcionario subrayó que la Administración estadounidense continuará aplicando aranceles, independientemente del resultado judicial.

    “Llevo un año diciéndoles que, ganáramos o perdiéramos (en el Supremo), habría aranceles, y que el presidente iba a mantenerlos, y estos acuerdos han sido firmados con el litigio pendiente”, añadió.

    El Tribunal Supremo anuló los aranceles iniciales decretados bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA). Sin embargo, el mandatario proclamó nuevos gravámenes al amparo de la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, que le permite imponer aranceles de hasta 15 % durante un periodo inicial de 150 días. Transcurrido ese plazo, cualquier prórroga requerirá la aprobación del Congreso.

    Greer confirmó que sostuvo conversaciones el sábado con el comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, para abordar la situación. No obstante, la Comisión Europea solicitó a Washington claridad sobre los próximos pasos y advirtió que existen contradicciones entre los nuevos gravámenes y el acuerdo bilateral firmado en agosto de 2025.

    “La situación actual no propicia un comercio y una inversión transatlánticos ‘justos, equilibrados y mutuamente beneficiosos’, tal como acordaron ambas partes y se detalla en la Declaración Conjunta UE-EEUU de agosto de 2025”, señaló la Comisión Europea en un comunicado.

    “Un trato es un trato”, agregó, al exigir que Estados Unidos cumpla los compromisos asumidos, y advirtió que los aranceles aplicados de forma impredecible “son inherentemente disruptivos” y generan incertidumbre en las cadenas de suministro globales.

    El Salvador es uno de los países que firmaron un Acuerdo sobre Comercio Recíproco que eliminar la tarifa del 10 % en arancel a las exportaciones salvadoreñas el pasado 29 de enero.

    Estados Unidos es el mayor socio comercial de El Salvador, con una participación de un 32.4 % en 2025. El Banco Central de Reserva (BCR) reporta que los envíos de mercancías superaron los $2,086.04 millones, un 2.3 % menos en comparación con 2024.

     

     

  • Unidad de inteligencia estadounidense apoyó operativo contra “El Mencho”

    Unidad de inteligencia estadounidense apoyó operativo contra “El Mencho”

    Un nuevo grupo de inteligencia del Ejército de Estados Unidos, enfocado en combatir a los carteles del narcotráfico, colaboró en el operativo en el que fue abatido Rubén Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), según fuentes citadas por el diario The Washington Post.

    De acuerdo con un funcionario de Defensa estadounidense que habló bajo condición de anonimato, la unidad conocida como Fuerza de Tarea Interinstitucional Conjunta Anticartel (JIATF-CC), bajo supervisión del Comando Norte de Estados Unidos, desempeñó un papel clave en la operación que también dejó siete integrantes del grupo criminal muertos.

    El grupo “trabaja regularmente” con el Ejército mexicano a través del Comando Norte, encargado de supervisar las operaciones estadounidenses en ambos países. El operativo se ejecutó en el municipio de Tapalpa, a 130 kilómetros al sur de Guadalajara, Jalisco, y derivó en enfrentamientos armados en la región.

    Oseguera Cervantes, de 56 años, era uno de los criminales más buscados por México y Estados Unidos, que ofrecía una recompensa de $15 millones por información que condujera a su captura. Washington lo acusaba de encabezar un “reinado de terror” y de destruir “innumerables vidas” mediante el tráfico de fentanilo.

    La JIATF-CC fue establecida el mes pasado en una ceremonia en la frontera entre ambos países. “Este es el siguiente paso en el enfoque integral del gobierno para identificar, desmantelar y desmantelar las operaciones de los carteles que representan una amenaza para Estados Unidos”, señaló el Comando Norte en un comunicado. El general Gregory M. Guillot explicó que el objetivo es conformar un equipo que proporcione “inteligencia precisa, oportuna y relevante” para enfrentar el narcotráfico.

    El año pasado, Estados Unidos incluyó al CJNG en su lista de organizaciones terroristas, intensificando la presión internacional contra uno de los carteles más poderosos de México.

     

  • El periodista José Rubén Zamora afirma que no se rendirá ante la persecución que sufre en Guatemala

    El periodista José Rubén Zamora afirma que no se rendirá ante la persecución que sufre en Guatemala

    El periodista guatemalteco José Rubén Zamora Marroquín afirmó que no se rendirá ante la persecución judicial que lo mantuvo en prisión desde julio de 2022 y que ahora lo mantiene bajo arresto domiciliario, tras recibir la medida sustitutiva el pasado 12 de febrero. En entrevista con EFE en su residencia, aseguró que la posibilidad de regresar a la cárcel sigue latente debido a las apelaciones del Ministerio Público.

    Zamora explicó que su prioridad es intentar anular la existencia de la Fundación Contra el Terrorismo, organización de extrema derecha que ha actuado como querellante en su contra y cuyos líderes están sancionados por Estados Unidos.

    Además, señaló que busca “abrir causas criminales contra la fiscal general (Consuelo Porras Argueta), contra (la fiscal) Cinthia Monterroso y contra el juez (Fredy) Orellana”, a quienes responsabiliza de su encarcelamiento por acusaciones de lavado de dinero y obstrucción de la justicia que, según afirma, no han sido probadas.

    El periodista relató que la fiscal general intentó “forzar” una relación amistosa con él en 2019 y años posteriores, invitándolo a reuniones en el Ministerio Público, hasta que en una ocasión le reclamó por sus publicaciones de manera airada. Zamora considera que esos episodios marcaron el inicio de la persecución judicial en su contra.

    A sus 67 años, se muestra agradecido por la solidaridad recibida durante su encarcelamiento.

    “Me siento muy conmovido y muy feliz”, expresó al recordar las visitas y donaciones de ciudadanos, incluso de escasos recursos. Contó que en una ocasión regresó al penal desde un hospital público con poco más de $200 donados por familiares de pacientes. “Donaciones de gente muy pobre (en el hospital), que me decía por ejemplo que su mamá sufrió un infarto y me preguntaban si me ofendería si me regalaban 200 pesos (quetzales, unos 25 dólares)”, relató.

    Durante su reclusión, Zamora vio desmoronarse su diario El Periódico, sus finanzas quedaron congeladas y su familia se fragmentó, pues su esposa y uno de sus hijos se exiliaron. Aunque admite que extraña el ejercicio del periodismo porque “es una pasión”, por ahora prioriza limpiar su nombre y recuperar su salud, debilitada tras años de encierro.

    Respecto al futuro político del país, el comunicador se mostró optimista, aunque calificó a Guatemala como “el laberinto perfecto, sin salida”. Considera que el presidente Bernardo Arévalo de León ha estado “muy asediado” y “estuvo muy cerca de recibir un golpe de Estado”, pero cree que con la salida de la fiscal general al finalizar su período en mayo, los sectores que denomina golpistas y corruptos “van a perder fuerza”.

     

  • Vientos nortes y lluvias marcarán lunes y martes en El Salvador

    Vientos nortes y lluvias marcarán lunes y martes en El Salvador

    El clima estará dominado por Vientos Nortes y cielo entre poco y parcialmente nublado en distintas zonas del país este lunes, según el pronóstico del Ministerio de Medio Ambiente.

    Durante la madrugada y mañana, el cielo se presentará poco nublado en la mayor parte del territorio y parcialmente nublado en la zona norte y sectores del occidente.

    Para la tarde, se prevé incremento de nubosidad en la cordillera volcánica y la zona norte, donde podrían registrarse lluvias breves. Al final de la tarde y durante la noche, las precipitaciones se concentrarán en sectores de la cordillera del Bálsamo y en el norte de Santa Ana y Chalatenango, manteniéndose el cielo parcialmente nublado en esas áreas.

    Los Vientos Nortes continuarán con velocidades entre 10 y 30 kilómetros por hora y ráfagas que oscilarán entre 50 y 90 kilómetros por hora, con posibilidad de superar esos rangos en zonas donde el relieve favorezca la aceleración del viento.

    Para el martes 24, el cielo seguirá parcialmente nublado sobre la cordillera volcánica y la zona norte, con probabilidad de lluvias breves en el transcurso de la tarde y noche. Los Vientos Nortes persistirán con velocidades promedio entre 10 y 30 kilómetros por hora y ráfagas entre 50 y 90 kilómetros por hora.

    Estas condiciones estarán influenciadas por una zona de alta presión ubicada sobre Texas, que mantiene el ingreso de viento del norte y el ambiente relativamente fresco en horas nocturnas y de madrugada.

     

  • Miles de familias ucranianas siguen separadas tras cuatro años de ocupación rusa

    Miles de familias ucranianas siguen separadas tras cuatro años de ocupación rusa

    Cuatro años después del inicio de la invasión a gran escala de Rusia, que mantiene bajo control alrededor del 20 % del territorio ucraniano, miles de familias continúan separadas y con escasas esperanzas de reencontrarse. El contacto entre quienes viven en zonas ocupadas y quienes huyeron está marcado por el temor y la vigilancia constante.

    Anna, médica que escapó a Leópolis desde el sur ocupado, no ve a sus padres desde hace más de cuatro años. “Tengo miedo de no reconocerlos cuando finalmente nos veamos”, relata a EFE.

    “Soy médica y sé cómo la edad cambia a la gente. También tengo miedo de no ser capaz de presentarles nunca a mis hijos”, añade, cuidando cada palabra para no ponerlos en riesgo.

    El miedo domina sus conversaciones telefónicas: sólo hablan en ruso para evitar sospechas, ya que el uso del ucraniano podría ser motivo de denuncia.

    “El único peligro al que estoy sometida aquí son los bombardeos rusos”, afirma Anna. “Para ellos, una palabra equivocada, una mirada equivocada entraña una amenaza”. Evacuarlos resulta casi imposible por los controles militares y el riesgo de detención de hombres en los puestos de control.

    Alevtina Shvetsova, periodista desplazada de Mariúpol, advierte que viajar a territorios ocupados es “extremadamente peligroso”. Quienes intentan hacerlo deben atravesar terceros países, enfrentarse a largos interrogatorios y arriesgarse a detenciones.

    Tetiana, una estudiante de 19 años, tampoco ve a su abuelo desde hace más de tres años y medio. “Están bajo vigilancia constante”, asegura. “Los rusos intentan quebrarles, quitarles lo que aman”.

    Las actuales conversaciones de paz generan frustración entre muchos de los más de 3.7 millones de desplazados internos, que temen que Rusia conserve los territorios ocupados sin rendir cuentas. A pesar de ello, Tetiana mantiene la esperanza:

    “Tenemos una gran fe y lo esperamos de todo corazón. Queremos volver a o al menos tener la oportunidad de ir y sentirnos allí como en casa”.

     

  • Firpo arrebata liderato al FAS en Clausura

    Firpo arrebata liderato al FAS en Clausura

    Luis Ángel Firpo, dirigido por el costarricense Marvin Solano, se convirtió en el nuevo líder del torneo Clausura de El Salvador tras vencer 3-2 al Hércules en la novena jornada y aprovechar la combinación de resultados que dejó al FAS sin la cima.

    El actual campeón nacional comenzó en desventaja por 2-0 ante el equipo del argentino Daniel Corti, con goles de Melvin Urbina y Diego Rosales. Sin embargo, los Toros reaccionaron y remontaron con anotaciones del paraguayo Marcelo Ferreira y de los salvadoreños Nelson Díaz y Herson Rodríguez, sellando una victoria clave en casa.

    Con el triunfo, Firpo llegó a 20 puntos y desplazó a los Tigrillos del FAS y a los Emplumados del Águila, que suman 18 unidades cada uno. El FAS, dirigido por el mexicano Adrián Sánchez, logró una victoria 0-1 como visitante frente al Cacahuatique del argentino Ángel Piazzi, que se mantiene en el octavo lugar con 12 puntos.

    Por su parte, el Águila, bajo la conducción del mexicano Juan Carlos Chávez, venció 0-1 al Inter FA del costarricense Luis Marí, resultado que lo deja en la cuarta posición con 17 unidades. En tanto, Alianza, dirigido por el argentino Ernesto Corti, se ubica quinto tras imponerse 1-0 al Municipal Limeño.

    En la tabla de goleadores, el salvadoreño Emerson Mauricio, del Inter FA, encabeza la clasificación con 10 tantos. Le siguen el brasileño Alesson Henrique Ferreira, del Cacahuatique, y el colombiano Carlos Bogotá, del Platense, con cinco anotaciones cada uno.

     

  • Zelenski acusa a Putin de haber iniciado la Tercera Guerra Mundial

    Zelenski acusa a Putin de haber iniciado la Tercera Guerra Mundial

    El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, aseguró que su homólogo ruso, Vladimir Putin, “ya ha comenzado” la Tercera Guerra Mundial, al advertir que el conflicto en curso trasciende las fronteras ucranianas y busca imponer un nuevo orden global.

    “Creo que Putin ya la ha comenzado”, afirmó en una entrevista con la BBC publicada este domingo. “La pregunta es cuánto territorio podrá conquistar y cómo detenerlo”, agregó, al sostener que Moscú pretende “imponer al mundo una forma de vida diferente y cambiar la vida que la gente ha elegido para sí misma”.

    Zelenski también rechazó la posibilidad de aceptar cesiones territoriales en el Donbás como parte de eventuales negociaciones de paz. “No lo veo simplemente como una cuestión de tierras. Lo veo como un abandono: debilitar nuestras posiciones, abandonar a cientos de miles de nuestros compatriotas que viven allí”, afirmó. Según explicó, una retirada dividiría a la sociedad ucraniana y fortalecería las aspiraciones expansionistas del Kremlin.

    El mandatario consideró que una cesión territorial “probablemente satisfaría” temporalmente a Putin, pero advirtió que Rusia podría reorganizarse militarmente en “no más de un par de años” y reanudar la ofensiva. A su juicio, el líder ruso “necesita un respiro”, pero no renunciaría a sus objetivos estratégicos.

    En cuanto a las metas militares de Kiev, Zelenski reiteró que el objetivo es restaurar las fronteras de 1991, año de la independencia ucraniana, lo que incluye la recuperación de Crimea. “No es solo una victoria, es justicia”, subrayó. “La victoria de Ucrania es la preservación de nuestra independencia, y una victoria de justicia para todo el mundo es la devolución de todas nuestras tierras”.

    No obstante, reconoció que una ofensiva total inmediata implicaría un alto costo humano. “No tendríamos suficiente gente, la estaríamos perdiendo. ¿Y qué es la tierra sin gente? Honestamente, nada”, planteó, al admitir además que Ucrania no dispone de “suficientes armas” y que el respaldo militar depende en gran medida de sus aliados internacionales.