De Irán a Venezuela

De conformidad con las últimas encuestas preguerra, el 90 por ciento de la población iraní es contraria al actual gobierno  (o lo que va quedando de el), y de ese noventa por ciento un poco más de la mitad está conformada por jóvenes de uno y otro sexo; nacidos todos después de 1979, año en el cual el radicalismo islamita chiita de la mano del  Ayatolah Ruhollah Musavi Jomeini  tomó el poder en ese milenario país, luego de la fuga  el 3 de diciembre de ese mismo año del Sha Mohammad Reza Palhlaví.

Desde ese mismo día en el cual comenzó a gobernar, el Ayatolah Jomeini convirtió su gobierno en una república islámica y teocrática, sostenida en el rigor de las armas, la creación de la Policía Moral encargada de asegurar que la población y en especial los jóvenes, y en particular las mujeres, adaptaren su comportamiento y su vestir a los preceptos del Corán, creó la Guardia Revolucionaria, entidad militar paralela a la tradicional, declaro el objetivo central del gobierno la destrucción del Estado de Israel, y formó y utilizó el movimiento radical libanés Hezbolá y el Hamás, de Palestina.

Semanas previas a la llegada de su exilio, la población se había alzado  contra las frivolidades extemporáneas del Reza Palhaví, cansado y agotado de observar el despilfarro e inconsciencia de una realeza que no cuidaba del bienestar de su pueblo, dedicado como se encontraba en el efímero disfrute del poder. Alzamiento o estallido social como el que experimentamos los venezolanos en el llamado “Caracazo” en 1989.

Diez años antes el radicalismo islamita, clara minoría en Irán igualmente cabalgó en un estallido social. Organizado, financiado y apoyado por un conjunto de intereses y prejuicios internacionales que hizo crisis con la toma de la Embajada de los Estados Unidos en Irán el 4 de noviembre de 1979. Toma que duró hasta el 20 de enero de 1981 (previo un intento militar por parte de la administración Carter denominada “Operación Garra de Águila“ que terminó en un bochorno militar y político.

A partir de allí la suerte de Irán estaba echada, y se inició un largo período de represión, financiación de movimientos terroristas regionales y extra continentales, que tuvo como bandera la destrucción del Estado de Israel, la lucha contra  Occidente y sus laicas manifestaciones, así como el financiamiento, entrenamiento y ejecución de actos terroristas internacionales a través de Hezbollá y Hamás.

Venezuela sabe mucho de ello, una de las primeras medidas que tomó el extinto villano Hugo Chávez Frías, fue estrechar las relaciones con el Irán de los Ayatolah , y sus objetivos geopolíticos.

Desde ese momento, la línea aérea nacional Conviasa comenzó a realizar vuelos “turísticos” los llamaba, a Irán y Siria. No sabemos que transportaban a Irán esos aviones, pero sí lo que regresaban de ese país. Los innumerables militantes de Hezbollá y Hamás que se mimetizaban en Venezuela con identificaciones venezolanas (pasaportes y cédulas de identidad, que se unían a otro ejército, el cubano, que llegó a gestionar los servicios de puertos y aeropuertos, notarias y registros mercantiles y civiles, así como el sistema de identificación nacional. No se escapó nuestra Fuerza Armada de su presencia e influencia.

Solía afirmar, en antiguos escritos, un poco para recordar a los Estados Unidos y países vecinos, que las costas de Florida se encontraban a unas 1400 millas de Venezuela, y las del Canal de Panamá a unas 1700 millas. Esto, porque sus funcionarios solían afirmar que mientras Chávez no representasen un peligro para la seguridad de los Estados Unidos, ellos lo consideraban como uno más, de los vociferantes populistas latinoamericanos.

Y miren lo que sucedió, que hasta el Tren de Aragua y otros trenes, le tomaron el país, poco a poco, paso a paso. Hasta que finalmente, el pasado tres de enero tuvieron que tomar la decisión de la “extracción” del envalentonado y atolondrado empleado de Cuba, hoy prisionero en un penal de alta seguridad en los Estados Unidos, Nicolás Maduro Moros.

Para alivio y esperanza de los venezolanos, por retomar  sus instituciones y pleno control de sus riquezas morales y materiales para la continuidad de la nacionalidad, en libertad y compartiendo los valores de la cultura Occidental; muy diferentes y distanciados de extremos religiosos, raciales o políticos del Medio Oriente y otras latitudes que aún no han superado la Edad Media, como fue  la separación del Estado de la religión, gracias a los Tratados de Westfalia alcanzados en 1686, para beneficio de Europa y el mundo libre.

Hoy Venezuela respira con mayor alivio y cargado de esperanzas realizables. El tutelaje impuesto por Estados Unidos con el fin de obtener en un proceso dirigido y alcanzable del control total por parte de los venezolanos, de sus instituciones republicanas, riquezas, y objetivos nacionales en pleno ejercicio de su soberanía, mediante el voto popular de sus dirigentes públicos, cuando las condiciones se presten para ello, nos lleva comprender y asumir este paso trascendental de nuestra historia.

Etapa esta, que deberá conducir a una estudiada agenda de desarticulación de la banda antinacional, depredadora de los Derechos Humanos y de la riqueza nacional que aún continúa, bajo ciertas condiciones impuestas, gobernando a Venezuela, tutelando sus instituciones públicas y privadas y violando taimadamente los derechos humanos más elementales.

No dudo que muy pronto el siguiente paso será la recuperación del control de las instituciones, y la convocatoria de una elección general que conduzca al electorado a elegir libremente aquellos funcionarios que tendrán la responsabilidad de refundar la República, para beneficio propio y del Mundo libre.

 

 

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