A pocos días de que el año escolar arranque oficialmente el 2 de febrero, Diego ya se prepara para volver a clases con una expectativa distinta a la de años anteriores. Para su familia, este inicio marca el cierre de una búsqueda prolongada por un espacio educativo donde su hijo pudiera aprender sin enfrentar barreras desde el primer día.
Diego, de 12 años, cursará cuarto grado en el Centro Escolar Reino de Dinamarca, una institución pública que ha sido renovada y que hoy cuenta con condiciones para recibir a estudiantes con discapacidad, tanto a nivel de infraestructura como de acompañamiento pedagógico.
Antes de llegar a este centro escolar, sus padres, Azucena Pinto y Javier Urías, intentaron matricularlo en varios colegios, principalmente privados. En todos encontraron obstáculos similares. “Directamente nos decían que no podían recibirlo porque no había rampas o porque no contaban con un plan educativo adaptado ni con profesionales que dieran seguimiento”, relató Azucena durante la entrevista realizada días antes del inicio de clases.
Las barreras no fueron únicamente físicas. Urías recordó que en uno de esos centros la discapacidad de su hijo representó un cobro adicional. “Por tener una discapacidad, el colegio subió la colegiatura en 25 dólares. Aquí, gracias a Dios, no vamos a cancelar nada”, afirmó.
La renovación del Centro Escolar Reino de Dinamarca fue determinante para que la familia volviera a intentarlo. Al conocer los cambios en la infraestructura y la posibilidad de recibir acompañamiento especializado, decidieron acercarse al centro y consultar sobre la matrícula. “Eso fue nuestra llamada de atención”, explicó la madre.

Además del acceso físico, los padres valoraron el respaldo profesional que Diego tendrá durante el año escolar. Contará con apoyo psicológico y con una maestra sombra que le ayudará en procesos como la lectura, la escritura y el fortalecimiento de su autonomía dentro del aula. “
Todos esos profesionales que ahora están con él no nos generan ningún costo”, señaló su padre.
Para Azucena, este nuevo ciclo lectivo también refleja una preocupación compartida por muchas familias. “Es bien retador como padres encontrar espacios inclusivos y que el sistema educativo se adapte a ellos. Por eso tenemos esperanza de ver avances académicos en la vida de Diego”, expresó.
Evaluación, acompañamiento y permanencia escolar
Desde la dirección del centro educativo, la inclusión se concibe como un trabajo previo y permanente, no limitado al inicio de clases. Claribel Velásquez, directora del Centro Escolar Reino de Dinamarca, explicó que el proceso comienza con la intervención de especialistas. “El primer paso que hemos hecho es solicitar a los especialistas para que puedan dar las orientaciones y recomendaciones a los docentes que están en el aula”, afirmó.

Velásquez subrayó que los diagnósticos permiten realizar adecuaciones curriculares, una práctica que, según señaló, no está presente en todas las instituciones. “El docente lee la indicación que da el especialista y tiene que hacer las adecuaciones curriculares. En muchas instituciones no se hace, se imparte una sola clase para todo el grado y no hay excepciones”, explicó. En el Reino de Dinamarca, agregó, el objetivo es que los estudiantes permanezcan en aulas regulares con los apoyos necesarios.
La directora remarcó la importancia de contar con atención especializada en casos como el de Diego y explicó que el objetivo del centro es que los estudiantes permanezcan en aulas regulares con el respaldo de diagnósticos profesionales. Señaló que la institución cuenta con psicólogo, especialistas en habla y lenguaje y especialistas pedagógicos, y que este trabajo se complementa con orientación a las familias para que acompañen el proceso educativo desde casa.
La transformación del centro escolar también tuvo un impacto en la matrícula. Velásquez destacó que, tras la entrega de las nuevas instalaciones en noviembre del año pasado, la población estudiantil aumentó de forma significativa. “Cuando nos fuimos en el mes de noviembre teníamos un poquito más de 700 estudiantes y ahora ya vamos a llegar a los 900. Para nosotros ya no se puede decir que tenemos baja matrícula, y eso es una alegría para los docentes”, indicó.
Un componente clave de este modelo es el Centro de Orientación y Recursos (COR), que funciona dentro del centro escolar. Roxana Córdova, encargada del área de habla y lenguaje del COR, “evaluamos a estudiantes que pueden presentar discapacidad intelectual o de aprendizaje. Nuestro trabajo es quitar barreras, tanto actitudinales como de infraestructura”, explicó.
El COR del Reino de Dinamarca atiende principalmente a estudiantes de San Salvador Este, provenientes de distritos como Soyapango, Ilopango, San Martín y Tonacatepeque, aunque también recibe casos de otros centros educativos. En poco más de un año, el equipo ha evaluado alrededor de 160 estudiantes, muchos con condiciones como trastornos del espectro autista, TDAH, trastornos del lenguaje o discapacidad intelectual en distintos niveles.
“El objetivo final no es solo que el niño se integre al aula, sino que sea incluido en todos los procesos de aprendizaje”, explicó Córdova. Por ello, además de las evaluaciones, el COR emite recomendaciones a docentes, familias y comités escolares, y promueve la permanencia de los estudiantes en el sistema educativo. “Nuestra mayor labor es evitar la deserción, que el niño no se quede en casa por temor a que no va a aprender”, señaló.
Mientras el calendario marca el 2 de febrero como el inicio oficial del año escolar, para Diego ese día representa algo más que volver a clases: es la posibilidad de aprender en un entorno que reconoce sus necesidades y le abre espacio dentro del aula, desde el primer día.



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