El humor actúa como un analgésico vital que permite a los ucranianos sobrellevar el estrés constante y las atrocidades provocadas por la invasión rusa, a través de una vibrante escena cultural en la que se entremezclan los chistes con las dolorosas realidades de la guerra.
«Sí, son dos líneas», dice la protagonista de una obra a su incrédulo marido, un soldado que regresa a casa con un permiso poco frecuente desde el frente, mientras le muestra una prueba de embarazo. El público en el teatro, lleno, contiene la respiración.
«Y no porque yo sea sargento junior», añade, provocando carcajadas por el absurdo juego de palabras entre el resultado del test y la insignia del rango militar.
Las risas y las lágrimas se alternan constantemente mientras la obra muestra escenas de despedidas y reencuentros, familiares para miles de ucranianos cuyos seres queridos se enfrentan diariamente al riesgo de morir en el frente.
«Si muere, ¿cómo viviré?», se pregunta y el público guarda un silencio inquietante cuando la protagonista enumera los pequeños rituales que echaría de menos sin su esposo.
De repente, se detiene en medio de la música dramática, con los ojos muy abiertos.
«Espera, ¿y si me mata antes un dron? Me moriría de vergüenza si lo viera invitar a otra mujer al desastre que siempre deja», exclama, provocando otra explosión de risas.
Un analgésico
La obra, titulada ‘Todo estará bien, pero no ahora’, se presenta en la ciudad occidental de Leópolis por el estudio teatral de la Tercera Brigada de Ucrania, que incluye actores profesionales con experiencia en combate.
Es solo un ejemplo del humor como mecanismo para lidiar con el impacto de la guerra: los espectáculos de monólogos cómicos continúan en todo el país, y las redes sociales siguen llenas de chistes y memes.
Los memes proliferaron desde el primer día de la invasión rusa en febrero de 2022, a veces inspirados en hechos reales, como el caso de una ama de casa que supuestamente derribó un dron con un frasco de tomates en conserva desde su balcón.
«El humor hace todo un poco más llevadero en el frente», confirma Dmitró, un espectador con uniforme militar que se apoya en muletas tras la amputación de su pie derecho.
Al reír, los ucranianos recuperan el control y ridiculizan el peligro, coinciden los psicólogos.
«Reducimos la tensión. Aliviamos nuestro dolor. Intentamos recuperar el control con la ayuda del humor y los chistes», escribe la psicóloga Svitlana Roiz en redes sociales.
Una forma de mantenerse cuerdo
A medida que la guerra se prolonga -acaba de entrar en su quinto año- el humor se vuelve cada vez más oscuro.
Un ejemplo es una aplicación que permite crear imágenes vistas desde arriba utilizando simulaciones de cuerpos de soldados rusos muertos como letras o bloques. Surgió tras informes sobre un periódico ruso que acusaba a soldados ucranianos de mover cadáveres para formar retratos.
«Me río y al mismo tiempo me horroriza», admite Roiz, quien señala que este humor negro ofrece «una oportunidad de mantenerse cuerdo» y ayuda a racionalizar «la locura» de la guerra y la propaganda rusa que busca deshumanizar a los ucranianos.
El humor también une, dice Viktoria Grishchuk, quien afirma que el sentido del humor compartido con su marido mantiene vivo su matrimonio tras cuatro años separados.
«Uno de nuestros chistes más oscuros es que sería bueno que Serguí perdiera una pierna, así al menos tendría permiso», cuenta a EFE.
Una fuente de fuerza
Todo esto puede parecer «extraño» para los extranjeros, que podrían imaginar a los ucranianos siempre sombríos y deprimidos, afirma la poeta Dina Chmuzh, de Járkov.
Ella es autora de canciones para la obra ‘El imperio debe morir‘, que describe la situación de niños ucranianos deportados a los llamados «campos de reeducación» en Rusia.
A pesar de lo serio del tema, el humor y la risa impregnan la obra satírica, donde los niños rebeldes utilizan el humor para desafiar la presión rusa.
«Nuestra risa es una risa furiosa, de esas que nos dan fuerza para seguir luchando», subraya Chmuzh.

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