A veces Dios nos brinda avisos. Con mi esposa teníamos un viaje para España; yo iba a un congreso en la Universidad de Sevilla; sin embargo, un día antes, ella fue ingresada de emergencia en el ISSS. Ese fue el aviso definitivo para no viajar. Algo peor hubiese sucedido en esa travesía. No hay duda que Dios nos manda avisos. Se necesitaba sacar el pasaporte, pero mi esposa no tiene huellas dactilares. Tuvimos que llevar la orden de un dermatólogo, así le dieron el pasaporte. Luego, teníamos que tener el pasaporte mexicano y nos lo negaron. Ese fue el otro aviso; tuvimos que cambiar la ruta de vuelo. Los pasajes y el hotel en donde nos hospedaríamos ya lo teníamos comprados.
Yo, acongojado, fui al Santísimo que está ubicado en San José de La Montaña, he llorado, he pedido con fe a Jesucristo para verle alegres sus ojitos a mi esposa. Me han dicho que es importante mantener la fe y que la oración es una fuente de sanación. Mis hijas han rezado el Santo Rosario.
Todos nos afligimos, hemos orado junto con muchas personas que lo han hecho en redes sociales. Quiero comentar algo que me sucedió, que, desde mi punto de vista, es espiritual. Estaba tomando mi café solo, la silla de al lado la saqué. Llega el mesero (Franklin) del Pollo Campero de La Campana y me dice: “Acá estaba una señora de piel blanca con usted”, yo le dije que andaba solo. El mesero insistió y me dijo que vio a una señora a la par mía comiendo. Yo le dije que tengo a mi esposa en el hospital, que no se preocupará. El mesero me comentó que nunca le había pasado algo así. Luego, llega mi prima con su hijo y le preguntó lo mismo al mesero y él le rectificó lo sucedido. ¿Ustedes qué opinan amigos lectores?
El poder de la oración para los enfermos. En esta Semana Santa mi familia ha vivido un vía crucis, hemos estado orando por la salud de Carolina Villatoro de López. Les doy gracias a todos, por este medio de comunicación, por las oraciones hacia mi esposa. Desde muchas partes del mundo me han mandado mensajes en redes sociales para que pronto sane ella. He comprobado que la oración tiene poder. No es importante el tipo de religión de donde emanen las oraciones. Le he leído en el hospital cada oración a mi esposa. Cuando se clama a Dios con fe las enfermedades se disuelven.
El Domingo de Ramos le traje un ramito a mi esposa. Ella dice que está fuerte, agarrada de las manos del Señor. Ella se sintió alegre, su sonrisa hizo que mi alma se contentara. Fue un aviso que pronto estará en casa. Mi amada Carolina, pronto los cafetales echarán flor, sé que a usted le gusta disfrutar ese espectáculo. Los trabajos jurídicos le esperan (casamientos, herencias, casos penales, etc.). Alguna universidad la seguirá contratando para que imparta asignaturas, especialmente Derecho Penitenciario. Nuestras hijas la recibirán con flores en casa. Dios sabe que aún hay muchas cosas que usted debe disfrutar, como ver a sus nietos.
En los hospitales se escucha a personas murmurando, sufriendo, gritando del dolor. Los familiares oran pidiendo un milagro de sanación a Dios. Se observa a pacientes más graves que a otros. Las miradas de los que yacen en las camas anhelan estar en su casa. Esa realidad acongoja al más fuerte. De repente, anuncian que un paciente ha fallecido. Uno se pone a pensar tantas cosas. Por esa razón, muchos seres humanos no logran digerir toda esa realidad.
Señor Jesucristo, no hay día ni horario para darte las gracias por los alimentos, la familia, por la salud, por el trabajo, por todo… En todo momento te alabo. Enséñame cada día a lavar mi alma y mi cuerpo. Guía mis pasos por el sendero del bien. Te pido con todo corazón que sanes el corazón de mi esposa, sus pulmones y riñones. Aquí estaré, como atalaya, esperando que mi esposa salga del hospital sana. Amén.
*Fidel López Eguizábal, Docente investigador Universidad Nueva San Salvador
fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

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