La escalada en Irán y los daños colaterales

Entender lo que ocurre en Irán es complejo pues tiene mucho de historia, de intereses económicos, de geopolítica, de ambiciones de naciones, de alianzas estratégicas, de mentiras, de verdades a medias y de todo un poco. No se puede ser tan inhumano de no interesarse por los conflictos armados que tanto luto y dolor le generan a la humanidad.

Muchos salvadoreños tenemos un concepto errado o excesivamente superficial de lo que sucede en medio oriente, pues solo contamos con la información sesgada de quienes juegan la partida. He escuchado a muchos hacer juicios a priori y apoyar a fe ciega el accionar bélico de Estados Unidos, pero también he escuchado a muchos otros condenar a los norteamericanos.

En Mejicanos, una iglesia evangélica convocó a sus feligreses para una vigilia de dos noches en apoyo a Israel, porque según su pastor el “monstruo persa” quiere acabar con la Tierra Prometida, pero otros salvadoreños salieron a marchar y aprovecharon para pedir a Estados Unidos e Israel que cesen los ataques contra Irán. Una escalada de la naturaleza ocurrida en Irán no puede ser vista como un accionar motivado por la ideología religiosa. De ninguna manera Dios apoya estos actos.

Los ataques por muy dirigidos y puntuales que sean siempre generan severos daños colaterales que afectan a la población vulnerable, tal como ha ocurrido en Irán, donde miles de civiles han muerto entre ellos cientos de niños y ancianos. Irán ha respondido lanzando misiles a distintos países, lo que para algunos es un ataque indiscriminado a diferentes naciones, pero para otro es solo una estrategia de defensa porque se ha limitado a atacar bases militares estadounidenses enclavadas en otras naciones.

Estados Unidos e Israel justifican sus ataques aduciendo que Irán tiene tecnología y armas de punta que son una amenaza para los israelitas, mientras que las autoridades iranís dicen que lo que poseen es con fines de tecnología y usos médicos. Hasta ahora no sabemos quién dice la verdad o quién miente.

Lo único que sabemos es que Teherán y ciudades vecinas son las más inseguras del mundo porque los bombardeos están a la orden del día. Sabemos que los incendios y la destrucción mantiene en vilo la paz y la economía del mundo.  Algunos países de manera inteligente han abogado por la neutralidad manteniéndose al margen y mostrándose, ya sea por conveniencia o por convicción pacifista, como países que rechazan el belicismo y abogan por la paz. Otros países han manifestado su apoyo a Estados Unidos e Israel y hay naciones que abiertamente rechazan el accionar estadounidenses y dan su apoyo a Irán.

En cualquier momento, si no se prioriza el diálogo civilizado, un conflicto de esta naturaleza puede dar paso irreversiblemente a una tercera guerra mundial de fatales consecuencias para la humanidad y el planeta. Es obligación de todos los líderes y naciones del mundo exigir una salida pronta, humana, civilizada y de alcance global y permanente.

La escalada en Irán ya nos tiene en vilo. Países como el nuestro, a miles de kilómetros del escenario bélico, estamos a la espera de los efectos económicos. Somos un país consumidor que dependemos de muchos factores, entre ellos los precios internacionales del petróleo. Obviamente Irán es uno de los principales productores de petróleo y por si fuera poco controla el paso sobre el estrecho de Ormuz en el mar Pérsico, por donde circula el 20 por ciento del petróleo mundial y el 33 por ciento del gas natural licuado.

La crisis en Irán ha generado el cierre o el paso restringido, encareciendo los fletes que deben recorrer miles de kilómetros extras, incrementando el valor del producto y por consiguiente el galón (litro) de combustible. Hasta ahora, hay reservas de petróleo que permiten un incremento mínimo de los combustibles, pero es lógico que las reservas disminuirán y se encarecerán, afectando las economías de países consumistas y dependientes como el nuestro.

Desde El Salvador y como salvadoreños, con tan poco conocimiento, no podemos adoptar posición ni apoyar una escalada que genera muertos, heridos, destrucción, dolor, agonía, zozobra, vilo y heridas que tardan años (décadas o siglos) en sanar. Israel, Estados Unidos e Irán deben buscar una salida civilizada, más allá de fanatismos religiosos, intereses económicos e intenciones políticas. La humanidad no puede estar en manos de decisiones con criterio belicista, en nombre de la paz mundial.

*Jaime Ulises Marinero es periodista

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