En la vida, cada ser humano carga con una maleta diferente… José “Pepe” Mujica exhortaba a que la maleta debía ser liviana.
El estudiante lleva en su mochila los sueños para ser en el futuro un profesional exitoso, en ese caminar le surgirán miles de retos, pero al final la maleta llena de sueños se le convertirá en proyectos hechos realidad.
El scout lleva su maleta con muchos proyectos, en lo alto de la espesa montaña acampará. En la maleta carga provisiones y su diario personal, en donde tiene la bitácora de su vida, de sus estudios, trabajos realizados, campamentos, etcétera. En la maleta lleva los implementos para sobrevivir; tal como lo hace el campesino con su matata, en ella lleva el alimento que le brinda fuerzas para terminar exitosamente la faena diaria.
El que ora en su lecho de muerte por respirar un día más, tiene una maleta llena de recuerdos; a su lado le acompaña su esposa, fiel y atenta, le acaricia y le dice frases de aliento. Junto a la esposa está el diminuto fruto del amor. La hora de la despedida llegará y en su maleta no se llevará nada, solamente quedarán los recuerdos de su niñez, de su juventud y de los mejores momentos de su vida.
La maleta del que emigró con la ilusión de buscar nuevos horizontes de prosperidad, de buscar oportunidades para llenar con historias exitosas su vida. La maleta que encontró el niño en el basurero, en su interior un pedazo de pan, le hizo sonreír y brillar los ojos por un momento.
El que está condenado en la cárcel por un acto de crueldad, en su subconsciente recordará el “deja vu” de su vida… Una maleta en donde cultivó odios, envidias y desesperanzas.
El obrero que carga su maleta llena de pasión para construir el sueño de un nuevo hogar; la maleta del artesano que forjó un pedazo de madera y lo convirtió en un simple adorno para un hogar. Cada quien forja sueños y las vacía en su respectiva maleta, algunas más grandes que otras. No se compare con la cruz que llevó Jesús; ya que, no habrá amor más grande por el prójimo.
El soldado se despide de su familia con el corazón roto, esperando volver con vida para abrazar nuevamente a sus seres amados. Sin Embargo, esa maleta que carga le será útil para guiarle, le servirá de acompañante en los campos de guerra. Cuando el sol salga y abra sus ojos contemplará si está disfrutando el esplendor de la vida eterna o el cénit que observa desde la ventana de su casa.
La madre que envuelve en sus brazos a un ser que trajo al mundo, será ella quien edifique el bien y la prosperidad y le enseñará que la maleta que lleva, será su propio destino.
El empresario carga su maleta llena de triunfos y abundancia, al final de su vida tendrá una opción irrefutable de despojarse de todos sus bienes para poder descansar sin maletas o ataduras en el más allá.
La maleta del que siempre deseó tener su propio hogar, ver correr a sus hijos en el patio de su casa, disfrutar las tardes de domingo en el parque con su familia.
La maleta que nos llevaremos cuando partamos de esta vida efímera, las buenas obras que echamos día a día en la maleta de nuestra conciencia. El sol será el testigo de lo que hicimos en nuestras vidas, de los logros, del amor al prójimo, de los sacrificios, de los momentos felices y desconsolados.
Cada quien forjará una maleta distinta, en donde cada ser humano las llenará de ilusiones o de desenfrenos. Yo estoy con mi maleta hecha; mi sueño era llevar a mi esposa a Europa. Esa maleta la dejaré así, hasta que mi esposa sane. Cada quien carga su propia maleta en la vida llena de ensueños y adversidades.
*Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador
fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

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