Es una obviedad que las guerras no construyen, pero es necesario recalcarlo, porque la retórica militarista que en este momento se ha posado sobre el mundo quisiera que se creyera lo contrario.
El vocero principal de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, Donald Trump, ha perdido toda credibilidad. Ya parece la Chimoltrufia: un día dice sí y otro no.
Pero más allá de ese juego verbal, típico del vendedor de baratijas, se puede apreciar la banalidad del mal (expresión acuñada por Hannah Arendt, al presenciar el juicio del nazi Adolf Eichmann, en Jerusalén el año 1961). Trump habla de destruir esto y lo otro si el gobierno iraní no acata sus dictados.
Lo que parecía una ‘victoria fácil’, dada la superioridad tecnológica de Estados Unidos e Israel, está creando un escenario que complica una porción importante del planeta.
Porque no es solo el paso del petróleo por el estrecho de Ormuz, que Irán custodia. Es que cada día que pasa el precio del petróleo sube unos puntos más. Y lo seguirá haciendo incluso si las tropas norteamericanas asaltaran por tierra algún punto de Irán. Y es la economía global la que ya está recibiendo el impacto de esto.
Esta insensata guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán en realidad tiene más propósitos que aplastar a Irán. Sin duda que acabar con el régimen iraní es uno de esos propósitos. Pero ‘there are more things’:
a) Ampliar el área de operaciones y de la ocupación de territorio por parte de Israel (la réplica de lo que hizo en Gaza es lo que están materializando los halcones israelíes en el sur de Líbano).
b) Poner en acto la potencia militar norteamericana en la vitrina mundial en un esfuerzo de intimidación general, para que nadie mueva un dedo frente a sus desmanes.
c) Dinamizar la industria de guerra, puesto que el mayor productor y exportador de armas del mundo, es decir, Estados Unidos, que alcanza el 43% de las exportaciones mundiales necesita ‘mover sus inventarios’ (¡esto no va de democracia, de paz ni de nada de eso, se trata del puro negocio mundial de las armas!) y eso lo saben muy bien las mayores empresas productoras de armas del mundo (que, no por casualidad, son norteamericanas: Lockheed Martin, Boeing, Northrop Grumman, Raytheon y General Dynamics).
Como Trump y su séquito son neófitos en esto de la guerra (y no han leído a Sun Tzu) no logran ponderar que ese descomunal despliegue militar sobre Irán traerá consecuencias graves para Estados Unidos, dentro y fuera de su país.
Lo de la eyección de Maduro en Venezuela, en enero pasado, fue una nada comparado con los recursos que está comprometiendo en Irán. La apuesta es alta, el tiempo sigue discurriendo y no hay resolución definitiva. Estados Unidos e Israel le han ganado la guerra a Irán, sí, pero eso no quiere decir que el vencedor no acarreará con costos ni secuelas.
Trump no le hace caso al papa León XIV para que cese la guerra. Ni a Xi Jinping que en solitario ya dijo que China exigía el cese de hostilidades. Putin no ha dicho nada ni se le podría tomar en serio porque ha metido a Rusia en un atolladero en la guerra contra Ucrania. ¿Por qué tendría Trump que atender la propuesta de 5 puntos que acaban de lanzar Pakistán y China?
Pakistán comparte frontera por centenares de kilómetros con Irán, y la mayor población chiita del mundo, fuera de Irán, está en Pakistán. Además, la economía pakistaní está de algún modo atada a los países del golfo Pérsico.
China es el más grande comprador de petróleo de Irán.
Es decir, esa guerra loca de Estados Unidos e Israel contra Irán ha comenzado a mover piezas de la geopolítica mundial: la Unión Europea (con España a la cabeza) se han desmarcado de esa guerra, los aliados árabes de Estados Unidos (Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos…) están como estatuas de sal porque son objeto de los ataques iraníes y ahora China y Pakistán intentan salirle al paso al escalamiento de la guerra.
Y en el campo interno, la activación de nuevo de las manifestaciones de No Kings en todos los rincones de Estados Unidos meten presión a esta administración Trump que pareciera haber engullido al Partido Republicano y que en noviembre deberá pasar una prueba de fuego.
Dijo Sun Tzu: ‘Hay senderos que no deben ser recorridos, ejércitos que no deben ser atacados, fortificaciones que no deben ser sitiadas, terrenos que no deben ser disputados, y órdenes del soberano que no deben ser obedecidas’.

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