Lo difícil y lo fácil

Hay quienes piensan que la literatura es inútil para lo concreto. Y entienden lo concreto como aquello que se monetiza y se comercia. Y en eso tienen razón, la literatura no sirve para esos menesteres. Lo suyo es la divagación, la exploración en ‘mundos’ extraños …

Por eso es que no leen a Borges, y también tienen razón. Porque leer a Borges, para quienes hacen de lo fácil su divisa, es un asunto que les revuelve las tripas o les engarrota las manos o les complica la espalda.

Dijo un día José Lezama Lima: ‘Solo lo difícil es estimulante’. Los caminos trillados, los lugares comunes y los recursos manidos de la repetición interminable no son para los espíritus humanos libres. Menudo problema, entonces, enfrentan las nuevas generaciones que todos los días, a toda hora, en todos lados, se ven maniatados a ‘la pantallita’ que les ofrece la conexión instantánea pero vacua y sosa. Un ejemplo más de lo que Byung-Chul Han llama ser ‘esclavos de sí mismos’. Mientras los que deciden qué lugar del planeta debe ser aplastado se divierten en sus rascacielos, en sus prados de golf.

Lo fácil es evadir el núcleo de los asuntos importantes e irse por las ramas. Lo fácil da resultados inmediatos, que si se adornan y camuflan parece que son eternos. Pero basta pasarle el test de las preguntas incómodas (‘qué, cómo, por qué, cuándo’) y lo fácil se vuelve un dolor de cabeza.

Lo difícil retrasa y complica las cosas, por eso el expediente de lo fácil siempre está ahí, disponible para ser usado. Hay tantos ejemplos de este cambio de lo difícil por lo fácil, que casi es innecesario mencionarlos. Aunque siempre es bueno ponerlos en vitrina.

Frente a la destrucción del planeta que las grandes corporaciones y las grandes potencias han generado al propiciar este modelo de la ‘sociedad chatarra’, es decir, producir chatarra y sus restos aventarlos al andén, a la laguna, al río, al mar. Entonces vienen los ‘profetas de la salvación’ y anuncian que hay que irse de la Tierra y que Marte es un buen lugar. Y de paso, este genio deschavetado de Musk anuncia que con un par de bombas atómicas que se detonen en la superficie de Marte la temperatura permitiría la adaptación de la vida humana. Eso es lo fácil. Lo difícil es parar este modo absurdo de civilización (del que China, sin duda, también forma parte) y reconsiderar los parámetros económicos y las modalidades de convivencia.

Lo fácil es decir que un país como Ghana (238 533 kilómetros cuadrados, con costa al Atlántico, y un poco más de 33 millones de habitantes) está en vías de desarrollo y que de la mano de China va hacia un estado de estabilidad y autonomía. Es fácil decirlo, porque es mentira. Ghana es el caso típico de ‘situación neocolonial’. Y lo difícil es plantearse vías no tradicionales de desarrollo para países como Ghana, en África, en Asia y en América Latina. Lo que China se lleva de Ghana son recursos naturales estratégicos (petróleo, bauxita, manganeso, cacao, madera, chatarra de cobre, oro). No se los ‘roba’, sino que ha firmado acuerdos de ‘intercambio’ por préstamos para infraestructuras clave (transporte, energía, telecomunicaciones). Es decir, dice China, ‘a cambio de tus recursos naturales, te presto para las infraestructuras que necesités’. Eso sí, Ghana debe pagar, porque de lo contrario China tendría derechos sobre ingresos futuros de la venta de materias primas. Y como a veces no podrá pagar Ghana a China, pues perdería propiedades estatales y activos productivos.

Por todo esto es que Ghana vive una ‘situación neocolonial’. El análisis de la balanza comercial entre China y Ghana informa a la perfección el amarre ciego que el país africano tiene: Ghana importa de China cerca de 1220 millones de dólares, pero solo exporta a China 200 millones de dólares. Peor no puede ser esa condición de dependencia y vulnerabilidad. Pero también Estados Unidos se lleva de Ghana cacao (Ghana es el segundo productor del mundo), oro (Ghana es el más importante productor de África), gas, petróleo, bauxita, madera. Y además de los proyectos militares norteamericanos que involucran a Ghana. Pero a diferencia de China, la balanza comercial es deficitaria para Estados Unidos (exportación de productos por 968.2 millones de dólares frente a 1200 millones de dólares en importaciones).

Este camino por el que va Ghana es lo fácil, porque solo se trata de ‘dejar’ que las grandes potencias sacien su gula económica. Lo difícil sería replantear la condición de Ghana como pequeño país periférico, endeudado y dependiente.

* Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *