Como criminólogo, mi trabajo en esta columna suele centrarse en el análisis de conductas que transgreden la ley, de organizaciones criminales o balances de seguridad. Sin embargo, la criminología sociológica también estudia la «desviación»: aquellos comportamientos que, sin ser delitos, rompen radicalmente con las normas sociales establecidas. En la actualidad las redes sociales y los parques en varios continentes son escenario de una de estas desviaciones modernas que ha saltado de las redes sociales a la realidad: el fenómeno de los therians.
Para quienes no estén familiarizados, los therians son personas, en su abrumadora mayoría adolescentes, que se identifican integralmente como animales no humanos. Esto no se limita a que les guste un perro, lobo, gato, un zorro u otro animal; se manifiesta en el uso de máscaras, colas, la práctica de caminar o correr a cuatro patas y la adopción de comportamientos puramente instintivos. Estos adolescentes y jóvenes conocen y saben perfectamente que son humanos, saben discernir entre el bien el y el mal, si cometen una falta o delito no serán inimputables.
A simple vista, podría desestimarse como un juego excéntrico como una situación de los adolescentes o ya les va a pasar. Pero bajo el análisis conductual, esta imitación extrema es un síntoma de una crisis mucho más profunda: un vacío abismal de identidad.
La adolescencia es, por definición, la etapa donde el ser humano busca responder a la pregunta ¿quién soy?. Cuando esta búsqueda se realiza en un entorno carente de anclajes sólidos, el adolescente queda a merced del contagio social, de la imitación del grupo. En plataformas como TikTok y Youtube, estas subculturas ofrecen lo que todo joven anhela: una comunidad, un sentido de pertenencia y unas reglas claras. Pero ¿A dónde quedan los padres de familia en esta ecuación?
En el estudio de la conducta desviada, la familia es considerada la principal institución de socialización y control social. Es el ancla que nos une a la realidad. Lamentablemente, estamos viendo una generación de padres que, ya sea por agotamiento, ausencia física y emocional, negligencia, desinterés o por un miedo paralizante a confrontar a sus hijos que se conoce como la trampa de la hiper-permisividad, han fallado gravemente de su rol como constructores de identidad en sus hijos e hijas.
Cuando los padres no proporcionan un marco de valores, expectativas claras y, sobre todo, una conexión humana real, el adolescente buscará llenar ese vacío. Si el mundo real se siente solitario, incomprensible o demasiado exigente, la fantasía de renunciar a la complejidad humana para adoptar la simplicidad instintiva de una animal resulta un escape perfecto.
El rol de los padres no debe ser el de un carcelero, sino el de un guía. La solución no es arrancarles la máscara con ira, y golpearlos, sino entender qué están intentando ocultar tras ella. Debemos ser francos: validar las emociones y la confusión de nuestros hijos no significa validar cualquier comportamiento desconectado de la realidad.
Es urgente que los padres retomen su papel. Esto implica desconectar los dispositivos, establecer límites saludables, fomentar pasatiempos en el mundo tangible y sentarse a escuchar, sobre todo. Si no les proporcionamos a nuestros jóvenes una identidad humana en la que se sientan seguros, valorados y escuchados, la redes sociales y grandes oportunistas que observamos como están apareciendo seguirán encargándose de conducirles a problemas y no descarto que al cometimiento de delitos. Y recordemos como inicio, normalizo y desarrollaron las pandillas en nuestro país, estamos a tiempo de salvar y rescatar nuestras familias.
Sobre la criminología y toda ciencia para mí, está mi fe y convicción en Jesucristo, la palabra de Dios, la biblia, mi manual de comportamiento y donde está la hoja de ruta de mi proyecto de vida en el primer libro en el Génesis se encuentra el diseño original de Dios, fuimos creados a «imagen y semejanza de Dios»
A los padres de familia les hago un llamado muy atento y respetuoso asuman su rol, ya no deleguen o pretendas que los docentes, pastores o sacerdotes lo hagan, apliquen el principio de escucha activa y el amor incondicional. En todo tiempo hay oportunidad de restauración familiar.
*Por Ricardo Sosa / Doctor y máster en Criminología / @jricardososa

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