El obispo nicaragüense desnacionalizado Silvio Báez, muy crítico con el Gobierno que dirigen en Nicaragua los esposos Daniel Ortega y Rosario Murillo, dijo este domingo que el país centroamericano «es huérfano por falta de libertad y justicia».
«Nuestro país (…) es un país huérfano por falta de libertad y justicia, al que han querido robarle la dignidad y el futuro», afirmó el jerarca católico, quien está exiliado desde hace siete años, en su homilía desde una iglesia de los Estados Unidos.
Nicaragua es gobernada desde 2007 por Ortega, un exguerrillero sandinista de 80 años, en medio de denuncias de fraudes electorales o eliminando a la oposición para no tener competencia.
Además, el Gobierno sandinista es acusado por organizaciones internacionales y nacionales de violar los derechos humanos de los nicaragüenses, y de coartar la libertad religiosa, de asociación, de reunión, y la de prensa y expresión.
Durante su homilía, el obispo auxiliar de Managua, a quien el fallecido papa Francisco ordenó dejar Nicaragua en 2019 por razones de seguridad, presentó al nicaragüense Cristhian David Mendieta, quien el sábado fue ordenado sacerdote de la Arquidiócesis de Miami y de quien dijo «es un signo elocuente de la vitalidad de la Iglesia nicaragüense, que sigue siendo fecunda aun en medio de la persecución y el exilio».
Báez recordó que cuando estaba en Nicaragua solía decirles a los sacerdotes que en el mundo de hoy un sacerdote o es profeta o no es nada.
«Cristhian David, aun en medio de situaciones conflictivas y complejas, no temas ser siempre un padre para los pobres, los excluidos y las víctimas», indico Báez al nuevo clérigo, y le recordó que el papa León XIV exhortó a los sacerdotes a los que ordenó recientemente para ejercer el ministerio pastoral «a que la denuncia no se convirtiera en renuncia y que el peligro no los llevara a la fuga».
Nicaragua atraviesa una crisis política y social desde abril de 2018, que se acentuó tras las controvertidas elecciones generales de noviembre de 2021, en las que Ortega fue reelegido para un quinto mandato, el cuarto consecutivo.
Esos comicios tuvieron lugar con sus principales contendientes en prisión, a los que luego expulsó del país y privó de su nacionalidad y de sus derechos políticos, tras acusarlos de «golpistas» y «traición a la patria».

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