Es la última semana del año. En ella, la emoción de celebrar una vez más el natalicio de Jesús, y dar la bienvenida al nuevo año, nos acoge tal tibio abrazo del fuego de una chimenea en estos días tan gélidos.
Las decoraciones navideñas en las ciudades y hogares con luces destellantes e impresionantes brindan la especial sensación de gozo, que solamente esta época ofrece, al permitirnos demostrar nuestro cariño hacia nuestros seres queridos y cercanos, decorando y abarrotando los árboles navideños de regalos. Hemos trabajado duro y merecemos darnos la felicidad de obsequiar cosas que darán alegría a quienes apreciamos. Es un tiempo de amor, paz y felicidad.
En esta semana olvidaremos por un momento las tribulaciones que hemos pasado, porque, el espíritu de Jesucristo en la navidad es superior a la ardua lucha y sufrimiento que la vida nos propone a través de los días en los que transitamos caminos inciertos y llenos en ocasiones de dolor.
El espíritu de la Navidad nos llena de esa magia, que derrota a la tristeza por haber perdido a seres queridos, algunos quienes gozan ya del Paraíso junto a Jesucristo u otros quienes están lejos y no pueden estar con nosotros.
Muchos abarrotaremos nuestras iglesias para celebrar este momento, seguir nuestras tradiciones cristianas son parte de la celebración navideña por nuestra preciosa Fe. Nos llenaremos de alegría y bendición al hacerlo.
Amar a quienes apreciamos es fenomenal, más brindar ese amor a quienes no conocemos es grandioso. Nuestros corazones conocen la bondad de la caridad, cada vez que la brindamos nos llenamos de felicidad y los caminos que frecuentemente transitamos necesitan mucho de eso. Están llenos de personas quienes sufren miseria, dolor y desesperanza.
Estos espíritus necesitan de ángeles en el camino. Y aun cuando existe un extraordinario ejercito por todo el mundo, aun no son suficientes. Seguramente, has visto a uno. Pasan desapercibidos, pero cuando encuentras a uno, y tomas el tiempo para escucharle, inmediatamente en sus ojos observas la gracia de Dios, sus rostros emanan santidad. Es fácil identificar a un verdadero ángel. Cuando encuentres uno, no le cierres la puerta, no le des la espalda, mucho menos le desprecies. Bríndale unos minutos, Dios te lo ha enviado porque desea prepararte a ser un miembro más de ese ejército de amor que el mundo necesita para ser mejor.
Dios nos invita a ser ángeles en el camino, para serlo deja a un lado cualquier prejuicio. Jesucristo no es exclusivo. Nos ama a todos por igual.
Mi inspiración para escribir este artículo es en referencia a una experiencia reciente con jóvenes misioneros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos días, más ellos son un pequeño batallón de ángeles en el ejército de Dios. Cada denominación cristiana tiene sus ángeles misioneros, quienes diariamente con una tremenda devoción y convicción, brindan a la humanidad una oportunidad de paz y gracia divina, enseñando la escritura santa en las calles y tocando puertas para ofrecerla.
En los caminos de Jesús, Él nos invita a colaborar y que juntos hagamos el bien al prójimo, rescatando al que sufre, se amigo de quien, como tu ama a Jesús; ábrele los brazos, invítale a tu hogar, si sientes que es tu llamado, únete al ejército y transfórmate en un ángel de Jesús.
En esta navidad, se tú, el más precioso regalo para Jesucristo. Brinda alegría al desconocido, si ves a un ángel sediento dale agua, a veces están hambrientos, dales pan. En ocasiones se sienten desmoralizados por mucho rechazo, bríndales atención con una sonrisa. Ellos te brindaran amor, bríndales lo mismo.
¡Feliz Navidad y Bendecido Año Nuevo!
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