En estos días finales del año 2025, cuando uno vuelve la vista atrás y se pregunta qué fue de los meses que pasaron, llegó en mis manos un libro reciente y valioso que tiene un enorme mensaje. Se titula “EL CIELO GOBIERNA”, de Nancy DeMoss Wolgemuth. (Editorial Portavoz, 2022).
No es literatura salvadoreña, ni novela, ni ensayo académico. Es un libro espiritual. Y, sin embargo, mientras lo leía, sentía que me hablaba de mi vida, de la vida de cualquiera, de los días buenos y de los días que nos quitan el sueño.
Leí este libro detenidamente, enfatizando frases, cerrándolo por momentos para meditar y pensando internamente: “Esto es cierto”. Y decidí escribir estas líneas porque estoy convencido de que a más de alguno le puede ayudar tanto como a mí.
El corazón del libro se resume en una sola frase: “EL CIELO GOBIERNA”. Tres palabras sencillas, pero profundas. Significan que nada de lo que sucede en este mundo, en la historia, en nuestras familias o en nuestro interior, está fuera del conocimiento y del poder de Dios.
Él gobierna, aunque nosotros no lo entendamos todo. Él gobierna, aunque parezca que el caos manda. Además, él gobierna incluso cuando nuestras fuerzas se terminan.
El cielo gobierna, es una frase que expresó Daniel, autor de su propio libro, cuando trataba de explicarle a un rey idólatra llamado Nabucodonosor lo que Dios estaba haciendo, en la vida del rey, cuando le llevó a vagar por el campo y a comer hierba, como una bestia, durante 7 años (Daniel 4:26).
La autora comenta y desarrolla, especialmente, el capítulo 4 del libro de Daniel que se encuentra en las Sagradas Escrituras. Allí se narra la historia de Daniel, en la Babilonia antigua, enfrentado a este rey poderoso, lleno de orgullo y prepotencia.
Dios detuvo a Nabucodonosor en forma muy particular: Le quitó su soberbia y le enseñó algo que cambió su vida: que el poder humano tiene límites, pero el poder de Dios no. Y en medio de esa lección aparece esa expresión que recorre todo el libro: “el cielo gobierna”, que, por cierto, DeMoss, lo acentúa con la expresión, “CG”.
Mientras leía, no me quedé pensando solo en el rey antiguo. Pensé en nosotros, en mí, en cuántas veces creemos que tenemos el control de todo: planes, proyectos, agendas, economía, salud, trabajo, viajes. Y, de repente, algo se rompe, algo cambia, algo se nos cae de las manos… y comprendemos que no somos tan grandes como imaginábamos.
La enseñanza de este excepcional libro se centra en la vida de Daniel. Este hombre de Dios, como se ve en el desarrollo del libro, no fue libre de problemas. No vivió en un paraíso. No tuvo una vida exitosa y digna de imitar. Fue llevado cautivo, arrancado de su tierra, Israel, obligado a vivir en una cultura que no compartía su fe. Por cierto, en el Libro de Daniel 1:20 dice que Daniel fue encontrado 10 veces más sabio que los sabios de Babilonia.
Vivió en medio del poder político, de idolatrías al máximo, lleno de injusticias, de peligros, de voracidad e inmisericordia. Y, sin embargo, permaneció firme en su fe, íntegro, confiado, celoso de su fe. No porque él fuera invencible, sino porque tenía claro algo esencial: Dios manda, aunque el mundo parezca desordenado.
Alfredo, me dije a mí mismo mientras leía, Daniel no fue librado de Babilonia… pero fue sostenido dentro de Babilonia. Y eso cambia la perspectiva totalmente. No siempre se trata de huir del problema. A veces se trata de atravesarlo acompañado de Dios. Eso impactó mi corazón y sentía que me hablaba directamente
El libro insiste una y otra vez en que esta verdad no es teórica. No es frase bonita para ponerla en un cuadro. Toca lo real, lo que duele, lo que asusta, lo que no entendemos.
El cielo gobierna cuando llega una enfermedad inesperada.
El cielo gobierna cuando un ser amado se va.
El cielo gobierna cuando el trabajo se pierde o la economía se hunde.
El cielo gobierna cuando los planes no salen como habíamos soñado.
El cielo gobierna cuando te fallan aún los más cercanos.
El cielo gobierna cuando la vida cambia de un día para otro.
Eso no significa que todo sea fácil. No significa que el dolor desaparezca en un instante, en forma milagrosa. Significa algo más profundo: no estamos a la deriva. No somos hijos del azar. Nuestra historia no es un accidente. Hay un propósito mayor que, a veces, solo se ve con el tiempo.
Mientras avanzaba en esas páginas, sentí que el libro me ponía un espejo enfrente. Me pregunté cuántas veces he querido controlar todo, cuántas veces he querido cargar con todo solo, cuántas veces he dicho en silencio: “Yo puedo solo, por mi experiencia, por mis títulos universitarios, por mis muchos contactos, …”
Y cuántas veces Dios, con suavidad o con firmeza, me ha recordado: “No estás solo, pero tampoco eres el dueño del universo”.
Este libro no invita a la pasividad, ni a cruzarse de brazos. Invita a algo mucho más exigente: a confiar. Confiar cuando no se ve, cuando la respuesta no llega; Confiar cuando el camino se oscurece. Confiar cuando no tenemos todas las explicaciones en la mano, confiar cuando todas las puertas parecen estar cerradas.
Al terminar de leer el libro veo esta certeza que quiero compartir: la vida es distinta cuando uno cree que el cielo gobierna.
Se vive con menos miedo.
Se vive con más paz.
Se vive con más gratitud.
Se vive sabiendo que incluso las tormentas tienen límites y que no estamos abandonados.
No escribo estas líneas como teólogo ni como predicador. Las escribo como lector, como ciudadano, como Alfredo, como alguien que también se equivoca, se preocupa, se cansa y se vuelve a levantar. Las escribo porque creo que, entre tantas voces de desesperanza, hace falta recordar que hay una voz más alta que todas: la de Dios.
Tal vez usted está pasando hoy por algo que no entiende. O a lo mejor, perdió algo o a alguien. Posiblemente, todo se le juntó. Acaso ha percibido que todas las puertas están cerradas. Quizá sonríe por fuera y llora por dentro. Yo sé, lo sé muy bien, que hay mucha gente que está experimentando esto; lo veo y me lo cuentan a diario. Si es así, yo quisiera que al cerrar este artículo se lleve solo una frase grabada en el corazón: EL CIELO GOBIERNA.
No sé qué está enfrentando. No tengo su respuesta exacta. Pero sé esto: nada de lo que vive lo toma por sorpresa a Dios. Y en esa certeza hay descanso.
Con gozo terminé de leer el libro, con el deseo de decirle a otros lo mismo que me repetí a mí: confíe, aunque no lo vea claro; confíe, aunque lleve cicatrices; confíe, porque su historia está en manos más grandes que las nuestras.
Última palabra: cuando el cielo habla al corazón
Si algún día este libro llega a sus manos, léalo; y si no, llévese el mensaje grabado en el alma. No estamos solos. No somos azar ni juguete del destino. Hay un Dios que gobierna, sostiene y acompaña cada latido de nuestra historia. Aun cuando las nubes oscurecen el horizonte y el silencio parece definitivo, el cielo sigue gobernando. El desafío es sencillo y profundo: conocerle más, acercarnos a Él y confiar.
AMIGOS QUERIDOS, NECESITAMOS LEER. La lectura sacude, despierta, abraza. Este libro ha sido escrito para hablarte con sencillez, para tocar no solo la mente, sino todo tu ser, por eso su lectura es amigable. Leer nos ensancha la vida, nos vuelve más humanos y más conscientes de la esperanza que nos sostiene.
Porque, al final, aun cuando todo parezca tambalear… el cielo sigue gobernando.
*Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial.
alfredocaballero.consultor@gmail.com
