Aún no se habían enfriado los abrazos de la gente despidiendo el 2025 y expresando sus buenos deseos para el año que iniciaba, cuando nos desayunamos con la noticia de los bombardeos focalizados en Venezuela y la captura del hasta entonces cuestionado “presidente” de ese país –Nicolás Maduro Moro– junto con su esposa. Todo ello, a manos de fuerzas armadas estadounidenses en el marco de un operativo más parecido a una puesta en escena tragicómica. Trágica porque hubo personas fallecidas violentamente; alrededor de 80 según un importante medio de comunicación gringo, entre las cuales se cuentan más de 30 de origen cubano. A eso debe agregarse el haber presenciado en este país caribeño, sobre todo a través de las llamadas “redes sociales”, la combinación de un viejo y nuevo modo de agresión rocambolesca del todo condenable.
Nadie debería extrañarse ante esta acción, que es la más reciente intromisión violenta directa ordenada por un gobernante yanqui en los asuntos internos de otros países; en nuestra América tenemos, entre muchos, antecedentes terribles tales como los de Granada en 1983 y Panamá en 1989. Sin embargo, nadie debería dejar de indignarse.
En cuanto a lo novedoso y al menos para mí inesperado, por el despliegue militar y las acciones criminales previas ejecutadas, eso tiene que ver con la “extracción” sin mayor resistencia de la pareja mencionada que inmediatamente fue trasladada a la capital federal del país del norte. La misma fue consumada, dicen, “quirúrgicamente”; es decir, de forma precisa y sin mayores complicaciones para sus responsables materiales e intelectuales.
Pero pese a las víctimas mortales referidas, se antoja pensar en una especie de comedia mal montada al ver las imágenes de Maduro saludando con las manos esposadas y al escuchar las declaraciones de Marco Rubio asegurando que dejarían que Delcy Rodríguez –vicepresidenta del déspota secuestrado– ocupe la silla vacía siempre y cuando se porte bien; eso sí, le advirtió que la tendrán en la mira desde la Casa Blanca. Antes, su jefe había dicho que ellos administrarían el país. A lo anterior se suma el caso de quien se perfilaba como importante protagonista y que, al menos por el momento, se ha quedado “chiflando en la loma”: María Corina Machado, recién galardonada con el Nobel de la Paz no obstante haber solicitado abiertamente que se consumara un asalto a mano armada como el del sábado 3 de enero recién pasado o aún peor.
Al momento de escribir estas líneas, casi las ocho de la noche del lunes 5 de enero, la noticia que circulaba en vivo a través de los medios era la de los aparentemente fuertes combates en las afueras del caraqueño Palacio de Miraflores. ¿Qué estaba ocurriendo? ¡Quién sabe! Lo único que se escuchaba y veía eran ráfagas nutridas junto al espectáculo de las balas trazadoras brillando en la oscurana; en las calles se observaban soldados y tanques. Antes de estallar el refuego, la señora Rodríguez ya había asumido la jefatura de Estado; entre los asistentes al evento se encontraba uno de los hombres fuertes del régimen chavista: el mal encarado Diosdado Cabello, por quien Donald Trump también ofrecía una recompensa millonaria para la persona que lo entregara. Las especulaciones sobre lo que estaba ocurriendo, iban desde un intento del bocón de Diosdado por derrocar a la elegida de Washington hasta la de un nuevo ataque estadounidense.
Lo que sí no admite suposiciones, chambres y demás patrañas es la causa central de la embestida estadounidenses bautizada como “Operación Resolución Absoluta”. Más allá del secuestro de quien se mantuvo durante casi trece años ejerciendo el poder dictatorial y violando derechos humanos, el ansiado trofeo es el petróleo nacionalizado hace exactamente 50 años por Carlos Andrés Pérez. ¡Pura rapiña! “A confesión de parte, relevo de pruebas” reza el axioma jurídico y eso es lo que ocurrió con esta acción propia de la matonería imperialista. Así lo declaró obscenamente Trump. Habrá que ver qué dice y hace China, principal importadora del crudo venezolano. Pero queda claro que no son ni los derechos humanos violados ni la ausencia de democracia, lo que lo empujó a desafiar a las patéticas e inoperantes organizaciones de las Naciones Unidas y de los Estados Americanos.
En medio del trance continental y mundial presente, me acaban de recordar estas palabras de Pancho Villa: “¡Ánimo, cabrones que más adelante está más feo!”. Que las consideren su paisana Sheinbaum junto a Petro y Lula. Otros, como aquel que ya duró más de seis años en el trono y piensa seguir, estarán tranquilos… ¡mientras permanezca Trump en la Casa Blanca! Cómo no pues, si están cortados con la misma tijera.
