Este viernes 6 de marzo se conmemoran 43 años de la primera visita del papa Juan Pablo II a El Salvador, realizada en 1983, en medio del conflicto armado que vivía el país. El pontífice llegó al aeropuerto de Ilopango procedente de Costa Rica, como parte de una gira pastoral por Centroamérica.
El líder de la Iglesia católica fue recibido por el entonces presidente Álvaro Magaña Borja, funcionarios del gobierno y miembros del clero salvadoreño encabezados por el arzobispo Arturo Rivera y Damas. Tras descender del avión de la aerolínea Alitalia, el papa besó el suelo salvadoreño y luego se inclinó ante la bandera nacional, un gesto que generó emoción entre los asistentes.
En su discurso de bienvenida, el pontífice expresó su preocupación por la situación que vivía el país y reiteró su llamado a detener la violencia.
“El Salvador ha estado constantemente presente en mis oraciones, en mis insistentes llamados a la paz, de palabra y por escrito, buscando a la vez que no desfallezca la fe ni decaiga la esperanza en los ánimos, a causa de una situación, todavía no irreparable, que ha sido sementera de dañosas divisiones y, peor aún, del derramamiento de tanta sangre inocente por todo el suelo nacional”, dijo el pontífice.
Tras su llegada, Juan Pablo II recorrió el Bulevar del Ejército, donde cientos de miles de salvadoreños salieron a las calles para observar el paso del pontífice. Durante el trayecto, realizó una parada inesperada en la Catedral Metropolitana de San Salvador, donde oró ante la tumba del arzobispo Óscar Arnulfo Romero, asesinado en 1980.
En ese lugar dirigió unas palabras recordando el papel de los obispos en la Iglesia.
“La catedral es la sede del Pastor de cada Iglesia particular, el lugar desde donde anuncia el Evangelio aquel que, como todo obispo, ha sido puesto por el Espíritu Santo para apacentar la grey de Cristo”.
“Mi visita a este venerando templo quiere ser, por lo mismo, una invitación a todos vosotros para dejaros guiar siempre por vuestros Pastores, ayer por los que lo precedieron y hoy por vuestro nuevo arzobispo, monseñor Arturo Rivera Damas. Reposan dentro de sus muros los restos mortales de monseñor Óscar Arnulfo Romero, celoso Pastor a quien el amor de Dios y el servicio a los hermanos condujeron hasta la entrega misma de la vida de manera violenta, mientras celebraba el Sacrificio del perdón y reconciliación”, subrayó el pontífice.
Al finalizar la jornada, el papa se despidió del país tras un intenso día de actividades y reiteró su mensaje de esperanza para los salvadoreños. Posteriormente, el pontífice continuó su gira hacia Guatemala.
Llamado a poner fin a la guerra
Durante su visita, Juan Pablo II insistió en la necesidad de terminar con la violencia que golpeaba al país, un conflicto armado que se prolongaría hasta 1992, nueve años después de su paso por territorio salvadoreño.
“Es urgente sepultar la violencia que tantas víctimas ha cobrado en ésta y en otras naciones. ¿Cómo? Con una verdadera conversión a Jesucristo. Con una reconciliación capaz de hermanar a cuantos hoy están separados por muros políticos, sociales, económicos e ideológicos. Con mecanismos e instrumentos de auténtica participación en lo económico y social, con el acceso a los bienes de la tierra para todos, con la posibilidad de la realización por el trabajo; en una palabra, con la aplicación de la doctrina social de la Iglesia. En este conjunto se inserta un valiente y generoso esfuerzo en favor de la justicia de la que jamás se puede prescindir”, dijo en su homilía.
Juan Pablo II regresó nuevamente a El Salvador en febrero de 1996. El pontífice polaco falleció el 2 de abril de 2005 a los 84 años y posteriormente fue canonizado en 2014 por el papa Francisco.

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