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  • Lo que no te han contado del bulevar Los Próceres (Parte 3)

    Lo que no te han contado del bulevar Los Próceres (Parte 3)

    Todos los días decenas de miles de vehículos recorren los 2.1 kilómetros del boulevar Los Próceres sin que casi nadie repare en que esa cinta de asfalto que hoy respira gasolina y prisa fue, apenas seis décadas atrás, tierra de labranza; los terrenos que ocupa formaron parte de dos fincas Palermo y Guadalupe, según recoge la tradición oral que circula entre cronistas y vecinos de la zona.

    Lee la parte 1 aquí.

    La UCA: del salón parroquial al campus de Antiguo Cuscatlán

    Un poco más adelante, siempre hacia poniente, el bulevar Los Próceres bordea el campus de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), que con justicia suele describirse como la primera universidad privada de El Salvador. Fue fundada por un grupo de jesuitas y de católicos laicos el 15 de septiembre de 1965, aunque las clases no comenzaron ese mismo año, sino a inicios de 1966, y no en el campus actual, sino en locales cedidos por los salesianos en la Iglesia Don Rúa, con un primer contingente de 357 estudiantes.

    Cuando los salesianos reclamaron esas instalaciones, la universidad se trasladó por un tiempo breve al Externado de San José, hasta que en 1969, con algo más de mil estudiantes (1,031, según su propia historia institucional), se instaló definitivamente en los terrenos de Antiguo Cuscatlán que ocupa hasta hoy.

    La editorial universitaria, UCA Editores, nació el 1 de mayo de 1975, según la propia universidad, que en 2025 celebró el cincuentenario de ese sello, bajo el cual se han publicado ya más de 400 títulos de autores salvadoreños e internacionales.

    Masacre de los sacerdotes jesuitas de la UCA.

    La noche del 16 de noviembre de 1989

    Ese mismo campus fue escenario, la madrugada del 16 de noviembre de 1989, de uno de los episodios más dolorosos de la historia reciente de El Salvador: un pelotón del Batallón Atlacatl irrumpió en la residencia de los jesuitas y asesinó a seis sacerdotes; Ignacio Ellacuría, rector de la universidad; Ignacio Martín-Baró, vicerrector académico; Segundo Montes, director del Instituto de Derechos Humanos; Juan Ramón Moreno, director de la biblioteca de Teología; Amando López, profesor de Filosofía, y Joaquín López y López, único salvadoreño entre los seis religiosos y uno de los fundadores de la universidad, junto con dos colaboradoras que se encontraban en la casa esa noche, Elba Ramos, empleada doméstica, y su hija Celina Mariceth Ramos; un crimen que, décadas después, sigue siendo estudiado en tribunales y en las propias aulas de la UCA como uno de los símbolos más crudos de la violencia estatal de aquellos años, y que conviene tener presente cada vez que se recorre, sin mayor reflexión, ese tramo del bulevar Los Próceres.

    Un documento de asfalto

    Contado así, de oriente a poniente, el bulevar Los Próceres deja de ser solamente una vía rápida para el tráfico capitalino y se revela como una suerte de palimpsesto donde se sobreponen la tierra agrícola de dos fincas cuyo rastro documental todavía se nos escapa, la ingeniería vial de mediados del siglo XX, el homenaje cívico a los próceres de la Independencia, el drama migratorio de varias generaciones de salvadoreños y la memoria, todavía abierta, de un crimen que marcó al país entero; quien lo recorra de aquí en adelante quizá ya no vea solamente semáforos y rótulos de comida rápida, sino los distintos estratos de una historia que, como toda historia bien contada, admite matices, exige verificación y, en más de un punto, todavía espera que alguien termine de escribirla del todo.

  • Lo que no te han contado del bulevar Los Próceres (Parte 2)

    Lo que no te han contado del bulevar Los Próceres (Parte 2)

    Todos los días decenas de miles de vehículos recorren los 2.1 kilómetros del boulevar Los Próceres sin que casi nadie repare en que esa cinta de asfalto que hoy respira gasolina y prisa fue, apenas seis décadas atrás, tierra de labranza; los terrenos que ocupa formaron parte de dos fincas Palermo y Guadalupe, según recoge la tradición oral que circula entre cronistas y vecinos de la zona.

    Lee la primera entrega aquí.

    Hermano Lejano que volvió a casa

    Caminando por el bulevar de oriente a poniente, el primer gran hito que encuentra quien lo recorre es justamente ese monumento, coronado por un paso a desnivel de un solo carril que lo atraviesa por encima: se levantó en 1994 con el respaldo del entonces alcalde de San Salvador, Armando Calderón Sol, quien un año después sería elegido presidente de la República, y su nombre original, Hermano Lejano, respondía a la vocación con que fue concebido: rendir homenaje a los salvadoreños que habían dejado el país durante la guerra civil y los años de posguerra en busca de trabajo en el extranjero.

    Ese nombre se cambió en 2002 por el actual, Hermano Bienvenido a Casa, en un gesto que desplazaba el énfasis de la distancia hacia el regreso, hacia la bienvenida a quienes volvían de visita o de manera definitiva; su ubicación no es casual, pues señala el tramo donde el boulevard se conecta con la vía que lleva al aeropuerto, de modo que es de los primeros paisajes urbanos que ve quien llega desde fuera del país.

    La autoría suele atribuirse, en reportajes de prensa y publicaciones de divulgación, al artista Fernando Llort (1949-2018), uno de los mayores nombres del arte salvadoreño contemporáneo; se trata de una atribución extendida y verosímil, coherente con el momento y el estilo de su obra, aunque no logramos cotejarla contra una fuente enciclopédica de primer orden, así que la dejamos anotada con esa misma reserva.

    Monumento «Hermano, Bienvenido a Casa», con trazos del artista Fernando Llort.

    La Torre Democracia, que cambió tres veces de nombre

    La torre que nació como Torre Democracia en 1989, pasó a ser Torre Cuscatlán en 1998, Torre Citi en 2007 y volvió a llamarse Torre Cuscatlan en 2016.

    Antes de llegar al campus de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), quien camina el bulevar hacia poniente se topa con otro hito, este de vidrio y concreto en lugar de acero: la torre de 79 metros y diecinueve niveles que el arquitecto salvadoreño Ricardo Jiménez Castillo levantó entre 1988 y 1989, aunque algunas fuentes sitúan el arranque de la obra a finales de 1987, con el ingeniero estructural Fredy Herrera Coello a cargo del cálculo, y que nació, según registran varios archivos fotográficos de la época, con el nombre de Torre Democracia, pensada originalmente para alojar oficinas de gobierno; conviene precisar, de paso, que las fuentes consultadas identifican a Jiménez Castillo como arquitecto del proyecto y no como ingeniero, distinción que en el gremio de la construcción no es menor, aunque es frecuente que la prensa y la memoria popular usen ambos títulos de manera intercambiable.

    Torre Democracia. Efectos de ataque guerrillero.

    Su año de conclusión, 1989, coincidió con uno de los momentos más violentos del conflicto armado salvadoreño, el de la llamada Ofensiva Hasta el Tope en noviembre de ese año, cuando la guerrilla del FMLN tomó por asalto buena parte de la capital, y las mismas fuentes documentan que la Torre Democracia, por su condición de edificio gubernamental, sufrió numerosos ataques e intentos de derribo durante esos años de guerra que dejaron buena parte de su fachada de vidrio destrozada; una fotografía de archivo que circula como material histórico sitúa, en efecto, uno de esos ataques en 1989.

    La torre permaneció bajo control estatal hasta 1998, año en que fue adquirida por el Banco Cuscatlan y rebautizada Torre Cuscatlan, nombre que conservó hasta julio de 2007, cuando Citibank compró el banco y la rebautizó Torre Citibank El Salvador, o Torre Citi, como terminó por conocerla la gente.

    La historia, sin embargo, no se detuvo ahí, porque en 2016, cuando el grupo hondureño Terra adquirió las acciones de Citigroup en la región, el edificio recuperó el nombre de Torre Cuscatlan, el que lleva hasta hoy, un vaivén de bautizos que, a su manera, resume tan bien como los bustos y el propio bulevar esa costumbre salvadoreña de rebautizar sus monumentos cada vez que cambian de dueño.

     

    Torre Democracia.
    Torre Citi.
    Torre Cuscatlan.
  • ANDA suspenderá servicio de agua potable en área metropolitana por daño en una tubería de Estación Central

    ANDA suspenderá servicio de agua potable en área metropolitana por daño en una tubería de Estación Central

    La Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA) informó este martes que a partir de las 7:30 de la mañana, el servicio de agua potable en el Área Metropolitana de San Salvador tendrá deficiencias, debido a trabajos de reparación de una tubería rota en horas de la noche del lunes.

    El presidente de Anda, Jorge Castaneda, indicó en su cuenta de X, que la suspensión temporal del servicio se debe a un daño en la unión de una tubería de 48 pulgadas que conduce agua entre la Estación Central y San Ramón, en las cercanías del redondel Integración, por lo que será necesario la suspensión del servicio para ejecutar las obras pertinentes.

    «Será necesario suspender el sistema el martes 16 de septiembre a partir de las 7:30 a.m. para realizar la reparación, la cual se estima que tendrá una duración aproximada de ocho horas», publicó Castaneda.

    Ante ello, señaló que entre los sectores de la ciudad capital y de La Libertad que podrían verse afectados son los distritos de Mejicanos y Miralvalle, así como la zona del Escalón, San Benito, bulevar Los Próceres, los alrededores del Estadio Cuscatlán, Santa Tecla, Zaragoza y San José Villanueva.

    Tras el aviso, el presidente de la autónoma publicó en horas de la madrugada que se iniciaron los trabajos de preparación del terreno para permitir el acceso de la grúa que se utilizará en la instalación de la tubería en la zona de la quebrada.

    Posteriormente, alrededor de las 3:30 a. m. Castaneda aseguró que el personal de ANDA seguía con las acciones de preparación de la tubería que será utilizada en la reparación.