Estados Unidos anunció el lanzamiento del “Proyecto Libertad”, una operación militar para facilitar la salida de embarcaciones atrapadas en el estrecho de Ormuz, en medio del bloqueo impuesto por Irán durante el conflicto en la región.
El presidente Donald Trump confirmó que la misión iniciará este lunes, tras solicitudes de múltiples países para garantizar el paso seguro de sus buques, muchos de los cuales no están involucrados en la disputa.
Según detalló el Comando Central del Ejército de Estados Unidos (Centcom), el operativo contará con la participación de 15,000 militares, destructores con misiles guiados, más de 100 aeronaves y sistemas autónomos como drones.
“Nuestro apoyo a esta misión defensiva es esencial para la seguridad regional y la economía global, mientras mantenemos también el bloqueo naval”, afirmó el comandante del Centcom, Brad Cooper.
Trump explicó que la iniciativa tiene un carácter “humanitario”, al buscar la evacuación segura de embarcaciones consideradas neutrales, cuyos tripulantes enfrentan escasez de alimentos y condiciones limitadas a bordo.
“Vamos a guiar a sus barcos para que salgan a salvo de estas vías marítimas restringidas”, expresó el mandatario en su mensaje.
El estrecho de Ormuz es un punto estratégico para el comercio mundial, ya que por esta vía transita cerca del 25 % del petróleo transportado por mar, además de grandes volúmenes de combustible y fertilizantes.
Actualmente, la zona permanece bajo un doble bloqueo: Irán restringe el tránsito en respuesta a ataques militares recientes, mientras Estados Unidos intercepta buques vinculados a puertos iraníes.
A pesar de un alto el fuego vigente, ambas naciones mantienen tensiones mientras avanzan negociaciones para alcanzar un acuerdo de paz, en el que la reapertura del estrecho es un elemento clave.
El Pentágono ya cuenta con presencia militar en la región, lo que facilita la ejecución de esta operación, considerada una de las más importantes en el actual escenario geopolítico.
La medida busca aliviar la presión sobre el comercio internacional y evitar una crisis mayor en el suministro energético global.
El ron salvadoreño de la marca Ron Cihuatán concretó su primera exportación hacia Japón en marzo de 2026, marcando un hito en la expansión de la oferta exportable del país hacia mercados asiáticos, informó la cancillería salvadoreña.
La operación fue resultado de un proceso de posicionamiento comercial impulsado por la representación diplomática salvadoreña, que facilitó el contacto con una empresa importadora japonesa del sector de bebidas.
El embajador de El Salvador en Japón, Diego Dalton, destacó que este logro representa un avance importante, considerando las exigencias del mercado japonés, caracterizado por su alto estándar de calidad.
“Esto ha representado un avance significativo, considerando las características del mercado japonés; reconocido por su alta valoración de la calidad, la innovación artesanal y la autenticidad de origen. En este contexto, el ron salvadoreño ha logrado captar el interés de actores clave, abriendo nuevas oportunidades para su consolidación en Asia”, afirmó.
Como parte del proceso de introducción, representantes de la empresa importadora visitaron El Salvador para conocer directamente la producción de la Licorera Cihuatán y fortalecer la relación comercial con la marca.
La compañía resaltó la versatilidad del producto, tanto para consumo directo como para su uso en coctelería, un segmento que registra crecimiento en ese país.
“Los productos son versátiles, al ofrecer tantas opciones premium para disfrutarse solo o puro como presentaciones ideales para la coctelería, un segmento en crecimiento dentro del mercado japonés”, indicó la empresa.
La Embajada salvadoreña prevé continuar con acciones de promoción junto al nuevo socio comercial, con el objetivo de consolidar la presencia del ron en Japón y abrir nuevas oportunidades de negocio en la región asiática.
La Unión Europea aprobó el jueves su vigésimo paquete de sanciones contra Rusia, con nuevas medidas que refuerzan el cerco energético, financiero y comercial, aunque dejó en suspenso la prohibición total de servicios marítimos al crudo ruso.
El acuerdo, alcanzado tras superar objeciones de Hungría y Eslovaquia, incluye la incorporación de 120 personas y entidades a la lista de sancionados, lo que implica congelación de activos y veto de entrada al territorio europeo.
Además, el bloque amplió las restricciones contra la denominada “flota fantasma” rusa, elevando a 632 el número de buques sancionados tras sumar otros 46 barcos vinculados al transporte de petróleo.
No obstante, la prohibición de servicios marítimos al crudo ruso quedó aplazada a la espera de una coordinación con el G7, debido a que los países consideran que las condiciones del mercado energético aún no son adecuadas.
De aplicarse en el futuro, esta medida impediría ofrecer servicios como seguros, mantenimiento, carga y descarga a buques que transporten petróleo ruso.
En el ámbito financiero, la UE elevó a 70 el número de bancos rusos excluidos del sistema europeo, tras añadir 20 nuevas entidades, además de extender sanciones a bancos de terceros países por facilitar la evasión.
El paquete también incluye restricciones totales a servicios de criptoactivos rusos, con el objetivo de evitar que se utilicen plataformas digitales para eludir las sanciones.
En materia comercial, la UE prohibió exportaciones a Rusia por más de $394 millones, incluyendo productos como caucho, tractores y materiales con potencial uso militar.
Asimismo, vetó importaciones de metales, productos químicos y minerales rusos valorados en más de $572 millones, e introdujo límites al amoníaco para reducir ingresos de Moscú.
Por primera vez, el bloque activó un mecanismo antielusión dirigido a países como Kirguistán, acusados de facilitar el desvío de productos europeos hacia Rusia.
Finalmente, las sanciones también abarcan medidas contra la desinformación y prohíben a entidades europeas recibir financiamiento del Gobierno ruso en investigación e innovación.
La empresa malasia Karex, principal productor mundial de condones, anunció este jueves un incremento de hasta 30 % en el precio de sus productos debido a los efectos de la guerra en Irán y las interrupciones comerciales en el estrecho de Ormuz.
El director ejecutivo de la compañía, Goh Miah Kiat, explicó que el ajuste ya se implementa con la mayoría de sus clientes e incluye preservativos, lubricantes personales, fundas para sondas y catéteres.
“Ha estado ajustando los precios con la mayoría de sus clientes, implementando incrementos de hasta el 30 %”, afirmó el ejecutivo en declaraciones a EFE.
El empresario señaló que el traslado de estos costos al consumidor responde a problemas persistentes en la cadena de suministro, así como al aumento de los costos de producción y transporte.
“Esta transferencia de costes al cliente es inevitable debido a la continua inestabilidad en el suministro de materias primas, las interrupciones logísticas y el aumento de los costes de producción”, explicó.
Entre los insumos más afectados está el látex de nitrilo, derivado del petróleo, cuyo precio aumentó más de 100 % en las últimas semanas, impactado por las dificultades en el estrecho de Ormuz, una vía clave para el comercio global.
Otros materiales como el aceite de silicona y el aluminio para empaques registraron incrementos de entre 20 % y 30 %, mientras que algunos componentes para lubricantes se encarecieron hasta 120 % tras el inicio del conflicto.
Kiat advirtió que la empresa enfrenta mayores tiempos de entrega, volatilidad en los precios y aumento en los costos de flete, lo que ha obligado a incrementar el almacenamiento preventivo de materias primas.
“Seguimos experimentando tiempos de entrega más largos por parte de los proveedores, una mayor volatilidad de precios y costes de flete más elevados”, indicó.
Karex produce cerca del 20 % de los condones a nivel mundial y abastece a marcas como Durex y Trojan, además de suministrar a programas humanitarios de la ONU enfocados en la prevención del VIH en África y Asia.
La compañía prevé aumentar su producción ante un crecimiento estimado de 30 % en la demanda global, aunque no descarta nuevos ajustes en los precios si continúa la crisis internacional.
Todavía resonaban los disparos del levantamiento etnocampesino de filiación comunista y su represión gubernamental en el occidente, norte y centro de El Salvador, cuando en el puerto de La Libertad atracó un transpacífico japonés.
El jueves 10 de mayo de 1928, el fabulista y periodista León Sigüenza Mineros (Cojutepeque, 1895-San Salvador, 1942) le escribió un primer informe al ministro de Relaciones Exteriores de El Salvador, Dr. Francisco Martínez Suárez, para detallarle sus actividades al frente del Consulado General salvadoreño en Japón, instalado en el Hotel Imperial de Tokio desde el año anterior. Era la primera sede diplomática de una república centroamericana en el Imperio del Sol Naciente.
El escritor León Sigüenza Mineros, primer cónsul de una república centroamericana en Japón durante tres períodos sucesivos (1927-1941).
En uno de los párrafos de ese documento consular -publicado por el Diario Oficial, San Salvador, tomo 105, no. 171, jueves 26 de julio de 1928, pp. 1410-1412-, el cónsul en Tokio escribió:
“Desde mi llegada al Japón, como uno de los mejores proyectos que tengo en cartera para el desarrollo del comercio con El Salvador, me puse en comunicación con algunos oficiales de la Compañía Naviera arriba mencionada [el título de esa parte del informe se refiere a la Nippon Yusen Kaisha, subsidiada por el imperio nipón], que opera en las aguas del Pacífico, a efecto de que la línea que corre hasta Valparaíso, con escalas en San Francisco, puertos de México, Panamá, etc., toque en algún puerto salvadoreño. En el mismo sentido hablé en San Francisco con el agente de la compañía y aquí en Toquío [sic: Tokio] he hecho la misma insinuación a la Cámara de Comercio e Industria, al señor Gobernador departamental y el Ministro de Relaciones Exteriores por el órgano correspondiente. La Nippon Yusen Kaisha me contestó que estudiaría el asunto, el cual, en su oportunidad, tenía que ser sometido a conocimiento del Gobierno [japonés] para su aprobación.”
Desde mayo de 1900, en que el representante diplomático salvadoreño en México, el expresidente Dr. Rafael Zaldívar, iniciara los primeros contactos directos con un representante del Trono del Crisantemo, la República de El Salvador había mostrado interés en incrementar su comercio con Japón, con la finalidad de extender su mercado exportador de café y otros productos agrícolas, así como el turismo binacional. Casi tres décadas después, el desbalance comercial resultaba evidente, porque la pequeña república centroamericana importaba más productos nipones de los que le exportaba al archipiélago.
Entre 1931 y 1932, la situación general en el Extremo Oriente era volátil y muy compleja. La paz asiática se había visto trastocada por los llamados incidentes de Manchuria y Mukden, donde las armas japonesas desarrollarían fases de expansionismo a gran escala bajo la atenta mirada de la comunidad internacional representada por la Sociedad o Liga de Naciones, constituida tras el fin de la Primera Guerra Mundial. Afectado con severidad por la crisis global de 1929, el imperio japonés urgía de recursos naturales existentes en otros territorios a su alrededor, por lo que la vía militar se constituyó en un punto de honor en su agenda internacional.
El viernes 18 de septiembre de 1931, unos oficiales de una facción rebelde del ejército japonés detonaron cargas de dinamita sobre una línea ferroviaria en Manchuria, que pertenecía a inversionistas del Japón. Ese sabotaje de falsa bandera le fue atribuido a disidentes chinos y justificó la invasión militar de Manchuria, en un acto que sentó las bases para el establecimiento del futuro estado títere de Manchukuo, conducido por Henry Pu Yi o Kang Teh, el último emperador de China.
El incidente manchuriano provocó una reacción nacionalista entre el pueblo chino, con boicot a las importaciones japonesas y enfrentamientos callejeros, en especial en el centro comercial internacional de Shanghái, donde había fuerte presencia de intereses comerciales estadounidenses, británicos y franceses.
Medalla conmemorativa de la botadura del MS Heiyō Maru desde su astillero en Osaka, en 1929.
El jueves 28 de enero de 1932, tropas de infantería de la Armada Imperial del Japón desembarcaron en Shanghái, en medio de un intenso bombardeo contra la ciudad. Cientos de miles de soldados fueron transportados a la zona mediante buques militares y naves civiles incautadas o contratadas. La destrucción sembrada en el distrito de Zhabei se constituyó en uno de los primeros ejemplos modernos de acciones de lesa humanidad en contra de la población civil, después incrementados en la Guerra Civil Española en poblaciones como Guernica.
El conflicto armado entre China y Japón se solucionó, de manera temporal, mediante un armisticio suscrito en mayo de 1932, en el que se convino que Shanghái pasara a ser una zona desmilitarizada. Sin embargo, las tensiones resurgirían cinco años más tarde, cuando la Segunda Guerra Sino-Japonesa se constituiría en el verdadero origen de la Segunda Guerra Mundial, iniciada dos años antes del asalto nazi a Polonia.
Anuncio de la inminente llegada del MS Heiyō Maru, publicado por Diario Latino en sus ediciones de finales de enero de 1932. Imagen cortesía del Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI), San Salvador.
Mientras la pólvora de las armas hacía correr la sangre en China, en El Salvador ocurría otro tanto con el levantamiento etnocampesino en diversas localidades del occidente, norte y centro del territorio, donde hordas de indígenas y campesinos azuzados por el Socorro Rojo Internacional (SRI) iniciaron desde la noche del viernes 22 de enero de 1932 el primer alzamiento de filiación comunista en el continente americano. En las portadas del jueves 21, jueves 28 y sábado 30 de enero, las portadas de Diario Latino presentaron el rostro del líder capturado Agustín Farabundo (así en su partida natal) Martí, una fosa con cadáveres y la ejecución del cacique nahua Feliciano Ama. En las segundas páginas de esas ediciones, fue publicado un anuncio de significativas proporciones dentro de esos periódicos impresos en formato estándar inglés. La agencia capitalina de la Grace & Co. Central America invitaba al público a adquirir boletos para viajar a puertos sudamericanos a bordo de un buque de la Nippon Yusen Kaisha (NYK), la empresa naviera de la que el cónsul Sigüenza Mineros había escrito cuatro años antes. Para reservas, el único medio disponible era efectuar una llamada al número telefónico 6-8-1.
La Grace Line Panama Mail Service fue una flota naviera fundada en 1854, en Perú, por el irlandés William Russell Grace. Para 1932, controlaba rutas comerciales entre New York y los puertos del Pacífico, en especial los de la costa pacífica centroamericana y sudamericana. Además, la Grace & Co. Central America se involucró en la promoción y comercialización de café y azúcar, además de que fue una firme promotora de la apertura del Canal de Panamá, que le produjo amplios beneficios en cuanto a la logística del transporte de carga y pasajeros.
La Grace Line tenía fuerte competencia en otras navieras europeas y estadounidenses, como la Panama Mail Steamship Company, Greta White Line (perteneciente a la United Fruit Company), Navigazione Libero Triestina (NLT), Navegazione Generale Italiana (NGI) y la Companie Generale Trasatlantique, que también ofrecían rutas regulares de embarque de pasajeros y pasajeros hacia y desde destinos en América y Europa, con conexiones hacia Asia y África.
En busca de mejorar sus posibilidades ante ese volumen de competencia, la NYK y la Grace Line establecieron una alianza y comenzaron a operar una ruta transpacífica que conectaba a los puertos del Pacífico americano con San Francisco y Vancouver, para después establecer derroteros hacia Honolulu y otras localidades portuarias en Japón y China (Yokohama, Kobe, Nagoya, Shanghái y Hong Kong).
Entre esos buques transpacíficos en actividad estaban el Hikawa Maru, el Heian Maru y el Heiyō Maru. Todos formaban parte de una generación de barcos modernos que evidenciaban el poderío naval mercante japonés durante la era Shōwa o período de gobierno del emperador Hirohito.
El MS Heiyō Maru era un buque mixto, con un peso de 9,816 toneladas impulsadas por poderosos motores. Botado del astillero Osaka Iron Works en 1929, de inmediato fue puesto al servicio transpacífico de la NYK, con destino a los puertos desde Canadá hasta Chile, una ruta considerada de interés estratégico para Japón, por sus conexiones con Vancouver, Seattle, California, Mazatlán (con asentamientos japoneses llegados a México en siete migraciones), la zona del Canal de Panamá, El Callao (con una amplia colonia japonesa en territorio peruano) y Valparaíso. En 1932, su capitán era Kanzō Shiozaki, un auténtico diplomático económico y comercial de la expansión japonesa, encargado de la conducción de esa nave que la agencia de la Grace Line en San Salvador anunció que atracaría en el puerto de La Libertad el martes 2 de febrero de 1932. Para entonces, los disparos de la matanza etnocampesina aún resonaban en el horizonte, tanto por parte de los alzados en armas como de los militares encargados de la masiva y letal represión.
Para entonces, varios barcos mercantes japoneses habían sido contratados o requisados para los movimientos militares en Shanghái, por lo que resultaba curioso o, cuando menos, extraño, que una nave nipona surcara las aguas del Pacífico. En el puerto de Acajutla, varios barcos de guerra estadounidenses y canadienses estaban atracados por esas fechas, en vigilancia de los acontecimientos convulsos que tenían lugar en el país y por si había necesidad de intervenir para proteger los intereses de sus connacionales en las zonas bajo fuego.
Por unas horas, el Heiyō Maru tiró el ancla en el puerto de La Libertad, del que zarpó “sin carga ni pasajeros” con rumbo hacia la localidad panameña de Balboa (donde solía entregar cargamentos de cemento), como lo consignó el Diario Oficial (San Salvador, tomo 112, no. 28, miércoles 3 de febrero de 1932, p. 173). Por el contexto nacional e internacional predominante, esa experiencia de venta de boletos y de embarque de mercaderías en una nave japonesa se constituyó en un fracaso rotundo para la naciente dictadura del brigadier Maximiliano Hernández, que consolidaría sus vínculos con el Imperio del Sol Naciente en los años venideros. Aun así, no habría otra visita de un barco nipón a la costa salvadoreña hasta más allá de la entrada en vigor del tratado de paz de 1951, que puso fin al estado de guerra entre ambas naciones decretado la mediodía del lunes 8 de diciembre de 1941.
Informe de la partida del barco japonés desde el puerto de La Libertad, publicado por el Diario Oficial el 3 de febrero de 1932.
El capitán Kanzō Shiozaki abandonó la marina mercante y se integró al servicio exterior del Imperio del Sol Naciente. Primero fue cónsul general en el puerto californiano de San Francisco (1937-1938). Después, a partir del jueves 4 de enero de 1940, fue designado ministro plenipotenciario del Japón en Chile, con la misión puntual de asegurar suministros esenciales para el imperio y que loa países del Pacífico suramericano mantuvieran sendos estados de neutralidad durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial.
A lo largo de sus trece años de servicio activo, el Heiyō Maru pasó por diversas situaciones, algunas muy comprometidas. En agosto de 1936 y febrero de 1937, mientras realizaba sendos atraques en el puerto californiano de San Pedro, la nave fue revisada por agentes del Servicio de Narcóticos de los Estado Unidos, quienes estaban tras la pista de una joven de 23 años, hija de un prominente funcionario chino en el Tíbet, a la que le encontraron 50,000 y 250,000 dólares en heroína. En octubre de 1937, el transpacífico nipón zarpó del puerto de Kobe con destino a San Francisco y Mazatlán (Sinaloa, México), contratado por el gobierno mexicano de Lázaro Cárdenas para repatriar a 35 mujeres y niños desde China, debido a la creciente situación política y militar existente durante la Segunda Guerra Sino-Japonesa.
Entre febrero de 1940 y abril de 1941, el Heiyō Maru prestó servicios de evacuación de ciudadanos alemanes de diversos países latinoamericanos para trasladarlos a puertos japoneses como Yokohama y Kobe, para que pudieran continuar su viaje por ferrocarril hacia la Alemania nazi. Los primeros fueron 40 tripulantes de un tanquero de la Standard Oil varados en Valparaíso (Chile), seguidos por otros grupos de repatriados desde Colón (Panamá) y Manzanillo (México).
Portada del menú servido en el comedor del MS Heiyō Maru en la noche del 31 de diciembre de 1939.
Con el estallido del frente bélico en el Pacífico tras el ataque nipón a la base militar de Pearl Harbor, que marcó el ingreso del Japón a la Segunda Guerra Mundial, el Heiyō Maru fue requisado por la Armada Imperial y fue destinado al traslado masivo de tropas, armamento y suministros hacia las bases japonesas en la Micronesia y las islas Carolinas y Marianas. Eso lo convirtió en un claro objetivo militar para los destructores y submarinos de las fuerzas aliadas en la zona.
El domingo 17 de enero de 1943, el Heiyō Maru navegaba al noreste de la base de Truk, en el archipiélago de las Carolinas, cuando fue localizado por el sónar y radar del submarino estadounidense USS Whale SS-239, una nave de guerra de la clase Gato, de 95 metros de largo y una manga de 8.3 metros, con propulsión lograda mediante sus cuatro motores diésel fabricados por la General Motors y el acompañamiento de otros motores eléctricos. Era capaz de navegar bajo el agua hasta 300 pies o 90 metros, mientras que su arsenal estaba compuesto por 24 torpedos, con 10 tubos lanzatorpedos, seis instalados en la proa y el resto en la popa.
El submarino lanzó nueve torpedos, de los que ocho hicieron impacto directo en el casco del Heiyō Maru. Mediante el periscopio, el capitán del Whale observó y fotografió el incendio y rápido hundimiento de la otrora nave mercante, que mostraba sus cubiertas repletas de soldados sobrevivientes, quienes no fueron rescatados. Bajo la clasificación 80-G-28884, el original de esa icónica fotografía -de amplia difusión en muchas publicaciones relacionadas con el conflicto global se custodia en la actualidad en los Archivos Nacionales de Estados Unidos (NARA), en Maryland.
Tras participar en once misiones de combate y hundir a nueve barcos enemigos con un total de 57,700 toneladas, el submarino USS Whale fue condecorado con once estrellas de batalla por sus servicios para la Marina de los Estados Unidos. En 1947 fue dado de baja y asignado a la Flota de Reserva del Atlántico, para ser reactivado por breve tiempo en 1957, al ser asignado a tareas de entrenamiento de nuevas generaciones de marineros.
Fotografía del submarino estadounidense USS Whale SS-239, hecha en altamar el sábado 21 de abril de 1945 por un empleado de la B. W. Photo Agency. Bajo la clasificación 19-N-83071, su original se custodia en los Archivos Nacionales de Estados Unidos (NARA), en Maryland.
Después de ser eliminado del registro oficial de buques de la Marina estadounidense a partir del martes 1 de marzo de 1960, el Whale fue remolcado y el jueves 29 de diciembre de ese mismo año fue vendido como chatarra. La empresa compradora de ese tubo veterano de guerra fue la Southern Scrap Material Company Limited, con sede en los muelles del río Mississippi, en la localidad portuaria de New Orleans, estado de Louisiana. Pagó por todo aquel metal 50,000 dólares, una pequeña fracción del precio original de esa nave de combate.
Durante 1961, el submarino fue desguazado pieza por pieza, desde sus baterías de plomo-ácido tan pesadas y tóxicas, sus motores diésel y su casco de presión hecho de acero de alta resistencia, que fue seccionado con sopletes de gran tamaño para que sus anillos resultantes pudieran ser fundidos en las acerías locales. Después, ese metal fue reciclado para la fabricación de infraestructuras civiles y de los automóviles estadounidenses de Detroit a lo largo de la década de 1960.
El hundimiento del MS Heiyō Maru, el 17 de enero de 1943, fotografiado desde el periscopio del submarino USS Whale SS-239. Imagen cortesía de los National Archives & Record Administration (NARA), Maryland.
A diferencia de su atacante que terminó sus días disuelto en los hornos industriales de New Orleans, los restos del Heiyō Maru descansan en la posición 10°13’N, 151°25’E, en el Pacífico Norte, al oriente de las islas Marianas y su fosa. Es una zona de mar abierto donde esa nave y sus cientos de tripulantes yacen arropados por la inmensidad de la historia.
(*) Material reorganizado a partir de mi libro Sakuras y maquilishuats. Biografía mínima de León Sigüenza Mineros (1895-1942), primer cónsul centroamericano en Japón (San Salvador: Editorial Don Bosco, en prensa).
Las exportaciones de bienes salvadoreños crecerían un 5.3 % en el primer trimestre de 2026 y superarían los $1,700 millones, según proyecciones de la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (Sieca).
En su informe sobre las perspectivas del comercio en Centroamérica, la Sieca señala que el comercio se mantendrá en terreno positivo en los primeros tres meses del año debido a un entorno macroeconómico más favorable, pese a la coyuntura global en medio de la guerra arancelaria iniciada por el presidente estadounidense Donald Trump y el reciente conflicto en Medio Oriente.
La Sieca estima que las exportaciones de la región sumarán $16,106.6 millones en el primer trimestre de 2026, un 6.8 % de crecimiento interanual.
Para El Salvador, anticipa que los ingresos por las exportaciones rebasarán los $1,771.2 millones, $89.9 millones adicionales a los $1,681.3 millones reportados en igual período de 2025. De acuerdo con la Sieca, al menos $829.5 millones serían en exportaciones extrarregionales y $941.7 millones en comercio intrarregional.
Perspectivas para la región
Como en anteriores ocasiones, Costa Rica se mantiene a la cabeza del ranking de mayores exportadores de la región. La Sieca prevé que la economía costarricense envíe $5,654 millones en el primer trimestre y crezca 9.8 %.
Guatemala exportaría $4,159.5 millones, un 3.7 % de crecimiento; Honduras sumaría $2,082.9 millones, un 6.9 % de expansión; y Nicaragua alcanzaría $2,139.5 millones, un 5.7 %.
Por debajo del saldo de El Salvador se ubicaría Panamá, con $299.5 millones, pero un crecimiento de 20.2 %. En el caso panameño, esta cifra no contempla las exportaciones de la Zona Libre de Colón (ZLC), un centro logístico para el comercio y la inversión.
Dependencia del comercio con EE. UU.
El informe de la Sieca destaca que el comercio de Centroamérica está vinculado a la coyuntura internacional, principalmente a la demanda de Estados Unidos. Además, influye la tendencia de precios.
“Si bien para la región persisten riesgos asociados al ciclo global y a la evolución de los principales socios comerciales, el balance de riesgos se mantiene inclinado a la baja, con una trayectoria de expansión positiva en el corto plazo”, indica.
Al cierre de 2025, las exportaciones regionales alcanzaron $61,738 millones, equivalente a un crecimiento de 12.2 %.
El análisis revisa el comercio regional de 2014 a 2024, cuando las exportaciones de Centroamérica pasaron de $37,214 millones a $55,048 millones, un incremento acumulado de 47.9 %.
Sin embargo, la trayectoria no fue lineal, sino que estuvo marcada por fases diferenciadas, como el golpe que sufrió el comercio en 2020 debido a la pandemia de covid-19 y que después derivó en 2021 en un fuerte repunte.
La Sieca agrega que el crecimiento regional converge en tasas de 3.6 % entre 2024 y 2026, con una trayectoria estable y sin señales de sobrecalentamiento ni desaceleración abrupta.
Los precios del pescado seco en el Mercado Central de San Salvador registran aumentos de entre $1 y $3 por libra respecto al año pasado, mientras que comerciantes reportan un inicio de ventas más lento de lo esperado previo a la Semana Santa.
El pescado seco es un alimento tradicional en la Semana Mayor, que tiene su base en la creencia católica de abstenerse de comer carne roja durante la Cuaresma. En El Salvador se suele comer envuelto en huevo, acompañado con los tradicionales jocotes en miel o las torrejas.
En un sondeo realizado por Diario El Mundo, los comerciantes coincidieron en que el precio depende de la calidad del pescado, como el boca colorada o róbalo, que suelen tener mayor valor que los bagres, así como del tamaño del producto.
Ana Gladis Quintanilla, quien tiene 35 años de dedicarse a la venta de pescado seco, confirmó que el incremento se registra sobre todo en el pescado macarela grande, de $1 la libra, que pasó de costar $8 a $9 este año.
Los comerciantes de San Salvador esperan un incremento en las ventas durante la Semana Santa. /Alexander Montes
En tanto, la libra de bagre se mantiene en $7 y la boca colorada en $12. En su puesto también ofrece corvina y lonja de boca colorada.
“Los precios están flexibles (para) que la gente pueda llevar”, afirmó la comerciante Julia Santos, quien también confirmó que este año el pescado está un “poquito más caro”, de cerca de $1 o $1.5 por libra.
Según Santos, el incremento se debe a que “supuestamente del mar no salió”.
La comerciante defendió que los productos son de alta calidad e insistió en que los precios varían según el peso en libras de cada pescado. Para este año, el más caro que tiene disponible es de $65, pero en 2025 llegó a tener uno de $100.
María, también comerciante en el Mercado Central, pidió a los salvadoreños “no perder la tradición de todos los años”. En su caso, reporta un incremento de $3 la libra, siendo la lonja de boca colorada la más cara, de $15.
El precio del pescado seco depende de la calidad. El boca colorada cuesta entre $10 y $12 la libra./Alexander Montes
Ventas calmadas
Por su parte, Antonia García aseguró que las ventas han estado “calmaditas” en la antesala a la Semana Mayor, cuyas festividades comienzan el 29 de marzo con el Domingo de Ramos. La comerciante aseguró que el año pasado hubo más movimiento en la demanda, pero no bajó los ánimos y espera que la gente llegue a buscar su pescado.
Además, aseguró que “hoy ha habido un poquito de escasez de pescado, como en otros años, que siempre ha habido en abundancia”, por lo cual “el precio ha estado un poquito elevado”, en cerca de $1 la libra.
Doña Cristina también confirmó que las ventas han estado “poquito calmadas”. Aseguró que mantiene a $10 una bolsa con dos pescados bagres secos, así como a $10 la libra de macarela.
Las exportaciones de bienes salvadoreños crecieron 3.3 % a febrero tras superar los $1,080.8 millones, informó este martes el Banco Central de Reserva (BCR).
Solo en febrero se registraron ingresos por $521.4 millones en exportaciones de mercancías fabricadas en el país, una cifra inferior en 1.8 % frente al mismo mes de 2025. Esto contrasta con el crecimiento interanual de 8.5 % reportado en enero, cuando sumaron $559.4 millones.
Estados Unidos mantuvo una mayor demanda por bienes salvadoreños tras un ciclo de contracción. Según el BCR, las exportaciones hacia ese país crecieron 8.4 %. Entre enero y febrero se enviaron $379.3 millones, es decir, $29.4 millones adicionales respecto al mismo período del año pasado. Además, EE. UU. representó el 35.1 % del total exportado.
Guatemala demandó bienes salvadoreños por $208.3 millones, un crecimiento de 2.6 % y una participación de 19.3 %. En contraste, el comercio hacia Honduras y Nicaragua continúa contraído, con caídas interanuales de 4.25 % y 2.9 %, respectivamente.
Las importaciones sumaron $2,716.4 millones, prácticamente sin variación respecto a 2025. En volumen, sin embargo, se registró una reducción interanual de 2.7 %.
De acuerdo con el BCR, las importaciones de bienes intermedios —utilizados para la producción de otros bienes— disminuyeron 7.9 %, mientras que las de maquila cayeron 10.4 %.
Repunte del café
Las exportaciones de café mostraron un fuerte crecimiento de 137.6 % en los primeros dos meses de 2026.
El BCR reporta que se enviaron más de 166,300 quintales, que generaron ingresos por $54.4 millones. Esto equivale a $31.5 millones adicionales respecto a 2025 y a un aumento de 73,700 quintales en volumen (79.5 %).
Con este desempeño, el café se posicionó como el tercer producto de mayor exportación de El Salvador, con una participación del 5.04 %. Superó incluso al azúcar de caña, cuyas exportaciones presentan una contracción de 22.7 % tras sumar $53.2 millones, en un contexto de caída en los precios internacionales.
En el top de la canasta exportadora se mantienen las camisetas, que sumaron $72.4 millones a febrero, un 14 % menos que hace un año. Les siguen los suéteres, que alcanzaron $65 millones y registraron un crecimiento de 37.1 %.
El déficit de la balanza comercial de El Salvador registró una reducción de 2.1 % en los primeros dos meses de 2026, en comparación con el mismo período de 2025, al ubicarse en $1,635.6 millones, informó este martes el Banco Central de Reserva (BCR).
De acuerdo con las cifras oficiales, el saldo negativo disminuyó en $35.6 millones frente a los $1,671.2 millones reportados entre enero y febrero del año anterior.
La mejora en el déficit comercial estuvo impulsada por un crecimiento de 3.3 % en las exportaciones, mientras que las importaciones se mantuvieron prácticamente sin variación durante el período analizado.
Las exportaciones acumuladas pasaron de $1,046.5 millones en febrero de 2025 a $1,080.8 millones en 2026, lo que representa un aumento de $34.3 millones.
Por su parte, las importaciones registraron una leve caída al pasar de $2,717.7 millones a $2,716.4 millones, es decir, una disminución de $1.3 millones.
Entre los principales productos importados destacan los aceites de petróleo con $253.9 millones y los medicamentos con $89.7 millones. En contraste, las exportaciones estuvieron lideradas por camisas con $72.4 millones, suéteres con $65 millones y café con $54.4 millones.
Estados Unidos se mantuvo como el principal socio comercial de El Salvador, con exportaciones por $655.9 millones e importaciones por $379.4 millones, lo que deja un déficit bilateral de $276.5 millones.
En tanto, China se posicionó como el segundo mayor proveedor de bienes al país, con importaciones por $603.8 millones, aunque no figura entre los principales destinos de exportación salvadoreña, lo que generó un déficit de $602.5 millones en esta relación comercial.
El Banco Central de Reserva (BCR) reportó que un total de 2,654 empresas participaron en 2025 en las exportaciones salvadoreñas.
Esta cifra fue menor en 26 en comparación con las 2,680 empresas que participaron en las exportaciones en 2024.
Según el BCR, el 25.4 % de las empresas exportadoras despachó productos a Estados Unidos, el principal comprador del mercado salvadoreño, con una participación del 32.4 %. Si se considera toda la región, Centroamérica se mantiene como el mayor destino, con una concentración del 50 %.
El informe analítico de comercio exterior también puntualiza que el 14 % de los exportadores envió mercadería valorada en más de $1 millón y, en conjunto, contribuyeron al 96.2 % del total exportado.
Vistazos de la dinámica exportadora de 2025
El informe destaca que el comercio internacional de mercancías atravesó en 2025 una “senda de incertidumbre”, derivada principalmente de las tensiones geopolíticas por la política arancelaria de Estados Unidos.
Aunque El Salvador fue tasado inicialmente con un arancel base del 10 % en abril de 2025, en noviembre hubo un alivio cuando se anunció que los gobiernos salvadoreño y estadounidense habían alcanzado un acuerdo para establecer un nuevo marco comercial que eliminaría el arancel a una parte de las exportaciones, el cual se materializó a finales de enero de 2026.
El comercio salvadoreño también se vio favorecido por la modernización del Puerto de Acajutla bajo la administración de la Unión Portuaria del Pacífico, que logró reducir en menos de un año el atasco en la terminal hasta dejar solo un barco en espera. También influyó la reactivación del Puerto de La Unión, que comenzó a recibir barcos carreros.
“En Sonsonate, las operaciones resultaron en un crecimiento de dos dígitos en la movilización de toneladas métricas y en la descongestión de los muelles; en La Unión, se alcanzó la mayor actividad de atención a buques desde la inauguración de la terminal portuaria”, indica el reporte.
En ese entorno, las exportaciones de bienes salvadoreños crecieron 1.9 % al cierre de 2025 y superaron los $6,428.5 millones.
De acuerdo con el BCR, el 96 % de las exportaciones de 2025 corresponden a actividades de manufactura, que incluyen la maquila.