El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, eligió al senador republicano por Oklahoma, Markwayne Mullin, como nuevo secretario del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), en sustitución de Kristi Noem, a quien destituyó este jueves.
El DHS es una de las agencias más relevantes del Gobierno estadounidense, ya que tiene a su cargo la ejecución de la política migratoria impulsada por la administración de Trump. Estas medidas han generado fuertes críticas de organizaciones civiles y gobiernos locales, además de varias demandas judiciales que denuncian presuntas prácticas “inconstitucionales” y violaciones a los derechos humanos.
Mullin, senador desde 2023, es un aliado cercano del presidente y un firme defensor del movimiento Make America Great Again (MAGA). En el Senado ha mantenido una estrecha relación con la Casa Blanca y se ha presentado como un enlace político entre el Congreso y el Ejecutivo.
El legislador aseguró que la llamada del presidente lo tomó por sorpresa, aunque afirmó que espera la aprobación del Senado para asumir el cargo. También señaló que está dispuesto a trabajar “para los estadounidenses” desde la nueva posición.
Originario de Tulsa, Oklahoma, y miembro de la nación Cherokee, Mullin dirigió durante años el negocio familiar de plomería antes de expandirse a otros sectores como restaurantes y bienes raíces. En 2013 ingresó a la política nacional tras ser elegido para la Cámara de Representantes, donde permaneció durante una década antes de llegar al Senado.
Durante el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, protagonizado por seguidores de Trump, Mullin aseguró que se unió a la Policía del Capitolio para ayudar a levantar barricadas e impedir el acceso de manifestantes al hemiciclo de la Cámara de Representantes.
Ese mismo año protagonizó otra polémica cuando intentó viajar a Afganistán tras la retirada de tropas estadounidenses ordenada por el entonces presidente Joe Biden, con el objetivo de rescatar a ciudadanos estadounidenses que habían quedado atrapados en ese país.
Además de su carrera política, Mullin es conocido por su afición a las artes marciales mixtas y la lucha. Su trayectoria y cercanía con Trump consolidan su perfil como uno de los aliados más leales del presidente dentro del Partido Republicano.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este jueves que la secretaria del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), Kristi Noem, dejará su cargo el próximo 31 de marzo de 2026 y será reemplazada por el senador republicano por Oklahoma, Markwayne Mullin.
La salida de Noem se produce en medio de cuestionamientos dentro del propio Gobierno y del Congreso por varias decisiones y declaraciones recientes. Funcionarios actuales y anteriores del Departamento de Seguridad Nacional habían expresado en privado dudas sobre cuánto tiempo permanecería en el cargo tras una serie de polémicas.
Entre los episodios que generaron críticas se encuentra la decisión de pausar el programa TSA PreCheck durante el actual período de financiación del DHS, una medida que tomó por sorpresa a la Casa Blanca y que fue revertida pocas horas después.
También provocaron malestar sus intervenciones durante dos audiencias en el Congreso realizadas esta semana, donde legisladores cuestionaron su gestión y sus respuestas ante varios temas de seguridad nacional.
Según fuentes citadas por medios estadounidenses, el presidente Trump mostró especial molestia durante esas audiencias por una afirmación de Noem —que él niega— sobre que el mandatario estaba al tanto de una costosa campaña publicitaria del DHS en la que ella aparecía.
En conversaciones con legisladores republicanos, Trump había mencionado la posibilidad de sustituir a Noem y barajó varios nombres del Congreso como posibles reemplazos, antes de inclinarse por el senador Mullin.
Las tensiones también aumentaron tras los tiroteos que provocaron la muerte de los ciudadanos estadounidenses Renee Good y Alex Pretti en Minneapolis, un episodio que generó cuestionamientos sobre la respuesta del Departamento de Seguridad Nacional.
Además, algunos funcionarios de la Casa Blanca han manifestado frustración con Corey Lewandowski, principal asesor de Noem, quien fue objeto de fuertes interrogatorios durante las audiencias del Congreso de esta semana.
Con el nombramiento de Mullin, la Administración de Trump busca reorganizar el liderazgo del DHS en medio de las críticas y reforzar la estrategia de seguridad nacional del Gobierno.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que la eventual caída del Gobierno de Cuba sería “la cereza del pastel” tras décadas de presión política y económica ejercida por Washington sobre la isla.
Durante una entrevista con el medio Politico, el mandatario aseguró que la crisis que atraviesa el país caribeño está relacionada con las medidas adoptadas por su administración, entre ellas el bloqueo al suministro de petróleo y recursos financieros.
“Cuba caerá (…) Después de 50 años, eso es la cereza del pastel”, declaró Trump, quien sostuvo que el Gobierno cubano enfrenta graves dificultades económicas y necesita ayuda externa.
El mandatario también explicó que su gobierno cortó el flujo de recursos provenientes de Venezuela, país que durante años fue una de las principales fuentes de petróleo y apoyo financiero para La Habana.
La crisis energética en la isla se agravó tras el arresto del presidente venezolano Nicolás Maduro a inicios de enero de 2026 durante una operación estadounidense, lo que redujo el suministro de crudo hacia Cuba y profundizó la escasez de combustible y electricidad.
Además, el gobierno de Trump firmó recientemente una orden ejecutiva que establece aranceles para los países que vendan o suministren petróleo a Cuba, con el objetivo de aumentar la presión económica sobre el gobierno de la isla.
En ese contexto, el presidente estadounidense aseguró que su administración mantiene conversaciones con autoridades cubanas y señaló que el país caribeño “necesita ayuda”, en medio de una crisis económica y energética que ha provocado apagones y escasez de recursos básicos.
American Airlines ha recibido la autorización del Gobierno de EE.UU. para reiniciar los vuelos directos entre este país y Venezuela, que permanecían suspendidos desde 2019, según confirmó a EFE el Departamento de Transporte (DOT) estadounidense.
Con el reinicio de las correspondencias entre Miami con Caracas y Maracaibo, American Airlines se convertirá en la primera aerolínea de Estados Unidos en regresar a los aeropuertos venezolanos en casi siete años, después de que ambos países estrecharan su relación tras la captura del ahora depuesto expresidente Nicolás Maduro el pasado 3 de enero.
En concreto, el DOT concedió a Envoy Air, subsidiaria de American Airlines, una exención por dos años (del 4 de marzo de 2026 al 4 de marzo de 2028) para prestar transporte aéreo regular de pasajeros, carga y correo, según el documento al que tuvo acceso EFE.
La empresa aérea anunció a fines de enero su intención de pedir autorización a la Administración del presidente estadounidense, Donald Trump, para retomar su servicio a Venezuela, después de que el republicano levantara el veto que él mismo impuso en 2019, durante su primer mandato, a los vuelos comerciales y de carga entre ambas naciones.
American hizo formal la petición el pasado 13 de febrero. «La aprobación de esta solicitud avanzaría aún más la meta del presidente Trump de reabrir el servicio aéreo a Venezuela y servir al interés público al proveer una oportunidad para el negocio, el placer, y el viaje humanitario a la región», indica la solicitud.
La compañía recordó entonces que, hasta la interrupción de 2019, era desde 1987 la mayor aerolínea estadounidense que volaba a y desde Venezuela.
También aseveró que los vuelos no afrontarán «problemas energéticos o ambientales», y anticipó que no habrá dificultad en obtener combustible para sus servicios Miami-Caracas y Miami-Maracaibo.
El reinicio de vuelos desde Florida, aún sin fecha, volverá a conectar el país suramericano con Miami, hogar de la mayor diáspora venezolana en Estados Unidos.
Washington y Caracas han acercado posiciones desde la operación militar del pasado 3 de enero, cuando EE.UU. capturó en Venezuela al expresidente Nicolás Maduro, y le dio un voto de confianza a su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, que ejerce como presidenta interina venezolana bajo la tutela de la Administración Trump.
Estados Unidos advirtió este jueves a la India que el nuevo acuerdo comercial que negocian ambos países no podrá generar una ventaja competitiva que afecte a la industria estadounidense, al tiempo que aseguró que Washington no repetirá los errores cometidos con China en décadas anteriores.
La advertencia fue expresada por el subsecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau, durante el Diálogo de Raisina, considerado el principal foro geopolítico de la India. El funcionario señaló que las negociaciones comerciales entre Washington y Nueva Delhi se encuentran “casi en la línea de meta”.
Durante su intervención, Landau remarcó que la India debe comprender los límites que pondrá Estados Unidos en la relación económica. “La India debe entender que no vamos a cometer con ellos los mismos errores que cometimos con China hace 20 años”, afirmó el diplomático al referirse al enfoque que Washington adoptará en el acuerdo bilateral.
El funcionario también sostuvo que su país vigilará que el crecimiento de los mercados indios no termine desplazando a Estados Unidos en sectores estratégicos del comercio internacional. “Vamos a asegurarnos de que lo que hagamos sea justo para nuestra gente”, añadió.
Asimismo, Landau moderó las expectativas sobre el llamado “puente humano” entre ambos países, especialmente en el ámbito educativo y profesional. Indicó que la política de visados estará directamente ligada a la protección del empleo en Estados Unidos, y explicó que la prioridad de la Administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es atraer únicamente talento altamente calificado. “No estoy seguro de que queramos educar a personas para que ocupen plazas en nuestras propias instituciones educativas y luego compitan con los estadounidenses por empleos”, afirmó.
Finalmente, Washington dejó claro que las reducciones arancelarias y el acceso a mercados estarán condicionados a criterios de reciprocidad y seguridad nacional. Entre esas condiciones figura que la India reduzca su dependencia energética de Rusia como parte de las exigencias planteadas por Estados Unidos en las negociaciones comerciales.
La entrada en guerra con Irán por parte del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, supone hasta ahora la decisión más trascendental de su segundo mandato: una operación de objetivos y duración inciertos que, además, afronta el desafío de no estancarse y convertirse en un nuevo Irak.
Tras el ataque a gran escala iniciado el sábado por Israel y Estados Unidos, que resultó en el asesinato del ayatolá Alí Jameneí, en el poder desde 1989, Trump afirma que el golpe mayor está por venir y que la ofensiva continuará hasta destruir el programa iraní de misiles, su marina y sus capacidades para fabricar un arma nuclear.
Descabezar al régimen iraní había sido una demanda constante del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien presionó a Trump en varias ocasiones, pero el republicano, que en campaña se opuso a las guerras «eternas» en el extranjero, se había mostrado cauteloso.
En junio de 2025, cuando Trump ordenó el bombardeo de tres instalaciones nucleares iraníes, advirtió que conocía el escondite de Jameneí, pero descartó eliminarlo para no desestabilizar la región.
Sin embargo, 2026 arrancó con un Trump envalentonado por la exitosa operación militar de enero en Venezuela, en la que fue derrocado y capturado Nicolás Maduro sin que se registraran bajas estadounidenses.
Además, Estados Unidos había tomado nota de la debilidad de la respuesta iraní a los ataques del año pasado y, a principios de año, Trump comenzó a amenazar con un ataque masivo contra la república islámica por la dura represión exhibida contra las protestas antigubernamentales.
Mientras el Pentágono realizaba un enorme despliegue militar en la región, incluidos dos portaaviones, la Casa Blanca aseguraba que prefería una solución diplomática con Teherán y pactar un acuerdo para limitar su programa nuclear, como el que Trump rompió en su primer mandato.
Del pulso diplomático al ataque «preventivo»
Sus enviados, Steve Witkoff y Jared Kushner, mantuvieron el jueves en Ginebra la última ronda de negociaciones con el ministro iraní de Exteriores, Abás Araqchí, quien salió satisfecho del encuentro, aunque para entonces a Trump se le había agotado la paciencia.
Según fuentes estadounidenses, Irán rechazó una oferta de Washington para recibir un suministro permanente y gratuito de combustible nuclear si renunciaba por completo a enriquecer uranio, actividad que la república islámica decía llevar a cabo con fines pacíficos.
Por el contrario, afirman funcionarios de la Administración, Teherán poseía uranio enriquecido para elaborar 11 bombas atómicas, una cifra que podría aumentar hasta 50 en un año.
El secretario de Estado, Marco Rubio, sostiene además que Israel iba a atacar a Irán y que el país persa planeaba responder contra bases estadounidenses, por lo que Washington debía golpear «preventivamente».
Ante este escenario, el viernes, a bordo del Air Force One camino a Texas para un mitin, Trump ordenó el inicio de la llamada operación Furia Épica. Posteriormente visitó una hamburguesería y se trasladó a su residencia en Florida para supervisar los bombardeos.
El ataque, que tomó desprevenido a Irán al realizarse inusualmente a plena luz del día del sábado, destruyó el cuartel general de Jameneí y eliminó a buena parte de su cúpula militar, aunque Irán ha denunciado que también hubo ataques contra civiles, entre ellos una escuela infantil.
Teherán ha respondido desde entonces con ataques aéreos en represalia contra Israel y varios países de la región donde la potencia norteamericana tiene bases militares.
Vista de los daños causados por un ataque estadounidense en Irán. EFE
El riesgo de otro conflicto interminable
Al menos seis militares estadounidenses han muerto por la respuesta iraní, y el propio Trump prevé que haya más bajas, algo que pone contra las cuerdas al líder estadounidense de cara a las elecciones de medio mandato del próximo noviembre, en las que está en juego la exigua mayoría republicana en el Congreso.
Por lo pronto, la escalada regional es ya inevitable y Estados Unidos, cuya embajada en Arabia Saudí fue atacada el lunes, ha pedido a sus ciudadanos que abandonen de inmediato una quincena de países de la región.
La oposición demócrata denuncia que la operación no se notificó debidamente al Congreso, único órgano facultado para autorizar una guerra, y que la evacuación de estadounidenses es un caos.
El Gobierno emite, mientras tanto, mensajes contradictorios sobre el objetivo final: Trump ha llamado al pueblo iraní a tomar el poder, mientras el Pentágono niega que el objetivo sea un cambio de régimen.
El presidente también afirma que la operación podría durar varias semanas si fuera necesario, aunque el Ejército matiza que no será un conflicto «interminable» como la invasión de Irak de 2003, que Trump siempre ha criticado.
En concreto, Washington diseñó una ofensiva de unas cuatro o cinco semanas. Los próximos días demostrarán si fue un acierto o un error de cálculo.
El Senado de Estados Unidos rechazó este miércoles una resolución que buscaba detener la ofensiva militar contra Irán, impulsada por la Administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en el marco de la operación denominada “Furia Épica”.
La iniciativa, presentada por el Comité de Relaciones Exteriores, pretendía frenar la participación militar estadounidense en el conflicto iniciado junto a Israel el pasado sábado. Sin embargo, la moción fue derrotada con 53 votos en contra y 47 a favor, tras el respaldo mayoritario de los senadores republicanos.
Entre los votos favorables a la resolución figuraron senadores demócratas e independientes cercanos a ese partido, además del republicano Rand Paul, conocido por su postura crítica frente al despliegue militar estadounidense en el extranjero. Por otro lado, el demócrata por Pensilvania John Fetterman se sumó al bloque que rechazó la medida.
Las senadoras republicanas Susan Collins y Lisa Murkowski también votaron en contra de la resolución. Collins defendió la ofensiva al argumentar que Estados Unidos no puede “tolerar un Irán con armas nucleares”, al considerar que el programa de misiles y el respaldo iraní a grupos armados representan una amenaza para la seguridad nacional de su país.
La legisladora también sostuvo que la administración se ha ajustado a las disposiciones de la Ley de Poderes de Guerra, que exige notificar al Congreso dentro de las 48 horas posteriores al inicio de las hostilidades, y aseguró que el Gobierno ha entregado informes clasificados sobre la operación.
Por su parte, Murkowski señaló que la Casa Blanca ha realizado mayores esfuerzos para informar al Congreso sobre la ofensiva en comparación con otras crisis internacionales recientes.
El conflicto forma parte de una escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán que comenzó a finales de febrero con ataques contra objetivos iraníes y posteriores represalias en la región, lo que ha generado una fuerte división política en el Congreso estadounidense.
El Gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este miércoles que dispone de suficiente munición para continuar su ofensiva contra Irán y sugirió que la guerra contra la república islámica podría prolongarse varias semanas.
Durante una rueda de prensa en el Pentágono, el secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, indicó que la campaña militar podría extenderse hasta ocho semanas. “Puedes decir cuatro semanas, pero podrían ser seis, ocho o tres”, afirmó, al tiempo que aseguró que Estados Unidos e Israel están marcando completamente “el ritmo” del conflicto.
El funcionario sostuvo que en menos de una semana las fuerzas aéreas de ambos países podrían lograr el control total del espacio aéreo iraní. “EE.UU. está ganando de manera contundente, devastadora y sin piedad. (…) Esto nunca se concibió como una pelea justa”, afirmó Hegseth.
El secretario de Guerra también explicó que, una vez dominados los cielos iraníes, Washington comenzará a utilizar bombas de gravedad guiadas por GPS y láser de 500, 1,000 y 2,000 libras. Según dijo, Estados Unidos dispone de reservas prácticamente ilimitadas de este tipo de armamento.
Por su parte, el jefe del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine, aseguró que el país cuenta con suficiente munición de precisión tanto para operaciones ofensivas como defensivas, aunque evitó detallar las cantidades por razones de seguridad operativa. En la misma línea, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, reiteró que el Pentágono tiene capacidad más que suficiente para ejecutar la operación militar denominada “Furia Épica” y continuar la campaña si fuese necesario.
Las autoridades estadounidenses señalaron que los objetivos de los ataques contra Irán incluyen destruir su arsenal y su capacidad para fabricar misiles balísticos, neutralizar su fuerza naval, debilitar a los grupos aliados de Teherán en la región y evitar que el país obtenga armas nucleares.
Hegseth también destacó algunos resultados recientes de la ofensiva, como el bombardeo contra el líder de una unidad iraní que, según el Pentágono, planeaba asesinar a altos funcionarios estadounidenses, incluido el presidente de Estados Unidos. Además, anunció que un submarino estadounidense hundió en el océano Índico la fragata iraní IRIS Dena mediante un torpedo, en lo que calificó como el primer ataque de este tipo realizado por un sumergible estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial.
Según el jefe del Estado Mayor Conjunto, la capacidad de Irán para lanzar misiles balísticos se ha reducido en 86 % desde el inicio de los combates, mientras que los ataques con drones han disminuido 73 %, lo que refleja el impacto de la ofensiva militar estadounidense.
Las autoridades estadounidenses prohiben temporalmente las visitas al mayor centro de detención para migrantes en Estados Unidos, ubicado en la ciudad de El Paso (Texas), después de que se detectaran al menos 14 casos de sarampión.
Camp East Montana, un complejo de grandes carpas con capacidad para unos 5,000 detenidos, permanecerá cerrado a los visitantes hasta mediados de marzo, según informó la congresista demócrata Verónica Escobar en un comunicado de prensa.
Al menos 112 de los migrantes detenidos están «aislados», detalló la legisladora y denunció además que durante sus pasadas visitas al centro ha visto que el personal no usa tapabocas o medidas de protección para evitar que se propaguen infecciones de este tipo.
La atención médica en este centro, indicó Escobar, pasa por alto «problemas médicos graves y es, en algunos casos, inexistente, incluso ante situaciones de salud urgentes».
El brote de esta enfermedad, una de las más contagiosas, llega en medio de una ola de críticas y denuncias por parte de la oposición demócrata y organizaciones en defensa de los derechos humanos a las condiciones en los centros de detención para migrantes, especialmente en Texas.
Es a su vez el segundo brote de una enfermedad altamente contagiosa que se hace público en Camp East Montana en lo que va de año. A principios de mes, al menos dos personas fueron contagiadas por tuberculosis.
Tres personas han fallecido dentro del centro en lo que va de año: una de ellas por suicidio, otra tras una falla renal y el tercero por «homicidio» en un enfrentamiento con el personal del centro, según las versiones oficiales y filtraciones a medios estadounidenses.
Bajo la actual Administración republicana de Donald Trump, las detenciones de migrantes en EE.UU. alcanzaron nivel récord: en enero tuvo detenidos a más de 73,000 migrantes, la cifra más alta desde la creación del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) en 2001, según datos filtrados a la cadena CBS News.
El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, aseguró este miércoles que, cuatro días después del inicio del conflicto contra Irán, el país norteamericano está “ganando de manera contundente” la guerra y adelantó que comenzarán a utilizar bombas de gravedad de precisión dentro de la ofensiva militar.
Durante una rueda de prensa en el Pentágono, Hegseth afirmó que la operación denominada ‘Furia Épica’, iniciada el sábado junto con Israel, ha desplegado un poder militar superior al de campañas anteriores.
“EE.UU. está ganando de manera contundente, devastadora y sin piedad. (…) Esto nunca se concibió como una pelea justa”, declaró el funcionario, quien también confirmó la destrucción de un navío de guerra iraní en el océano Índico.
El secretario explicó que la ofensiva ya ha movilizado “el doble de poder aéreo” utilizado por Estados Unidos durante la guerra de Irak en 2003 y que la intensidad de los ataques es siete veces mayor que los bombardeos realizados contra instalaciones nucleares iraníes en junio del año pasado.
Asimismo, indicó que el Ejército estadounidense comenzará a emplear bombas guiadas por GPS y láser con diferentes capacidades.
“Más bombarderos y más cazas están llegando precisamente hoy y, ahora, con el control total de los cielos, emplearemos bombas de gravedad de precisión guiadas por GPS y láser de 500, 1.000 y 2.000 libras, de las cuales tenemos unas reservas prácticamente ilimitadas”, advirtió.
Por su parte, el jefe del Estado Mayor estadounidense, Dan Caine, aseguró que la capacidad de Irán para lanzar misiles balísticos ha disminuido considerablemente desde el inicio del conflicto. Según el militar, los disparos de misiles se redujeron un 86 % desde el primer día de combate y un 23 % solo en las últimas 24 horas, mientras que los ataques con drones han caído un 73 %.
Hasta el momento, la operación militar ha dejado la muerte del líder supremo iraní, Alí Jameneí, parte de su cúpula militar y cientos de personas, mientras seis soldados estadounidenses han fallecido tras la respuesta iraní.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha advertido que la ofensiva continuará durante varias semanas más hasta destruir el programa de misiles, la Marina y las capacidades nucleares de Irán.