El Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, prorrogó este jueves por un año adicional las sanciones económicas contra Rusia impuestas en represalia por la guerra en Ucrania, medida que se adopta pocos días antes de que se cumplan cuatro años desde el inicio de la invasión en febrero de 2022.
La decisión, publicada en el Registro Federal, mantiene vigentes tanto las sanciones establecidas durante la Administración de Barack Obama en 2014, tras la anexión de Crimea, como las implementadas posteriormente por el Gobierno del expresidente Joe Biden tras la ofensiva militar rusa.
Según el documento oficial, las acciones de Moscú continúan representando “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y los intereses de la política exterior de Estados Unidos”, por lo que las restricciones deberán seguir en vigor después del 6 de marzo de 2026.
Las primeras sanciones fueron activadas en 2014, cuando la Administración Obama impuso medidas contra autoridades, empresarios, bancos y compañías rusas, así como contra funcionarios vinculados al entonces presidente ucraniano Viktor Yanukovich, tras la crisis política y la anexión de la península de Crimea.
Con esta prórroga, Washington reafirma su postura frente al conflicto en Ucrania y mantiene la presión económica sobre Moscú en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas y negociaciones diplomáticas aún inciertas.
Las autoridades de Ucrania anunciaron que no asistirán a los Juegos Paralímpicos que se celebrarán del 6 al 15 de marzo en Milán y Cortina, Italia, en protesta por la decisión de permitir que deportistas rusos y bielorrusos compitan bajo sus banderas nacionales.
El ministro ucraniano de Deportes, Matví Bidni, informó en la red social X que “En respuesta a la indignante decisión de los organizadores de los Paralímpicos de permitir que rusos y bielorrusos compitan con sus banderas nacionales, los representantes públicos ucranianos no asistirán a los Juegos Paralímpicos”. El funcionario precisó que ningún dirigente del país acudirá ni a la ceremonia de apertura ni a “ningún otro acto oficial”.
La decisión de los organizadores se produjo después de que, en septiembre pasado, la Asamblea General del Comité Paralímpico Internacional (CPI) votara en contra de mantener la suspensión parcial de Rusia y Bielorrusia, restableciendo sus plenos derechos. Esto habilitó a los atletas de ambos países a competir libremente una vez clasificados.
El CPI confirmó esta semana que seis deportistas rusos y cuatro bielorrusos participarán en las pruebas de esquí alpino paralímpico, esquí de fondo paralímpico y snowboard paralímpico bajo sus respectivas banderas. Ambos países habían sido suspendidos tras la invasión rusa a Ucrania en 2022, y posteriormente se permitió una participación neutral antes de restituir sus derechos.
La postura de Kiev coincide con la del comisario europeo de Deportes, Glenn Micallef, quien también anunció que no acudirá a la inauguración. El político maltés calificó de «inaceptable» la decisión del CPI de permitir la presencia de Rusia y Bielorrusia con sus símbolos nacionales mientras continúa “la guerra de agresión contra Ucrania”.
Ucrania exige la exclusión total de los atletas rusos tanto en Juegos Olímpicos como Paralímpicos, al considerar que la agresión militar vulnera los valores del olimpismo. Además, acusa a varios deportistas rusos de respaldar públicamente la guerra, lo que, a juicio de Kiev, contradice los principios deportivos internacionales.
El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, afirmó el lunes que no está dispuesto a “repetir errores” del pasado ni a ceder territorio a Rusia, en la antesala de una nueva ronda de contactos en Ginebra con participación de Estados Unidos y Rusia, donde se abordarán posibles salidas al conflicto.
En un mensaje divulgado en redes sociales, el mandatario subrayó que permitir que el “agresor se quede con algo” fue “un gran error” en crisis anteriores, en alusión a la anexión de Crimea y la ocupación de territorios en el este de Ucrania en 2014, así como a la guerra en Georgia en 2008 y el conflicto en Chechenia.
“No se puede detener a Putin con besos o flores”, advirtió, en referencia directa al presidente ruso, Vladimir Putin.
Zelenski sostuvo que cualquier cesión territorial abriría la puerta a que Moscú reconstruya su capacidad militar y prepare nuevos ataques. Por ello, insistió en que las decisiones sobre el futuro de los territorios en disputa deben discutirse entre líderes y no mediante fórmulas que comprometan la soberanía ucraniana.
En el marco de las negociaciones, Washington ha planteado la posibilidad de establecer una zona franca en áreas en disputa como fórmula de compromiso, mientras que Kiev propone congelar las líneas del frente.
Rusia, por su parte, mantiene su aspiración de controlar la totalidad del Donbás, incluidos territorios que no ocupa desde el inicio de la invasión en febrero de 2022.
Además, el mandatario ucraniano reclamó “sanciones totales” contra Moscú. Valoró como “pasos firmes” las recientes medidas del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra las petroleras rusas Lukoil y Rosneft, pero pidió ampliar las restricciones al sector nuclear, en particular contra la agencia estatal Rosatom.
“Vete a Rusia. Vete a tu país. No respetas a nadie en Estados Unidos. No respetas las normas. No respetas la democracia. No respetas a Ucrania ni a Europa. Vete a tu país”, manifestó en referencia a la élite rusa que reside en Occidente.
El Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) rechazó este viernes el recurso presentado por el deportista ucraniano de skeleton Vladyslav Heraskevych contra su exclusión de los Juegos de Milán Cortina 2026, tras su decisión de competir con un casco que mostraba imágenes de atletas de su país fallecidos en la guerra con Rusia.
El TAS confirmó así la resolución adoptada por la Federación Internacional de Bobsleigh y Skeleton (IBSF) y el Comité Olímpico Internacional (COI), al concluir que la normativa vigente prohíbe expresiones de carácter político durante las competiciones oficiales. La árbitra única encargada del caso señaló que, aunque “simpatiza plenamente con la conmemoración del Sr. Heraskevych, con su intento de concienciar sobre el dolor y la devastación sufridos por el pueblo y los atletas ucranianos a causa de la guerra, está obligada a cumplir la normativa del COI”.
Tras la audiencia celebrada este viernes, el tribunal analizó las Directrices sobre la Expresión de los Atletas y determinó que “estas establecen que la libertad de expresión es un derecho fundamental de cualquier atleta que compita en los Juegos Olímpicos, pero limitan el derecho a expresar opiniones durante las competiciones en el terreno de juego”. En ese sentido, la árbitra consideró que “estas Directrices proporcionan un equilibrio razonable entre el interés de los atletas por expresar sus puntos de vista y el interés de los mismos por recibir una atención exclusiva a su rendimiento deportivo en el terreno de juego”.
El fallo también subraya que “estas limitaciones son razonables y proporcionadas, teniendo en cuenta las otras oportunidades que tienen los atletas para concienciar (en zonas mixtas, ruedas de prensa, redes sociales o, en el caso del Sr. Heraskevych, el uso del casco durante cuatro sesiones de entrenamiento)”. Añade además que el objetivo es “mantener el enfoque de los Juegos Olímpicos en el rendimiento y el deporte, un interés común de todos los atletas que han trabajado durante años para comparecer en los Juegos y que merecen una atención indivisa por sus logros y desempeño deportivo”.
Aunque la resolución reconoce que “la árbitra única está vinculada por dichas normas proporcionadas y no tiene medios para anularlas”, también señala que “fue injusto retirar la acreditación del Sr. Heraskevych en estas circunstancias y respalda la decisión del COI de devolvérsela”.
El caso se tramitó por la vía de urgencia luego de que el deportista, de 27 años y abanderado de Ucrania en Milán Cortina, impugnara su descalificación tras lucir el casco en dos sesiones de entrenamiento. El jueves, el COI lo excluyó de la ronda clasificatoria y le retiró la credencial, decisión que posteriormente reconsideró para permitirle permanecer en la sede olímpica.
Heraskevych defendió su postura tras la audiencia y afirmó que no se arrepiente de “defender” su dignidad. “Tendría que estar hoy en los Juegos compitiendo y no formar parte de una audiencia con el TAS. Continuamos con la lucha, con la lucha por nuestra verdad. Estoy convencido”, expresó. Por su parte, la presidenta del COI sostuvo: “Nadie, nadie, y menos yo, está en desacuerdo con el mensaje. El mensaje es un mensaje poderoso. Es un mensaje de recuerdo. Es un mensaje de memoria. No se trata del mensaje. Se trata simplemente de las reglas y del reglamento. Debemos ser capaces de mantener un entorno seguro para todos. Y, lamentablemente, eso significa que no se permiten mensajes”.
Rusia confirmó este viernes que la próxima ronda de negociaciones trilaterales con Ucrania y Estados Unidos se celebrará el 17 y 18 de febrero en la ciudad suiza de Ginebra, tras la aceptación del presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, a una propuesta de Washington para retomar el diálogo.
El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, informó que “la próxima ronda de negociaciones sobre un acuerdo en Ucrania tendrá lugar en formato trilateral ruso-estadounidense-ucraniano el 17 y el 18 de febrero en Ginebra”, luego de adelantar previamente que los contactos se realizarían la próxima semana. Añadió que la delegación rusa estará encabezada por Vladimir Medinski, quien ya participó en conversaciones anteriores en Estambul. Las conversaciones buscan avanzar en un posible acuerdo que ponga fin a la invasión rusa iniciada en febrero de 2022 por orden del presidente Vladimir Putin.
Según Zelenski, el nuevo encuentro se centrará principalmente en el futuro de los territorios del este y sureste de Ucrania actualmente bajo control ruso. El mandatario ucraniano también reveló que sobre la mesa figura una propuesta de Washington para establecer en el Donbás una zona franca que permita el comercio libre y funcione como área de amortiguamiento.
Hasta ahora se han realizado dos rondas trilaterales en Emiratos Árabes Unidos, donde se logró un intercambio de más de 300 prisioneros de guerra, aunque sin avances políticos significativos.
La nueva cita en Ginebra se produce en medio de esfuerzos diplomáticos por reactivar el diálogo y reducir la escalada del conflicto, en un escenario internacional marcado por tensiones geopolíticas y presión para alcanzar un entendimiento sostenible.
La decisión del COI de expulsar de los Juegos de Milán Cortina al atleta ucraniano de skeleton Vladyslav Heraskevych, abanderado de su país, por utilizar un casco con fotografías de deportistas asesinados por Rusia, es la última de las polémicas surgidas en los JJ.OO de Invierno.
El atleta, readmitido por el COI tras la controversia, aunque sin poder competir es la enésima muestra de que las normas olímpicas sobre neutralidad política, el dopaje y la conducta de los atletas siguen siendo fuente constante de debate y sanciones, con decisiones que en muchos casos han marcado la historia del olimpismo moderno.
Esta es una relación de los casos más destacados.
Las reglas del COI sobre propaganda política, dopaje y conducta de los atletas han generado expulsiones y descalificaciones desde comienzos del siglo XX. Uno de los primeros casos ocurrió en Estocolmo 1912, cuando el estadounidense Jim Thorpe fue despojado de sus medallas de oro en pentatlón y decatlón por haber jugado béisbol profesional. El COI restituyó sus títulos en 1983, décadas después de su muerte.
En México 1968, John Carlos y Tommie Smith fueron expulsados por alzar el puño en el podio en apoyo al movimiento Black Power. Ese mismo año, el sueco Hans-Gunnar Liljenwall protagonizó la primera descalificación por dopaje al dar positivo por alcohol en pentatlón moderno.
El dopaje volvió a sacudir los Juegos en Seúl 1988 con el canadiense Ben Johnson, despojado del oro en los 100 metros por uso de esteroides. En Sidney 2000, el equipo español de baloncesto para discapacitados intelectuales fue descalificado al comprobarse que diez de sus doce jugadores no tenían discapacidad, uno de los mayores fraudes en la historia paralímpica.
En Pekín 2008, el británico Dwain Chambers fue excluido por antecedentes de dopaje, mientras que el COI prohibió a atletas españoles portar un crespón negro por el accidente aéreo de Spanair, aplicando estrictamente la regla que veta símbolos políticos.
Londres 2012 también dejó múltiples controversias, como la descalificación de varias medallistas en 1,500 y 800 metros por dopaje, entre ellas Asli Çakir y Ekaterina Guliyev. Además, el surcoreano Park Jong-woo fue excluido de la premiación tras mostrar una pancarta con el mensaje «Dokdo es nuestro territorio».
A partir de Río 2016 se destapó el programa ruso de dopaje de Estado vinculado a los Juegos de Sochi 2014, lo que derivó en sanciones históricas y la participación de atletas rusos bajo bandera neutral. En Tokio 2020 volvió a discutirse la regla 50 de la Carta Olímpica, que prohíbe manifestaciones políticas o religiosas en sedes olímpicas.
En París 2024 también se registraron sanciones, como la descalificación de la afgana Manizha Talash por exhibir el mensaje “Free Afghan Woman”, la sanción al serbio Nemanja Majdov por santiguarse antes de competir y la pérdida del oro del español Yassine Ouhdadi tras una sanción por dopaje.
Ahora, en Milán Cortina 2026, el caso de Heraskevych coloca nuevamente al COI en el centro de la discusión sobre los límites entre libertad de expresión y neutralidad política en el deporte, en un contexto marcado por la guerra en Ucrania y la participación de atletas bajo estrictas condiciones simbólicas.
La polémica confirma que, más allá de la competencia deportiva, los Juegos Olímpicos continúan siendo escenario de tensiones políticas, éticas y reglamentarias que influyen directamente en el desarrollo y la imagen del movimiento olímpico moderno.
El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, reiteró este miércoles que no convocará elecciones mientras no existan “todas las garantías de seguridad adecuadas”, en medio de los rumores sobre una supuesta fecha electoral fijada para el 24 de febrero, coincidiendo con el segundo aniversario del inicio de la invasión rusa.
Zelenski calificó como “una idea absolutamente estúpida” utilizar esa fecha simbólica para anunciar unos comicios. “No se pueden anunciar elecciones, ningunas elecciones, el 24 de febrero”, zanjó el mandatario en declaraciones recogidas por la agencia Ukrinform.
Explicó que bastaría con un alto el fuego para poder iniciar un proceso electoral, aunque aseguró que esta iniciativa ha sido planteada más por “algunos socios” internacionales que por el propio Gobierno ucraniano. A pesar de ello, afirmó que están “listos” para votar, siempre que existan condiciones seguras para todos los ciudadanos.
El presidente negó, además, que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lo esté presionando para acelerar una convocatoria electoral como condición para continuar el apoyo internacional en materia de seguridad.
Zelenski expresó su esperanza de lograr un acuerdo antes del verano, aunque subrayó que todo dependerá de la disposición de Rusia a cesar los ataques y de la capacidad de presión que ejerza Estados Unidos en las próximas semanas.
Según el Financial Times, durante una reciente reunión entre representantes de Kiev y Washington se negoció la posibilidad de celebrar elecciones el 15 de mayo, fecha en la que también se realizaría un referéndum sobre un posible acuerdo de paz con Rusia.
En paralelo, Zelenski confirmó que están abiertos a participar en una nueva ronda de negociaciones trilaterales entre Ucrania, Estados Unidos y Rusia. Aunque aún no se define la sede, se mencionan ciudades como Abu Dabi o Miami para el 17 o 18 de febrero. “No nos importa dónde nos encontremos, lo importante es que haya un resultado”, comentó el jefe de Estado.
El presidente ucraniano descartó tajantemente Moscú como posible sede de las conversaciones, tras una propuesta del Kremlin en ese sentido. “No puedo negociar con Putin en Moscú, la capital del país agresor. Estamos dispuestos a reunirnos en cualquier territorio: América, Europa, países neutrales, cualquier Estado, excepto la Federación Rusa y Bielorrusia”, sentenció.
Las Fuerzas Armadas de Ucrania estiman que el Ejército de Rusia suma cerca de 1.25 millones de bajas en combate —entre muertos y heridos— desde el inicio de la invasión en febrero de 2022, una cifra que Moscú no ha corroborado y que no contrasta con datos oficiales rusos, ausentes desde hace meses.
El Estado Mayor ucraniano detalló en sus redes sociales que “las pérdidas total en combate del enemigo entre el 24 de febrero de 2022 y el 11 de febrero de 2026 son de cerca de 1.249.380”, e indicó que 820 de esas bajas se habrían producido en las últimas 24 horas. Kiev usa estas cifras como referencia interna, aunque no puedan ser verificadas de manera independiente.
Según el mismo balance, las fuerzas rusas habrían perdido hasta ahora 11.661 carros de combate, 24.020 vehículos blindados de combate, 37.148 sistemas de artillería, 435 aviones, 347 helicópteros, 28 barcos y dos submarinos, datos que el Estado Mayor subraya como provisionales al señalar que “los datos están siendo actualizados”.
En el lado ucraniano, el presidente Volodimir Zelenski afirmó la semana pasada que el conflicto ha dejado más de 100.000 muertos en Ucrania, de los cuales 55.000 serían militares fallecidos en combate. “Hablamos de decenas de miles de muertes, más de 100.000. En Ucrania, oficialmente en el campo de batalla, el número de soldados muertos, ya sean militares de carrera o personas movilizadas, es de 55.000. Hay un gran número de personas que Ucrania considera desaparecidas”, declaró en una entrevista con la cadena francesa France 2.
La guerra, desencadenada por la orden de invasión del presidente ruso, Vladimir Putin, supera ya los tres años y medio de combates, con su epicentro en el este de Ucrania. En esa zona, las tropas rusas han logrado avances en los últimos meses, mientras los esfuerzos diplomáticos internacionales para forzar un alto el fuego y un acuerdo de paz siguen sin resultados tangibles.
La invasión rusa de Ucrania y el cambio de prioridades en la política exterior de Estados Unidos —acentuado por el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca— han reactivado con fuerza un viejo debate en Europa: ¿debe la Unión Europea crear su propio ejército?
Varios gobiernos, incluido el de España, han expresado su respaldo a esta idea. Sin embargo, la falta de claridad sobre su alcance real y la ausencia de voluntad política concreta han dejado la propuesta anclada en la retórica.
“¿Qué se entiende por ejército europeo?”, se pregunta el investigador Félix Arteaga, del Real Instituto Elcano. “¿Un ejército de la UE? ¿De países europeos? ¿Incluye al Reino Unido y Noruega? ¿O solo una ‘coalición de los que quieren y pueden’?”, cuestiona, evidenciando que ni siquiera hay consenso sobre el concepto.
Por su parte, Rafael Martínez, del CIDOB, advierte que un ejército común implicaría responder a una pregunta clave: ¿sería una única fuerza supranacional o una estructura paralela a los ejércitos nacionales? “¿Vendrían los finlandeses a defender Ceuta y Melilla?”, plantea.
Cuatro modelos posibles para un ejército europeo
Según Martínez, podrían existir cuatro formas distintas de concretar esta iniciativa:
Un ejército único e intergubernamental, en el que los gobiernos mantengan control político. Sería, a su juicio, el modelo más ineficaz.
Un ejército único y común, bajo mando de las instituciones europeas, lo que implicaría renunciar a la soberanía nacional en defensa.
Un ejército no único e intergubernamental, basado en contribuciones voluntarias, similar a los actuales ‘battlegroups’ que nunca se han activado.
Un ejército no único pero común, creado desde cero y bajo control europeo. Esta opción tendría mayor viabilidad técnica, aunque también requeriría una fuerte inversión y coordinación.
Militares alemanes en un ejercicio militar.
Obstáculos estructurales y culturales
Entre los principales desafíos se encuentra la heterogeneidad de los ejércitos nacionales, sus doctrinas, niveles de inversión, equipos y hasta culturas de defensa.
“La defensa sigue siendo un bastión de la soberanía nacional”, apuntan los expertos. Además, la existencia de la OTAN como garante de la seguridad europea ha frenado durante décadas el impulso de una estructura militar propia.
Sin embargo, las declaraciones de Trump sobre el compromiso de EE.UU. con la defensa europea han provocado incertidumbre. “Si EE.UU. se retirara de Europa, habría que actuar con rapidez”, advierte Arteaga.
La seguridad preocupa, pero no moviliza
El último Eurobarómetro muestra que el 84% de los españoles se dice preocupado por los conflictos armados cerca de Europa, frente al 72% de media comunitaria. A pesar de este dato, el respaldo electoral a un ejército europeo no es firme, y las operaciones militares siguen teniendo ‘mala venta’ política, como lo resume Arteaga.
“Hablar de ejército europeo es una forma de escalar el problema a nivel de la UE y evitar el desgaste nacional”, considera. Pero si no hay acuerdo para desplegar una fuerza de reacción rápida de 5.000 efectivos, se pregunta: “¿cómo se pondrán de acuerdo para crear un ejército europeo, que es una estructura mucho más ambiciosa?”
La idea de un ejército europeo sigue siendo más una aspiración simbólica que una política concreta. Para los analistas, se trata de una respuesta más emocional que práctica, impulsada por las tensiones geopolíticas actuales pero carente de hoja de ruta clara.
Mientras tanto, Europa sigue confiando en la OTAN como pilar de su defensa, aunque las circunstancias obligan a reflexionar sobre su autonomía estratégica. Si el contexto cambia, puede que lo que hoy parece una quimera, mañana se vuelva una necesidad urgente.
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, aseguró este sábado que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha puesto como fecha límite el mes de junio para que Ucrania y Rusia alcancen un acuerdo de paz, antes de que la administración estadounidense enfoque su agenda política en las elecciones legislativas de noviembre.
“Estados Unidos nos ha dicho que quieren que todo esté listo para junio. ¿Por qué? Porque sus cuestiones internas tienen un impacto y, desde luego, cobrarán más relevancia para ellos”, afirmó Zelenski durante una reunión con periodistas ucranianos.
El mandatario reconoció que la Casa Blanca priorizará a partir de ese mes los temas electorales, sobre todo el control del Congreso, un escenario que podría modificar el enfoque internacional del gobierno republicano.
Zelenski asumió que el enfoque político de Washington cambiará conforme avance el calendario electoral.
“Entendemos que dedicarán todo su tiempo a los procesos internos, como las elecciones, y a cambiar el clima social”, agregó, aludiendo a un posible desgaste para el partido de gobierno si los resultados legislativos no le son favorables.
Desde hace meses, el gobierno ucraniano ha propuesto lo que Zelenski calificó como un “plan de secuencia realmente claro” para avanzar en las negociaciones de paz con Moscú. Sin embargo, no descartó que el presidente Trump proponga una vía más directa, presionando a ambas partes para firmar los acuerdos clave de manera simultánea.
Trump se enfoca en su base electoral
La postura del presidente de Estados Unidos busca cerrar cuanto antes el conflicto europeo, que se ha extendido por más de dos años, y liberar a su administración del compromiso militar y diplomático con Ucrania de cara a las legislativas, donde se juega el control del Congreso y el fortalecimiento de su proyecto político nacional.
Aunque no se han revelado detalles sobre el tipo de acuerdos que Washington espera, la Casa Blanca ha dejado entrever que el apoyo estadounidense podría condicionarse al avance de negociaciones concretas entre Kiev y Moscú.