Las tortillas y los almuerzos son los que más subieron de precio en agosto, según el último informe del Índice de Precios al Consumidor (IPC).
El documento, divulgado por el Banco Central de Reserva (BCR) a finales de septiembre, señala que las tortillas marcaron el mayor incremento de precios anual, tras un alza de un 0.17 %.
Según los informes del BCR, este fue el tercer mes consecutivo en el que las tortillas marcaron el mayor incremento en el costo de los productos y servicios que se comercializan en El Salvador.
El primer mes en el que subió de precio fue junio, cuando marcó un alza de 0.07 %, para julio el alza rondó los 0.08 %, mientras que en agosto se marcó la mayor tasa anual.
Los reportes de la Defensoría del Consumidor confirman que el costo del quintal de maíz, fundamentales para las tortillas, tuvo un incremento de $11.01 entre la semana del 27 de enero al 2 de febrero de 2025, y la semana del 18 al 24 de agosto. Durante la última semana del octavo mes del año el quintal alcanzó los $31.40, un 54 % por arriba que a inicios de febrero.
Incrementos
El segundo mayor incremento se reportó en los almuerzos, tras un alza de 0.16 %, seguido del alquiler de la vivienda, con un 0.12 %; el pago a albañilería, en un 0.09 % y el costo de un abogado, en 0.07 %.
El aumento en el costo de los almuerzos se da pese a que los niveles de inflación se mantienen en negativo en general, luego de posicionarse con un -0.11 % en agosto pasado.
De hecho, la deflación de agosto fue el resultado de la caída de precios en el transporte y alimentos, así como el pago por muebles y artículos para el hogar.
En sentido contrario, los tomates y las papas son los que más bajaron de precio en agosto, al reportar una reducción de 0.30 % y de 0.26 %, según el BCR.
Entre los mayores descensos también está la gasolina regular y la especial, con 0.13 % cada uno. El Banco Central también confirmó una baja de un 0.11 % en el costo de los güisquiles.
El Banco de la República de Colombia anunció la cancelación anticipada de la Línea de Crédito Flexible (LCF) que mantenía con el Fondo Monetario Internacional (FMI), tras la suspensión del acceso a estos recursos por parte del organismo internacional.
El acuerdo con el FMI, aprobado en abril de 2024, tenía un plazo de dos años y un monto estimado en 6,133.5 millones de Derechos Especiales de Giro, equivalentes a unos $8,100 millones. Esta línea había sido concebida como una herramienta preventiva para enfrentar choques externos, según explicó el gerente del Banco Central, Leonardo Villar.
Según Villar, Colombia ya no requiere de este respaldo debido a que su nivel actual de reservas internacionales es “adecuado”, alcanzando los $65,000 millones. Además, aseguró que la cancelación no afecta los pagos pendientes de un desembolso anterior aprobado en 2020, cuya última cuota está prevista para diciembre de 2025.
La cancelación del acuerdo fue anunciada un día después de que el FMI publicara las conclusiones de la consulta del Artículo IV, una revisión periódica sobre la economía colombiana. En el informe, el Fondo destacó “la resiliencia de la economía” y la reducción de la pobreza en el país sudamericano.
El FMI también valoró positivamente la política monetaria restrictiva del banco central, la cual ha sido clave para controlar la inflación. No obstante, advirtió sobre el “deterioro” de las finanzas públicas y la incertidumbre provocada por las políticas internas, agravadas por la suspensión temporal de la regla fiscal hasta 2027.
En ese contexto, los directores del FMI instaron a las autoridades colombianas a implementar “acciones decididas y realistas” que permitan consolidar las finanzas del país. “Esto contribuiría a volver a anclar las expectativas, reducir los costos de endeudamiento y mejorar la combinación general de las políticas”, señala el documento.
Respecto a las proyecciones, el FMI estima que Colombia crecerá 2.5 % en 2025, pero advierte que el ritmo será más lento en los años siguientes debido a los ajustes fiscales. La inflación, por su parte, se proyecta en 4.5 % este año y descendería al 3 % en 2027.
Para asegurar el crecimiento a largo plazo, el FMI recomendó avanzar en reformas orientadas a mejorar la productividad, ampliar la participación en la fuerza laboral y diversificar la estructura económica del país.
El presidente argentino Javier Milei reconoció este sábado que la reciente devaluación del peso argentino, que acumula una caída del 10 % frente al dólar estadounidense solo en lo que va del mes, podría trasladarse a los precios y afectar negativamente al nivel de actividad económica del país.
Durante una entrevista con Radio Mitre, el mandatario explicó que «se volatilizó la demanda de dinero», lo que podría tener consecuencias inflacionarias si esta disminución responde a una menor necesidad de dinero para transacciones diarias.
“En ese caso podría ir a precios y también impactar en el nivel de actividad”, advirtió Milei.
La inestabilidad financiera se refleja también en los mercados: el índice S&P MerVal registra una baja del 15 % en septiembre, mientras que los bonos soberanos en dólares han caído entre 21 % y 29 %, y el riesgo país de Argentina ha subido cerca de un 74 % en el mismo período.
En un intento por frenar la creciente presión sobre el tipo de cambio del dólar hoy en Argentina, el Banco Central vendió 1.110 millones de dólares entre el miércoles y el jueves, con el objetivo de contener la cotización de la divisa norteamericana.
Milei aseguró que su administración está trabajando en la creación de un “sistema financiero anticorridas” para evitar crisis cambiarias futuras. Además, confirmó los esfuerzos por asegurar los pagos de deuda externa para 2026, destacando que en enero y julio del próximo año se deben desembolsar más de 8.000 millones de dólares.
Asimismo, el presidente ratificó el avance en las negociaciones con el Tesoro de Estados Unidos para obtener un nuevo préstamo internacional que permita fortalecer las reservas argentinas y brindar estabilidad.
Revés electoral y escándalo de corrupción
El impacto en los mercados también se agravó tras el revés electoral del oficialismo en las elecciones legislativas de la provincia de Buenos Aires el pasado 7 de septiembre. La derrota en el distrito más poblado del país encendió las alarmas de cara a los comicios legislativos nacionales del 26 de octubre.
A pesar del resultado, Milei se mostró confiado: “Las distritales nunca fueron un buen predictor de las nacionales”.
Por otro lado, el presidente fue consultado sobre el escándalo de corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad, tras la difusión de audios atribuidos a su exdirector, Diego Spagnuolo, en los que describe un presunto esquema de sobornos en el que habría estado involucrada Karina Milei, hermana del presidente y secretaria general de la Presidencia.
Milei defendió a su hermana y descartó tensiones internas en su gobierno. “Si Spagnuolo tenía esa certeza de corrupción, debía denunciarlo. No hay peleas internas, y Santiago Caputo no fue quien filtró los audios”, afirmó.
Este domingo, el mandatario viajará a Nueva York, donde participará en el Debate General de la Asamblea de las Naciones Unidas. En el marco de su visita internacional, Milei sostendrá encuentros con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu.
La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) anunció este miércoles una rebaja en los tipos de interés de un cuarto de punto porcentual, situando la tasa en un rango entre el 4 y el 4.25 %. Este ajuste representa el primer recorte monetario desde diciembre de 2024, en medio de un panorama económico marcado por la incertidumbre y el aumento de riesgos para el empleo.
Después de cinco reuniones consecutivas sin cambios, el organismo presidido por Jerome Powell retoma la senda de los recortes que ya había iniciado en septiembre de 2024, cuando bajó el precio del dinero en tres ocasiones consecutivas. La Fed justifica su decisión en una ralentización del crecimiento económico y del empleo, así como en el repunte reciente de la inflación.
“Los indicadores recientes sugieren que el crecimiento de la actividad económica se moderó en la primera mitad del año. La creación de empleo se ha ralentizado y la tasa de desempleo ha subido ligeramente, aunque sigue siendo baja. La inflación ha subido y se mantiene algo elevada”, señaló la entidad en su comunicado oficial.
El Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) afirmó que la incertidumbre sobre las perspectivas económicas sigue siendo alta, por lo que permanecerán atentos a los datos macroeconómicos, en especial aquellos relacionados con el mercado laboral y la evolución de los precios.
Flexibilidad ante nuevos riesgos
La Reserva Federal aseguró que está “preparada” para realizar ajustes adicionales si las condiciones lo exigen. Para ello, monitoreará las expectativas de inflación, el comportamiento del empleo y los posibles efectos de eventos financieros internacionales.
En cuanto a la política de balance, el banco central mantendrá su estrategia de reducción gradual. Continuará reinvirtiendo el principal de la deuda vencida, salvo una excepción de $40,000 millones mensuales en bonos del Tesoro y valores respaldados por hipotecas.
La decisión no fue unánime. El nuevo miembro del FOMC, Stephen Miran, quien reemplazó a Adriana Kugler, votó a favor de un recorte más agresivo de 50 puntos básicos. Miran fue nombrado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y es partidario de políticas monetarias más expansivas.
Esta discrepancia resalta la tensión entre Jerome Powell y Trump, quien ha insistido en rebajar los tipos de interés de forma más drástica. Otros miembros afines a esta visión, como Michelle Bowman y Christopher Waller, respaldaron la rebaja de 25 puntos básicos.
Bowman fue nominada por el actual presidente republicano, mientras que Waller figura como uno de los posibles candidatos para suceder a Powell cuando su mandato expire en mayo de 2026.
El Ministerio de Economía (Minec) descartó este martes que la deflación que el país ha percibido los últimos cinco meses represente un riesgo económico.
La ministra del ramo, María Luisa Hayem, dijo que la inflación negativa ha aliviado las preocupaciones de los salvadoreños, que por varios meses tuvieron que pagar más caro productos y bienes como los alimentos.
“Si estamos hablando en los niveles de inflación negativa, como los estamos viendo en este momento, no lo vemos como un riesgo”, indicó Hayem durante la entrevista de Frente a Frente.
La funcionaria aseguró que, si los niveles de deflación se profundizan, deberían observar el fenómeno; sin embargo, descartó que a corto plazo se observe un incremento de la inflación negativa.
La ministra recordó que la última actualización de la variable evidenció una deflación de -0.11 en agosto de 2025.
Dentro de las 12 categorías que conforman el indice general de inflación, alimentos y bebidas no alcohólicas, prendas de vestir y calzado, junto al sector de muebles, artículos para el hogar y para la conservación ordinaria, reflejaron una reducción en los costos.
La misma situación replicaron los rubros de transporte, comunicaciones, recreación y cultura.
“Estamos hablando de -0.1 % las cifras que estamos manejando y eso es una buena noticia, especialmente si recordamos esos niveles de inflación que vivimos hace varios años en los cuales como gobierno entramos para proteger los bolsillos de la población”, indicó Hayem.
La funcionaria aseguró que la estabilización de la inflación, tras llegar a picos de 7.76 en junio de 2022, ha permitido al gobierno “enfocar sus esfuerzos” en otras estrategias como la atracción de inversiones.
¿Qué ocurre?
Según el Minec, la reducción en los niveles de inflación están relacionadas con las medidas que el gobierno tomó, como el fortalecimiento de los agromercados, los cuales “ayudaron a que los productos importantes para la canasta básica llegaran al territorio”.
Hayem dijo que la influencia también viene por el lado del subsidio que se otorgó para la estabilización del precio del gas licuado de petróleo (GLP) y que sigue vigente.
La Secretaría Ejecutiva del Consejo Monetario Centroamericano (Secmca) también descartó la semana pasada que la deflación registrada en El Salvador, Costa Rica y Panamá esté ligada a problemas económicos.
La Secmca puntualizó en que la caída de la inflación, tanto en El Salvador como en Costa Rica, se debe a factores internos que deberá normalizarse en los próximos meses.
En el caso de la economía salvadoreña, el descenso está relacionado con la reducción de costos de alimentos, mientras que en Costa Rica a la caída sustancial de los precios energéticos.
La Secretaría Ejecutiva del Consejo Monetario Centroamericano (Secmca) descartó que la deflación sufrida en El Salvador, Costa Rica y Panamá se trate de un problema económico y aseguró que se trata más de un ajuste tras un episodio de altos precios.
El Salvador acumula cuatro meses en deflación luego de cerrar agosto en -0.11 %. También Costa Rica tiene cuatro meses en negativo y reportó un -0.94 % en agosto, mientras que Panamá tuvo -0.64 % a julio.
Odalis Francisco Marte Alevante, secretario de la Secmca, explicó que la caída de precios en la economía salvadoreña y la costarricense responde a una combinación de factores internos, que debería normalizarse en los próximos meses.
“En la medida en que esto no sea sostenible, por un período muy largo, no debería preocuparnos, es más bien una reacción del sistema de precios interno, que hay cambios en precios tanto provenientes de choques internacionales como choques domésticos”, explicó durante la presentación del panorama económico de la región.
¿A qué se debe?
El funcionario indicó que la deflación en El Salvador responde más a la reducción en el costo de los alimentos, y en Costa Rica por una caída sustancial de los precios energéticos.
En El Salvador, la división de alimentos y bebidas no alcohólicas tiene una ponderación de un 26.28 % en la canasta de bienes y servicios incluidos en el Índice de Precios al Consumidor (IPC), de mayor tamaño y más sensible para la población.
De acuerdo con el Banco Central de Reserva (BCR), esta división acumula 11 meses en negativo y cerró en agosto pasado en -1.24 %.
Por su parte, el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) de Costa Rica reporta que en agosto los productos que más bajaron de precio fueron frijoles, paquetes turísticos al extranjero y gasolina.
Marte Alevante agregó que en Costa Rica también presiona a la baja el fortalecimiento del colón frente al dólar estadounidense desde mediados de 2022, lo cual se transmite al sistema de precios.
“En la medida en que este proceso se vaya normalizando, no hay problema. No es un problema en cómo va evolucionando la economía. No hay caída en la demanda porque son economías que están creciendo. Es más bien es una reacción de cómo la caída de precios relevantes, que tienen un peso importante en la canasta de consumo de estos países, se van asimilando en el sistema de precios y va produciendo caída de inflación”, añadió.
Perspectivas
El Consejo Centroamericano prevé que la región de Centroamérica y República Dominicana crezca en conjunto un 3.4 % entre 2025 y 2026, con una inflación que se mantendrá baja y estable en un 2.6 % en 2025 y un 3.4 % en 2026.
Para El Salvador, la institución prevé que la inflación se sitúe en un 1 % en 2025 y un 1.6 % en 2024.
Costa Rica, por su parte, registrará una tasa de un 0.4 % y un 2.8 % entre 2025 y 2026.
Estas proyecciones están sujetas a la evolución de la economía mundial, sobre todo el dinamismo de Estados Unidos y si endurece la política arancelaria, que podría elevar el costo de las materias primas.
El Salvador cerró con un Índice de Precios al Consumidor (IPC) de un -0.11 % en agosto, acumulando cinco meses consecutivos en deflación, informó este viernes el Banco Central de Reserva (BCR).
La deflación ocurre cuando hay una caída generalizada de precios en la economía, que en el caso de El Salvador comenzó en abril pasado y comienza a dar una señal de preocupación por si las tasas se profundizan y genera distorsiones en el mercado.
En El Salvador, el IPC está conformado por 248 artículos distribuidos en 196 bienes y 42 servicios de mayor demanda por la población. Estos se dividen en 12 categorías, de las cuales el sector de alimentos y bebidas no alcohólicas, y alojamiento, agua, electricidad y otros combustibles tienen mayor ponderación en la canasta.
De Centroamérica, también Costa Rica registra deflación, de -0.94 % a agosto según la actualización del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Inec), así como Panamá, cuyo último dato corresponde a un -0.64 % a julio.
Caída de precios
De acuerdo con el BCR, seis divisiones cerraron en negativo, cuya mayor caída se documenta en transporte de un -3.78 %. El registro de la institución confirma que este sector se ha mantenido en deflación desde noviembre de 2023.
Desde junio de 2023, la división de muebles, artículos para el hogar y para la conservación ordinaria del hogar se encuentra en negativo y en agosto pasado cerró en -1.25 %, mientras que alimentos y bebidas no alcohólicas acumula 11 meses en deflación, hasta colocarse en -1.24 %.
También se encuentra en negativo la división de prendas de vestir y calzado, de un -0.79 %; comunicaciones de un -3.78 %; y recreación y cultura con un -0.46 %.
Tasas positivas
Con una tasa de un 2.86 %, la división de restaurantes y hoteles tiene el mayor nivel inflacionario de la economía salvadoreña. Este sector es afectado principalmente por los altos costos de los contratos en servicios de alimentos y alojamiento, y el porcentaje de agosto pasado mostró un ligero aumento en relación con el 2.79 % de julio.
Eso deriva en que la división de alojamiento, agua, electricidad y otros combustibles tiene una inflación de un 2.21 %, al igual que bebidas alcohólicas y tabaco, de un 2.58 %.
Ambos sectores mostraron un desaceleramiento en relación con las tasas de julio, cuando fueron de un 2.38 % y un 3.23 %, respectivamente.
Educación mantiene una inflación de 0.46 %; bienes y servicios diversos con un 1.46 %, y salud de un 2.07 %.
El Salvador acumula cuatro meses en deflación, una situación que si se profundiza y toca otros renglones de la economía podría generar serios problemas.
De acuerdo con el Banco Central de Reserva (BCR), el Índice de Precios al Consumidor (IPC) cayó en deflación en abril con una tasa de -0.11 %, siguió mayo con -0.21 %, junio con -0.17 % y julio con -0.14 %. El último dato de agosto se publicará el viernes 5 de septiembre.
A diferencia de la inflación, cuando los precios suben, la deflación es lo contrario, hay una caída generalizada de los precios. La economía salvadoreña sufrió este fenómeno en algunos meses en 2019 y se mantuvo así durante todo 2020, el año de la gran crisis debido a la pandemia de covid-19.
Primeras consideraciones
Rommel Rodríguez, coordinador del Área de Macroeconomía y Desarrollo de la Fundación Nacional para el Desarrollo (Funde), sugiere revisar otras aristas de la economía para preocuparse o no si la deflación es dañina en las condiciones actuales de El Salvador.
El IPC en negativo ocurre al mismo tiempo que el Índice de Precios al Productor (IPP) acumula tres meses con una variación mensual negativa, mientras que el Índice de Volumen de la Actividad Económica (IVAE) no despega, con tasas de 0.60 % y 2.3 % entre enero y mayo.
En la camándula de aristas se encuentra el fuerte crecimiento de las remesas familiares de un 18.6 % tras superar los $5,700 millones en los primeros siete meses de 2025, un dinamismo que es atribuido al temor de los salvadoreños en Estados Unidos a la deportación y, por consiguiente, envían más dinero para tener un colchón de ahorro.
El ingreso masivo de remesas se refleja, en parte, en un fuerte crecimiento de un 15.9 % en la cartera de depósitos, que alcanzó los $18,193.8 millones a junio, según la Asociación Bancaria Salvadoreña (Abansa).
Por otro lado, el BCR reporta que seis de las 12 divisiones del IPC se encuentran en negativo, sobre todo en transporte (-2.12 %) y alimentos y bebidas no alcohólicas (-1.85 %).
En julio, la canasta alimentaria subió por un mayor costo en las raciones de frijoles y tortillas. /DEM
“Los precios, en términos generales, deberían estar cayendo y eso se debería estar traduciendo en una mayor capacidad adquisitiva de las personas para comprar, pero eso no necesariamente se está traduciendo en mayores compras y eso me hace pensar en el comportamiento de los depósitos, porque han tenido un comportamiento al alza bastante fuerte desde los últimos meses del año pasado”, añadió el economista.
Aunque en los números hay una caída generalizada, los salvadoreños pagan más por la canasta básica alimentaria (CBA), la cual subió $6.2 y se colocó en $190.79 en la zona rural en julio, el precio más alto desde octubre de 2023. Entretanto, la CBA urbana se encareció $2, hasta colocarse en $255.06.
Efecto FMI
Y si las remesas y los depósitos crecen a doble dígito, ¿por qué la demanda está decaída?
“Uno de los factores explicativos que yo encuentro es que el ajuste que se está implementando por parte del gobierno, a partir del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), está siendo bastante fuerte, eso podría haber afectado de alguna manera la demanda”, explicó Rodríguez.
La Administración de Nayib Bukele se comprometió a realizar un ajuste fiscal de 3.5 puntos porcentuales del PIB entre 2025 y 2027, priorizando recortes al gasto público. Esto se traduce en una menor demanda de bienes y servicios por parte del gobierno, además de aplicar despidos de personal en varias carteras.
El economista alertó que la economía salvadoreña podría entrar en terreno peligroso si la deflación se profundiza, mientras que la actividad económica no “levanta cabeza” que resienta la economía de los agentes privados.
“Ciertamente hay una caída en el nivel general de precios, pero muchos agentes económicos están encontrando dificultades para encontrar ingresos, entonces no han podido capitalizar esa caída de precios porque no tienen ingresos”, sostuvo.
La demanda, sin embargo, es clave para las empresas, sobre todo para los micro negocios y los productores. El problema se origina cuando cae y no hay gente consumiendo, porque usualmente las personas retrasan la compra de algún producto a la espera que los precios continúen cayendo.
Si el episodio de deflación se prolonga y con tasas más pronunciadas, la economía salvadoreña se podría enfriar, las empresas aplicar recortes de personal y comprar menos, generando un círculo dañino para la actividad y la atracción de inversiones.
Vistazo en la región
El Salvador no está solo en la región. Costa Rica acumula tres meses en deflación, hasta cerrar en -0.61 % en julio, y Panamá arrastra desde septiembre de 2024 y fue de -0.36 % en julio.
Laura Clavijo Muñoz, directora de investigaciones económicas, sectores y de mercado de Grupo Cibest, agregó un nuevo elemento al caldo de situaciones que han llevado a tres economías centroamericanas a deflación: China.
El gigante asiático vive desde inicios de 2025 un proceso de deflación que en alguna manera llega hasta los mercados centroamericanos.
“Eso es algo que podría pasar en algunos de nuestros países, que ahora esos productos chinos de plástico, juguetes, que ya tiene un arancel muy grande en Estados Unidos, empiecen a inundar mercados como el de Brasil y como los nuestros”, explicó la economista durante un foro con periodistas el pasado 19 de agosto.
La investigadora de Grupo Cibest, casa matriz de Bancoagrícola, aseguró que por el momento no considera que sea “algo muy grave” para la región, pero que se debe mantener bajo monitoreo.
Por cuarto mes consecutivo, El Salvador registró una deflación de un -0.14 % en julio pasado, según la última actualización del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Banco Central de Reserva (BCR).
La economía salvadoreña cayó en inflación negativa en abril pasado, cuando cerró con una tasa de un -0.11 %. Mayo siguió con un -0.21 % y junio con un -0.17 %.
¿Qué significa? La teoría económica explica que una deflación ocurre cuando hay una caída generalizada de los precios en la economía. Aunque parece inofensiva, los expertos advierten que, si se profundiza, puede generar problemas en la economía por un desincentivo en la demanda y menores ingresos en las empresas, que luego se traduce en una reducción de mano de obra.
Seis de las 12 categorías que conforman el IPC cerraron en negativo en julio, con transporte con la mayor tasa de deflación en -2.12 %. Fuentes del sector han explicado que uno de los motivos en la caída de precios se debe a los retrasos en el ingreso de vehículos, sobre todo las unidades usadas desde Estados Unidos, que llevó a que los comerciantes remataran los inventarios.
Alimentos y bebidas no alcohólicas, el rubro más sensible para los salvadoreños, acumula 10 meses en negativo luego de cerrar julio con -1.85 %.
Sin embargo, este indicador no se traduce inmediatamente en un alivio para el bolsillo de los salvadoreños, ya que la canasta básica alimentaria (CBA) acumula tres meses de constantes incrementos hasta ubicarse en $253.05 en junio pasado. Si bien es el valor más alto en 2025, es un 3.4 % más barata que los $262.1 del mismo mes del año pasado.
También la categoría de prendas de vestir y calzado cerró en -0.86 %; muebles y artículos para el hogar de un -0.77 %; recreación y cultura de -.1.14 %; y comunicaciones en -0.44 %.
Cómo le fue al resto de la economía
Después de tres meses de no registrar ninguna variación, el sector de educación registró una inflación de 0.46 % en julio.
También se observó un aceleramiento en la categoría de bebidas alcohólicas y tabaco, al pasar de un 2.97 % a un 3.23 % entre junio y julio, así como en alojamiento, agua y electricidad de un 2.09 % a un 2.38 %.
Salud cerró con una tasa inflacionaria de un 2.15 %, ligeramente por arriba del 2.06 % de junio.
Entretanto, hubo un freno en la inflación del sector de restaurantes y hoteles, ya que en junio mostró una inflación de un 3.29 % y en julio fue de un 2.79 %, al igual que bienes y servicios diversos de un 1.25 % (1.86 %).
El próximo gobierno de Bolivia, que será electo este domingo 17 de agosto, encontrará un país sumido en una crisis económica caracterizada por alta inflación, escasez de dólares, déficit fiscal crónico y bajo crecimiento, como resultado del agotamiento del modelo económico impulsado por el presidente Luis Arce.
El llamado “Modelo Económico Social Comunitario Productivo” fue instaurado por Arce durante su gestión como ministro de Economía en el gobierno de Evo Morales (2006-2019) y mantuvo un fuerte protagonismo estatal. En 2020, Arce prometió recuperar la economía boliviana tras la pandemia, luego de una caída del 8.74 % del PIB.
Bolivia logró una recuperación inicial con un crecimiento del 6.11 % en 2021. Sin embargo, en 2024 el crecimiento cayó al 0.73 %, retroceso que el actual Ejecutivo atribuye a protestas sociales lideradas por simpatizantes de Evo Morales, hoy enfrentado al gobierno.
Uno de los problemas más graves es la falta de divisas. Las reservas internacionales netas (RIN) se ubicaban en $3,148 millones en 2023, pero al primer semestre de 2025 cayeron a $2,807 millones, según el Banco Central de Bolivia (BCB), muy lejos del récord de $15,122 millones alcanzado en 2014.
La escasez de combustible se ha vuelto recurrente, con largas filas en gasolineras de todo el país. A esto se suma una inflación acumulada de 16.92 % entre enero y julio, muy por encima de la proyección oficial del 7.5 % para todo 2025.
El gerente del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), Gary Rodríguez, afirmó a EFE que el próximo gobierno heredará una economía con “bajo crecimiento y alta inflación, lo que configura un escenario de estanflación”, fenómeno que complica la solución de ambas variables simultáneamente.
Rodríguez señaló que Bolivia también enfrenta alta informalidad, baja recaudación, una deuda interna y externa considerable y escasa inversión privada. Hasta el 30 de junio, la deuda externa ascendía a $13,805.6 millones, equivalente al 25 % del PIB.
El especialista advirtió sobre una crisis en la balanza de pagos, con un déficit comercial de $506 millones en el primer semestre de 2025 debido a la caída en exportaciones de gas natural. A esto se suma una crisis energética por la reducción en la producción interna de gas y falta de dólares para importar combustibles.
El presidente Luis Arce ha rechazado hacer ajustes al modelo económico y ha culpado a legisladores opositores y aliados de Evo Morales por bloquear créditos externos que, según el Gobierno, ayudarían a importar gasolina y diésel.
Rodríguez cree que esos préstamos podrían aliviar el acceso a divisas, pero no resolverían el problema de fondo. Propone “un aluvión de dólares” para estabilizar la moneda y reactivar la economía, además de corregir el déficit fiscal y liberar totalmente las exportaciones.
También considera clave el uso de biotecnología en el agro boliviano, que podría compensar la caída de los ingresos por exportación de gas natural.