La Corte Suprema de Estados Unidos autorizó este viernes la suspensión de $4,000 millones destinados a programas de cooperación y ayuda exterior, fondos que el presidente Donald Trump había decidido retener y que previamente un tribunal de apelaciones había ordenado ejecutar antes del 30 de septiembre.
El fallo de la Corte se produjo tras una solicitud urgente de la Administración, que buscaba revertir la sentencia de un tribunal federal de apelaciones que exigía al Gobierno desembolsar $10,000 millones antes de fin de mes. La máxima instancia judicial dio la razón de forma cautelar al Ejecutivo, aunque aclaró que la resolución “no debe interpretarse como una decisión final sobre el fondo”.
El auto contó con el respaldo de seis jueces frente a la oposición de tres magistrados, quienes consideraron que el caso merecía un análisis más profundo en tribunales inferiores.
“Se debería haber permitido que los tribunales avanzaran y garantizar que esta importante cuestión recibiera la consideración que merece”, expresaron en su disenso.
En su argumentación, la Corte sostuvo que “los daños alegados a la conducción de la política exterior del Ejecutivo parecen superar los posibles daños enfrentados por los demandantes”.
La medida mantiene en pausa parte del recorte presupuestario que Trump implementó al llegar al poder, cuando anunció un ajuste de hasta $30,000 millones en programas de ayuda internacional.
El presidente estadounidense ha defendido en reiteradas ocasiones su decisión de reducir la cooperación exterior, alegando la necesidad de redirigir los recursos federales hacia proyectos internos. El fallo de la Corte Suprema representa un respaldo temporal a esa política, en un caso que aún deberá resolverse en el fondo.
El lunes 24 de julio de 1944, el Ministerio de Relaciones Exteriores de El Salvador le envió una nota al embajador estadounidense Walter Clarence Thurston (1894-1974). En ella le expresaba que “la opinión del Gobierno de El Salvador es la de que el Nuevo Orden que surja después de esta tremenda conflagración debe estar basado en la solidaridad e interdependencia de las Naciones todas, sin distinción de fuerza material ni territorial para lo cual será necesario extinguir todo espíritu imperialista, sea de orden político, económico y comercial, pues considera que sólo a base de respeto irrestricto a las soberanías, por débiles y raquíticas que sean, debe levantarse la futura estructura internacional. Opina, asimismo, el Gobierno de El Salvador, que tal estructura internacional debe asemejarse a la Sociedad de las Naciones, sin las deficiencias que ésta acusó en su existencia”.
El Salvador perteneció durante casi 25 años (1923-1937) a la Sociedad de Naciones, surgida tras la Primera Guerra Mundial, conflicto global en el que la más pequeña de las repúblicas centroamericanas adoptó una posición neutral. El 7 de septiembre de 1929, en la localidad suiza de Ginebra, el abogado y diplomático salvadoreño Dr. José Gustavo Guerrero fue el encargado de colocar la piedra fundacional del Palacio de las Naciones, futura sede de ese organismo internacional que cinco años más tarde sufriría un sobresalto con el reconocimiento salvadoreño al Imperio de Manchukuo fundado por las tropas japonesas en Manchuria (China).
El abogado y diplomático salvadoreño Dr. José Gustavo Guerrero en la colocación de la piedra fundacional del Palacio de la Sociedad de Naciones, en Ginebra, 7 de septiembre de 1929.
Aquella carta del gobierno salvadoreño al embajador Thurston obedecía a una consulta hecha por Estados Unidos respecto a los intereses salvadoreños en cuanto a lo que se esperaba como resultado de las conversaciones diplomáticas que Estados Unidos, la Unión Soviética, Gran Bretaña y China desarrollarían entre agosto y octubre de 1944 en los jardines de Dumbarton Oaks, en la capital estadounidense, cuyos resultados formaron las bases para el la convocatoria y desarrollo de la Conferencia de Paz en el puerto californiano de San Francisco. En ese sentido, el gobierno salvadoreño presidido por el general Andrés Ignacio Menéndez le daba continuidad a lo fijado por la dictadura del brigadier Maximiliano Hernández Martínez, cuando en enero de 1942 se adhirió a los principios fijados en la Declaración de las Naciones Unidas. En ese momento, las Naciones Unidas eran sinónimos de las decenas de países aliados en contra del Eje Berlín-Roma-Tokio.
Entre 1941 y 1943, el régimen martinista no dudaría en aceptar dos millonarios préstamos estadounidenses, orientados a la adquisición de nuevos armamentos y a la construcción del tramo nacional de la Carretera Interamericana o Panamericana, proyectada para que llegara desde Alaska hasta la Patagonia. Ambas iniciativas cumplían con los intereses de la defensa continental frente a los potenciales ataques del Eje y sus quintacolumnistas contra submarinos, barcos de guerra y mercantes e instalaciones estratégicas como el Canal de Panamá, aeropuertos, refinerías, puertos, etc.
En la madrugada del viernes 20 de octubre de 1944, ocurrió algo en San Salvador que dejó a la República de El Salvador en suspenso internacional. Un día antes, los gobiernos aliados firmaron un tratado de paz con Italia, pero la república salvadoreña no envió delegado y no suscribió ese instrumento internacional, por lo que el estado de guerra decretado por la Asamblea Legislativa el 10 de diciembre de 1941 aún persiste en su sentido legal. En esa madrugada del 21, un golpe de estado encabezado por el coronel Osmín Aguirre y Salinas derrocó al gobierno provisional del general Menéndez. Estados Unidos retiró al embajador Thurston -llegado al cargo en enero de 1943- y se negó a reconocer a ese régimen de facto, que se mancharía de sangre con la masacre de estudiantes en Ahuachapán en diciembre.
La situación de alejamiento de El Salvador de la esfera de las naciones aliadas concluyó el miércoles 21 de febrero de 1945, cuando el nuevo embajador estadounidense John Farr Simmons (1892-1968) le entregó sus cartas credenciales al coronel Aguirre y Salinas, en una ceremonia efectuada en el Salón de Honor de Casa Presidencial, en el barrio capitalino de San Jacinto. Aquel gesto no era un reconocimiento al gobierno golpista, sino a las elecciones presidenciales, en las que resultaron electos para la Presidencia y Vicepresidencia de la República el general Salvador Castaneda Castro y el médico Dr. Manuel Adriano Vilanova, ratificados en sus cargos mediante el decreto legislativo no. 2 del jueves 15 de febrero. Esos nuevos mandatarios tomaron posesión de sus cargos el primer día de marzo, con la aprobación estadounidense y el reconocimiento creciente de muchos países. Con la urgencia del caso, había que designar a las nuevas autoridades del gabinete y, además, atender una invitación hecha por el embajador Simmons.
El presidente y general salvadoreño Salvador Castaneda Castro, con uno de sus caballos en la Casa Presidencial del barrio capitalino de San Jacinto.
El viernes 2 y lunes 5 de marzo de 1945, sendos decretos del Poder Ejecutivo designaron al abogado Dr. Arturo Argüello Loucel como ministro de Relaciones Exteriores y al escritor y abogado Lic. Miguel Ángel Espino Najarro como subsecretario del ramo, con el veterano diplomático y jurisconsulto Dr. Vicente Reyes Arrieta Rossi como consultor del despacho y del Poder Ejecutivo en general. Una de las primeras acciones fue designar que los titulares, junto con el abogado Dr. Héctor Escobar Serrano, Carlos Adalberto Alfaro y Manuel Francisco Chavarría, fueran los delegados nacionales con plenos poderes en la Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y la Paz reunida en la capital mexicana. El Lic. Espino Najarro sería removido de la Subsecretaría de Relaciones Exteriores a fines de ese mismo mes.
Fotografía del abogado y diplomático salvadoreño Dr. Héctor Francisco David Castro Gomar, suministrada por el sistema de archivos y bibliotecas de la ONU, New York-Ginebra.
El acuerdo del Poder Ejecutivo no. 52 del lunes 19 de marzo de 1945 designó al abogado y diplomático Dr. Héctor Francisco David Castro Gomar (San Salvador, 24/4/1894-San Salvador, 01/4/1973) como embajador extraordinario y enviado plenipotenciario de El Salvador en los Estados Unidos. Con una experimentada hoja de trabajo en el servicio exterior salvadoreño, el Dr. Castro Gomar había renunciado a ese alto cargo el 6 de noviembre del año anterior, como una forma de silente protesta ante el golpe de estado liderado por el coronel Aguirre y Salinas. Como una de sus primeras designaciones en el cargo, el acuerdo del Poder Ejecutivo no. 61 del 3 de abril le ordenó al Dr. Castro Gomar que se incorporara como representante salvadoreño en la junta del Comité de Jurisconsultos de las Naciones Unidas (entiéndase, países aliados) que iniciaría reuniones el 9 de ese mes en la capital estadounidense, para desarrollar un anteproyecto de Corte Internacional de Justicia para someterlo el 25 de ese mismo mes ante el pleno de la Conferencia Internacional en San Francisco. En ese marco se produjo el fallecimiento de Franklin Delano Roosevelt (1882-1945), 32º Presidente de los Estados Unidos de América y uno de los principales líderes de la lucha contra el Eje y sus quintacolumnistas en América Latina, que lo llevó a ordenar la intervención de bienes y la captura y concentración de alemanes, italianos y japoneses en campos de detención en el sur estadounidense, algo que el régimen martinista salvadoreño cumplió a cabalidad en febrero de 1942, como unas de sus primeras acciones como parte de las naciones aliadas contra el fascismo italiano, el nacionalsocialismo alemán y el expansionismo japonés.
Acuerdo del Poder Ejecutivo que nombró a la delegación salvadoreña a la Conferencia Internacional del puerto californiano de San Francisco.
Ese mismo 3 de abril, el acuerdo ejecutivo no. 62 dio un paso trascendental al designar a la representación de El Salvador que debía asistir a la Conferencia Internacional en San Francisco. Como delegados con plenos poderes fueron designados los abogados Dr. Castro Gomar y José Antonio Quirós (San Miguel, 28/4/1888-San Miguel, 22/10/1969), así como al médico Carlos Leiva, un experto en tuberculosis y quien ya había fungido como ministro plenipotenciario y enviado extraordinario de El Salvador en los Estados Unidos a fines de la década de 1920 e inicios de la siguiente.
Como asistentes de esa delegación fueron nombrados José Valle en su carácter de encargado de Prensa y José Francisco Mixco, Director General de Presupuesto del gobierno salvadoreño, a quien se le otorgó una licencia con goce de sueldo para que pudiera cumplir con esa designación, en la que delegaciones de 50 países se reunirían entre el miércoles 25 de abril y el histórico martes 26 de junio de 1945 para trazar las líneas del futuro planetario cuando finalizaran los recios combates en los teatros de operaciones de los frentes europeo, africano y surasiático de la Segunda Guerra Mundial.
Para entonces, el gobierno del general Castaneda Castro ya había aceptado la renuncia interpuesta en octubre de 1944 por el coronel José Arturo Castellanos como cónsul general salvadoreño en Ginebra. Durante dos años y sin darle mayor información a los sucesivos gobiernos de Hernández Martínez y Menéndez, ese militar y diplomático había conducido una operación para suministrar unos inventados certificados salvadoreños nacimiento a más de 50,000 personas perseguidas en diversas partes de la Europa ocupada por los nazis, cientos de las cuales acabaron sus vidas en campos de detención y exterminio. Algunos de esos documentos salvadores llegaron tan lejos como Macao, una antigua posesión portuguesa en China. Ese tipo de gestos solidarios no sería olvidado a la hora de discutir el futuro del mundo en San Francisco, donde el derecho internacional humanitario tendría mucho que decir tras los exterminios masivos de carácter genocida, los bombardeos indiscriminados contra población civil y otros crímenes violatorios de los Tratados de Ginebra para la humanización de las guerras.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este martes que Ucrania, con el respaldo de la Unión Europea, tiene la capacidad de recuperar todos los territorios ocupados por Rusia. La declaración supone un giro en su postura, tras meses intentando mediar para alcanzar un acuerdo de paz entre Kiev y Moscú.
“Ucrania tiene un gran espíritu y cada vez mejor. Ucrania podrá recuperar su país en su forma original y, quién sabe, ¡quizás incluso ir más allá!”, escribió el mandatario en la red Truth Social. Trump añadió que el Kremlin enfrenta una crisis económica severa y que “este es el momento de que Ucrania actúe”.
Las declaraciones se produjeron después de que Trump se reuniera en Nueva York, durante la Asamblea General de la ONU, con el presidente ucraniano Volodímir Zelenski y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
El líder republicano admitió haber comprendido mejor la situación tras esos encuentros y sostuvo que “las fronteras originales desde donde comenzó esta guerra son una opción viable”.
Durante el encuentro, Trump también respaldó la posibilidad de que los países de la OTAN derriben aviones rusos si violan su espacio aéreo, como ha ocurrido recientemente en Polonia, Rumanía y Estonia.
“Sí, sí lo creo”, respondió al ser cuestionado por la prensa. Aunque no fue claro sobre si EE.UU. participaría directamente, reiteró que “apoyamos a la OTAN” y destacó el aumento en el gasto militar de los países miembros.
El presidente estadounidense sostuvo además que Rusia “lleva tres años y medio luchando sin rumbo en una guerra que una auténtica potencia militar debería haber ganado en menos de una semana”, lo que, a su juicio, convierte al régimen de Vladímir Putin en “un tigre de papel”.
También predijo un colapso interno en Rusia debido al descontento social y la escasez de combustible. “La economía rusa está en una situación terrible… se está desplomando”, concluyó.
El primer ministro de Qatar, Mohamed bin Abdulrahmán al Thani, aseguró el miércoles que el ataque israelí contra negociadores de Hamás en Doha “mató cualquier esperanza” de liberar a los rehenes retenidos en Gaza desde octubre de 2023.
En una entrevista con la cadena estadounidense CNN, Al Thani reveló que se reunió con una familia de los rehenes justo antes del bombardeo, el cual tuvo como objetivo a una delegación del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás).
Según el mandatario qatarí, el ataque ordenado por el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, destruyó el último canal activo de negociación. “Simplemente mató cualquier esperanza para esos rehenes”, afirmó.
Qatar, que ha ejercido como mediador en las negociaciones de alto al fuego entre Israel y Hamás, considera que la ofensiva israelí fue un acto deliberado para entorpecer los diálogos.
“Todo lo relacionado con la reunión era conocido por israelíes y estadounidenses. No hay justificación para considerar esto un encubrimiento del terrorismo”, explicó Al Thani, quien también criticó la postura israelí en las conversaciones: “Netanyahu ha estado perdiendo el tiempo y no hablaba en serio sobre nada”.
El primer ministro qatarí también anunció que su país está “reevaluando todo” respecto a su rol como mediador, y que actualmente sostiene una conversación “muy detallada” con la administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre cómo continuar el proceso diplomático. Asimismo, adelantó que próximamente se realizará una cumbre árabe-islámica para definir una respuesta regional frente a la ofensiva de Israel.
“Hay una respuesta que se dará desde la región. Actualmente se está consultando y debatiendo con otros socios. Espero algo significativo que disuada a Israel de continuar con este acoso”, aseguró Al Thani.
En respuesta a las declaraciones de Netanyahu, quien pidió a Qatar expulsar o arrestar a los líderes de Hamás, el primer ministro qatarí replicó que es el mandatario israelí quien debe comparecer ante la justicia internacional. “Es a él a quien busca el Tribunal Penal Internacional (TPI)”, dijo. Añadió que Netanyahu “está violando todas las leyes internacionales” y que no puede “dar lecciones sobre legalidad” mientras enfrenta una orden de arresto junto al exministro de Defensa, Yoav Gallant.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconoció que la ofensiva militar israelí sobre la Franja de Gaza, que ya ha dejado más de 63,000 palestinos muertos, está “perjudicando” seriamente la imagen internacional de su principal aliado en Oriente Próximo.
“Van a tener que acabar con esa guerra de una vez. Está perjudicando a Israel. Puede que estén ganando militarmente, pero no están ganando en el mundo de las relaciones públicas”, afirmó Trump en una entrevista con el portal estadounidense Daily Caller.
Trump recordó que “hace 15 años Israel era el grupo de presión más fuerte” en el Congreso, pero aseguró que hoy su influencia ha disminuido. “Tenían control total sobre el Congreso, y ahora ya no lo tienen. Me sorprende verlo”, comentó, mencionando a figuras progresistas como Alexandria Ocasio-Cortez como parte del cambio de percepción.
El mandatario defendió sus credenciales como aliado cercano de Israel. “Nadie ha hecho más por Israel que yo, incluyendo los recientes ataques a Irán que acabaron con esa cosa”, dijo en referencia a los bombardeos contra instalaciones nucleares iraníes a principios de junio.
Asimismo, lamentó que “la gente se olvidó del 7 de octubre, un día realmente horrible”, en referencia a los ataques de Hamás contra Israel, que dejaron 1,200 muertos y 250 secuestrados.
Trump subrayó que, aunque mantiene un fuerte apoyo de la comunidad israelí, Israel enfrenta hoy un escenario de creciente escepticismo, incluso entre jóvenes simpatizantes del movimiento Make America Great Again (MAGA), lo que podría impactar en el respaldo político dentro de Estados Unidos.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, confirmó este lunes que se presentará como candidato en las elecciones presidenciales de 2026, siempre que su estado de salud lo permita. En un encendido discurso, el mandatario arremetió contra figuras de la oposición, a quienes acusó de tener vínculos con Estados Unidos y de actuar en contra de los intereses nacionales.
Lula criticó a «líderes fascistas» brasileños que respaldan los aranceles impuestos por el expresidente estadounidense Donald Trump, y aseguró que esas posturas reflejan una traición a la patria.
“Estamos viviendo una excrecencia política: un tipo que hacía campaña envuelto en la bandera brasileña ahora está envuelto en la bandera de Estados Unidos y pidiendo impuestos contra Brasil”, afirmó, en referencia al diputado Eduardo Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro.
El presidente brasileño calificó a Eduardo Bolsonaro como “enemigo de Brasil” y extendió ese calificativo a todos aquellos que, según dijo, “piden sanciones directamente contra el pueblo brasileño”. Aunque el gobierno brasileño ha evitado confrontaciones con Washington, Lula anunció que fortalecerá los lazos comerciales con otros países para contrarrestar los efectos de los aranceles.
En ese sentido, reiteró que su administración continuará negociando la revocación de las tarifas impuestas a las exportaciones brasileñas, pero lo hará “con orgullo y soberanía, y permitiendo al pueblo brasileño recuperar sus símbolos nacionales”.
“Brasil ya no depende tanto de Estados Unidos; tenemos buenas relaciones con otros países. No olvidaré nuestras relaciones, pero tampoco olvidaré que dieron un golpe de Estado”, expresó Lula, en una referencia implícita al rol internacional en episodios pasados de inestabilidad política en su país.
Finalmente, el mandatario subrayó la importancia de impulsar una moneda alternativa al dólar para facilitar el comercio con otras naciones. “Estados Unidos es la economía más fuerte del mundo, pero queremos ser respetados por nuestro tamaño. Tenemos intereses estratégicos y no somos una república pequeña”, concluyó.
Estados Unidos, bajo la administración del presidente Donald Trump, oficializó este martes 22 de julio su salida de la Unesco, sumando así el quinto retiro de organismos o pactos multilaterales amparados por la ONU desde su regreso a la Casa Blanca. Las decisiones forman parte de una política exterior basada en el lema “EE.UU. primero”, que cuestiona abiertamente el rol y los objetivos del sistema de Naciones Unidas.
La vocera del Departamento de Estado, Tammy Bruce, justificó la salida afirmando que la Unesco “no responde a los intereses nacionales” y acusó al organismo de promover “causas sociales y culturales divisivas” alineadas con la “agenda globalista” de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Estados Unidos había retomado su participación en esta agencia apenas en 2023.
Entre las primeras decisiones adoptadas por Trump tras asumir la presidencia el 20 de enero de 2025 estuvo el retiro inmediato de la Organización Mundial de la Salud (OMS), entidad a la que acusó de estar “influenciada por China” y de actuar bajo intereses corporativos. Washington financiaba el 18 % del presupuesto total de la OMS, siendo su principal aportante.
Ese mismo día, Trump también anunció que EE.UU. saldría nuevamente del Acuerdo Climático de París, alegando que este pacto impone “cargas injustas” a la economía estadounidense. El mandatario ha mostrado escepticismo frente al cambio climático y mantiene su respaldo al uso de energías fósiles.
En febrero de 2025, el presidente Trump ordenó el retiro del país del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, señalando que este “mantiene un sesgo sistemático contra Israel” y es utilizado por países como Irán, China y Cuba “para encubrir sus propias violaciones a los derechos humanos”.
También el 4 de febrero, la Casa Blanca formalizó la suspensión del financiamiento estadounidense a la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA). Esta medida reafirmó una decisión previa del gobierno de Joe Biden en 2024, quien congeló los fondos tras denuncias de presuntos vínculos de empleados de la agencia con Hamás en el marco de la guerra en Gaza.
Con estas decisiones, Estados Unidos bajo Trump se ha desvinculado de cinco organismos clave de la ONU, marcando una ruptura profunda con la diplomacia multilateral. Las acciones reflejan una política exterior centrada en intereses nacionales, aun cuando implican el retiro de iniciativas globales de salud, derechos humanos, cultura, medio ambiente y