Un 35 % de los adultos mayores de 60 años aún trabajan en El Salvador

Un 35.1 % de los adultos mayores de 60 años aún trabajan en El Salvador, según datos de la Encuesta de Hogares y Propósitos Múltiples (EHPM) de 2024.

Según el gobierno, en 2024 había más de un millón de personas mayores de 60 años en El Salvador, de las cuales un 42.5 % corresponde a hombres y un 57.5 % a mujeres.

De esta cantidad, 354,703 personas aún trabajaban, un 35.1 % del total.

Dentro de la población mayor de 60 años ocupada, 221,449 fueron hombres y 133,254 fueron mujeres.

 

Población ocupada

Los datos  indican que un 51.7 % de los hombres mayores de 60 años aún trabaja en El Salvador.

A esta edad, según el esquema previsional actual, los hombres deberían iniciar el proceso para pensionarse; sin embargo, buena parte de los salvadoreños están obligados a continuar en el mercado laboral por diversas razones, como no contar con una pensión o que sus ingresos como trabajadores sean mucho más altos que la remuneración luego del retiro.

La “Ley integral del sistema de pensiones” establece como edad mínima para la jubilación de las mujeres los 55 años.

Según la EHPM, en El Salvador hay más de 760,934 mujeres mayores de 55 años, de las cuales un 29.1 %, 221,748 personas, aún están ocupadas.

Silvia Sánchez es parte de ese grupo de mujeres que ya superaron los 55 años y que continúa laborando por la necesidad de salir adelante.

Sánchez tiene 58 años y, a través del bordado a domicilio, logró sacar adelante a sus cinco hijos y apoyar a su esposo.

“Yo empecé en 1992 y fue mi primer y último empleo. ¿Por qué no busqué otro empleo? Primeramente por mis hijos y porque se daba la oportunidad de tener ese oficio y ahí me quedé”, indicó Sánchez.

A lo largo de los años, la trabajadora aprendió diferentes técnicas como de cables, panal y figuras.

Por cada pieza terminada, y dependiendo del dibujo que lleven, Sánchez recibe entre $1.50 y $3, una cantidad de dinero que no alcanza en medio de una “crisis económica”, a lo que se suma que cada pago se debe repartir generalmente a la mitad con otra persona que le ayuda con el cable de la prenda.

 

Sin pensión

Pese a lo duro que pueda ser el trabajo de bordado a domicilio, Sánchez está consciente que no puede quedarse de brazos cruzados cuando hay necesidades de ingresos en su hogar y sueña con que su hija menor se gradúe de la universidad.

Aunque sus ojos estén cansados y sus manos lastimadas por las agujas y la fuerza que ejerce, Sánchez continuará con la labor del bordado a domicilio para seguir apoyando a su esposo con los gastos del hogar.

“Fuera diferente (con una pensión) porque estuviera recibiendo solo el poquito que le dan a uno para estar apoyando, para salir de la situación económica”, acotó la bordadora.

Sánchez hizo un llamado al Ministerio de Trabajo y Previsión Social (MTPS) para apoyar a las bordadoras a domicilio y que se reconozca la labor del sector, porque pese a que muchas trabajan con empresas formales, son decenas las que no están contratadas, sin servicio a Seguro Social, a pensión y otro tipo de prestaciones.

Como resultado, muchas deben llegar a la edad de jubilación obligadas para obtener dinero para comer y sin esperanzas de retiro a futuro.

El Sindicato de Trabajadoras de Bordado a Domicilio de El Salvador (Sitrabordo) confirma que muchas mujeres adultas son obligadas a desistir de agarrar encargos de prendas porque la rapidez ya no es la misma. A cambio, las empresas instan a estas mujeres a buscar otras familiares más jóvenes que ocupen su lugar.

Obligadas por la necesidad, las adultas mayores deben laborar junto con otras bordadoras por menos ingresos, recibiendo de $0.20 a $0.30 por pieza.