Unas capas antidrones ayudan a hacer «invisibles» a los soldados ucranianos

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Un grupo de voluntarias en la ciudad de Kovel, al noroeste de Ucrania, fabrica capas antidrones que ayudan a proteger a soldados ucranianos de los ataques de aeronaves no tripuladas rusas equipadas con cámaras térmicas, un recurso que se ha convertido en una herramienta clave para la supervivencia en el frente.

Natalia Tjorzevska, profesora de lengua y literatura ucraniana y líder del colectivo de voluntarios Diyemo Vze (Actuamos ahora), explicó que el equipo dejó de fabricar otros suministros para concentrarse en estos ponchos debido al creciente protagonismo de los drones en la guerra.

«Solíamos fabricar diferentes tipos de objetos necesarios para nuestros soldados, pero ahora nos centramos en estas capas. Es una guerra de drones», explicó.

Las prendas están confeccionadas con materiales sintéticos de camuflaje y aislamiento térmico que reducen la emisión de calor del cuerpo humano, dificultando que las cámaras térmicas instaladas en los drones enemigos detecten a los militares durante sus desplazamientos hacia la línea de combate.

Según Tjorzevska, los soldados ya no pueden acercarse a sus posiciones en vehículos porque estos son destruidos con facilidad, por lo que deben recorrer largas distancias a pie, especialmente durante la noche, cuando el contraste térmico facilita su localización.

Olena Rizko, integrante del grupo de voluntarias, explicó que las capas pesan menos de un kilogramo y pueden colocarse en pocos segundos, permitiendo que los soldados reaccionen rápidamente cuando detectan la presencia de un dron. Además, el diseño también facilita el camuflaje durante el día gracias a patrones adaptados al terreno y a la estación del año.

Aunque algunas empresas privadas producen este tipo de equipamiento, las voluntarias aseguran que la demanda supera ampliamente la oferta y que los diseños desarrollados por los civiles suelen incorporar con mayor rapidez las recomendaciones enviadas por los propios militares desde el frente.

Hasta la fecha, el taller ha fabricado más de 2,000 capas y actualmente produce alrededor de 100 cada semana. De acuerdo con Tjorzevska, los ponchos también se utilizan para cubrir a soldados heridos mientras esperan ser evacuados y para permitir que quienes permanecen durante meses en fortificaciones puedan salir brevemente sin exponerse a los drones.

«Los drones vuelan por encima en enjambres y las posibilidades de sobrevivir son muy bajas si sales afuera sin protección. Nuestros chicos usan estas capas cuando necesitan salir, aunque sea un momento, porque no pueden estar bajo tierra todo el tiempo», dijo Tjorzevska.

Oleksandra Samoja, una contadora desplazada de Zaporiyia por los ataques rusos y cuyo esposo combate desde hace cuatro años, afirmó que el trabajo voluntario representa una forma de apoyar a quienes permanecen en el frente.

«Es nuestro deber hacer todo lo que podamos para ayudarles».

 

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