La secretaria general del Sindicato de Mujeres Bordadoras a Domicilio de El Salvador, Isabela Beltrán, afirmó este miércoles que el bordado no es un pasatiempo, como suele percibirse socialmente, sino un trabajo del que dependen centenares de familias salvadoreñas para subsistir.
Beltrán participó en un acto organizado por el sindicato español UGT en la ciudad mediterránea de Palma, donde subrayó las condiciones de precariedad en las que se ejerce esta labor en El Salvador. En declaraciones a medios, reconoció que antes desconocía que, como bordadora, tenía derechos laborales.
«Nos preguntaban si trabajábamos y decíamos que no, porque no sabíamos que lo que hacíamos era un trabajo», relató.
Explicó que gracias a la organización sindical, las bordadoras han tomado conciencia de que su actividad es productiva y sostiene su economía diaria. Sin embargo, advirtió que los ingresos son insuficientes, ya que pueden recibir alrededor de $80 al mes, monto que no cubre el costo de la canasta básica. «Sirve para sobrevivir el día a día, pero no alcanza», lamentó.
La dirigente denunció además presiones por parte de empresas que, según dijo, amenazan con retirar el trabajo a quienes decidan afiliarse a un sindicato o asociarse para defender sus derechos. Este clima de temor ha limitado la incorporación de más trabajadoras, con 209 afiliadas actualmente.
Beltrán indicó que más de 400 familias dependen directamente del bordado, aunque la cifra podría ser mayor. Aunque se considera una actividad predominantemente femenina, también hay hombres que la ejercen, muchos de los cuales no lo hacen público por vergüenza.
La investigación ‘Hilos de resistencia: cuerpos y vidas de las bordadoras a domicilio’, elaborada por Sindicalistas sin Fronteras ISCOD-UGT, documenta las condiciones laborales, físicas y psicosociales de estas trabajadoras, así como el impacto del trabajo a domicilio en su salud y la falta de protección laboral.

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