40.5 grados Celsius. ¡SOS! Nos estamos asando 

Literalmente nos estamos asando,  el calor es cada vez más insoportable y al parecer es un factor climatológico que a largo plazo y ante la desidia de las potencias mundiales no tiene marcha atrás, al menos mientras no haya conciencia ambiental en cada ciudadano ni una política de Estado que procure aminorar esta situación.

El viernes de la semana pasada se rompió el récord nacional de El Salvador, cuando la estación meteorológica instalada en Guija,  Santa Ana, registró 40.5 grados Celsius, siendo la temperatura más alta registrada oficialmente en el país. El récord anterior era de 40.2 grados Celsius, establecidos en 2016.

Los médicos han recomendado a la población hidratarse adecuadamente para no sufrir las consecuencias del calor, como pueden ser los desmayos por deshidratación  ro los choques de calor que pueden ser de fatales consecuencias. Hay que cuidar a los bebés, a los niños, a los adultos mayores y a quienes padecen enfermedades crónicas.

También se recomienda a la población, en general, a no exponerse al sol, especialmente entre 10:00 a.m. y 2:00 p.m. así como ventilar adecuadamente sus hogares y sus lugares de trabajo o estudio.

Obviamente hay factores o fenómenos que no pueden evitarse, como las arenas del Sahara, arrastradas por el viento desde África o la formación de olas de calor como consecuencia del cambio climático en el globo terráqueo por culpa de la industrialización y la falta de conciencia de algunos lideres del mundo, pero de manera individual si podemos poner nuestra minúscula participación para aminorar el sofocante calor.

Debemos proteger los bosques y los árboles, el Estado debe de desarrollar una estricta política de cuido ambiental y obligar a quienes derriban un árbol a sembrar y cuidar dos  o tres árboles frutales o de sombras. Muchas empresas constructoras siembran árboles, sin obligarse a cuidarlos hasta crecer. Cumplen un compromiso, solo como requisito, sin adquirir conciencia de su responsabilidad.

El Estado debe, con ley en mano, restringir las construcciones en zonas de reserva forestal o sobre áreas que evidentemente son mantos acuíferos. La construcción vertical significa un aprovechamiento de espacios y debe contemplarse como alternativa viable y por ende como política nacional.

La obligación de reforestar debe aplicarse rigurosamente e imponer penas o multas severas a quienes incumplan dicha disposición. Un árbol es sombra, frutas y aire puro, además de ser una protección natural de  los suelos y en determinadas áreas hasta captador de agua al estar sembrado en sitios de retención o mantos acuíferos

Cuando yo era niño y adolescente en los centros educativos se nos concienciaba sobre la reforestación y cada cierto tiempo solíamos salir, con la guía y acompañamiento de nuestros maestros,  a sembrar arbolitos. Muchos de esos árboles crecieron y se convirtieron en frutales y dadores de sombra, otros ya desarrollados fueron talados en nombre de la “modernidad”.

El Sistema Educativo, puede y debe retomar la concienciación ambiental y hacer que niños y adolescentes realicen, con apoyo de la empresa privada y entidades oficiales, campañas de reforestación. Más que participar en desfiles o actos alusivos los estudiantes deben llevar a la práctica las acciones ambientalistas. El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, más que llevar estadísticas y dar informes de la situación ambiental del país, debe desarrollar los mecanismos de hecho y derecho para proteger desde el punto de vista ambiental, la salud y en bien vivir de los salvadoreños.

La obligatoria y sistemática reforestación, la prohibición de la tala indiscriminada  e innecesaria, la estricta regulación de la construcción urbanística, la protección irrestricta de los mantos acuíferos, el salvaguardar rigurosamente las zonas ambientales protegidas, una campaña intensa y transversal de concienciación ambiental y, por supuesto, la voluntad y conciencia ambientalista de la población, serían factores que perfectamente ayudarían a aminorar el calor y sus nefastas consecuencias, ¡Uf, qué calor más sofocante!

* Jaime Ulises Marinero es periodista

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