Réquiem por un poeta

Aquel 10 de mayo de 1975 se silenció  con balas el humor mordaz y la lucidez política de Roque Dalton, su imagen no solo permanece intacta, sino que ha llegado a ser la profunda herida abierta de nuestra historia. Después de cinco décadas y un año, este aniversario no es una efeméride que se suma; es un signo marcado que en El Salvador, la justicia suele ser versos escritos en el aire.

Esta fecha viene a la memoria pues la poesía se apagó. En El Salvador por decreto el 14 de Mayo se celebra el día de la poesía como reconocimiento a el más revolucionario de los poetas, aquel que Benedetti dedicó con estos versos el hecho es que llegaste temprano al buen humor, al amor cantado a una muerte que no era la tuya
y que a esta altura no sabrá que hacer con tanta vida. El unicornio azul que perdió Silvio Rodríguez . al que Daniel Bigletti llamó Pulgarcito de Poeta tan alegre, tan sin silla, tan sin fin.

La familia Dalton ha tenido una lucha constante  por el esclarecimiento de su muerte. No buscan una monumento a su memoria, sino la verdad histórica y la recuperación de sus restos. Se espera que alguna vez sepamos la  verdad y se puedan resanar esas heridas , no es venganza , no es rencor es conocer la verdad ante todo.

La obra de Dalton es un ingenio explosivo. Contrario a lo ceremonial de otros autores, Roque introdujo la ironía, el coloquialismo y la autocrítica en la lírica comprometida. Su Taberna y otros lugares, ganadora del Premio Casa de las Américas en 1969 , abandona el lirismo más tradicional para adoptar una voz cargada de ironía,  y un profundo compromiso político es un testamento de su capacidad para mezclar la alta cultura con la voz popular.

Su valor trasciende las  fronteras. Dalton perteneció a esa constelación de titanes que reinventaron la palabra en América Latina.

Mientras Mario Benedetti exploraba la cotidianidad del oficinista y Ernesto Cardenal elevaba la mística revolucionaria, Roque inyectaba un vitalismo iconoclasta. Compartió con Julio Cortázar no solo la amistad, sino esa visión lúdica de la literatura donde el juego es la forma más seria de libertad. Eran hijos de un tiempo de utopías sangrientas, donde la poesía era, como él mismo decía, una «conducta».

Sin embargo, a 51 años de su desaparición, el mejor homenaje no es leerlo en las escuelas, sino responder a la pregunta que su familia y la historia siguen gritando: ¿Dónde está Roque? O declarar este día como el día de la poesía, mientras no se encuentre la justicia, su poesía seguirá siendo un incómodo recordatorio de que El Salvador aún le debe la paz a su hijo más ilustre. La posteridad ya le dio la razón literaria; ahora falta que la ética mínima le devuelva su nombre y sus huesos a la tierra que tanto amó y cuestionó.

 

 

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