La prevención de la conducta suicida debe salir de los consultorios médicos y centros hospitalarios para trasladarse a los entornos cotidianos donde la población convive diariamente, así lo plantea el presidente de la Asociación de Psiquiatras Salvadoreños por la Salud Mental (APSAM), doctor Carlos Acevedo, quien sostiene que la salud mental es una construcción colectiva que involucra a familias, escuelas, iglesias, centros laborales y agrupaciones comunitarias.
El especialista explica que la responsabilidad de identificar a una persona en riesgo recae, en primera instancia, en quienes conforman su entorno inmediato. Por ello, recalca la necesidad de abandonar un esquema exclusivamente reactivo que espera a que la persona llegue a una crisis hospitalaria.
«No podemos dejar la prevención del suicidio en manos de solo los psiquiatras, ni los psicólogos, ni personal que trabaje en salud mental, porque una de las primeras cosas es empezar a darnos cuenta que todos tenemos que hablar sobre este tema», enfatizó el doctor Acevedo.
Según el representante de la APSAM, la contención inicial puede provenir de un docente, un compañero de clases, un entrenador deportivo, un líder religioso o un colega de trabajo que detecte un cambio en la conducta de un allegado. En ese sentido, insta a fortalecer el tejido social y construir comunidades que sirvan como redes de apoyo frente a detonantes como el desempleo, las deudas económicas, el fracaso académico, las rupturas de pareja y el aislamiento.
La base neurobiológica detrás de la crisis
Uno de los ejes centrales planteados por el psiquiatra es la urgencia de desmitificar la conducta suicida y desvincularla de ideas erróneas sobre el carácter de la persona.
«El suicidio no es una cuestión de fortaleza o voluntad, sino que es un problema serio de salud mental que puede presentar cualquier persona y que conlleva alteraciones a nivel de sistema nervioso del cerebro, sustancias y conexiones entre neuronas», aclaró el presidente de la gremial.
Desde la perspectiva médica, durante una depresión severa o una crisis emocional de alta intensidad se produce un bloqueo en la corteza prefrontal del cerebro. Esta estructura es la encargada del razonamiento lógico, el juicio, la proyección a futuro y la toma de decisiones racionales. Al sufrir esta alteración biológica temporal, el individuo pierde la capacidad de visualizar alternativas o soluciones racionales para salir de su sufrimiento.
El origen de estas crisis es multifactorial. En él convergen componentes genéticos, historia de vida, dolencias de dolor crónico, consumo de sustancias, intentos previos y antecedentes familiares, combinados con factores estresantes del entorno social y económico.
Detección temprana y la pregunta directa
Para intervenir a tiempo, Acevedo destaca la importancia de identificar las señales de alerta tempranas. Estas abarcan desde expresiones verbales directas o indirectas de desesperanza, publicaciones con mensajes implícitos de despedida en redes sociales, hasta cambios drásticos en el comportamiento, baja en el rendimiento escolar o laboral, problemas de sueño y abandono de la higiene personal.
Frente a la presencia de estas señales, el especialista rebate la creencia popular de que hablar abiertamente sobre la muerte incrementa el peligro.
«Preguntar directamente sobre si hay ideas de muerte ayuda muchas veces a prevenir el suicidio, porque la idea suicida no dura mucho cuando se ventila», aseveró el médico.
El protocolo recomendado indica indagar con respeto y de forma frontal si la persona ha considerado hacerse daño. Si la respuesta es afirmativa, se debe evaluar la inminencia del riesgo preguntando si existe un plan estructurado, es decir, si ha definido el método, el lugar y el momento para llevarlo a cabo.
«Lo primero: no estás solo. Y aunque tú te sientas así de solo, ese dolor que tú tienes es bastante fuerte y no tienes por qué llevarlo solo. (…) No necesitas en este momento responder a todas tus inquietudes, tus dudas o tus miedos, pero está bien lo que estás sintiendo. Demos un paso, vamos a buscar a alguien de confianza. Y lo más importante: tu vida es valiosa, habemos muchas personas que te apreciamos, que quisiéramos escucharte y vamos a ayudarte; no te voy a dejar solo. No te rindas, vamos a salir adelante porque, aun en el peor momento, el ser humano tiene la capacidad de salir adelante».
Dr. Carlos Acevedo, presidente de la Asociación de Psiquiatras Salvadoreños por la Salud Mental (APSAM).
Contención y acompañamiento en la comunidad
En el manejo de una persona en crisis, el presidente de la APSAM resalta que la primera acción es la escucha activa y empática, validando las emociones manifestadas sin emitir juicios ni minimizar la situación.
«Cualquier expresión suicida debe de tomarse seriamente, nunca andar pensando que alguien quiere manipular», remarcó Acevedo, señalando que deben evitarse consejos simplistas o frases prefabricadas como «sé fuerte» o «piensa en tu familia».
Entre las pautas fundamentales de actuación, el protocolo establece no dejar sola a la persona bajo ninguna circunstancia, notificar a sus familiares cercanos y gestionar de inmediato la atención con profesionales de la salud mental o en centros asistenciales. Asimismo, el especialista aclaró que, ante la presencia de un plan concreto o notas de despedida, existe la obligación ética de romper la confidencialidad para proteger la vida del paciente.
El llamado de la APSAM a descentralizar la atención se da en un escenario donde América Latina se posiciona como la única región a nivel mundial con un incremento sostenido en las tasas de suicidio, registrando cerca de 100,000 casos anuales. Tras la pandemia de covid-19, las cifras en jóvenes latinoamericanos de 15 a más de 20 años aumentaron entre un 17 % y un 25 %, convirtiéndose en la segunda o tercera causa de muerte en este rango de edad, con repuntes significativos también en adultos mayores de 60 años.
En el ámbito local, la problemática impacta directamente a la comunidad académica. La Directora de Bienestar Universitario de la Universidad de El Salvador (UES), Yesenia Martínez, reportó esta semana que durante el último año esa unidad identificó a 48 estudiantes con ideación suicida. A nivel global, el fenómeno cobra aproximadamente 3,000 vidas cada día, según cifras difundidas por el criminólogo Ricardo Sosa.
Los especialistas coinciden en que la difusión responsable de información sobre salud mental, el acompañamiento empático en entornos comunitarios y el acceso a redes de apoyo profesionales son pilares clave para abordar este problema de salud pública.

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