Especialistas en salud infantil advirtieron sobre una tendencia sostenida en la última década —y marcadamente acelerada tras la pandemia de SARS-CoV-2— que refleja un retraso madurativo en la infancia, reflejado en el inicio tardío del habla y en dificultades para alcanzar hitos de autonomía básica como comer solos o retirar el pañal, el biberón y el chupete.
Los doctores Belén Borrell y José Manuel Moreno, del Departamento de Pediatría de la Clínica Universidad de Navarra, señalaron que la combinación entre la exposición temprana a pantallas, la sobreprotección parental y la menor interacción directa con el entorno cotidiano son los principales factores que entorpecen el desarrollo evolutivo en las primeras etapas de la vida.
Los expertos sostienen que el consumo pasivo de contenidos no solo interfiere en el aprendizaje del lenguaje, sino que altera la capacidad de gestionar la frustración y la autorregulación emocional.
Fomentar la autonomía y la interacción familiar
Los pediatras observan un fenómeno contradictorio: menores sobreprotegidos en sus tareas diarias pero desatendidos en la dinámica familiar debido al uso intensivo de la tecnología. Esta falta de oportunidades para intentar, equivocarse y resolver pequeños retos dificulta la consolidación de hábitos acordes a la edad, como vestirse, recoger juguetes o ir al baño de forma independiente.
«Cuando los padres hacemos todo por ellos, incluso con la intención de ayudarles, les estamos privando de oportunidades para aprender. La interacción con los familiares, el juego compartido, la conversación o la lectura fortalecen la comunicación y el aprendizaje, que no pueden sustituirse por un consumo pasivo», afirmó el doctor Moreno.
Finalmente, los especialistas resaltaron la importancia de no patologizar las diferencias individuales en los ritmos de crecimiento, pero recomiendan consultar al pediatra cuando las dificultades persistan o afecten de forma integral a varias áreas del desarrollo.

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