La revisión técnica vehicular obligatoria ya no puede seguir esperando

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El accidente del miércoles en las cercanías del redondel Integración no debería quedar registrado únicamente como otra tragedia en las estadísticas de siniestralidad vial. Debe servir para abrir una discusión seria sobre las condiciones mecánicas en las que circulan miles de vehículos en El Salvador y sobre la necesidad de fortalecer los controles destinados a prevenir que una falla mecánica termine costando vidas.

Las imágenes del accidente son estremecedoras. Una volqueta desciende a gran velocidad por una vía de pronunciada inclinación mientras, adelante, numerosos vehículos permanecen en la habitual congestión para incorporarse al redondel. Según la versión oficial, la unidad de carga se habría quedado sin frenos. Después sobreviene una cadena de impactos que involucró 14 vehículos y dejó dos personas muertas, al menos 13 lesionadas y cuantiosos daños materiales.

La investigación deberá determinar con precisión qué ocurrió, cuáles eran las condiciones mecánicas de la volqueta y las responsabilidades correspondientes. Pero el problema que revela este accidente va mucho más allá de un vehículo.

Las cifras oficiales muestran la dimensión del riesgo. Entre el 1 de enero y el 23 de septiembre, el transporte de carga pesada estuvo involucrado en 1,142 accidentes de tránsito, de acuerdo con datos del Observatorio Nacional de Seguridad Vial (Onasevi). Esos siniestros dejaron 65 fallecidos y 454 lesionados.

Hay un dato particularmente preocupante: aunque se registraron 108 accidentes menos que en el mismo período de 2025, hubo 15 fallecidos y 56 lesionados más. Es decir, la reducción en el número de siniestros no se ha traducido en una disminución equivalente de sus consecuencias humanas.

El transporte público de pasajeros, otro sector altamente siniestrable, también presenta cifras que demandan atención: 821 accidentes durante el año, con 33 fallecidos y 536 lesionados.

Pero probablemente el dato que mejor evidencia la necesidad de una política más amplia de control mecánico fue revelado por el ministro de Obras Públicas y Transporte, Romeo Rodríguez. Desde el 8 de agosto se habían inspeccionado 1,653 unidades de carga pesada fabricadas antes de 1999 y, según explicó el funcionario, cerca del 30 % no cumplió los requisitos técnicos mínimos exigidos.

Ese porcentaje debería encender todas las alarmas.

Si una proporción tan significativa de los vehículos sometidos a inspección no reúne siquiera las condiciones técnicas mínimas, resulta razonable preguntarse cuántas unidades circulan actualmente con frenos deficientes, neumáticos desgastados, problemas en la dirección, luces defectuosas, fallas en la suspensión u otras condiciones capaces de convertir un desperfecto mecánico en una tragedia.

El universo por revisar, además, es enorme. El parque de vehículos de carga pesada alcanza las 158,402 unidades entre cabezales, camiones livianos y pesados y remolques. Frente a esa cantidad, los 1,653 vehículos inspeccionados representan apenas una fracción.

El anuncio gubernamental de ampliar de 12 a 40 los talleres disponibles para realizar revisiones técnicas apunta a incrementar la capacidad de inspección. Sin embargo, el desafío de fondo es mayor: El Salvador necesita un sistema permanente de revisión técnica vehicular que no dependa exclusivamente de operativos dirigidos a determinados vehículos antiguos ni se intensifique únicamente después de accidentes graves.

La revisión técnica periódica debe convertirse en una herramienta preventiva especialmente cuando hay un mercado de vehículos chocados importados desde Estados Unidos.

Un sistema obligatorio para el parque vehicular, con criterios diferenciados según el tipo, antigüedad y uso del vehículo, permitiría detectar fallas antes de que lleguen a las calles. En el caso del transporte público y de carga pesada, por sus dimensiones, peso, kilometraje y capacidad de provocar daños mayores en una colisión, los controles deberían responder específicamente a sus niveles de riesgo y condiciones de operación.

Pero imponer revisiones obligatorias tampoco puede significar únicamente crear un trámite adicional. Para que una política de esta naturaleza sea efectiva necesita suficientes centros autorizados, estándares técnicos claros, personal capacitado, equipos certificados, mecanismos de fiscalización y controles contra posibles actos de corrupción. También requiere que los resultados de las inspecciones sean verificables y que ningún vehículo que represente un riesgo pueda obtener o renovar sus documentos para circular mientras no corrija sus desperfectos.

La seguridad vial tampoco depende exclusivamente del estado mecánico. Exceso de velocidad, conducción peligrosa, distracciones, consumo de alcohol, deficiencias en infraestructura y falta de educación vial continúan siendo factores que deben atenderse. Una revisión técnica no impedirá todos los accidentes.

Pero sí puede prevenir aquellos relacionados con desperfectos mecánicos detectables. Y esa diferencia puede significar vidas salvadas.

El Salvador necesita avanzar hacia revisiones técnicas vehiculares obligatorias, periódicas, rigurosas y transparentes. Esperar al próximo accidente para descubrir que otro vehículo nunca debió estar circulando sería llegar, una vez más, demasiado tarde.

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