Fabricando la luz

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“Yo, Elena, soy más luchador social que artista”. Así le respondió Gabino Palomares a “la Poniatowska”, en una entrevista publicada en “La Jornada” el 27 de septiembre del año en curso. Gabino falleció tres días después. A este grande, quien la escritora lo refiere como “cantautor y activista mexicano”, lo conocí en Cuernavaca a mediados de la década de 1980 siendo telonero de Mercedes Sosa; entonces tuve el privilegio de que me lo presentaran. Más adelante participó en uno de los conciertos que organizábamos cada noviembre ‒en la ahora Ciudad de México‒ como parte de las “Jornadas por la vida, la justicia y los derechos humanos” en conmemoración del aniversario del Centro Fray Francisco de Vitoria, perteneciente a los frailes dominicos.

Años después, en el 2008, fue una las dos figuras mexicanas que desfilaron en el concierto de cierre del Festival Verdad impulsado por el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (IDHUCA); participó junto con María Inés Ochoa, la hija de su compañera de escenarios e intérprete consagrada de una de las creaciones más emblemáticas –quizás la más– de Gabino: “La maldición de Malinche”. Muere él, pues, pero no su legado. Y, casualmente, en estos días renace el referido evento en el campus de la universidad jesuita. Tras siete años, esta lo retoma. Su nueva etapa arrancará el sábado 10 de este mes en el emblemático Auditorio Ignacio Ellacuría.

Así, viene a mi memoria la génesis del Festival Verdad cuya primera edición tuvo lugar en 1998.  Remontémonos entonces a 1993, cuando el 20 de mayo la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia –presididas por el “arenero” Mauricio Gutiérrez Castro– declaró improcedente una demanda de inconstitucionalidad de la amnistía aprobada el 20 de marzo; con la directora del Socorro Jurídico Cristiano la presentamos nueve días antes.

Para mí, ese urgido rechazo fue el ataúd en el cual pretendieron enterrar para siempre la verdad de la barbarie ocurrida; su lápida era la mal llamada Ley de Amnistía General para la Consolidación de la Paz, impuesta para “premiar” a los violadores de derechos humanos de ambos bandos que produjeron tantas víctimas en la preguerra y la guerra.

Frente ese panorama oscuro e inmerecido para estas y sus familias, como director del IDHUCA no tenía claro cómo hacerlo pero sí tenía claro que debía hacer algo. No podíamos quedarmos de brazos cruzados. Y se hizo hasta que, 23 años después, la que terminó enterrada fue la mencionada amnistía con una nueva demanda de inconstitucionalidad presentada el 20 de marzo del 2013. Pero ni las legislaturas anteriores a las dos controladas por las mayorías ciánicas y cínicas ni estas, cumplieron lo ordenado en la sentencia del 13 de julio del 2016 que la declaró inconstitucional.

En el extendido caminar hasta lograr dicho triunfo, jugó un papel primordial el Festival Verdad y ‒dentro del mismo‒ a partir del 2009 el Tribunal internacional para la aplicación de la justicia restaurativa en El Salvador, cuyo lema era “Sanar heridas para alcanzar la paz”. No voy a llorar sobre la leche derramada porque alguien decidiera dejar de realizarlo durante la pandemia ‒pudiendo haberlo hecho virtualmente‒ y dejar pasar siete años sin retomar lo que desde su nacimiento fue concebido como un proceso de organización y lucha “popular prolongada” contra la impunidad que, a estas alturas, está más extendida entre la oscurana oficialista instaurada con la reserva de información y la correspondiente ausencia de transparencia; oscurana que no disimulan con propaganda manipuladora, sepulcros blanqueados, luces led, plumas pagadas, merolicos virtuales y demás.

“Fabricando la luz” se llama uno de los, para mi gusto, mejores discos de Gabino. Eso deberíamos estar haciendo hoy, frente a un panorama colmado de tinieblas como el descrito. Parafraseando la canción que da nombre a este elepé, démosle “luz de afuera” a esas “sombras”. Para ello, hay que confeccionarla con el juicio justo y la palabra iluminadora de san Romero de América desde su compromiso con la defensa de los derechos humanos de nuestras mayorías populares.

El 24 de diciembre de 1977, él nos invitó a no desanimarnos “aun cuando el horizonte de la historia” parezca oscurecerse y “las realidades humanas” vuelvan “imposible la realización de los proyectos de Dios”. Él ‒agregó‒ “se vale hasta de los errores humanos, hasta de los pecados de los hombres, para hacer surgir sobre las tinieblas lo que ha dicho Isaías: ‘Un día se cantará también no solo el retorno de Babilonia sino la liberación plena de los hombres. El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz; habitaban tierras de sombras pero una luz ha brillado’”. Aprovechemos el tiempo, pues, para ello.

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