El poder de la derecha en América Latina

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Revisando el mapa de América Latina, en casi todos los países la derecha está gobernando. Brasil sería uno de los últimos bastiones a gobernar por la derecha. La alternancia de gobiernos de izquierda por muchos años a gobiernos de derecha hace analizar una nueva forma de gobernar.

Analizar cada país es complejo. Cada uno tiene diferentes factores, como lo son: su cultura, Producto Interno Bruto (PIB), sus riquezas naturales, su industria, etc. Por ejemplo, Brasil, teniendo tanta riqueza natural, no ha podido, a través de la historia, ser un país próspero. En un discurso, la exprimera ministra británica, Margaret Thatcher, manifestó que un país prospera cuando el Estado fomenta la creatividad, la iniciativa, el emprendimiento y apoya la prosperidad de las familias. Por lo tanto, el pueblo brasileño quiere volver a los gobiernos de derecha.

Ese descontento de los ciudadanos viene desde que la izquierda penetró en casi todos los países latinoamericanos con la insignia propagandística de cambiar muchas cosas; sin embargo, no fue así. Actualmente, es la derecha la que resurge. Ojalá que su forma de gobernar sea la que haga desaparecer muchos problemas, especialmente la pobreza.

Entre los puntos que desencantan a los votantes están que la economía no mejora, la inseguridad es un factor crucial y la estabilidad democrática. Muchos prefieren migrar al no tener oportunidades de desarrollo. Además, nadie quiere dictaduras o gobiernos populistas que se aprovechan de la cosa pública. Algo muy crucial de destacar es la injerencia del gobierno de Donald Trump. Venezuela es un ejemplo desde que intervino el 3 de enero de este año.

Se debe analizar con lupa qué está sucediendo en cada país en donde los votantes cambiaron de ideología o se desencantaron al no ver soluciones. Cuando no ven claro el panorama en un quinquenio, los votantes buscan otra alternativa. Es a lo que se llama voto de castigo. Acá no se trata de saber qué ideología tiene un votante, lo que está en juego son muchos factores como la educación, seguridad, democracia, etc.

Los casos de Milei en Argentina y Bukele en El Salvador son ejemplos de cómo los partidos tradicionales no lograron cambiar. En El Salvador, las políticas de Bukele, de eliminar las pandillas y contar con un país seguro, son lo que lo catapultan como favorito para seguir en el poder. Mientras tanto, Milei le ha apostado a tener una mejor economía, a recuperar lo que Argentina fue: uno de los mejores países más prósperos de América.

Lógicamente, en Venezuela están en una especie de “stand by”, una espera para que se lleven a cabo elecciones verdaderas y resurja la democracia. Por el momento, existe una especie de mandato temporal de parte de Estados Unidos. O sea, siempre con pensamiento represivo. Mientras tanto, México continúa con un gobierno de izquierda. No es fácil gobernar en un país en donde proliferan problemas como la inseguridad.

Ningún país desea volver a dictaduras o golpes de Estado, lo que anhela es que haya fuentes de trabajo, oportunidades de desarrollo y progreso. No quieren volver al pasado autocrático de Pinochet (derecha) o chavista (izquierda). La corrupción es una realidad latente que corroe la democracia. Eso hace cambiar de opinión a los votantes. En otro contexto, el populismo es una forma de engaño que tiene hartos a los países.

De la cosa política nos preguntamos: ¿Es recomendable que gobiernen partidos de ultraderecha o izquierda radical? ¿Es mejor el capitalismo o el socialismo? Cada ciudadano es el que tiene la última palabra. Depende del contexto y las circunstancias que hacen que la brújula cambie de dirección. Las desigualdades siempre imperan en países en vías de desarrollo. Por esa razón, cada gobernante, sin importar su ideología, sabe a lo que se enfrenta. Las promesas incumplidas de gobiernos de izquierda les dieron un giro diferente a los países latinoamericanos.

*Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

 

 

 

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