Retroceso brasileño

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Podría pensarse, al leer el título de este comentario, que hablaré de fútbol por el declive innegable de la selección carioca; esta ha caído claramente en picada del 2002 a la fecha. Lo lamento mucho después de haber sido su fiel seguidor desde que ví en repetición pedazos de su actuación en los mundiales de Suecia y Chile,  en 1958 y 1962 respectivamente; más, de “México’70” en adelante. Pero lo que hoy lamento y me espanta es lo que ocurre con su democracia que ‒tras el fin de la dictadura en 1985‒ tuvo achaques, pero en general había gozado de buena salud. Aunque después de lo ocurrido en las elecciones del recién pasado 4 de octubre y el escenario que se desprende de las encuestas de cara a las del 25, hoy está sumamente grave.

Las cosas no pintan nada bien. Pero más allá de lo sucedido en la primera vuelta y lo que pueda pasar en la segunda, hay que ubicar “la mano que mueve la cuna” y cómo “la mueve” en ese país y en el resto de Latinoamérica; prácticamente hoy la región se encuentra dominada por regímenes autoritarios, populistas o mediocres de derecha y extrema derecha.

En el centro de la región se encuentran el salvadoreño Bukele, el hondureño Asfura, la tica Fernández y el panameño Mulino; pese  a sus limitaciones, Arévalo en Guatemala hace diferencia. Nicaragua pretende ser la otra cara de la moneda al proclamarla “cristiana, socialista y solidaria” la dinastía Ortega Murillo; pero eso es pura pantalla, pues la realidad es la otra que conocemos.

En el sur del continente están Milei en Argentina, Paz en Bolivia, Kast en Chile, de la Espriella en Colombia, Novoa en Ecuador, Peña en Paraguay y Fujimori en Perú. De la pobre Venezuela, ni hablar. Y como se advierte, si no ocurre algo extraordinario Lula va fuera. Y aunque triunfara en el inminente balotaje presidencial, la mayoría de gubernaturas y los espacios parlamentarios estarán en manos del “bolsonarismo” y otras expresiones de la derecha brasileña que lo amarrarían de pies y manos. Así las cosas, las excepciones regionales son México y ‒más o menos‒ Uruguay.

Para que todo eso ocurriese, muchísimo ha tenido que ver esa “mano” insinuada antes: la de Casa Blanca empujando el llamado “proselitismo protestante” del Río Bravo hacia abajo del continente. Este cobró mayor impulso en la década de 1960 tras la irrupción de la teología de la liberación, a la cual había que plantarle enfrente una contraparte ya existente: la teología de la prosperidad; también esta agarró fuerza después de realizada, en Medellín, la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano cuyos documentos finales llegaron a ser considerados por el conservadurismo como “subversivos”.

Figura emblemática de la segunda de esas corrientes teológicas fue la de Efraín Ríos Montt, el genocida general guatemalteco quien antes había liderado la iglesia evangélica “El Verbo”. Otro protagonista, pero actual, es Flavio Bolsonaro con el apoyo abierto e incondicional de Donald Trump; tras ganarle a Lula hace unos días, prometió crear el “Ministerio de la Prosperidad” para ayudar ‒en sus palabras‒ “a quien quiera estudiar, hacer cursos, emprender, obtener crédito, abrir su propio negocio, crecer y prosperar”. Además ha ofrecido crear un país como “el Reino de Israel”, con base en sus “creencias sionistas cristianas”. “Los 120 000 judíos que viven en Brasil” ‒aseguró‒ estarán “mejor atendidos” que las personas nacidas en el gigante suramericano.

Como sostuve hace poco, debemos reconocer además la responsabilidad de las dirigencias “izquierdistas” para que se esté dando este predominio derechista y ultra derechista, al haber defraudado a una porción de sus votantes para terminar soltando las riendas del poder en sus respectivos países. El jueves 20 de agosto del presente año, expresé que “la parte dolorosa de nuestra memoria histórica nacional y regional debería también contemplar el análisis intenso y descarnado” de sus “cagadas” e “intentar aprender a profundidad la esencia de sus lecciones”.

Y regresando al fútbol brasileño, da pena ajena ver algunos de sus astros recientes apoyando a Bolsonaro. Destacan Neymar y Dani Alves; este último convertido en pastor evangélico después de guardar prisión en España, vino frescamente a El Salvador a alabar la fantasía “bukeleana”. Igual que los brasileros pasó en Colombia con de la Espriella, quien abiertamente fue respaldado por Luis Díaz y James Rodríguez. Deportiva y políticamente qué lejos está este cuarteto del doctor Sócrates, capitán de la selección brasileña y líder de la revolucionaria “Democracia Corinthiana”; además, miembro activo de la campaña “Directas ya” contra la dictadura. Bien dijo su tocayo en el siglo V antes de Cristo, que “las almas ruines solo se dejan conquistar mediante regalos”.

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