El entrenamiento de la mente y las dietas ricas en vegetales abren nuevas vías de apoyo integral en pacientes con cáncer

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La atención integral en oncología suma evidencia científica sobre el valor de las terapias complementarias y el estilo de vida. Durante el reciente Congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO, por sus siglas en inglés) se dieron a conocer dos investigaciones enfocadas en optimizar la calidad de vida de los pacientes: una centrada en los beneficios psicológicos del entrenamiento de la mente compasiva y otra en el potencial de una dieta rica en vegetales para modular la toxicidad de la inmunoterapia.

Mente compasiva contra la depresión y la ansiedad

El primer trabajo evaluó el Entrenamiento de la Mente Compasiva (CMT), un programa estructurado de ocho semanas que fusiona técnicas de mindfulness con ejercicios orientados a desarrollar la autocompasión y la atención al sufrimiento.

Los resultados revelaron que el programa redujo de forma significativa la depresión, la ansiedad y el malestar psicológico general. Asimismo, fomentó la capacidad de descentramiento —tomar distancia de pensamientos difíciles— y mejoró síntomas físicos asociados a la enfermedad o los tratamientos, tales como la fatiga, el dolor y el insomnio.

La doctora Begoña Mellado, oncóloga médica del Hospital Clínic de Barcelona, investigadora del IDIBAPS y profesora de la Universidad de Barcelona, explicó el enfoque de la terapia:

«La compasión la entendemos como la motivación y la acción para atender el sufrimiento. El programa entrena tanto el autocuidado como la capacidad de recibir u ofrecer el cuidado de otras personas».

Con una alta adherencia (el 75.8 % completó la intervención) y sin abandonos por malestar emocional, los autores consideran viable integrar estos programas en la atención oncológica habitual, siempre bajo la supervisión de profesionales formados y en coordinación con los equipos de psicooncología.

Dieta basada en plantas y microbiota en tratamientos de inmunoterapia

En el ámbito nutricional, otro estudio presentado en el congreso —denominado FORX— analizó el impacto de incorporar al menos 30 tipos diferentes de plantas a la semana (incluyendo verduras, frutas, legumbres, frutos secos y semillas) durante las primeras 12 semanas de inmunoterapia.

La investigación, liderada por Marthe Verhaert, de la Universidad Libre de Bruselas (VUB) y del Hospital Universitario de Bruselas (UZ Brussel), buscaba comprobar si modificar la alimentación de forma sencilla podía alterar positivamente el microbioma intestinal y disminuir los efectos adversos inmunomediados.

Durante el seguimiento con 54 pacientes evaluables, la ingesta media diaria de fibra se incrementó de 20.2 a 28.8 gramos. El 75 % de los participantes logró consumir más de 25 gramos diarios de fibra y, a las seis semanas, se constataron modificaciones en la composición del microbioma.

«Sabemos cada vez más que el microbioma está implicado tanto en la evolución del cáncer como en la eficacia y la toxicidad de los tratamientos. Por eso nos preguntamos si podíamos mejorar su composición modificando la alimentación de una manera sencilla y aplicable fuera del entorno clínico», detalló Verhaert.

Aunque el 53.7 % de los pacientes experimentó efectos secundarios de origen inmunológico, la gran mayoría fueron leves (registrándose solo dos eventos de grado 3 y ninguno de grado 4). Los autores recalcan que, si bien los datos iniciales son alentadores, se requieren análisis adicionales para confirmar el impacto clínico directo de la intervención dietética sobre la toxicidad.

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