Autor: Alvaro Cruz

  • Feliz y próspero 2026

    Feliz y próspero 2026

    Este 2025 habrá sido un buen o mal año, dependiendo de nuestras perspectivas y resumida en la evaluación de nuestros logros y fracasos, en todo caso cada año nuevo debemos albergar nuevas esperanzas y fortalecernos en la fe. Debemos confiar en un Ser Superior, en su voluntad y en nuestras capacidades y esperar que 20026 sea un mejor año.

    Algunos recibirán el 2026 sin trabajo, enfermos, en soledad, sin algún ser querido, con deudas y con ansiedades propias de los azares negativos de la vida, otros lo recibirán ilusiones, con anhelos y con deseos de consolidar sus metas y objetivos rumbo al éxito suyo y de quienes los rodean. Como sea, 2026 será un año de mucha esperanza.

    Los salvadoreños debemos priorizar objetivos y enrumbar nuestra vida hacia el bien común, siendo ciudadanos con un aporte positivo para nuestras familias y para la sociedad en general. Si este 2025 nos ha ido mal es posible que a nuestro alcance está que 2026 nos vaya mejor, que logremos superación personal y que eso se vea reflejado en nuestro entorno. Si mejorar nuestras condiciones no está en nuestras manos, debemos pedir iluminación para aquellos que tienen la posibilidad de tomar decisiones por los demás. Que Dios haga su voluntad.

    Dios bendice al dador alegre y al que recibe. En 2026 demos lo mejor de cada uno de nosotros y procuremos que la prosperidad sea espiritual con alcances en lo material. Feliz es aquel ser humano que disfruta lo que tiene en suficiencia y no aquel que anhela bienes que no requiere o que le sobran para su existencia.

    Pidamos a Dios que se generen fuentes de trabajo y un abanico de oportunidades para todos. Que la zozobra se diluya y que surge la certidumbre en las familias, en los puestos laborales, en las relaciones sociales, en la convivencia cotidiana, en las comunidades, que el país se enrumbe por el camino correcto.

    2026 debe ser un año en el que brille e ilumine nuestro futuro. Necesitamos salvadoreños sanos en salud y en mentalidad. Compatriotas dispuestos a dar lo mejor de sí, para que la patria sea mejor, para que reine la paz y la armonía y para que cada día a día florezca la tolerancia, la empatía, el respeto y la responsabilidad.

    En este año nuevo no nos soltemos de la mano de Jesús, que nuestra fortaleza espiritual se anteponga a lo negativo y no perdamos nunca la fe. Si nos ha ido mal este y los años pasados, algo deberá ocurrir para que nuestra suerte mejore. Si pedimos con fe y la plena convicción de la existencia divina seguramente el desempleado logrará un empleo, el enfermo sanará o mejorará en su salud, el que vive en soledad encontrará compañía, el que vive en deplorables condiciones encontrará a seres altruistas que le extenderán su mano amiga salvadora, el que sufre en indigencia hallará consuelo y el que hace el bien será premiado con paz.

    Amigos salvadoreños no perdamos la fe, 2026 por obra y gracia de Nuestro Señor Jesucristo, será un mejor año si cada quien se lo propone. Como ciudadanos rechacemos las mentiras, las injusticias y exijamos buenas obras, acciones y decisiones a nuestros gobernantes. Como personas seamos más humanos, más espirituales y mejores ciudadanos aportando para el desarrollo nacional. Feliz año nuevo y muchas bendiciones para todos.

    * Jaime Ulises Marinero/Periodista

     

     

  • Tiempo para la reflexión y los buenos deseos

    Tiempo para la reflexión y los buenos deseos

    En una época marcada por la multitud de conflictos que nos circundan, sumado al aluvión de enfermedades mentales y a los diferentes estilos de vida, ponernos a ejercitar el ojo del alma será como tomar aliento y generar esperanza, para conocerse y reconocerse activo en el tajo de la savia. Realmente, somos un continuo vivir compartiendo en un mundo globalizado. Nada se atiende, ni tampoco nadie se entiende, por sí mismo. La realidad es una viviente exposición reconcentrada de existencias, donde el acompañamiento es vital, sobre todo para gestar un concurrido futuro, de buen hacer y mejor obrar. Sin duda, el objetivo pasa por hermanarnos. Es cuestión de implicarse y de aplicarse en su consecución. El deber, pues, es colectivo.

    Hoy, como en tiempos pasados, en el que la Navidad está ya con nosotros con las mejores aspiraciones, para llevar amor donde habita el desamor, reconciliación donde hay fragmentación de vínculos, alegría donde hay tristeza y verdad donde hay error, se requiere por parte de toda la ciudadanía un momento de encuentro, para intercambiar una felicitación fraterna, dejando atrás los conflictos que dividen y redescubriendo más bien lo que nos une. Quizás lo más saludable sea hacer una pausa, un alto en el camino, para reponer fuerzas y nutrirse de lo que es realmente esencial: ¡Redescubrimos y hallarnos! Este natural recogimiento nos injertará un bienestar personal, incentivándonos el cuidado de nosotros mismos y será cuando nos demos cuenta de lo acoplados que estamos.

    A todo ser humano le es concedido escucharse a sí mismo y meditar internamente. Desde luego, el momento es vital para prepararnos y poder repararnos de nuestras miserias y debilidades. Reflexionar es la sublime toma de conciencia calmada y el glorioso arte de amar, al menos para abrir nuestro corazón al mundo de manera profunda, desenredando todos los nudos, lo que nos impulsa a repensar las sendas tomadas y a vivir con certeza, justicia y amor. Celebrar el nacimiento de Jesús en Belén, después de tantos años recapitulándolo y solemnizándolo, nos invita a transformar nuestra altanería en sencillez y en humildad, a reconocer al prójimo siempre próximo a nosotros y a vivir con espíritu donante, que es como se recupera el sentido de lo armónico.

    Por eso, la estrella está en el cielo, para encauzarnos y darnos luz inspiradora. El sueño de la mística es lo que nos transforma y nos eleva; hasta el extremo de volvernos poema sin pena y poesía sin poder. Además, cuánto bien nos hace llegar a ese soplo contemplativo, que nada tienen que ver con las luces mundanas cada vez más poderosas, que lo único que nos hacen es cegarnos, para estar menos dispuestos a entendernos, aceptarnos y a reencontrarnos en su diversidad. Déjennos seguir a los signos celestes, que son los que nos indican el viaje interior para encontrar plenamente el gozo y la alegría del verso; abierto siempre en la acogida, para que nadie quede excluido y todos participen en la trascendental poética.

    Indudablemente, caminar juntos es un gesto típico de quienes buscan rehacerse en la hondura de la vida, más allá de este océano tormentoso; lo que requiere estar vigilante, laborando y meditando todas las cosas, para que acrecienten su brío sistémico, a menudo con un costo social, ambiental y económico significativo. Los moradores no deben dar por sentado este desprendimiento generoso,  hemos de cultivarlo cada día otorgando el apoyo financiero y político necesario; puesto que sería un desastre absoluto, que los recursos para la ayuda humanitaria, lejos de crecer se aminorasen. Al fin y al cabo, sólo hay una fuerza propulsora: el buen deseo de darse, cuyos eslabones son los anhelos, con sus enlaces de curación, sustentados y sostenidos en la unión y en la unidad.

  • La importancia de desentrañar y admirar

    La importancia de desentrañar y admirar

    Recién leí en una página de opinión y crítica del arte y cine, que no sabe más de películas  quien ha visto muchas sino, quien sepa apreciar, admirar y desentrañar el misterio que existe en cada una de las producciones cinematográficas. Y es que todo lo que vemos y escuchamos debería de llevar una reflexión, para no dejar que la ligereza de razonamiento nos conduzca a sentarnos en la banca de la vacuidad.

    Al estar en un momento de auge tecnológico, las diversas opiniones que genera una producción audiovisual, zigzaguean el espacio cibernético en segundos, dando como resultado en varios criterios que son proclives a asimilar sesgos ajenos, estas opiniones o aseveraciones las cuales van cimentándose, quedando así para algunos y por influencia de otros una valoración determinada. Para el caso encontramos en este arte del cine, a la Academia que nomina, premia o ignora a producciones según  sean sus valoraciones  sobre lo que a estas puedan otorgársele   o no merecimiento.

    Ante esto, como en varios  ámbitos de la vida, me pregunto: ¿quién lo dijo? ¿En que marco conceptual o de interés se dijo? Y, ¿en qué momento coyuntural se dice? No todas seguramente, las estimaciones  que se generalizan sobre producciones de la pantalla grande o también de la pantalla chica y  de diversas plataformas visuales, han sido un reflejo de aquello que nos llenó los ojos de lágrimas, que nos hizo admirar a alguien no por su aspecto físico  sino su determinación o por todo aquello que nadie nombra pero que le movió algo por dentro. Seguro que no, por lo tanto en la línea individual de pensamiento, cuestionar apoya un poco ante los sesgos prefabricados o influenciados.

    El apreciar, admirar o desentrañar, lo sabremos si y solo si hay  ese interés en nosotros. A veces vemos lo que queremos ver, cometiendo el error de simplificar una trama que quizás tiene mucho que desentrañar y que obliga a enfrentar puntos de vista sobre humanidad, pero que emocionalmente nos increpa, dejándonos en el piso quebradizo de la vulnerabilidad existencial.

    El cine es arte y uno de sus componentes para que lo que se presenta pueda conectar con el público debe ser la realidad. En este sentido, leí que en referencia al cine latinoamericano existe una apatía a apoyarlo, dicen algunos que puede ser  que se evite ver reflejadas ciertas realidades en estas producciones, cuando su corte es de esta temática, pero ¿acaso al hacer cine en estas tierras puede obviarse la eterna crisis económica, política y social con la que por décadas hemos vivido? La respuesta es no, pero al ser una sociedad con una identidad cultural  hibrida y a la vez  expuesta mayormente a cine anglosajón es lógico hasta cierto punto, exista rechazo o apatía a producciones locales; sin embargo, es labor individual analizar y valorar lo que parte de nuestra historia pueda mostrarse en los muchos filmes que se realizan en nuestro país específicamente.

    No hay mejor película, solo se toma una muestra de todo el universo de producciones que se realizan. De las cuales podemos y debemos ver, dicen también que la belleza del mundo es la imperfección. Si fuera lo contrario, no habría más belleza que la que se nos indica; no habría esa libertad de poder apreciar y admirar lo que es doloroso, diferente, incluso raro, si  es que las aseveraciones convencionales así lo determinan. Lo extraño pero bello, lo real, lo  agridulce de la misma vida en su dualidad inmanente es lo que nos puede conectar ante la fabulosa experiencia del cine.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Ivette María Fuentes

    Abogada

     

    29/Diciembre/2025

  • Más allá de las redes sociales: la digitalización que las MYPES necesitan para crecer

    Más allá de las redes sociales: la digitalización que las MYPES necesitan para crecer

    La digitalización se ha convertido en un factor decisivo para el crecimiento y la competitividad de las micro y pequeñas empresas (MYPES). En un entorno económico marcado por la incertidumbre, los cambios tecnológicos acelerados y mercados cada vez más exigentes, incorporar tecnología no se limita a vender por redes sociales, sino que supone mejorar la gestión interna, profesionalizar las finanzas, ampliar mercados y fortalecer la capacidad de adaptación de los negocios. Sin embargo, el proceso de digitalización de las MYPES salvadoreñas dista de ser integral. Este artículo, basado en el Informe sobre el Estado de la MYPE 2025: La otra cara de la economía, elaborado por el Observatorio MYPE de la Escuela LID de FUSAI y FLACSO El Salvador, muestra que los avances existen, pero siguen siendo desiguales y excesivamente concentrados en los canales comerciales.

    En términos generales, la digitalización de las MYPES avanza, pero de forma fragmentada. Aunque en los últimos años se ha ampliado el acceso a herramientas digitales, su adopción no ha derivado en una transformación profunda de los modelos de gestión ni de los procesos productivos. El resultado es un uso tecnológico que mejora la visibilidad de los negocios y facilita la relación con los clientes, pero que deja intactos muchos de los factores que limitan la productividad y el crecimiento empresarial.

    La mayoría de las MYPES ya cuenta con acceso a internet, lo que representa un avance relevante. No obstante, este acceso está condicionado por el costo y, sobre todo, por la calidad del servicio. El internet móvil se ha convertido en la principal vía de conexión para negocios pequeños, informales o ubicados en zonas con menor infraestructura, gracias a su flexibilidad y menor costo. Sin embargo, su baja velocidad y capacidad restringen el uso de aplicaciones más complejas y limitan la incorporación de herramientas orientadas a la gestión, el análisis de información o la automatización. En contraste, la banda ancha fija —más frecuente entre empresas de mayor tamaño y formalización— ofrece mejores condiciones para integrar sistemas de gestión y plataformas digitales más avanzadas, ampliando de manera significativa el potencial de uso tecnológico.

    En cuanto a la adopción de herramientas, la digitalización se concentra casi exclusivamente en la relación con el cliente. WhatsApp y Facebook son la principal puerta de entrada al mundo digital: la mayoría de empresarios las utiliza para comunicarse con clientes, coordinar pedidos y promocionar productos. Estas plataformas cumplen una función clave para sostener las ventas y mantener la cercanía con el mercado, pero su uso suele ser intuitivo y poco estratégico. Otras herramientas, como sitios web propios, Instagram o TikTok, tienen una presencia más limitada, mientras que recursos básicos como el correo electrónico o los programas de oficina siguen siendo utilizados por una minoría. El uso de sistemas especializados, como la gestión de relaciones con clientes, soluciones de ciberseguridad o aplicaciones basadas en inteligencia artificial, continúa siendo marginal y se concentra en un segmento reducido del tejido empresarial.

    La adopción de pagos digitales constituye otro de los grandes rezagos. A pesar de la existencia de soluciones accesibles y gratuitas, una proporción significativa de MYPES continúa operando principalmente con efectivo. Entre quienes han incorporado medios digitales, Transfer365 destaca como la herramienta más utilizada, lo que sugiere que las barreras no son exclusivamente tecnológicas. La preferencia por el efectivo limita la trazabilidad financiera, dificulta el registro sistemático de operaciones y restringe el acceso a clientes institucionales, plataformas de comercio electrónico y modelos de negocio más sofisticados. Además, refuerza la desconexión entre las ventas y la gestión financiera, reduciendo la capacidad de planificación y crecimiento.

    La mayor brecha de la digitalización se encuentra en los procesos internos. Una parte importante de las MYPES no ha digitalizado ninguna función administrativa y, entre las que lo han hecho, predominan aplicaciones orientadas a tareas operativas puntuales, como la coordinación de entregas. La gestión financiera, el control de inventarios, la administración del personal y el manejo de información estratégica continúan realizándose mayoritariamente de forma manual. Esta situación limita la eficiencia, eleva costos ocultos y reduce la capacidad de tomar decisiones basadas en información oportuna y confiable. A ello se suma la escasa formación digital, que frena la adquisición de nuevas competencias y la apropiación de herramientas más sofisticadas.

    Las diferencias en los niveles de digitalización responden a factores estructurales bien definidos. El tamaño del negocio, el nivel educativo del empresario, el grado de formalización y el sector económico condicionan el tipo y la intensidad del uso tecnológico. Las MYPES formales, de mayor tamaño y con mayor nivel educativo muestran avances más consistentes, aunque algunos negocios semiformales destacan en la adopción exploratoria de tecnologías emergentes. Por sector, producción y servicios presentan un patrón de uso más diversificado, mientras que comercio y agro se concentran en funciones básicas asociadas a la coordinación de ventas.

    Las percepciones del empresariado confirman este panorama. La principal oportunidad que identifican en la digitalización es el aumento de la visibilidad y el acceso a nuevos mercados, mientras que beneficios como la mejora de la productividad, la reducción de costos o la capacitación aparecen con menor peso. Entre las principales barreras destacan el alto costo, la falta de conocimientos, la baja calidad del internet y la dificultad para encontrar proveedores confiables.

    Más que confirmar un rezago, los hallazgos del estudio apuntan a una hoja de ruta clara. La digitalización de las MYPES requiere dejar atrás enfoques parciales y avanzar hacia estrategias integrales que combinen conectividad de calidad, alfabetización digital y acompañamiento técnico continuo. No se trata solo de vender más, sino de incorporar tecnología en la gestión financiera, la administración del personal, el control de inventarios y la capacitación, vinculando el uso digital con objetivos concretos de negocio. Para ello, resulta clave ampliar el acceso a banda ancha fija y soluciones alternativas en zonas rurales, promover de forma decidida los pagos digitales interoperables, cerrar brechas de conocimiento con programas adaptados al tamaño y sector de cada empresa y facilitar el uso práctico de herramientas emergentes como la inteligencia artificial. Este esfuerzo exige políticas diferenciadas y el fortalecimiento de alianzas público-privadas que integren a universidades, cooperativas, proveedores tecnológicos y organizaciones de desarrollo. Solo así la digitalización podrá convertirse en un verdadero motor de productividad, competitividad y crecimiento sostenible para las MYPES salvadoreñas, y no quedarse únicamente en una vitrina digital.Principio del formulario

     

    *William Pleites, director de FLACSO El Salvador

  • 2025: Entre orden, silencio y esperanza

    2025: Entre orden, silencio y esperanza

    En El Salvador no se termina un año: se sobrevive a él. Aquí el calendario no avanza, da brincos; el reloj no marca horas, marca acontecimientos; y el salvadoreño no pregunta “¿cómo te fue este año?”, sino “¿todavía estás vivo?”. Porque cerrar un año en este país es como bajarse de una montaña rusa sin cinturón: despeinado, confundido, agradecido de estar entero y con la firme sospecha de que el próximo viaje será igual… o peor, pero jamás aburrido. Este ha sido uno de esos años que no se cuentan en meses, sino en episodios. Un año donde el país parecía vivir en “modo intenso”

    Donde cada semana traía tema nuevo y cada día parecía querer entrar a la historia nacional, aunque fuera por insistencia. Un año que dejó a algunos celebrando, a otros reflexionando, y a la mayoría simplemente tratando de llegar a diciembre con salud, empleo y sin haber discutido con medio país por redes sociales. Hay cosas buenas que no se pueden negar. La seguridad se ha convertido, para muchos, en el punto de partida de la vida cotidiana. No como consigna, sino como experiencia real. La percepción de mayor control ha devuelto al país algo que durante años parecía extraviado.

    Es decir, la posibilidad de planificar la vida. Cuando una persona puede desplazarse, trabajar y regresar a casa con menor temor, recupera algo esencial: la confianza en el mañana. Y cuando hay confianza, suceden cosas extraordinariamente normales: la gente vuelve a hacer planes. A partir de ahí, el salvadoreño vuelve a pensar en estudiar, en emprender, en invertir y en abrir un negocio sin asumir —como dogma nacional no escrito— que cerrará antes de terminar de pagar el rótulo. Ya no se parte necesariamente de la idea de “esto no va a durar”, sino de “probemos”.

    En un país donde durante años el miedo fue la variable dominante, este cambio no es pequeño; es profundo y se siente en la vida diaria. Esa misma sensación de orden también ha modificado la forma en que El Salvador se proyecta hacia afuera. Hoy el país aparece en conversaciones internacionales no solo como advertencia, sino como caso de estudio. Nos observan, nos analizan y nos discuten. A veces con aplausos, a veces con reservas, pero ya no con indiferencia. Eso no garantiza reconocimientos permanentes, pero sí obliga a elevar la conversación sobre quiénes somos, qué estamos construyendo y hacia dónde queremos ir.

    Sin embargo, no todo avanza al mismo ritmo. La economía cotidiana sigue siendo el gran desafío. El dinero llega puntual, pero se va temprano. El salario hace su esfuerzo, pero el costo de la vida corre maratones. Ir al supermercado se ha convertido en una experiencia existencial: uno entra con lista y sale con preguntas profundas sobre la vida, el universo y en qué momento los productos básicos decidieron vivir en otra categoría. El salvadoreño no ahorra: administra con creatividad. Ajusta, prioriza y posterga con una habilidad que no se aprende en libros, sino en la vida.

    La estabilidad social es importante, pero cuando no va acompañada de oportunidades económicas reales para la mayoría, genera una presión silenciosa que no se manifiesta en protestas estruendosas, sino en preocupación diaria. Y luego está lo que más duele, lo que incomoda y lo que se habla en voz baja. Hay un ambiente donde opinar se vuelve un ejercicio de cálculo. Donde se piensa una cosa, se dice otra y muchas veces se guarda silencio. No por falta de criterio, sino por prudencia. El salvadoreño, con memoria histórica, sabe que sobrevivir también implica saber cuándo hablar y cuándo observar.

    En ese mismo espacio aparecen realidades que merecen ser tratadas con extrema sensibilidad. Por un lado, los despidos en el sector salud, que no solo alcanzaron a médicos, sino también a enfermeras y a otro personal sanitario, personas que durante años sostuvieron hospitales, clínicas y turnos imposibles, y que hoy se ven obligadas a rehacer su vida laboral, muchas veces sin notificaciones claras ni procesos humanos de transición. No se trata de juzgar decisiones administrativas, sino de recordar que detrás de cada uniforme hay una familia, una vocación y una historia de servicio.

    Pero hay una herida aún más profunda para muchas familias: la de personas detenidas que aseguran no tener vínculo alguno con estructuras criminales, pero que fueron privadas de libertad por parecer sospechosas, por vivir en una zona estigmatizada, por tener tatuajes, por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado, o incluso —según relatan familiares— por llamadas malintencionadas de personas de mal corazón, que señalaron sin pruebas, con ligereza o por venganza personal. No se trata de negar la necesidad del Estado de actuar con firmeza frente al crimen, ni de desconocer el derecho de la sociedad a vivir segura.

    Pero también es legítimo —y necesario— reconocer que existen casos donde la justicia tarda en escuchar, donde la presunción de inocencia parece diluirse y donde hogares enteros quedan suspendidos en la angustia, esperando que alguien revise con detenimiento, con humanidad y con verdad su caso. El Salvador conoce demasiado bien el valor de la libertad como para tratar estos casos como simples daños colaterales. Detrás de cada detenido injustamente hay madres que esperan, hijos que preguntan, esposas que resisten y familias que cargan el peso de una acusación que, en algunos casos, nunca debió formularse.

    A pesar de todo, hay algo que no se ha perdido: la capacidad del salvadoreño para adaptarse y seguir adelante. Aquí la creatividad no es lujo, es supervivencia. Cuando no hay recursos, hay ideas. Cuando no hay certezas, hay iniciativa. El salvadoreño inventa, ajusta y continúa. Incluso el humor —usado con respeto— sigue siendo una válvula de escape, no para burlarse del dolor, sino para no ser vencido por él. El año que viene plantea un desafío claro: consolidar lo que funciona, corregir lo que duele y no normalizar aquello que hiere la dignidad humana.

    La seguridad debe sostenerse con legalidad y humanidad; la economía necesita incluir a más; y la justicia debe ser firme, pero también justa en el sentido más profundo de la palabra. Y aquí resulta inevitable recordar un principio bíblico que trasciende ideologías y coyunturas: “Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno; y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.” (Miqueas 6:8) Justicia para sostener el orden, misericordia para no perder la humanidad y humildad para corregir cuando sea necesario.

    Si El Salvador camina en ese equilibrio, el 2026 puede ser más que un cambio de número: puede ser un año de madurez colectiva. Que el nuevo año nos encuentre más conscientes, más humanos y más responsables unos con otros. Y con respeto, esperanza y fe, decimos: el Señor Jesucristo te bendiga en este nuevo año que viene.

  • Cuba: La Impotencia médica

    Cuba: La Impotencia médica

    El totalitarismo castrista ha incurrido en numerosos crímenes a través de toda su historia siendo uno de los mayores el ejecutado en el sector de la salud, aunque no es el único. La dictadura cubana ha usado a los profesionales de la salud como instrumento de influencia política y mercancía humana, una estrategia derivada de la propuesta de una “medicina revolucionaria” dictada en 1960 por el asesino en serie Ernesto “Che” Guevara, otro gran fraude del absolutismo que impera en Cuba.

    La población bajo el totalitarismo nunca ha podido acceder libremente a la compra de productos de aseo personal y menos adquirir desinfectantes o cualquier producto de limpieza.

    Los insecticidas han faltado siempre, causando plagas de parásitos como las chinches que obligan a botar los deteriorados colchones y las escasas ropas de cama, aun mas, en estos días hable con un familiar quien me dijo que cuando se despertaba en las noches, tenía la sensación de que el repugnante animalito le salía por la boca.

    Las autoridades no recogen la basura de manera sistemática. Los barrios populares se han convertido en verdaderos basureros y puntos fundamentales en la formación de focos infecciosos mientras las fosas sépticas en los domicilios se revientan, afectando la vida y contaminando el suelo y las aguas subterráneas, un crimen ambiental que se repite hasta en el sistema de alcantarillado que presenta grandes salideros por falta de mantenimiento.

    La situación sanitaria en la Isla, a menos de 7 días de cumplir 67 años en el poder, es catastrófica. La farsa de unos excelentes servicios médicos se ha desmontado por si sola, la mentira ha sido descubierta.

    En el 2015 el realizador cinematográfico Wenceslao Cruz dirigió un documental del Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo titulado “Mito y Realidad de la Medicina en Cuba”, bajo la asesoría de los doctores en medicina Santiago Cárdenas y Omar Vento, en el que se recogen testimonios que muestran que los servicios médicos bajo el castrismo han dado mas prioridad a la gestión política, dentro y fuera la Isla, que a la salud de los ciudadanos.

    Entre otros testimonios está el del médico, Darsi Ferrer, quien fuera un notable activista a favor de la democracia en Cuba, dijo, “en el servicio médico hay una amplia y profunda corrupción como consecuencia de las injusticias del sistema. Los pacientes no cuentan con derechos ante una mala práctica y el denominado Medico de la Familia es uno de los fracasos más grande del régimen, además, el llamado internacionalismo no tiene nada que ver con el humanismo, la dictadura cumple un objetivo político, mientras, recibe miles de millones de dólares por la explotación que padecen los profesionales de la salud”.

    Esa denuncia grafica de hace diez años se reafirma con la trágica situación de salud que impera en la Isla de los generales y doctores del castrismo.

    La situación de los hospitales cubanos son más que deplorables. Falta de todo, médicos, medicinas, equipos, reactivos y todo lo que se pueda imaginar a lo que debemos sumar la pésima alimentación a los enfermos, cortes de electricidad y falta de agua. Los pacientes internados para sobrevivir requieren que sus familiares le hagan llegar desde el exterior lo que la cacareada potencia medica debía suministrarle.

    La desidia criminal no cesa de producir tragedias como las que están sucediendo en estos momentos con la epidemia de varios virus transmitidos por los mosquitos que proliferan en la Isla, más la falta de insecticidas y la negligencia de los funcionarios públicos que no eliminan focos infecciosos como los vertederos y la acumulación de desechos en los barrios durante meses.

    Las enfermedades infecciosas en la Isla llenan un diccionario. El siempre presente dengue, la Chikunguña y el oropouche han causado la muerte al menos de decenas de personas, una cifra alta en un país donde las autoridades mienten sistemáticamente en todo los que les afecta.

    Es apropiado denunciar que, aunque el castrismo es el principal culpable de tantas dolencias, no le han faltado cómplices extranjeros en la comisión de estos crímenes, entre ellos, la Organización Panamericana de la Salud que ha sido demandada por trata de persona por médicos cubanos que participaron en las llamadas misiones, un subterfugio del totalitarismo y sus aliados para disfrazar el tráfico de esclavos.

    *Pedro Corzo es periodista cubano

  • Los Duffer prometen un final “satisfactorio” para Stranger Things y sin baño de sangre

    Los Duffer prometen un final “satisfactorio” para Stranger Things y sin baño de sangre

    El segundo volumen de la quinta y última temporada de Stranger Things ha generado reacciones divididas entre los seguidores de la serie, algunos de los cuales han expresado su descontento por la aparente resistencia de los personajes principales a morir, incluso en situaciones límite.

    En respuesta a estas críticas, los hermanos Duffer, creadores de la exitosa producción de Netflix, adelantaron que el episodio final no será un “baño de sangre”, aunque reconocen que uno de los personajes favoritos del público podría no estar a salvo.

    En declaraciones a The Hollywood Reporter, Matt Duffer aseguró que el objetivo del desenlace no es “impactar ni molestar a nadie”. “No es Juego de Tronos. No estamos en Poniente. Me encanta Juego de Tronos, pero es una serie muy distinta. No va a haber una Boda Roja”, comentó, en alusión a uno de los episodios más trágicos de la saga creada por George R. R. Martin.

    Aunque los Duffer reconocen que el final incluirá “algunas cosas sorprendentes”, afirman que todo está pensado para que resulte coherente y emocionalmente satisfactorio. “Esperamos que, cuando los espectadores lleguen al final, sientan que todo era inevitable, pero no doloroso, sino satisfactorio”, añadió el cocreador.

    Consultados sobre posibles muertes, los hermanos Duffer evitaron confirmar nombres, aunque Matt hizo una mención indirecta al personaje de Steve Harrington, interpretado por Joe Keery, cuya evolución lo ha convertido en uno de los favoritos del público.

    “En cuanto al destino de Steve, no lo sé. No puedo decirlo”, dijo, incluso antes de que el entrevistador mencionara al personaje. Entre risas, el cineasta añadió: “Le siguen dando más y más palizas. La única forma de ir más allá sería la muerte”.

    Semanas atrás, los Duffer avivaron las especulaciones tras simular la muerte de Steve usando muñecos en The Tonight Show, tirando al personaje por el borde de una mesa.

    Un final planeado desde hace años

    Ross Duffer afirmó que están satisfechos con el cierre de la historia, especialmente con la escena final de la serie, la cual —según dijo— fue la primera que imaginaron cuando comenzaron a planificar la quinta temporada.

    “Sabíamos que podíamos entregar ocho horas de entretenimiento que gustaran al público, pero si fallábamos en los últimos cinco minutos, ¡eso sería lo único que recordaría la gente!”, señaló, convencido de que “todo encajará en su sitio”.

    Con esta temporada, Stranger Things se despide como una de las series más emblemáticas de la plataforma, tras haber marcado una generación con su mezcla de nostalgia ochentera, suspenso y ciencia ficción.

     

  • Imputan al presidente del Barça por presunta estafa a una inversora

    Imputan al presidente del Barça por presunta estafa a una inversora

    Un Juzgado de Instrucción de Barcelona citó a declarar el próximo 16 de enero al presidente del FC Barcelona, Joan Laporta, al vicepresidente Rafael Yuste, y a los exdirectivos Xavier Sala i Martín y Joan Oliver, como investigados por un presunto delito de estafa de $113,000 (unos 104,000 euros), cometido en 2016.

    Según un auto al que tuvo acceso la agencia EFE, el tribunal admitió la querella presentada por una inversora que destinó fondos a dos sociedades vinculadas a los directivos: Core Store, con sede en España, y CSSB Limited, registrada en Hong Kong, las cuales impulsaban proyectos deportivos y formativos en Europa y Asia.

    La querellante invirtió inicialmente $54,000 en Core Store como préstamo con un 6 % de interés, para apoyar el ascenso del Reus Deportivo de Segunda División B a Segunda División. Posteriormente, destinó otros $61,000 en acciones de CSSB Limited, cuyo propósito era crear una academia de fútbol en China inspirada en el modelo de La Masia del Barcelona.

    La reputación pública y empresarial de los involucrados fue clave para atraer la inversión. La querella destaca que los señalados eran “figuras ampliamente reconocidas y reputadas en el ámbito deportivo y empresarial”. En ese periodo, Laporta era administrador solidario de Core Store junto a Oliver, quien también fungía como representante legal de CSSB y consejero delegado del Reus Deportiu.

    La denunciante solo logró recuperar $13,500 de los $113,000 invertidos, tras múltiples intentos y reclamaciones por incumplimientos contractuales. Fue hasta agosto de 2024 cuando recibió ese reembolso parcial.

    Tras ver el documental Laportagate-El caso del Reus 2, donde se exponen otros casos de supuestas estafas a inversores en las mismas empresas, la afectada decidió contactar al abogado Pepe Oriola, quien representa a más víctimas, para iniciar acciones legales.

    Esta es la tercera investigación abierta contra Laporta por su presunta participación en actividades fraudulentas ligadas a Core Store y CSSB Limited.

     

  • El Salvador 2025: Aproximación al cierre del Balance de Seguridad Pública

    El Salvador 2025: Aproximación al cierre del Balance de Seguridad Pública

    A menos de 72 horas para que finalice el año 2025, El Salvador no solo cierra un año calendario, sino que consolida una estrategia de seguridad por un año más, que hace apenas un lustro parecía una utopía de ficción. San Salvador, que alguna vez encabezó las listas de las ciudades más peligrosas del mundo, despide el año con una atmósfera de normalidad que, para el salvadoreño promedio, es una de acciones de gracia, principalmente si vivía en zonas controladas y asediadas por los pandilleros criminales.

    Las cifras oficiales al cierre de diciembre son categóricas y contundentes.Con tres días completos pendientes de cifras, mi proyección del uno de abril del 2025 la mantengo y sostengo, y es que el año finalizará con un dato de entre 75 y 85 homicidios intencionales, con una tasa de homicidios situada entre el 1.2 y 1.4 por cada 100,000 habitantes, una cifra que no solo pulveriza el registro de 1.9 alcanzado en 2024, sino que sitúa a la nación como un referente en la menor tasa de violencia homicida del continente americano. Con más de 290 días sin homicidios intencionales acumulados a lo largo del año, el Plan Control Territorial y la herramienta constitucional del Régimen de Excepción han logrado lo que décadas de «Mano Dura» «Treguas» “Mano amiga” no pudieron:desarticular el control territorial de las pandillas.

    Más allá de las estadísticas y gráficos, el beneficio para la población se traduce en menos familias en luto y drama por el asesinato de un familiar,Este 2025 ha sido el año de la recuperación de la cotidianidad:

    * Libertad de movilidad: El fin de las «fronteras invisibles» ha permitido que miles de familias se reúnan sin miedo en colonias que antes eran zonas de guerra.

    * Dinamismo comercial: La reducción drástica de la extorsión ha dado un respiro a los microempresarios. Ya no es el «impuesto de guerra» el que dicta si una tienda de barrio abre o cierra, sino la oferta y la demanda. Y miles de emprendimientos.

    * Turismo y economía: El crecimiento económico, que alcanzó picos del 5.1% en el tercer trimestre, y un promedio cercano al 4% está íntimamente ligado a la percepción de seguridad. El Salvador se ha convertido en un imán de eventos internacionales y turismo de hermanos que viven en el exterior, muchos de ellos expulsados por la violencia y las pandillas, con un aumento significativo en los ingresos por vía terrestre.

    El Salvador termina el 2025 con la frente en alto en materia de seguridadpública y ciudadana, en la cima de los países del continente, un año más.La población ha pasado de discutir sobre masacres a debatir sobre el costo de la vida y la calidad de la educación; un cambio de narrativa que, en sí mismo, es un triunfo. El país ya no es el enfermo de la región, sino un referente para ser estudiado y que cada Nación después de un análisis profundo e interno decida tomar decisiones sobre qué aspectos pueden replicar e implementar en su país. La próxima semana dispondremos de las evidencias y datos oficiales para confirmar mis proyecciones de inicio del presente año. La criminología es una ciencia y permite desarrollar estudios prospectivos con la ciencia de datos.

    Dios es bueno y misericordioso. Que Dios les bendiga, les guarde y les siga prosperando, que el 2026 sea un año lleno de bendiciones y éxitos estimados lectores. Declaro 2026 año favorable de Dios para mi vida, familia, a nuestros lectores, para Diario El Mundo y para El Salvador.

    *Por Ricardo Sosa, Doctor y máster en Criminología

    @jricardososa

     

     

  • Emboscada Climática: Del Tiktaalik al Colapso Humano

    Emboscada Climática: Del Tiktaalik al Colapso Humano

    Era una noche de estrellas indiferentes, en el confín del horizonte despuntaban los primeros filos de un sol que se alzaba como un centinela descreído, aunque la tiniebla aún reinaba soberana en aquella madrugada del 31 de diciembre, último estertor de un año cargado de promesas traidoras y miedos que olían a azufre.

    El mundo había mutado y girado a la derecha en ese 2025 maldito, con esperanzas que se volvían cuchillos en la oscuridad. Cuchillos egoístas, espejos de la cultura narcisista y ambiciosa de las nuevas generaciones. Un surfista curtido, de esos que desafían al océano como un hidalgo a duelo, se adentraba mar adentro sobre su tabla, remando con la tenacidad de un galeón en temporal. La superficie era un espejo negro y sereno, y con cada brazada saltaban centellas luminosas desde las profundidades, como almas en pena escapando del abismo.

    El silencio era un mazazo, roto solo por el rumor sordo de las olas, cual murmullo de conspiradores en la penumbra. De pronto, un chasquido lejano, como otra tabla cortando el agua, lo alertó. Al acercarse, divisó un garrobito de tamaño mediano, que al cruzarse con su mirada se zambulló en pánico, nadando como alma que lleva el diablo.

    «Raro como el demonio», masculló el hombre, que en años de madrugadas negras no había visto tal prodigio. Una ola se hinchó atractiva, como una cortesana prometiendo placeres prohibidos; el surfista giró, remó en sintonía con su furia y, al sentir la tracción, saltó sobre la tabla, cabalgándola en esa danza de adrenalina y paz engañosa. La cresta lo acercó a la playa, y allí, en un espectáculo que helaba la sangre, cientos de iguanas verdes y negras invadían el océano, regresando al agua primordial con la urgencia de un ejército en retirada.

    El surfista las miró con ojos desorbitados, como si presenciara el tiktaalik —aquel pez-anfibio de hace 375 millones de años— dando el salto inverso, del agua a la tierra convertida ahora en infierno inhabitable. Todo era obra del cambio climático, acelerado en los últimos cincuenta años a un galope endemoniado: más de tres grados de fiebre global, desertificación como un cáncer voraz y agua dulce evaporada en sequías asesinas.

    En los albores del siglo XX, el calentamiento era un trote de damas: siete centésimas por década; más post-1975, se duplicó a trece o veinte, azuzado por chimeneas que vomitaban humo negro como cañones de asedio y coches rugiendo veneno cual dragones del Averno. Los invernaderos antropogénicos —CO2 y su pandilla— tendieron la emboscada, mientras los aerosoles, escudos contra el sol traidor, se disiparon en el vendaval de la codicia. Nutrias, castores, hipopótamos y reptiles se refugian más en el agua para termorregularse y sobrevivir; la tierra escasea recursos, y la ventaja selectiva premia a los acuáticos. El instinto primal filtra ganadores: no incluye al hombre, cuya soberbia ha sobrepasado toda adaptación.

    La velocidad del colapso aniquila a la especie humana. Así, caballeros, el planeta se sacude el yugo humano con la frialdad de un verdugo toledano. Las bestias vuelven al mar primordial, y el hombre, ese hidalgo arrogante, queda varado en desiertos de su propia forja. El surfista volvió su vista mar adentro, y vio el abismo que se le planteaba a su especie, hambre, sed, guerras…por primera vez desde su existencia admiro al mar, no como su amante y amigo, sino como aquel ser destructor y enemigo de la raza humana.

    La vida, en este planeta de la especie humana, reinando desde hace más de 300 mil años, estaba llegando a su fin. Él lo presentía. Decidió salir del agua, el caliente ambiente lo corroboraba su piel. Se sentó a la orilla de la playa y admirando el sol naciente, pensó:

    Si no empuñamos ya la disciplina colectiva con fuerza defensiva —cortando emisiones con precisión letal y abrazando la moderación—, volviendo a nuestro ser natural, no habrá refugio para valientes ni cobardes en este siglo de fiebres colectivas. Hora de rendirnos al recato, o perecer degollados por nuestra propia mano incendiaria. ¡Bienvenido seas 2026!