Autor: Alvaro Cruz

  • El fracaso globalista en la coyuntura venezolana

    El fracaso globalista en la coyuntura venezolana

    El nuevo año inició con una Venezuela acorralada por la presencia militar de Estados Unidos. Finalmente, en la madrugada del 3 de enero, Nicolás Maduro y su esposa fueron extraídos de Caracas. La situación política y social del país sudamericano había llegado a ser tan manifiestamente indigna de cualquier defensa moral —diagnóstico extensivo a Cuba y Nicaragua—, que la intervención norteamericana se presentaba como la única salida viable del problema. Por responsabilidad histórica, sin embargo, conviene preguntarnos por qué se llegó a este escenario tan extremo.

    La amenaza de cualquier nación sobre otra rompe con uno de los principios básicos del derecho internacional: la no injerencia. Ningún país debería sentirse justificado para interferir en otro. Tanto la Carta de las Naciones Unidas (ONU) como la de la Organización de los Estados Americanos (OEA) señalan la “no intervención en los asuntos que son esencialmente de la jurisdicción interna de los Estados” como un pilar de la convivencia pacífica.

    Pese a que sendos documentos reconocen este principio, ninguno de los dos declara que sea absoluto. Se admite la existencia de razones válidas para la injerencia en la realidad doméstica de una nación, siempre y cuando quien la lleve a cabo sea una fuerza organizada multilateral a cuyo criterio se sometan las pruebas de aquellas razones: peligros reales para la paz, la defensa de un país agredido y cuando un Estado haya demostrado su incompetencia en la protección de su propio pueblo contra crímenes monumentales.

    De acuerdo al capítulo VII de la Carta de la ONU, el Consejo de Seguridad es la entidad encargada de “tomar la iniciativa” en todo lo concerniente a la búsqueda y sostenimiento de la paz en el mundo. Si la organización fuera exitosa en esta misión —justo para la que fue creada, no se olvide—, la fraternidad y la cooperación serían las características principales de las relaciones internacionales y la diplomacia preventiva estaría siempre a la vanguardia ante cualquier asomo de conflicto.

    La realidad histórica se ha mostrado muy distinta. Desde la creación de la ONU, en octubre de 1945, cientos de disputas armadas han estallado alrededor del planeta. De hecho, según la edición más reciente del Índice Global de la Paz, en la actualidad hay 59 conflictos estatales activos, “la mayor cantidad desde el final de la Segunda Guerra Mundial”. Adicionalmente, la solución pacífica de estas confrontaciones es menor que en cualquier otro momento del último medio siglo.

    La internacionalización de los pleitos también ha crecido de manera exponencial. Al menos 78 países se encuentran involucrados hoy en tensiones que superan sus fronteras territoriales y un total de 106 naciones han incrementado su capacidad militar. En 1970 solo seis países poseían una influencia sustancial en otros Estados, mientras que ahora esa cifra se ha elevado a 34. La fragmentación del poder global no solo ha debilitado la buena vecindad sino que la ha demolido.

    El evidente fracaso de la ONU es resultado de muchos factores, comenzando por la facultad de veto que tienen, dentro del Consejo de Seguridad, incluso los países que ejecutan agresiones contra otros. Rusia, por ejemplo, frena cualquier resolución sobre la guerra en Ucrania; Estados Unidos no deja avanzar ninguna decisión sobre el conflicto en Gaza, y China suele defender los intereses de sus aliados. ¿Por qué estos tres Estados tienen ese poder? Porque, junto con Reino Unido y Francia, fueron las naciones triunfadoras de la última gran guerra, adjudicándose a sí mismas un puesto perenne en el Consejo. Para colmo, entre los miembros no permanentes de esta entidad han llegado a figurar la Libia de Gadafi, el Pakistán de Musharraf, el Sudán de Al Bashir y el Egipto de Mubarak.

    La ONU habría podido resultar mucho más eficaz si el cruce de vetos entre potencias tuviera una contraparte técnica inteligente. Pero tampoco es el caso. La organización lleva décadas promoviendo e imponiendo agendas “progresistas” a gran escala, provocando más divisiones de las necesarias y alimentando a una burocracia multilateral que jamás ofrece cuentas claras sobre el trabajo que realiza. La OEA funciona con límites muy semejantes, incapaz de lograr los dos tercios de su Consejo Permanente para aplicar como Dios manda su Carta Democrática (otro reluciente modelo de papel mojado).

    En consecuencia, huérfanos de una organización mundial con la suficiente autoridad —operativa, jurídica y moral— para gestionar los conflictos, los líderes autoritarios se sienten libres de amedrentar a sus propios pueblos o atacar a sus países vecinos. Así vemos a Hugo Chávez y Nicolás Maduro implantando una dictadura de 25 años en Venezuela o a Vladimir Putin invadiendo Ucrania, todos bajo el manto de la impunidad.

    El cerco militar estadounidense al régimen de Maduro habría sido innecesario si existiera una entidad supranacional con la capacidad de actuar oportunamente contra las tiranías, con criterios definidos, acciones concretas y límites bien trazados. Pero en el caótico escenario de la humanidad, cuando quienes deberían garantizar la paz y los derechos individuales exhiben su agotamiento y venalidad, es difícil esperar que los cambios se produzcan sin trastornos.

    No se trata de librar de responsabilidades a ningún líder o nación, sino de exponer el daño que produce la ausencia de consensos objetivos y viables alrededor del eterno desafío de la paz.

  • Año 2026: La participación ciudadana es vital para profundizar los resultados en seguridad 

    Año 2026: La participación ciudadana es vital para profundizar los resultados en seguridad 

    Recibimos el año 2026 no solo con el cambio de calendario, sino con la madurez de un modelo de seguridad que en 2025 demostró que el orden no es un accidente y que produce resultados, y es parte de la determinación estratégica. Tras un año de excelentes y grandes resultados donde las métricas de victimización y los índices de criminalidad alcanzaron mínimos que muchos consideraban inalcanzables, nos encontramos en el umbral de una oportunidad definitiva: transformar la seguridad pública en una paz ciudadana inquebrantable.

    Desde el enfoque de la criminología que es el mío, el éxito del año 2025 se fundamentó en la combinación de inteligencia policial aplicada, ciencias policiales y control territorial. Sin embargo, para que el 2026 supere estas expectativas, debemos dar el salto de la «contención» a la «prevención comunitaria». La seguridad no puede depender exclusivamente de patrullajes, intervenciones y la presencia disuasiva del uniforme policial o de la Fuerza Armada de El Salvador; requiere de un ingrediente que la técnica por sí sola no puede fabricar: la fe y la participación ciudadana activa.

    No es común que un análisis técnico mencione la Fe en Dios, a muchos les molesta, lo rechazan y lo ven contradictorio, pero en la criminología moderna entendemos que los valores espirituales y éticos son el tejido que sostiene la prevención primaria. Una sociedad que pone su esperanza en Dios y busca el bienestar del prójimo es, intrínsecamente, una sociedad más difícil de corromper. La fe nos devuelve la convicción de que la paz es posible y que la justicia no es una utopía. Al iniciar este año, encomendar nuestras estrategias a la guía divina nos otorga la templanza necesaria para enfrentar los desafíos que aún persisten y es sabiduría pura. Dios es la fuente de la sabiduría, dándola a quienes la buscan (Proverbios 2:6).

    Las grandes expectativas para este 2026 solo se cumplirán si cada ciudadano asumimos nuestro rol en la seguridad ciudadana. No basta con aplaudir los resultados desde la TV o las redes sociales; la seguridad ciudadana se construye en la denuncia de todo acto que afecte mi entorno y la sociedad, en la recuperación de los espacios públicos, en el fortalecimiento de los lazos vecinales, en la participación de las actividades de mi comunidad, brindando aportes, saliendo de una zona cómoda.

    Para que este año 2026 propongo y recomiendo que como salvadoreños podamos prestar atención y esforzarnos en estos aspectos mínimos para mejorar un año más nuestros indicadores, de la manera siguiente:

    Busquemos de Dios como sociedad salvadoreña. Pongamos en práctica los principios y valores cristianos. «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová» (Proverbios 9:10).

    Cultura de legalidad: Fomentar desde el hogar el respeto a la norma como el camino más corto hacia la libertad. No a las cachadas. Mateo 22:21: Jesús establece el principio de responsabilidad civil al decir: «Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios». Juan13:34: Jesús eleva la medida del amor al decir: «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros».

    Una cultura de paz y sana convivencia en casa y nuestra comunidad. El amor y respeto por cada miembro de la familia y de la colonia. «Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.» — Mateo 5:9

    Mejorar los niveles de tolerancia en el hogar y en lo comunitario. La Regla de Oro: Jesús resume el trato interpersonal en Mateo 7:12, indicando que se debe tratar a los demás como uno desea ser tratado.

    Todas las niñas, niños, adolescentes a la Escuela a estudiar tiempo pleno. Proverbios 18:15: «El corazón del entendido adquiere sabiduría; y el oído de los sabios busca la ciencia».

    Mucho cuidado con el consumo de alcohol etílico en cualquiera de sus presentaciones. El alcoholismo es una enfermedad y requiere de apoyo multidisciplinario. La embriaguez nubla el juicio, causa lamentos y quita el buen motivo (Proverbios 23:33, Oseas 4:11).

    Prevención terciaria: Fortalecer los programas de reinserción para cerrar las puertas giratorias del sistema penal por delitos no relacionados con pandillas criminales. Ezequiel 34:16: «Yo buscaré la perdida, y haré volver la descarriada; vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil…». Representa la acción de reintegrar a quien se apartó o resultó dañado por sus errores.

    Estamos iniciando un año 2026 que debe ser bendecido y próspero. La mesa está puesta para que este año sea recordado como el tiempo en que la paz se volvió costumbre. Con la guía de Dios y el compromiso de cada ciudadano, podemos avanzar a un país que se logre el desarrollo humano y el económico y social. A esforzarnos y ser muy valientes Dios ha prometido en su palabra estar con nosotros todos los días.

    *Por Ricardo Sosa, Doctor y máster en Criminología

    @jricardososa 

  • Trump advierte que habrá un segundo ataque a Venezuela si el régimen no le cumple

    Trump advierte que habrá un segundo ataque a Venezuela si el régimen no le cumple

    El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió el domingo que un segundo ataque militar contra Venezuela sigue sobre la mesa si las nuevas autoridades no acatan las condiciones impuestas tras la captura del dictador Nicolás Maduro. El mandatario aseguró que su Gobierno se mantiene en contacto con Delcy Rodríguez, nombrada presidenta encargada por el Tribunal Supremo de Justicia chavista.

    “Si no cumplen, lanzaremos un segundo ataque”, declaró Trump a los periodistas a bordo del Air Force One, tras regresar a Washington. Al ser cuestionado sobre si esa posibilidad se descartaba con Maduro ya bajo custodia en una prisión federal y Rodríguez al frente del Ejecutivo venezolano, respondió con firmeza: “No, no lo está”.

    Trump también dejó abierta la opción de desplegar tropas estadounidenses en territorio venezolano, aunque señaló que dependerá “de lo que suceda y un poco de la nueva administración, por así decirlo”.

    Horas antes, en una entrevista con The Atlantic, Trump fue aún más contundente respecto al futuro de Rodríguez: “Si no hace lo correcto, le espera un futuro peor que el de Maduro”.

    Al ser consultado sobre las palabras de la funcionaria, quien acusó a EE.UU. de cometer un “secuestro” con la detención de Maduro, el presidente consideró que “no es un término inapropiado”.

    Rodríguez ofrece cooperación

    Por su parte, Delcy Rodríguez publicó un comunicado en el que ofreció colaboración a Estados Unidos. “Extendemos la invitación al Gobierno de los EE.UU. a trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación, orientada al desarrollo compartido”, manifestó en Telegram. El mensaje fue firmado como presidenta encargada, pese a no haberse realizado aún una ceremonia pública de juramentación.

    Rodríguez dirigió el domingo un Consejo de Ministros, acompañada por altos funcionarios del chavismo, entre ellos el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, y el titular de Interior y Justicia, Diosdado Cabello. En el mensaje, reafirmó la “vocación de paz” del pueblo venezolano y defendió su derecho a la soberanía.

    “Presidente Donald Trump: nuestros pueblos y nuestra región merecen la paz y el diálogo, no la guerra”, afirmó. Agregó que su anhelo es que Venezuela se convierta en una “gran potencia”, en la que todos los ciudadanos puedan encontrarse.

    Sin embargo, Trump insistió en que su administración necesita “acceso total” a los recursos venezolanos, incluidos el petróleo y otras áreas estratégicas. “Estamos a cargo”, sentenció. También reveló que evalúa reabrir la embajada estadounidense en Caracas y que su equipo de confianza continuará gobernando Venezuela durante el proceso de transición.

     

  • Entre la “libertad para Venezuela” y el fantasma de Londres: lo que Pinochet le recuerda a El Salvador

    Entre la “libertad para Venezuela” y el fantasma de Londres: lo que Pinochet le recuerda a El Salvador

    ¡Feliz año nuevo!, les decía a mis amigos. Mucha salud y tranquilidad, agregaba, porque a nuestra edad el dinero y el amor ya no cuentan. Como me dijo uno de ellos, el amor y el sexo, a estas alturas, ya entran en la categoría de los milagros.

    Y así llegó el sábado 3 de enero del nuevo año. La paz y la tranquilidad se volvieron remotas, distantes y, de cierta forma, angustiosamente inalcanzables. El gobierno de los Estados Unidos, mediante una operación militar-judicial, procedía a la captura extraterritorial de un jefe de Estado en funciones. Nicolás Maduro, líder venezolano, era detenido junto con su esposa por fuerzas especiales del vecino del norte y trasladado a una prisión en el estado de Nueva York.

    Pura coincidencia —o no—, el gobierno de George H. W. Bush había invadido Panamá y capturado a su jefe de Estado, Manuel Noriega, el 3 de enero de 1990. Tanto Noriega como Maduro fueron acusados por Estados Unidos de narcotráfico y ambos desataron fuertes controversias internacionales. Podríamos agregar en este recuento el caso hondureño de Juan Orlando Hernández que, aunque fue condenado por narcotráfico por un tribunal de Nueva York, terminó siendo indultado hace muy poco por el propio gobierno de Trump.

    A estos dos casos se suma el arresto de Augusto Pinochet en Londres, en 1998, un evento que marcó un punto de inflexión: por primera vez, un exjefe de Estado era detenido en un tercer país por crímenes de lesa humanidad, invocando el principio de jurisdicción universal. No hubo invasión ni captura militar. Hubo jueces.

    A diferencia de otros casos latinoamericanos, como las capturas de Noriega y Maduro, el caso Pinochet estableció un límite distinto: la soberanía nacional no podía convertirse en refugio permanente frente a crímenes considerados intolerables por la comunidad internacional. La detención en Londres no fue un acto de fuerza, sino un proceso judicial impulsado desde España y validado por los tribunales británicos.

    Un profundo silencio se cierne sobre muchos gobiernos de la región. Con excepción de Cuba, la mayoría de los líderes latinoamericanos, incluido El Salvador, han optado por el mutismo, quizás temerosos al constatar que la mal llamada soberanía no protege frente a los dueños del mundo. México, Brasil, Chile, Colombia, Uruguay y España emitieron un comunicado conjunto rechazando la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro, por considerar que violan el derecho internacional y la soberanía de los Estados. Otros gobiernos que se han alineado con el discurso de “libertad para Venezuela” y el apoyo a la acción estadounidense incluyen Argentina, Paraguay, Bolivia, Ecuador, El Salvador y Panamá, según los recuentos regionales iniciales.

    El Salvador no se siente amenazado por una acción militar de una potencia extranjera, pero la figura de Pinochet sí le incomoda. La historia reciente del país, marcada por una suspensión prolongada de derechos ciudadanos desde marzo de 2022 y por una larga cultura de impunidad, hace que la justicia internacional sea vista con ambivalencia: esperanza para las víctimas, incomodidad para las élites políticas y militares.

    El gobierno salvadoreño actual goza de una legitimidad electoral indiscutible y de un respaldo popular significativo, particularmente en materia de seguridad. Sin embargo, el precedente Pinochet introduce una idea que trasciende coyunturas: la legitimidad democrática no extingue la responsabilidad jurídica futura. Estados de excepción prolongados, concentración de poder y uso intensivo de la fuerza pueden ser defendidos políticamente en el presente, pero quedan registrados históricamente. En un mundo donde los estándares internacionales de derechos humanos siguen operando, las decisiones excepcionales tienden a ser evaluadas con el paso del tiempo, no solo por tribunales nacionales, sino también por instancias externas.

    Es cierto que las medidas actuales en materia de seguridad han tenido una eficacia inmediata, pero el horizonte ético no las mide por su efectividad, sino por su compatibilidad con estándares universales. De ahí las limitaciones extremas que este gobierno ha instalado para obstaculizar la documentación y preservación de la memoria, tan importantes hoy para la sociedad civil y para el futuro de nuestra democracia.

    El caso de Pinochet nos enseña que, por más esfuerzos que se hagan para silenciar la realidad, el tiempo y la historia no siempre absuelven. Soberanía con responsabilidad o soberanía con impunidad: ese es el dilema salvadoreño actual. Como mencioné en un artículo anterior, estamos viviendo la era de la posverdad. Todo se vale hoy; está por verse si mañana seguirá siendo válido.

  • La captura de Maduro abre una esperanza democrática para Venezuela

    La captura de Maduro abre una esperanza democrática para Venezuela

    La captura de Nicolás Maduro, más allá de las controversias jurídicas y geopolíticas que suscita, inaugura una coyuntura histórica que Venezuela llevaba años aguardando: la posibilidad real de un reencuentro con la democracia. No se trata de celebrar la fuerza por la fuerza, sino de reconocer que la impunidad había cerrado todas las vías internas para la rendición de cuentas. Cuando el poder se blinda frente a la ley, la justicia termina llegando por otros cauces.

    Este momento no surge de la improvisación. Durante años se acumuló un expediente que describió una red de corrupción, violencia y alianzas criminales incompatible con cualquier noción de Estado de derecho. La captura, en ese sentido, no es un gesto simbólico, sino la culminación de un proceso judicial que ya había establecido responsabilidades. Para millones de venezolanos, es la primera señal tangible de que los abusos no eran invisibles ni olvidados.

    La reacción opositora, que subraya la oportunidad para una transición política, expresa un sentimiento extendido en el país: el deseo de pasar la página sin venganza, pero con justicia. La última gran estafa de Maduro fue el monumental fraude electoral de 2024 cuando Edmundo González Urrutia claramente ganó las elecciones.

    La afirmación de que Maduro enfrenta hoy la justicia internacional conecta con una demanda central de la sociedad venezolana: que los crímenes tengan consecuencias y que el poder vuelva a someterse a reglas. Sin ese punto de partida, ninguna reconciliación es posible.

    Es cierto que la operación estadounidense abre interrogantes profundos sobre soberanía y derecho internacional. Pero también es cierto que la soberanía no puede convertirse en coartada para el narcoterrorismo ni para la destrucción sistemática del orden constitucional. Los tratados existen para promover la cooperación; cuando un régimen la bloquea y se declara, de facto, al margen del sistema internacional, la comunidad de Estados enfrenta dilemas que no admiten respuestas cómodas. En ese cruce, la seguridad internacional y la justicia penal transnacional han terminado imponiéndose.

    En el plano interno, la captura desnuda la fragilidad de un poder sostenido más por la coerción que por la legitimidad. Las maniobras para aferrarse a la continuidad —desde interpretaciones forzadas de la Constitución hasta la exhibición de los grupos paramilitares llamados colectivos boliviarianos— revelan un régimen en retirada. La ausencia de cohesión en el alto mando y la apelación a estados de excepción de dudosa legalidad confirman que el chavismo sin su líder entra en fase terminal.

    El impacto regional es innegable y, por momentos, inquietante. Sin embargo, también redefine alineamientos: la mayoría de las democracias respalda el mandato popular expresado en las urnas y reclama una transición ordenada. El apoyo que recibe el antiguo régimen de parte de gobiernos autoritarios como los de Cuba y Nicaragua solo subraya el carácter del conflicto: no es una disputa ideológica, sino un pulso entre democracia e impunidad, entre libertades y autoritarismo.

    El desafío inmediato es claro: convertir esta ruptura en un proceso de reconstrucción institucional que minimice la violencia. La neutralización de los aparatos armados irregulares, el respeto a los derechos humanos y la conformación de un gobierno de transición creíble son condiciones indispensables para evitar una deriva caótica. La comunidad internacional puede y debe acompañar, pero el protagonismo final corresponde a los venezolanos y a su capacidad de articular un acuerdo nacional.

    Venezuela entra en 2026 con incertidumbre, sí, pero también con una oportunidad inédita. El ciclo autoritario que comenzó con la manipulación de los mecanismos democráticos parece haber llegado a su límite histórico. La captura de Maduro no es el final del camino; es el umbral. El reto ahora es que la justicia se transforme en democracia y que la esperanza no vuelva a ser traicionada.

  • Cuba confirma muerte de 32 militares en operativo de EE.UU. en Venezuela

    Cuba confirma muerte de 32 militares en operativo de EE.UU. en Venezuela

    El Gobierno de Cuba confirmó este domingo la muerte de 32 militares que se encontraban en Venezuela al momento del ataque ejecutado por Estados Unidos contra el régimen de Nicolás Maduro. Las fuerzas cubanas habrían caído en “acciones combativas” durante la operación que culminó con la captura del dictador venezolano.

    A través de redes sociales, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, detalló que los fallecidos “cumplían misiones en Caracas” a solicitud de “órganos homólogos” venezolanos, sin proporcionar mayores detalles. “Honor y gloria a los bravos combatientes cubanos que cayeron enfrentando a terroristas en uniforme imperial”, escribió el mandatario, en referencia a las tropas estadounidenses que lideraron el operativo.

    Según informes del Ministerio del Interior cubano, entre los fallecidos se encuentran miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, personal del mismo ministerio, así como agentes de los servicios de inteligencia de la isla. Aunque desde hace años se rumoraba que el anillo de seguridad más cercano a Maduro estaba conformado por militares cubanos, ni Caracas ni La Habana lo habían confirmado oficialmente hasta ahora.

    La Habana declaró dos días de duelo oficial a partir de este lunes a las 6:00 a.m., en los que las banderas ondearán a media asta y se suspenderán la mayoría de los actos públicos. Díaz-Canel manifestó su “dolor e indignación” por la pérdida de los soldados, a quienes calificó como “valerosos” y expresó su “gran afecto, admiración y orgullo” por su “heroico comportamiento”.

    Horas antes del comunicado cubano, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había afirmado que “muchos en el otro bando” murieron durante la operación para capturar a Maduro y que entre ellos había “muchos cubanos” involucrados en su protección personal.

    Durante un acto público posterior, Díaz-Canel condenó la operación estadounidense, calificándola como un “acto de terrorismo” y una violación al derecho internacional.

    Cuba y Venezuela han sido aliados estrechos durante las últimas dos décadas. Caracas enviaba petróleo a La Habana, y a cambio, el gobierno cubano ofrecía personal médico, docentes y, según ahora se confirma, también militares y agentes de inteligencia.

    La caída de Maduro representa un duro golpe para el régimen cubano, que enfrenta una de sus peores crisis económicas y energéticas en décadas, y que ahora pierde a uno de sus principales socios internacionales.

     

  • María Corina Machado exige que González Urrutia asuma el poder tras captura de Maduro

    María Corina Machado exige que González Urrutia asuma el poder tras captura de Maduro

    La opositora venezolana María Corina Machado, ganadora del Premio Nobel de la Paz 2025, llamó este sábado a los ciudadanos a mantenerse vigilantes y listos para actuar, tras la captura del presidente Nicolás Maduro por parte de las fuerzas de Estados Unidos. La también exdiputada instó a que Edmundo González Urrutia asuma “de inmediato” la Presidencia de Venezuela, luego del operativo militar que derrocó al régimen chavista.

    A través de un comunicado difundido en su cuenta oficial de X (antes Twitter), Machado afirmó que el país está ante un punto de quiebre histórico.

    “Llegó la hora de que la soberanía popular y la soberanía nacional rijan en nuestro país. Vamos a poner orden, liberar a los presos políticos, construir un país excepcional y traer a nuestros hijos de vuelta a casa”, escribió.
    Machado adelantó que anunciará próximamente una serie de acciones a través de sus canales oficiales, aunque no detalló en qué consistirán. Mientras tanto, hizo un llamado a los ciudadanos dentro del país para que estén “listos para poner en marcha” el proceso de transición.

    La opositora celebró la acción militar de Estados Unidos, al asegurar que el gobierno norteamericano “cumplió su promesa de hacer valer la ley” ante lo que describió como la negativa de Maduro de aceptar una salida negociadadel poder.

    “Nicolás Maduro desde hoy enfrenta la justicia internacional por los crímenes atroces cometidos contra los venezolanos y contra ciudadanos de muchas otras naciones”, expresó.
    Machado también reafirmó su respaldo a González Urrutia, a quien reconoce como legítimo ganador de las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, y rechazó los resultados oficiales que otorgaban el triunfo a Maduro.

    “Esta es la hora de los ciudadanos (…). Los que elegimos a Edmundo González Urrutia como legítimo presidente de Venezuela, quien debe asumir de inmediato su mandato constitucional y ser reconocido como comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional por todos los oficiales y soldados que la integran”, declaró.
    Por su parte, González Urrutia se dirigió a los venezolanos en un mensaje donde calificó el momento como “horas decisivas”, y aseguró estar listo para iniciar la “gran operación de reconstrucción” del país.

    Mientras tanto, la fiscal general de EE. UU., Pam Bondi, confirmó este sábado que Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, serán juzgados en un tribunal federal de Nueva York. Recordó que desde 2020 pesa sobre el mandatario una acusación formal por narcoterrorismo, que incluye cuatro cargos, entre ellos el de conspiración para introducir drogas en territorio estadounidense.

    El presidente Donald Trump confirmó en Truth Social que Estados Unidos ejecutó con éxito “un ataque a gran escala contra Venezuela”, y reiteró que Maduro y su esposa fueron capturados y sacados del país por aire.

     

  • Trump confirma ataque a Venezuela y captura de Nicolás Maduro

    Trump confirma ataque a Venezuela y captura de Nicolás Maduro

    El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó este sábado que su país ejecutó “con éxito un ataque a gran escala contra Venezuela” y aseguró que el mandatario venezolano, Nicolás Maduro, fue capturado junto a su esposa, Cilia Flores, y sacado del país por vía aérea.

    Hasta el momento, el Gobierno venezolano no se ha pronunciado sobre el paradero de Maduro ni ha confirmado la información divulgada por la Casa Blanca.

    “La operación fue realizada en conjunción con las fuerzas del orden de Estados Unidos”, afirmó Trump en un mensaje publicado en la red social Truth Social, donde adelantó que brindará más detalles en una rueda de prensa a las 11:00 de la mañana, desde Mar-a-Lago, en el estado de Florida.

    El anuncio de Trump sobre la captura de Nicolás Maduro.

    El anuncio del presidente estadounidense se produjo pocas horas después de que se reportaran explosiones y sobrevuelos de aeronaves militares en Caracas y otras zonas de Venezuela, hechos que generaron alarma entre la población durante la madrugada.

    Fuentes de la Administración indicaron que Trump dio luz verde a los ataques militares hace varios días, tras meses de incremento de la presencia militar estadounidense frente a las costas venezolanas y reiteradas peticiones de la Casa Blanca para que Maduro abandonara el poder.

    En una breve entrevista concedida al diario The New York Times, desde Mar-a-Lago, Trump calificó la operación como “una operación brillante”.

    “Ha habido mucha planificación y mucha gente y militares muy buenos”, sostuvo el mandatario, al referirse a la acción que, según dijo, derivó en la captura y salida del país del líder venezolano y su esposa.

    Trump también señaló que durante la conferencia de prensa de este sábado informará si notificó previamente al Congreso de Estados Unidos, órgano que tiene la potestad constitucional de declarar la guerra.

     

  • Equilibrando la brújula para el presente año

    Equilibrando la brújula para el presente año

    Un nuevo año inició y es importante que se analice el rumbo de la geopolítica, de los acontecimientos internacionales que de una forma u otra afectan a la humanidad. Como salvadoreños tenemos en nuestras manos la responsabilidad para que la brújula nos lleve a la bonanza.

    A nivel internacional, tal parece que Maduro tiene pesadillas, ya que, Donald Trump, le quiere sacar del poder por las buenas o por la fuerza. Todos sabemos que su gobierno es ilegítimo. El premio Nobel de la Paz ganado por María Corina Machado es un ejemplo para la humanidad y principalmente para los que anhelan la democracia en Venezuela.

    Este año será el Mundial de fútbol, un acontecimiento que se convertirá en una cortina de humo para paliar por un instante los problemas globales. El 2025 nos dejó la noticia sobre el cese del conflicto entre Israel y Palestina. Mientras tanto, los tambores de guerra entre Ucrania y Rusia siguen cobrando vidas inocentes.

    Con respecto a los movimientos políticos, en América Latina, la derecha es la que está liderando. Poco a poco nos acercamos a la agenda 2030, en donde algunos indicadores manifiestan que algunas cosas han mejorado; aunque, las desigualdades siempre se manifiestan, especialmente en países tercermundistas.

    En El Salvador, al finalizar el año 2025, en plena víspera de la Navidad, miles de empleados del sector salud fueron despedidos. Fue desgarrador ver los lamentos. Ahora, es de esperar la reapertura del nuevo hospital Rosales. De una forma u otra, esos cambios afectan especialmente a los pacientes. La medicina amarga ha tenido sus consecuencias.

    Con respecto al régimen de excepción, en todo el territorio se respira seguridad. Es el logro más grande realizado por el presidente Bukele. Según encuestas, la población es lo que más aplaude.

    En El Salvador podrá haber aún techos de cartón, pero los salvadoreños somos de hierro. La situación no es fácil en el ámbito económico, muchas personas comen solo dos tiempos. Se espera que la economía sea mejor para este año.

    En nuestro país, se espera que en educación se logre implementar paso a paso el modelo educativo finlandés. Todo lo que sea para mejorar un rubro como el educativo, bienvenido sea. En otro contexto, El Salvador se ha proyectado internacionalmente como un polo turístico, un rubro que ayuda mucho a la economía.

    Lo que debe mejorar es en la agricultura; ya que, hay déficit en los granos básicos. Lástima que ya no somos un país autosuficiente. La agricultura ya no es rentable por los altos costos de los insumos. No, no es fácil gobernar un país que sufrió un conflicto armado, catástrofes naturales y pandillas.

    Lo que todos los ciudadanos esperan es que la economía mejore, que haya oportunidades laborales para que haya prosperidad en los hogares. Con respecto a lo anterior, la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM), la pobreza aumentó. Problema que aqueja a muchos. Lo contrario a ese dato es el crecimiento de las remesas; ello dinamiza la economía. Sin embargo, esperemos, que Trump no obstaculice el giro de esas remesas por parte de los salvadoreños indocumentados, los cuales son muchos.

    Para este año, según indicadores, el rubro de la construcción va en ascenso, eso es un aliciente para muchos trabajadores; ya que genera un empleo directo. Por lo tanto, una ayuda directa a cada familia. Todo lo que sea para prosperar se debe de tomar en cuenta y no quitar el dedo del renglón.

    Todos debemos equilibrar la brújula para poder tener una mejor planificación y así obtener las metas propuestas. En cada hogar se deben reunir para conversar, para poder tener un año lleno de bendiciones. Esperando no se apaguen las voces de la opinión pública para mantener una verdadera democracia. Les deseo a todos un excelente año 2026. Un consejo, nunca pierdan la fe y que Dios guíe vuestros pasos.

    * Fidel López Eguizábal. Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

     

     

     

  • 2025: negativo

    2025: negativo

    En nuestra Constitución aún se contempla el principio de la pronta y cumplida justicia. No lo han tocado, por ahora, ni para reformarlo ni para suprimirlo. Quién sabe más adelante; pero, al día de hoy, no lo han manoseado. A, permanece como la quinta atribución de la Corte Suprema de Justicia. Su texto dice que esta vigilará que se administre de tal manera, “para lo cual adoptará las medidas que estime necesarias”. Acá surge el necesidad de distinguir entre administración e impartición de la misma.

    El primero de estos términos tiene que ver con la organización del sistema, para lo cual debe contar con infraestructura adecuada y el personal calificado necesario; el segundo con su materialización práctica de manera objetiva e imparcial, para hacer realidad esa repetida pero no siempre enaltecida frase: “La justicia es ciega”.

    Lo que se pretende al impartirla es satisfacer las exigencias respectivas de la población, observando a cabalidad lo contemplado en el artículo 8 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Por ejemplo, que toda persona señalada por su participación en el cometimiento de un delito debe ser “oída, con las debidas garantías y dentro de un plazo razonable, por un juez o tribunal competente, independiente e imparcial, establecido con anterioridad por la ley”; también cuando se trate de determinar los derechos y obligaciones de alguien en materia “civil, laboral, fiscal o de cualquier otro carácter”.

    Además están otras garantías judiciales para laspersonas, como la presunción de inocencia; el conocimiento previo y detallado de los delitos que lesimputan; la disposición del tiempo y los recursos requeridos para preparar su defensa, que deberá ser ejercida por las mismas o por “un defensor de su elección” con el cual deberá existir comunicación libre y confidencial; a ser asistidas, de ser necesario, por un defensor público; a que no las obliguen a declarar en su contra ni a declararse culpables y a apelar ante una autoridad judicial superior cuando no estén satisfecha con el fallo emitido. Se prohíbe, asimismo, el doble juzgamiento y el proceso penal siempre deberá ser público “salvo« cuando “sea necesario para preservar los intereses de la justicia”.

    Enterados de lo anterior, acá vienen algunos “peros”. En un primer momento debo referirme a cuatro capturas emblemáticas realizadas durante el 2025, en el marco de un régimen de excepción que –tras casi cuatro años de vigencia– ya se convirtió en algo normal; de excepcional ya no tiene nada. La primera es la de Ruth López, abogada defensora de derechos humanos detenida el 18 de mayo; la segunda: la de Enrique Anaya, también abogado especializado en la rama del constitucionalismo y acérrimo crítico del “bukelato”, quien permanece privado de su libertad desde el 7 de junio. A este par de juristas se sumaron el pastor José Ángel Pérez, de la Misión Cristiana Elim, y Alejandro Henríquez, también abogado y defensor de derechos humanos; ambos ingresaron a prisión el 12 y el 13 de mayo, respectivamente. 

    Ruth López ha permanecido confinada en una celda durante más de siete meses y “Quique” Anaya ya superó el medio año en la misma condición. ¿Es ese un “plazo razonable”? ¡Claro que no!, como tampoco son imparciales quienes están procesando a estas personas. De haberlo sido, debieron considerar que en el artículo 7 de la mencionada Convención Americana se indica que alguien puede ser encausado fuera de prisión, garantizando siempre las condiciones para asegurar “su comparecencia en el juicio”. Pero como ocurre en los cuarteles: en toda la “institucionalidad” actual salvadoreña las órdenes se obedecen, no se discuten.

    En cuanto a Pérez y Enríquez, en la práctica se vieron obligados a aceptar recientemente una culpabilidad inexistente para recuperar su libertad restringida de forma flagrantemente arbitraria durante un plazo también nada ecuánime; eso ocurrió mediante un proceso abreviado propuesto por la representación fiscal, que funciona de la misma forma que la señalada al final del párrafo anterior. 

    A lo anterior deben sumarse otras injusticias provocadas por ambiciones desmedidas relacionadas con el poder político y económico, la egolatría y e endiosamiento. Despidos masivos en la víspera de la recién pasada Navidad, persecución de quienes no tienen otra más que el ambulantaje para sobrevivir y tantos otros atropellos. Es esa la dura realidad de nuestras mayorías populares. Por ello, al pretender hacer un balance del 2025 bastan solo cuatropalabras: dolorosamente negativo para estas. En ese entorno de arbitrariedades, debería brillar con luz propia la procuradora de derechos humanos. Pero no tenemos; lo que existe es una “preocupadora”, por ser más bien “defensora del puesto”. Cuánta razón tiene León XIV al deciren el Ángelus del penúltimo domingo de dicho año que “el mundo, por desgracia, siempre tiene sus Herodes”.