Paramount anunció el desarrollo de una nueva película de Guerra Mundial Z, retomando una franquicia que permanecía en pausa desde hace más de una década tras el estreno de su primera entrega.
El anuncio se realizó durante la presentación del estudio en la CinemaCon, donde se confirmó el regreso de la saga, aunque sin revelar información clave como título oficial, sinopsis o fecha de lanzamiento.
Tampoco se ha confirmado la participación de figuras vinculadas al proyecto original, como el actor Brad Pitt o el director Marc Forster, lo que mantiene abierta la incógnita sobre el rumbo creativo de la nueva producción.
“Cuando una legión de muertos vivientes comienza a invadir el mundo, Gerry Lane (Brad Pitt), un experto investigador de las Naciones Unidas, intentará evitar el fin de la civilización en una carrera contra el tiempo y el destino. La destrucción a la que se ve sometida la raza humana lo lleva a recorrer el mundo entero buscando la solución para frenar esa horrible epidemia”, decía la película original.
La primera película, basada en la novela de Max Brooks, logró recaudar más de $540 millones a nivel mundial con un presupuesto de $190 millones, consolidándose como un éxito comercial dentro del género.
Tras ese estreno, Paramount intentó desarrollar una secuela que pasó por varias etapas y cambios creativos, incluyendo la participación inicial del director Juan Antonio Bayona y el guionista Steven Knight.
Posteriormente, el proyecto quedó en manos de David Fincher y se esperaba iniciar el rodaje en 2019 con el regreso de Brad Pitt, pero la producción nunca se concretó.
El estudio canceló finalmente la secuela ese mismo año debido a problemas presupuestarios, retrasos acumulados y conflictos de agenda relacionados con otros proyectos como la serie Mindhunter.
Años después, Fincher reveló que su propuesta creativa era “un poco como The Last of Us”, aunque admitió que la serie televisiva terminó desarrollando mejor esa línea narrativa.
La nueva película abre la posibilidad de reiniciar la franquicia, retomar ideas previas o incluso acercarse más a la estructura original del libro, basada en relatos múltiples que permitirían una narrativa más amplia.
La apertura del hangar 7 de Aeroman marca un punto de inflexión en la narrativa económica de El Salvador. En un país históricamente asociado a desafíos estructurales, este tipo de inversiones de alto valor agregado representan mucho más que cifras: son evidencia tangible de transformación, confianza y visión de largo plazo.
Convertirse en el mayor centro de mantenimiento aeronáutico del mundo no es un logro menor. Implica competir —y superar— a mercados con décadas de desarrollo industrial. Aeroman lo ha conseguido apostando por un recurso que, durante años, ha sido subestimado en la región: el talento humano. La disciplina, el compromiso y la calidad técnica de miles de salvadoreños han sido el verdadero motor detrás de este crecimiento sostenido.
El impacto económico es igualmente relevante. Más de 5,500 empleos directos y la proyección de 1,700 adicionales no solo dinamizan el mercado laboral, sino que elevan el estándar de empleo hacia posiciones especializadas, mejor remuneradas y con proyección internacional. Esto contribuye a construir una economía menos dependiente y más sofisticada.
Asimismo, el mensaje que envía esta expansión al mundo es claro: El Salvador se percibe cada vez más como un destino viable y seguro para la inversión. La estabilidad jurídica y política, sumada al respaldo institucional, juega un papel decisivo en atraer capitales que buscan entornos previsibles. En ese sentido, el proyecto de Aeroman funciona como un caso emblemático de cómo la alineación entre sector público y privado puede generar resultados concretos.
Pero quizá el elemento más significativo es simbólico. Cada aeronave que despega tras ser intervenida en estos hangares lleva consigo una historia de capacidad nacional. Es una validación global del trabajo salvadoreño y un recordatorio de que, cuando existen condiciones adecuadas, los países pueden redefinir su lugar en el mapa económico.
El desafío ahora será sostener este impulso: invertir en educación técnica, fortalecer encadenamientos productivos y garantizar que este crecimiento se traduzca en bienestar más amplio. Aeroman ya ha demostrado lo que es posible. El siguiente paso es convertir este logro en un modelo replicable para otras industrias.
El Salvador necesita más iniciativas como esta que encaminen al país al desarrollo tan ansiado.
El Bayern Múnich se convirtió en el primer campeón de las cinco grandes ligas europeas tras asegurar matemáticamente el título de la Bundesliga, confirmando su dominio a lo largo de la temporada en Alemania.
El conjunto bávaro selló su campeonato con una victoria 4-2 sobre el Stuttgart, con anotaciones de Raphael Guerreiro, Nico Jackson, Alphonso Davies y Harry Kane, quien suma 32 goles en la liga y 51 en todas las competiciones.
Este título representa la liga número 35 para el Bayern y la decimotercera en las últimas catorce temporadas, consolidando su hegemonía en el fútbol alemán, donde incluso aún compite por la Copa y la Liga de Campeones.
La derrota del Borussia Dortmund ante el Hoffenheim por 2-1 terminó de sentenciar el campeonato, en una jornada que también marcó un hecho histórico con el debut de Marie-Louise Eta como primera entrenadora en una de las grandes ligas europeas.
En contraste, la Premier League inglesa mantiene una intensa disputa por el título entre Arsenal y Manchester City, luego de la victoria 2-1 del equipo de Pep Guardiola que lo acerca peligrosamente al liderato.
El Arsenal continúa en la cima, pero ha perdido terreno tras dejar escapar ocho puntos en sus últimos tres partidos, mientras el City depende de sí mismo para alcanzar el campeonato si gana su juego pendiente.
En Italia, el Inter de Milán se encamina al título con una ventaja de 12 puntos sobre Napoli y Milan, tras su victoria 3-0 ante el Cagliari, lo que deja el campeonato prácticamente definido.
Por su parte, el París Saint-Germain encendió las alarmas en Francia al caer 1-2 en casa frente al Lyon, resultado que reduce su ventaja a un solo punto sobre el Lens, aunque mantiene un partido pendiente.
Decenas de organizaciones nicaragüenses anunciaron una serie de acciones conjuntas orientadas a “aislar a la dictadura” de Daniel Ortega y Rosario Murillo, al cumplirse ocho años de las protestas de abril de 2018.
En una declaración conjunta, los grupos opositores se comprometieron a coordinar esfuerzos para restituir la soberanía popular mediante iniciativas consensuadas.
Entre las principales acciones planteadas figura exigir la liberación inmediata e incondicional de los presos políticos y de las personas en condición de desaparición forzada.
Asimismo, anunciaron el impulso de estrategias cívicas y no violentas que se ejecutarán tanto dentro como fuera de Nicaragua para debilitar al régimen.
Las organizaciones también destacaron la necesidad de construir una narrativa común que exprese la voluntad de cambio de los nicaragüenses, respetando la diversidad de posturas.
Las protestas iniciaron el 18 de abril de 2018 tras una reforma a la seguridad social, pero rápidamente se transformaron en una exigencia de salida del presidente Ortega.
La represión dejó al menos 355 muertos, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), aunque organizaciones locales elevan la cifra a 684 víctimas.
El gobierno nicaragüense reconoce más de 300 fallecidos y sostiene que los hechos correspondieron a un intento de golpe de Estado.
Por su parte, el Colectivo Nicaragua Nunca Más aseguró que el régimen no ha logrado eliminar el significado de las protestas.
“La dictadura fracasó porque no ha podido borrar el significado profundo de abril”, indicó la organización.
El colectivo rindió homenaje a las víctimas, incluyendo personas asesinadas, detenidas, desaparecidas, exiliadas y despojadas de su nacionalidad.
En el contexto de este aniversario, Estados Unidos sancionó al viceministro del Interior de Nicaragua por su participación en violaciones a los derechos humanos.
Además, en días recientes se anunciaron sanciones contra familiares del círculo presidencial y otros funcionarios vinculados al gobierno.
Oriente Medio vivió el sábado una nueva escalada de tensiones tras la decisión de Irán de reinstaurar un control estricto en el estrecho de Ormuz, una de las rutas petroleras más importantes del mundo.
La medida se produce luego de que Teherán acusara a Estados Unidos de obstaculizar el tránsito marítimo en la zona, en medio de un frágil alto el fuego que podría romperse en los próximos días.
El Cuartel General Central Jatam al Anbiya indicó que no se permitirá la apertura del paso, ni siquiera para buques comerciales, mientras persista lo que consideran bloqueo estadounidense.
En paralelo, el Gobierno británico denunció que patrulleras iraníes abrieron fuego contra un petrolero cerca de Omán, aunque sin reportar víctimas.
El estrecho de Ormuz permanece bajo restricciones desde el 28 de febrero, cuando comenzó la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel en la región.
Irán confirmó que analiza propuestas presentadas por Washington a través de Pakistán, pero advirtió que no hará concesiones en las negociaciones.
“La República Islámica de Irán está evaluando (las propuestas de EE.UU.) y no ha dado aún una respuesta”, señaló el Consejo Supremo de Seguridad Nacional.
El organismo insistió en que no aceptará “ninguna concesión” y condicionó cualquier avance a que Estados Unidos retire lo que calificó como demandas excesivas.
Desde la Casa Blanca, el presidente Donald Trump aseguró que su país no cederá ante presiones y advirtió sobre una posible reanudación de ataques.
“No pueden chantajearnos”, afirmó el mandatario, quien dejó abierta la posibilidad de no extender el alto el fuego si no hay avances antes del miércoles.
Trump también indicó que las conversaciones continúan, aunque bajo una postura firme por parte de Washington.
En otro frente, la tensión se trasladó al sur del Líbano, donde un ataque contra una patrulla de Naciones Unidas dejó un casco azul muerto y tres heridos.
Francia responsabilizó al grupo Hizbulá, aunque la organización negó su participación en el incidente.
El Ejército de Israel confirmó bombardeos en la zona, argumentando acciones de defensa propia, en medio de cuestionamientos por una posible violación del alto el fuego.
El panorama regional refleja un incremento de la inestabilidad, con múltiples focos de conflicto que complican la posibilidad de un acuerdo inmediato.
Lluvias y tormentas afectarán diferentes regiones de El Salvador durante este domingo, especialmente en zonas montañosas y áreas cercanas, según el pronóstico del Ministerio de Medio Ambiente.
Durante la madrugada, las precipitaciones se concentrarán en la cadena montañosa norte y la cordillera volcánica, incluyendo el Área Metropolitana de San Salvador (AMSS).
En las primeras horas de la mañana, el cielo se mantendrá nublado con lluvias en sectores cercanos a zonas elevadas.
Por la tarde, las condiciones serán parcialmente nubladas, con tormentas localizadas en la cordillera volcánica y la cadena montañosa norte.
Para la noche, se espera un incremento de lluvias en la zona oriental, mientras que en el centro del país, incluido el AMSS, se registrarán precipitaciones puntuales.
El resto del territorio presentará cielo parcialmente nublado, sin descartar lluvias aisladas.
Las condiciones lluviosas continuarán durante la madrugada del lunes 20 de abril, principalmente en la zona paracentral y la franja costera.
El informe meteorológico indica que los vientos provendrán del norte y noreste, con velocidades entre 15 y 25 km/h y ráfagas de hasta 40 km/h.
Estas condiciones están asociadas a un flujo acelerado del norte y noreste, combinado con la presencia de vaguadas en la región.
Este fenómeno favorecerá la ocurrencia de lluvias y el incremento de la velocidad del viento, principalmente en las zonas occidental y oriental del país.
En cuanto a las temperaturas, San Salvador alcanzará máximas de 31 °C y mínimas de 23 °C, mientras que Santa Ana llegará a 34 °C y San Miguel a 36 °C.
Otras zonas como La Unión registrarán hasta 35 °C, y Acajutla alcanzará los 33 °C, manteniendo condiciones cálidas en gran parte del territorio.
El beisbolista japonés Shohei Ohtani ha revolucionado la economía de los Dodgers de Los Ángeles, convirtiéndose en el eje de un ecosistema publicitario que genera ingresos millonarios dentro y fuera del campo.
Desde su llegada al equipo en diciembre de 2023, tras firmar un contrato histórico de $700 millones por diez años, el jugador ha impulsado una expansión sin precedentes en patrocinios y alianzas comerciales.
Aunque percibe apenas $2 millones anuales en salario directo, debido a un acuerdo diferido, Ohtani acumula $127 millones en ingresos externos, según un informe reciente.
Su impacto trasciende el deporte, posicionándose como una de las figuras más influyentes a nivel global, especialmente en el mercado asiático.
Marcas internacionales como Uniqlo y Daiso han establecido alianzas estratégicas con el jugador, aprovechando su proyección mediática.
Uno de los acuerdos más destacados es el patrocinio de Uniqlo, valorado en más de $125 millones, que incluso llevó a renombrar el campo de juego del Dodger Stadium.
Esta decisión rompió una tradición de más de seis décadas al incorporar por primera vez un patrocinio corporativo en el recinto.
El fenómeno conocido como “Ohtanimanía” también ha impulsado ventas masivas de productos, incluyendo artículos de edición limitada que se agotan rápidamente.
Entre ellos destacan vasos conmemorativos de hasta $75 y colecciones especiales vinculadas a personajes populares como Yoshi, de Nintendo.
El mercado de coleccionistas también se ha visto impactado, con tarjetas autografiadas del jugador que han alcanzado precios de hasta $3 millones en subastas.
El auge comercial ha elevado el valor de los Dodgers a $7,800 millones, consolidándolos como una de las franquicias más valiosas de las Grandes Ligas.
Actualmente, el equipo ocupa el segundo lugar en valor, solo por detrás de los New York Yankees, que alcanzan los $8,500 millones.
El caso de Ohtani refleja cómo una figura deportiva puede transformar no solo el rendimiento en el campo, sino también el modelo de negocio de una organización.
El Gobierno de Estados Unidos sancionó este sábado al viceministro del Interior de Nicaragua, Luis Roberto Cañas Novoa, por su presunta implicación en graves violaciones a los derechos humanos.
La medida fue anunciada por el secretario de Estado, Marco Rubio, en el contexto del octavo aniversario de las protestas sociales de abril de 2018.
“Hace casi ocho años, la dictadura de Rosario Murillo y Daniel Ortega desató una brutal ola de represión contra los nicaragüenses… la Administración Trump designa al viceministro del Interior, Luis Roberto Cañas Novoa, por su participación en graves violaciones de los Derechos Humanos”, indicó Rubio.
La sanción se basa en la Sección 7031(c) de la legislación estadounidense, que permite imponer restricciones a funcionarios extranjeros señalados por abusos graves.
Entre las consecuencias de esta designación figura la prohibición de ingreso a territorio estadounidense para el funcionario sancionado.
El Departamento de Estado recordó que la crisis en Nicaragua inició en abril de 2018, tras protestas contra reformas al sistema de seguridad social.
Las manifestaciones se extendieron rápidamente y evolucionaron hacia demandas de democratización del país.
En respuesta, la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo revocó la reforma e impulsó un diálogo nacional que no logró acuerdos con la oposición.
Según Washington, la represión posterior dejó más de 325 manifestantes asesinados y consolidó una crisis de derechos humanos en el país.
La sanción se suma a otras acciones internacionales dirigidas a funcionarios del gobierno nicaragüense por su papel en la represión.
Estados Unidos reiteró su postura de condena a las violaciones de derechos humanos y su respaldo a las víctimas. La medida también busca aumentar la presión sobre el gobierno de Nicaragua en medio de llamados a reformas democráticas.
Todavía resonaban los disparos del levantamiento etnocampesino de filiación comunista y su represión gubernamental en el occidente, norte y centro de El Salvador, cuando en el puerto de La Libertad atracó un transpacífico japonés.
El jueves 10 de mayo de 1928, el fabulista y periodista León Sigüenza Mineros (Cojutepeque, 1895-San Salvador, 1942) le escribió un primer informe al ministro de Relaciones Exteriores de El Salvador, Dr. Francisco Martínez Suárez, para detallarle sus actividades al frente del Consulado General salvadoreño en Japón, instalado en el Hotel Imperial de Tokio desde el año anterior. Era la primera sede diplomática de una república centroamericana en el Imperio del Sol Naciente.
El escritor León Sigüenza Mineros, primer cónsul de una república centroamericana en Japón durante tres períodos sucesivos (1927-1941).
En uno de los párrafos de ese documento consular -publicado por el Diario Oficial, San Salvador, tomo 105, no. 171, jueves 26 de julio de 1928, pp. 1410-1412-, el cónsul en Tokio escribió:
“Desde mi llegada al Japón, como uno de los mejores proyectos que tengo en cartera para el desarrollo del comercio con El Salvador, me puse en comunicación con algunos oficiales de la Compañía Naviera arriba mencionada [el título de esa parte del informe se refiere a la Nippon Yusen Kaisha, subsidiada por el imperio nipón], que opera en las aguas del Pacífico, a efecto de que la línea que corre hasta Valparaíso, con escalas en San Francisco, puertos de México, Panamá, etc., toque en algún puerto salvadoreño. En el mismo sentido hablé en San Francisco con el agente de la compañía y aquí en Toquío [sic: Tokio] he hecho la misma insinuación a la Cámara de Comercio e Industria, al señor Gobernador departamental y el Ministro de Relaciones Exteriores por el órgano correspondiente. La Nippon Yusen Kaisha me contestó que estudiaría el asunto, el cual, en su oportunidad, tenía que ser sometido a conocimiento del Gobierno [japonés] para su aprobación.”
Desde mayo de 1900, en que el representante diplomático salvadoreño en México, el expresidente Dr. Rafael Zaldívar, iniciara los primeros contactos directos con un representante del Trono del Crisantemo, la República de El Salvador había mostrado interés en incrementar su comercio con Japón, con la finalidad de extender su mercado exportador de café y otros productos agrícolas, así como el turismo binacional. Casi tres décadas después, el desbalance comercial resultaba evidente, porque la pequeña república centroamericana importaba más productos nipones de los que le exportaba al archipiélago.
Entre 1931 y 1932, la situación general en el Extremo Oriente era volátil y muy compleja. La paz asiática se había visto trastocada por los llamados incidentes de Manchuria y Mukden, donde las armas japonesas desarrollarían fases de expansionismo a gran escala bajo la atenta mirada de la comunidad internacional representada por la Sociedad o Liga de Naciones, constituida tras el fin de la Primera Guerra Mundial. Afectado con severidad por la crisis global de 1929, el imperio japonés urgía de recursos naturales existentes en otros territorios a su alrededor, por lo que la vía militar se constituyó en un punto de honor en su agenda internacional.
El viernes 18 de septiembre de 1931, unos oficiales de una facción rebelde del ejército japonés detonaron cargas de dinamita sobre una línea ferroviaria en Manchuria, que pertenecía a inversionistas del Japón. Ese sabotaje de falsa bandera le fue atribuido a disidentes chinos y justificó la invasión militar de Manchuria, en un acto que sentó las bases para el establecimiento del futuro estado títere de Manchukuo, conducido por Henry Pu Yi o Kang Teh, el último emperador de China.
El incidente manchuriano provocó una reacción nacionalista entre el pueblo chino, con boicot a las importaciones japonesas y enfrentamientos callejeros, en especial en el centro comercial internacional de Shanghái, donde había fuerte presencia de intereses comerciales estadounidenses, británicos y franceses.
Medalla conmemorativa de la botadura del MS Heiyō Maru desde su astillero en Osaka, en 1929.
El jueves 28 de enero de 1932, tropas de infantería de la Armada Imperial del Japón desembarcaron en Shanghái, en medio de un intenso bombardeo contra la ciudad. Cientos de miles de soldados fueron transportados a la zona mediante buques militares y naves civiles incautadas o contratadas. La destrucción sembrada en el distrito de Zhabei se constituyó en uno de los primeros ejemplos modernos de acciones de lesa humanidad en contra de la población civil, después incrementados en la Guerra Civil Española en poblaciones como Guernica.
El conflicto armado entre China y Japón se solucionó, de manera temporal, mediante un armisticio suscrito en mayo de 1932, en el que se convino que Shanghái pasara a ser una zona desmilitarizada. Sin embargo, las tensiones resurgirían cinco años más tarde, cuando la Segunda Guerra Sino-Japonesa se constituiría en el verdadero origen de la Segunda Guerra Mundial, iniciada dos años antes del asalto nazi a Polonia.
Anuncio de la inminente llegada del MS Heiyō Maru, publicado por Diario Latino en sus ediciones de finales de enero de 1932. Imagen cortesía del Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI), San Salvador.
Mientras la pólvora de las armas hacía correr la sangre en China, en El Salvador ocurría otro tanto con el levantamiento etnocampesino en diversas localidades del occidente, norte y centro del territorio, donde hordas de indígenas y campesinos azuzados por el Socorro Rojo Internacional (SRI) iniciaron desde la noche del viernes 22 de enero de 1932 el primer alzamiento de filiación comunista en el continente americano. En las portadas del jueves 21, jueves 28 y sábado 30 de enero, las portadas de Diario Latino presentaron el rostro del líder capturado Agustín Farabundo (así en su partida natal) Martí, una fosa con cadáveres y la ejecución del cacique nahua Feliciano Ama. En las segundas páginas de esas ediciones, fue publicado un anuncio de significativas proporciones dentro de esos periódicos impresos en formato estándar inglés. La agencia capitalina de la Grace & Co. Central America invitaba al público a adquirir boletos para viajar a puertos sudamericanos a bordo de un buque de la Nippon Yusen Kaisha (NYK), la empresa naviera de la que el cónsul Sigüenza Mineros había escrito cuatro años antes. Para reservas, el único medio disponible era efectuar una llamada al número telefónico 6-8-1.
La Grace Line Panama Mail Service fue una flota naviera fundada en 1854, en Perú, por el irlandés William Russell Grace. Para 1932, controlaba rutas comerciales entre New York y los puertos del Pacífico, en especial los de la costa pacífica centroamericana y sudamericana. Además, la Grace & Co. Central America se involucró en la promoción y comercialización de café y azúcar, además de que fue una firme promotora de la apertura del Canal de Panamá, que le produjo amplios beneficios en cuanto a la logística del transporte de carga y pasajeros.
La Grace Line tenía fuerte competencia en otras navieras europeas y estadounidenses, como la Panama Mail Steamship Company, Greta White Line (perteneciente a la United Fruit Company), Navigazione Libero Triestina (NLT), Navegazione Generale Italiana (NGI) y la Companie Generale Trasatlantique, que también ofrecían rutas regulares de embarque de pasajeros y pasajeros hacia y desde destinos en América y Europa, con conexiones hacia Asia y África.
En busca de mejorar sus posibilidades ante ese volumen de competencia, la NYK y la Grace Line establecieron una alianza y comenzaron a operar una ruta transpacífica que conectaba a los puertos del Pacífico americano con San Francisco y Vancouver, para después establecer derroteros hacia Honolulu y otras localidades portuarias en Japón y China (Yokohama, Kobe, Nagoya, Shanghái y Hong Kong).
Entre esos buques transpacíficos en actividad estaban el Hikawa Maru, el Heian Maru y el Heiyō Maru. Todos formaban parte de una generación de barcos modernos que evidenciaban el poderío naval mercante japonés durante la era Shōwa o período de gobierno del emperador Hirohito.
El MS Heiyō Maru era un buque mixto, con un peso de 9,816 toneladas impulsadas por poderosos motores. Botado del astillero Osaka Iron Works en 1929, de inmediato fue puesto al servicio transpacífico de la NYK, con destino a los puertos desde Canadá hasta Chile, una ruta considerada de interés estratégico para Japón, por sus conexiones con Vancouver, Seattle, California, Mazatlán (con asentamientos japoneses llegados a México en siete migraciones), la zona del Canal de Panamá, El Callao (con una amplia colonia japonesa en territorio peruano) y Valparaíso. En 1932, su capitán era Kanzō Shiozaki, un auténtico diplomático económico y comercial de la expansión japonesa, encargado de la conducción de esa nave que la agencia de la Grace Line en San Salvador anunció que atracaría en el puerto de La Libertad el martes 2 de febrero de 1932. Para entonces, los disparos de la matanza etnocampesina aún resonaban en el horizonte, tanto por parte de los alzados en armas como de los militares encargados de la masiva y letal represión.
Para entonces, varios barcos mercantes japoneses habían sido contratados o requisados para los movimientos militares en Shanghái, por lo que resultaba curioso o, cuando menos, extraño, que una nave nipona surcara las aguas del Pacífico. En el puerto de Acajutla, varios barcos de guerra estadounidenses y canadienses estaban atracados por esas fechas, en vigilancia de los acontecimientos convulsos que tenían lugar en el país y por si había necesidad de intervenir para proteger los intereses de sus connacionales en las zonas bajo fuego.
Por unas horas, el Heiyō Maru tiró el ancla en el puerto de La Libertad, del que zarpó “sin carga ni pasajeros” con rumbo hacia la localidad panameña de Balboa (donde solía entregar cargamentos de cemento), como lo consignó el Diario Oficial (San Salvador, tomo 112, no. 28, miércoles 3 de febrero de 1932, p. 173). Por el contexto nacional e internacional predominante, esa experiencia de venta de boletos y de embarque de mercaderías en una nave japonesa se constituyó en un fracaso rotundo para la naciente dictadura del brigadier Maximiliano Hernández, que consolidaría sus vínculos con el Imperio del Sol Naciente en los años venideros. Aun así, no habría otra visita de un barco nipón a la costa salvadoreña hasta más allá de la entrada en vigor del tratado de paz de 1951, que puso fin al estado de guerra entre ambas naciones decretado la mediodía del lunes 8 de diciembre de 1941.
Informe de la partida del barco japonés desde el puerto de La Libertad, publicado por el Diario Oficial el 3 de febrero de 1932.
El capitán Kanzō Shiozaki abandonó la marina mercante y se integró al servicio exterior del Imperio del Sol Naciente. Primero fue cónsul general en el puerto californiano de San Francisco (1937-1938). Después, a partir del jueves 4 de enero de 1940, fue designado ministro plenipotenciario del Japón en Chile, con la misión puntual de asegurar suministros esenciales para el imperio y que loa países del Pacífico suramericano mantuvieran sendos estados de neutralidad durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial.
A lo largo de sus trece años de servicio activo, el Heiyō Maru pasó por diversas situaciones, algunas muy comprometidas. En agosto de 1936 y febrero de 1937, mientras realizaba sendos atraques en el puerto californiano de San Pedro, la nave fue revisada por agentes del Servicio de Narcóticos de los Estado Unidos, quienes estaban tras la pista de una joven de 23 años, hija de un prominente funcionario chino en el Tíbet, a la que le encontraron 50,000 y 250,000 dólares en heroína. En octubre de 1937, el transpacífico nipón zarpó del puerto de Kobe con destino a San Francisco y Mazatlán (Sinaloa, México), contratado por el gobierno mexicano de Lázaro Cárdenas para repatriar a 35 mujeres y niños desde China, debido a la creciente situación política y militar existente durante la Segunda Guerra Sino-Japonesa.
Entre febrero de 1940 y abril de 1941, el Heiyō Maru prestó servicios de evacuación de ciudadanos alemanes de diversos países latinoamericanos para trasladarlos a puertos japoneses como Yokohama y Kobe, para que pudieran continuar su viaje por ferrocarril hacia la Alemania nazi. Los primeros fueron 40 tripulantes de un tanquero de la Standard Oil varados en Valparaíso (Chile), seguidos por otros grupos de repatriados desde Colón (Panamá) y Manzanillo (México).
Portada del menú servido en el comedor del MS Heiyō Maru en la noche del 31 de diciembre de 1939.
Con el estallido del frente bélico en el Pacífico tras el ataque nipón a la base militar de Pearl Harbor, que marcó el ingreso del Japón a la Segunda Guerra Mundial, el Heiyō Maru fue requisado por la Armada Imperial y fue destinado al traslado masivo de tropas, armamento y suministros hacia las bases japonesas en la Micronesia y las islas Carolinas y Marianas. Eso lo convirtió en un claro objetivo militar para los destructores y submarinos de las fuerzas aliadas en la zona.
El domingo 17 de enero de 1943, el Heiyō Maru navegaba al noreste de la base de Truk, en el archipiélago de las Carolinas, cuando fue localizado por el sónar y radar del submarino estadounidense USS Whale SS-239, una nave de guerra de la clase Gato, de 95 metros de largo y una manga de 8.3 metros, con propulsión lograda mediante sus cuatro motores diésel fabricados por la General Motors y el acompañamiento de otros motores eléctricos. Era capaz de navegar bajo el agua hasta 300 pies o 90 metros, mientras que su arsenal estaba compuesto por 24 torpedos, con 10 tubos lanzatorpedos, seis instalados en la proa y el resto en la popa.
El submarino lanzó nueve torpedos, de los que ocho hicieron impacto directo en el casco del Heiyō Maru. Mediante el periscopio, el capitán del Whale observó y fotografió el incendio y rápido hundimiento de la otrora nave mercante, que mostraba sus cubiertas repletas de soldados sobrevivientes, quienes no fueron rescatados. Bajo la clasificación 80-G-28884, el original de esa icónica fotografía -de amplia difusión en muchas publicaciones relacionadas con el conflicto global se custodia en la actualidad en los Archivos Nacionales de Estados Unidos (NARA), en Maryland.
Tras participar en once misiones de combate y hundir a nueve barcos enemigos con un total de 57,700 toneladas, el submarino USS Whale fue condecorado con once estrellas de batalla por sus servicios para la Marina de los Estados Unidos. En 1947 fue dado de baja y asignado a la Flota de Reserva del Atlántico, para ser reactivado por breve tiempo en 1957, al ser asignado a tareas de entrenamiento de nuevas generaciones de marineros.
Fotografía del submarino estadounidense USS Whale SS-239, hecha en altamar el sábado 21 de abril de 1945 por un empleado de la B. W. Photo Agency. Bajo la clasificación 19-N-83071, su original se custodia en los Archivos Nacionales de Estados Unidos (NARA), en Maryland.
Después de ser eliminado del registro oficial de buques de la Marina estadounidense a partir del martes 1 de marzo de 1960, el Whale fue remolcado y el jueves 29 de diciembre de ese mismo año fue vendido como chatarra. La empresa compradora de ese tubo veterano de guerra fue la Southern Scrap Material Company Limited, con sede en los muelles del río Mississippi, en la localidad portuaria de New Orleans, estado de Louisiana. Pagó por todo aquel metal 50,000 dólares, una pequeña fracción del precio original de esa nave de combate.
Durante 1961, el submarino fue desguazado pieza por pieza, desde sus baterías de plomo-ácido tan pesadas y tóxicas, sus motores diésel y su casco de presión hecho de acero de alta resistencia, que fue seccionado con sopletes de gran tamaño para que sus anillos resultantes pudieran ser fundidos en las acerías locales. Después, ese metal fue reciclado para la fabricación de infraestructuras civiles y de los automóviles estadounidenses de Detroit a lo largo de la década de 1960.
El hundimiento del MS Heiyō Maru, el 17 de enero de 1943, fotografiado desde el periscopio del submarino USS Whale SS-239. Imagen cortesía de los National Archives & Record Administration (NARA), Maryland.
A diferencia de su atacante que terminó sus días disuelto en los hornos industriales de New Orleans, los restos del Heiyō Maru descansan en la posición 10°13’N, 151°25’E, en el Pacífico Norte, al oriente de las islas Marianas y su fosa. Es una zona de mar abierto donde esa nave y sus cientos de tripulantes yacen arropados por la inmensidad de la historia.
(*) Material reorganizado a partir de mi libro Sakuras y maquilishuats. Biografía mínima de León Sigüenza Mineros (1895-1942), primer cónsul centroamericano en Japón (San Salvador: Editorial Don Bosco, en prensa).
El establecimiento de bases permanentes en la Luna obligará a desarrollar sistemas de agricultura adaptados a condiciones extremas, donde factores como la microgravedad, la radiación y la ausencia de atmósfera transforman el crecimiento de las plantas.
Así lo explicó el investigador Pablo Zarco, del Instituto de Agricultura Sostenible del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), quien señaló que la producción de alimentos frescos será esencial para la supervivencia humana en futuras misiones espaciales.
“Los seres humanos tendrán que alimentarse con productos frescos y cultivar plantas en el espacio”, afirmó el especialista.
Actualmente, agencias como la NASA y la Agencia Espacial Europea impulsan proyectos para estudiar el comportamiento de los cultivos fuera de la Tierra, en escenarios que simulan las condiciones lunares.
En estos entornos, las plantas enfrentan desafíos inéditos: las raíces no crecen de forma convencional, el agua cambia su dinámica y la radiación afecta procesos biológicos aún no completamente comprendidos.
Zarco subrayó que entender estos efectos es fundamental para garantizar cosechas seguras y viables en microinvernaderos o hábitats presurizados.
En la Estación Espacial Internacional ya se desarrollan experimentos para analizar cómo crecen las plantas en microgravedad y cómo responden a distintos niveles de radiación.
“Es previsible que se abran nuevas líneas de investigación muy interesantes”, indicó el experto.
El desarrollo de estas tecnologías se apoya en herramientas como la espectrometría y sensores hiperespectrales, capaces de analizar la interacción de la radiación con la vegetación.
Estas técnicas permiten detectar estrés hídrico, deficiencias nutricionales o enfermedades en los cultivos sin contacto directo, mediante el análisis de la luz reflejada.
“Se requerirán tecnologías y metodologías que llevamos décadas desarrollando en la monitorización de la fisiología vegetal mediante sensores hiperespectrales”, subrayó Zarco.
El especialista explicó que existe una conexión directa entre la investigación espacial y la observación de la Tierra, ya que ambas utilizan tecnologías similares para analizar superficies y condiciones ambientales.
Los sensores empleados en satélites, drones o vehículos espaciales permiten obtener información clave para evaluar suelos, agua y vegetación, tanto en nuestro planeta como en otros cuerpos celestes.
Estos avances científicos abren la puerta a un futuro en el que la agricultura será un componente esencial para la exploración y colonización del espacio.