Categoría: Opinión

  • Las tristes cifras de las desgracias en vacaciones

    Las tristes cifras de las desgracias en vacaciones

    Un vehículo conducido por un irresponsable se convierte en un arma letal de fatales consecuencias para el conductor, los acompañantes y los peatones. Durante las vacaciones de Semana Santa comprendidas del 27 de marzo al 5 de abril, hubo 481 accidentes de tránsito que provocaron 26 muertos y 355 lesionados.

    Las causas de los accidentes viales, en su orden, fueron: Distracción al volante, invasión del carril contrario, no guardar la distancia reglamentaria, irrespetar las señales de tránsito, exceso de velocidad y conducir bajo el efecto del alcohol y/o las drogas.

    El informe oficial de Protección Civil señala que también hubo once ahogados, dos de ellos menores de edad y nueve adultos, en muchos de estos casos tuvo como principal motivación el consumo de bebidas embriagantes por parte de las víctimas.

    El director de Protección Civil, Luis Alonso Amaya, indicó que en el período vacacional se detuvo a 83 conductores irresponsables o peligrosos a quienes mediante prueba antidoping se les detectó haber consumido bebidas alcohólicas. El total de conductores peligrosos arrestados supera a los reportados en 2025, cuando las autoridades detuvieron a 69 sujetos. En 2024 la cantidad de detenidos sumó 139.

    Según Protección Civil en el período de vacaciones los cuerpos de socorro y las instituciones estatales lograron 179 rescates acuáticos, de los cuales 55 fueron simples y 124 de ellos profundos. Los guardavidas atribuyen la mayoría de rescates a la irresponsabilidad de personas que en estado de ebriedad adoptan una conducta temeraria y no son capaces de medir las consecuencias de su osadía.

    La tendencia de accidentes viales, desde 2024 es hacia arriba, pues ese año hubo 414 accidentes y el año pasado ocurrieron 465. La cifra de lesionados fue de 273 en 2024 y 336 un año después. Este año oficialmente han ocurrido 483 accidentes. La tendencia similar se observa en el número de muertos, pues este 2026 hubo 37, el año pasado 35 (29 en accidentes viales y seis ahogados) y hace dos años hubo 41 muertos, de los que 32 fueron producto de accidentes viales y nuevo por inmersión.

    Muchos de esos accidentes, muertos en percances viales, ahogados y lesionados pudieron evitarse con responsabilidad. Quien conduce un vehículo debe hacerlo muy concentrado y respetando el Reglamento de Tránsito. En periodo vacacional requiere de mucha paciencia y tolerancia. Las playas, los lagos, los turicentros, las montañas y toda zona turística siempre estarán en el mismo lugar y no solo nosotros hemos pensado en visitar dicho lugar, por ende encontraremos tráfico pesado y muchos inconvenientes que tenemos que resolver con paciencia y tolerancia.

    A cualquier sitio que se sale a turistear se necesita una alta dosis de responsabilidad. Si voy conduciendo, pues cero alcohol o drogas, porque soy el que cuida de la vida de mis acompañantes, de los peatones y de la vida mía. Si voy en excursión comunitaria o familiar, igual, cero alcohol y drogas, pues quiero que mis amigos, vecinos y familiares se la pasen bien y no angustiados por lo que me pueda ocurrir.

    A las playas y turicentros se va a divagarse, a pasarla bien de acuerdo con nuestras posibilidades y eso depende de cada uno. Me pregunto ¿Cómo deben estar emocionalmente en estos momentos los familiares de los 37 muertos, o los familiares de los 355 lesionados (muchos de ellos hospitalizados y con secuelas permanentes)?, ¿Se sentirán orgullosos y felices los parientes de los 83 detenidos por conducción peligrosa?, ¿Recordarán con agrado su odisea las 179 personas que fueron objeto de rescate acuático?

    Es una lástima que vacaciones tras vacaciones siempre ocurra lo mismo. Los salvadoreños tenemos que asumir mayor responsabilidad y ser más comedidos en nuestros actos. Los muertos, lesionados y detenidos en Semana Santa no son culpa de la iglesia ni del gobierno. Ya vienen las vacaciones de agosto y ojalá para entonces no haya desgracias que reportar.

    *Jaime Ulises Marinero es Periodista

     

  • Educación superior y ciencia en disputa: una discusión urgente para la región

    Educación superior y ciencia en disputa: una discusión urgente para la región

    América Latina y el Caribe atraviesan un momento decisivo, y la discusión sobre el papel de la educación superior vuelve a imponerse. No se trata solo de debatir problemas ya conocidos —como financiamiento, reformas curriculares o nuevas tecnologías—, sino de enfrentar una pregunta más profunda: ¿para qué queremos sistemas de educación superior en nuestras sociedades? Formulada así, obliga a ampliar el foco hacia su papel en el conocimiento y el desarrollo de la región.

    Durante décadas, las universidades latinoamericanas han sido espacios centrales de formación, producción de conocimiento y debate público. Hoy, ese papel se ve tensionado por el cuestionamiento de la autoridad científica y la transformación de los modos de producción del conocimiento.

    En este contexto, resulta difícil sostener sistemas de educación superior sin su vínculo con el desarrollo científico y tecnológico. Pero el problema no se agota en el financiamiento. Es, sobre todo, una cuestión de orientación: ¿qué conocimiento se considera relevante?, ¿para quién se produce?, ¿en qué condiciones?

    Las presiones para adaptar la formación a las demandas inmediatas del mercado son crecientes. Aunque necesarias, cuando dominan reducen la educación superior a una función de corto plazo, debilitando su papel en la formación de ciudadanía y de futuros. A ello se suma un cambio más profundo: la educación superior ya no es el único espacio de producción y validación del conocimiento. Plataformas digitales y actores tecnológicos disputan su legitimidad, obligando a redefinir su papel.

    En América Latina y el Caribe, estos desafíos adquieren una densidad particular. La región enfrenta profundas desigualdades, restricciones fiscales persistentes y una inserción históricamente desigual en la producción global de conocimiento. Por ello, la discusión sobre educación superior es inseparable de la capacidad de construir y sostener agendas propias de desarrollo científico y tecnológico.

    ¿Qué tipo de conocimiento se produce cuando la investigación depende de agendas externas o de financiamiento de corto plazo? ¿Es posible construir capacidades científicas sostenidas sin una apuesta pública decidida? ¿Estamos frente a una crisis de financiamiento o ante una redefinición —más silenciosa— de qué conocimiento se considera relevante? Estas preguntas estructuran hoy el debate regional.

    Pensar la educación superior desde América Latina implica no solo responder a estas tensiones, sino también situarlas. El conocimiento forma parte de relaciones de poder y jerarquías globales. De allí la importancia de fortalecer capacidades propias y ampliar las referencias desde las cuales se produce y valida el saber.

    En este punto, la articulación regional es estratégica. En una región con sistemas universitarios y científicos diversos, mayoritariamente públicos, se requieren espacios de encuentro y diálogo. En ese marco, FLACSO se presenta como un espacio abierto para articular redes de formación, investigación y cooperación, conectando universidades, sistemas científicos y Estados, y fortaleciendo una conversación regional sobre conocimiento y desarrollo.

    Preguntarse para qué queremos educación superior es, en última instancia, preguntarse qué lugar le damos al conocimiento en nuestros proyectos de sociedad. En un escenario de transformaciones profundas, deja de ser una pregunta académica para convertirse en una definición política y estratégica.

    *Rebecca Lemos Igreja es la Secretaria general de FLACSO

  • Petróleo en las arterias: el ‘Ormuz-gate’ de Trump

    Petróleo en las arterias: el ‘Ormuz-gate’ de Trump

    Es imposible que el gabinete de guerra de Donald Trump no haya previsto, antes de atacar Irán, que el régimen chiita iba a amenazar la libre circulación de petróleo por el estrecho de Ormuz. Pero si tal contingencia obligaba, por imaginable, a planificar una respuesta adecuada, ¿qué falló en los cálculos de la Casa Blanca para exhibir tanta incapacidad al enfrentar el desastre logístico, económico y político que ha supuesto la paralización de la zona?

    Aunque suele afirmarse, tal vez para ahorrar explicaciones, que Irán ha “cerrado” el estrecho, lo cierto es que los déspotas de Teherán solo han tenido que anunciar potenciales agresiones a los tanqueros que crucen la vía para elevar los precios de los seguros de cada buque, cuyas respectivas tripulaciones temen con razón aventurarse por este angosto canal que conecta el golfo Pérsico con el de Omán y lleva al océano Índico.

    Aunque alrededor de veinte embarcaciones fueron atacadas por Irán desde alguna parte de los 1.500 kilómetros de costa que posee en el estrecho, ningún petrolero logró ser hundido durante todo el mes de marzo y ni siquiera se produjeron daños suficientes para impedir el avance efectivo de las naves agredidas. En consecuencia, más que la capacidad real de los chiitas para bloquear militarmente el estrecho de Ormuz, lo que mantiene paralizado el flujo marítimo allí es una mezcla de ajustes tarifarios y miedo.

    Para todos los efectos prácticos, sin embargo, la circulación de crudo se ha detenido. En un intento de contrarrestar la situación, Estados Unidos ha prometido echar a andar un plan de reaseguro marítimo de 20.000 millones de dólares y así liberar esa quinta parte del combustible mundial que se mueve en Ormuz. Pero pasar a las concreciones no ha sido fácil, como tampoco lo fue pretender que se produjera un cambio de régimen en Irán a punta de bombas y misiles teledirigidos.

    Alí Jameneí, el líder supremo, encontró la muerte durante los primeros ataques de EE UU e Israel, seguido de numerosos dirigentes cuyas cabezas fueron siendo cortadas conforme se asomaban, tal como sucedió al influyente secretario del Consejo de Seguridad Nacional, Ali Larijani, y un día después al enérgico ministro de la Inteligencia, Esmail Khatib, responsable de buena parte de la represión desatada contra civiles iraníes hace unos meses.

    Pero el fanatismo musulmán chií parece renovarse como la mitológica Hidra de Lerna, ese monstruo acuático al que le crecían dos cabezas allí donde le cercenaban una. Con su comprensible renuncia a enviar tropas a Irán, Donald Trump está renunciando también a controlar la región, por mucho que afirme estar alcanzando inéditos logros militares en Medio Oriente. Mientras quede un radical del régimen con vida, ni Washington ni Tel Aviv pueden respirar tranquilos. Para Israel seguirá siendo un riesgo existencial la vecindad iraní; Estados Unidos, por su lado, podría enfrentar años de atentados en diversas partes del globo. No se puede exagerar el límite de la compulsión chií por el “martirio”.

    Por eso el agujero negro en el que se metió el presidente norteamericano no parece tener fondo. Y a Trump le urge salir de él, a como dé lugar. Mientras más días pase revolcándose en ese pantano, el inquilino de la Casa Blanca no se estará pegando un tiro en el pie sino en ambos fémures.

    El partido Republicano ya venía perdiendo en las encuestas frente a sus adversarios demócratas a razón de seis puntos porcentuales en promedio. Los abusos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), el manejo sospechoso de los archivos de Jeffrey Epstein y el mal desempeño de la economía, entre otros asuntos, le venían imponiendo al mismísimo Trump un techo de 45% de aprobación, uno de los más pobres en el último cuarto de siglo para un mandatario en ejercicio. Con la guerra en Irán, esos índices se han desplomado por debajo del 40%, lo que podría ubicar al actual gobernante –considerando los promedios de ambos mandatos– como el más impopular de la historia demoscópica de EE UU.

    “Ninguna encuesta de Gallup”, sostuvo en su momento el profesor emérito de politología, Dr. J. David Gillespie, “ha mostrado jamás una mayoría a favor de Trump. Su aprobación ha variado apenas 14 puntos, entre el 35% y el 49%. Este es, con diferencia, el rango de popularidad más pequeño para un solo presidente desde que comenzaron las encuestas científicas”. (Ya podemos imaginar las sentencias académicas que producirá el actual fiasco iraní).

    El mandatario republicano necesita urgentemente exhibir un triunfo internacional de amplias repercusiones

    Si los demócratas –que también destacan en eso del auto sabotaje– se cuidan de cometer errores garrafales de aquí a noviembre, nada parece indicar que Trump vaya a conservar las mayorías que posee en ambas cámaras del Congreso. De ahí que el mandatario republicano necesite, urgentemente, dos cosas fundamentales: primero, revertir los graves fallos cometidos en lo interno desde que volvió al poder; y segundo, exhibir un triunfo internacional de amplias repercusiones. En esto último, me parece, Cuba podría ser el naipe que Washington se saque de la manga.

    Y poco más podría hacer Trump. Las destituciones de Kristi Noem y Pam Bondi, secretaria de Seguridad Nacional y Fiscal General respectivamente –producidas en menos de un mes– llegan demasiado tarde para engañar a nadie. En paralelo, a 11 mil kilómetros de Washington DC, el estrecho de Ormuz sigue siendo esa arteria que obstruye la circulación de la sangre política del presidente de Estados Unidos.

  • Presidente Nayib Bukele y la refundación del sistema justicia y penal salvadoreño con la pena de prisión perpetua revisable. 

    Presidente Nayib Bukele y la refundación del sistema justicia y penal salvadoreño con la pena de prisión perpetua revisable. 

    El 17 de marzo de 2026 quedará grabado en los anales de la historia de la justicia, jurídica y penal de El Salvador como el día en que el paradigma de la retribución penal se transformó definitivamente. Tras décadas de un sistema que, bajo una interpretación rígida del garantismo que llego a nuestra América en la década de los noventa, que limitaba la estancia en prisión a un máximo de 60 años en nuestro país.

    El Salvador ha dado un paso audaz hacia un nuevo refuerzo de control social formal. Este cambio no es producto de líneas, corrientes, filosofías, u órdenes de países bajo otra realidad criminal o algún organismo internacional o peor hacer cambios por que se les ofrece fondos, sino de la voluntad política, iniciativa y a propuesta del presidente Nayib Bukele, quien ha invocado y solicitado formalmente la implementación de la pena prisión perpetua revisable. Es el quien gira las instrucciones al ministro de seguridad pública y justicia para llevar la pieza de correspondencia con todos los argumentos, respaldos tecno jurídicos y relacionados con la política criminal, así como de reformas a leyes secundarias y especiales.

    Antes de esta iniciativa del presidente Bukele la legislación salvadoreña se enfrentaba a una paradoja moral y técnica: frente a crímenes que por su atrocidad fracturaban el tejido mismo de la humanidad, el Estado se veía obligado a poner una fecha de caducidad al castigo, máximo 60 en algunos casos, ya que en otros había posibilidad de beneficios penitenciarios. La barrera de los 60 años, aunque extensa, resultaba insuficiente ante la magnitud de la criminalidad organizada y de criminales en lo individual que asoló al país durante décadas. El presidente Bukele, con su liderazgo, interpretando el clamor de una sociedad que prioriza la pacificación territorial, ha propuesto que la máxima sanción sea, en efecto, para siempre, pero con una ventana de revisión que la legitima ante la comunidad internacional y los derechos fundamentales.

    La propuesta del presidente Bukele se posiciona estratégicamente en el combate a los tres delitos que el derecho internacional y la criminología moderna catalogan como las mayores afrentas a la civilización: el terrorismo a gran escala que incluye en nuestro caso a las pandillas criminales, los homicidios intencionales y las violaciones. Al enfocar la perpetuidad revisable en estas figuras, El Salvador se alinea con estándares del Estatuto de Roma y del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, donde la pena de por vida no es un «entierro en vida», sino una medida de seguridad extraordinaria sujeta a la evolución del condenado.

    Esta reforma no debe leerse únicamente como un endurecimiento punitivo. En el marco de la pacificación del país, la pena de prisión perpetua revisable actúa como un mecanismo de incapacitación definitiva para quienes han demostrado una desadaptación absoluta, pero manteniendo la «cláusula de revisión» que exige el respeto a la dignidad humana. El presidente ha logrado algo que parecía imposible antes de marzo de 2026: romper el techo de de los 60 años para garantizar que aquellos que cometieron las peores atrocidades no vuelvan a caminar por las calles salvadoreñas, no se vuelvan a ver sus rostros, a menos que una revisión judicial y técnica exhaustiva demuestre con técnicas científicas su modificación en la peligrosidad y pronóstico favorable para obtener el régimen de libertad controlada. No es cierto que había prisión perpetua antes de marzo 2026 en El Salvador por cientos de años en una condena y agotadas todas las instancias judiciales.

    El presidente  Nayib Bukele ha redefinido el concepto de justicia en la región. El Salvador ya no es el país de la impunidad ni el de las penas cortas para los delitos más graves; es ahora un Estado que, por medio de su gobierno, con la Constitución en la mano, leyes secundarias y especiales adapatadas y la seguridad como bandera, aplica la máxima firmeza permitida por la razón jurídica moderna. La pacificación ha encontrado su ancla legal y permanente.

    *Por Ricardo Sosa / Doctor en Criminología/ Doctorante en Justicia Criminal / @jricardososa

  • Colombia, en la disyuntiva

    Colombia, en la disyuntiva

    El último dictador que padeció Colombia fue el general Gustavo Rojas Pinilla, uno de los pocos mandatarios en la historia que renunció al poder, 1957, iniciándose así un proceso hacia la alternabilidad democrática que, a pesar de las imperfecciones, sitúa al país entre las naciones decanas, solo después de Costa Rica, que efectúan elecciones generales periódicas, plurales y secretas.

    Una información muy interesante, de los tres países que salieron de regímenes de fuerza en los años finales de la década del cincuenta del pasado siglo, Colombia, Venezuela y Cuba, solo el primero ha sido capaz de sostener la convivencia democrática gracias a que sus instituciones y la población, han logrado controlar las ínfulas dictatoriales de más de un caudillo.

    Cierto que Colombia no es la república más estable ni donde más se respetan los patrones de la justicia, además, ha padecido una subversión política de proporciones épicas y lo que probablemente es peor, sufre como ningún otro el flagelo del narcotráfico, con todo lo que se deriva de esa actividad, factores que influyen negativamente en la paz social, obstaculizan el progreso y se prestan como caldo de cultivo para una ingobernabilidad sistémica.

    Sin embargo, sus lideres políticos han honrado los compromisos electorales. La población ha tenido la oportunidad de elegir a sus gobernantes, de equivocarse o atinar en su elección; beneficio que el pueblo venezolano perdió en 1998 cuando votó por Hugo Chávez como presidente, a pesar de sus antecedentes golpistas, de sujeto que no respetaba la democracia. De igual forma, los cubanos vitorearon en las calles a Fidel Castro, creyendo en una renovada epifanía.

    Los golpistas y los conspiradores de oficio en una sociedad que respeta la alternabilidad electoral no creen en la libertad de elección. Quienes recurren a la violencia para alcanzar el poder en una sociedad plural en la que rige la democracia, la peor forma de gobierno con excepción de todas las demás, de acuerdo a Winston Churchill, si llegan al poder, es muy probable que pretendan perpetuarse en él.

    Abordo este tema porque Colombia el próximo mes de mayo se juega su futuro sin encontrarse en el dilema shakesperiano de votar o no votar, tienen que votar porque de no hacerlo puede resultar electo quien menos represente la voluntad popular.

    El voto es un serio compromiso. Es un ejercicio cívico que nos garantiza la libertad y el respeto a nuestros derechos si acertamos, por el contrario, equivocarse, sea por pereza o pura indolencia, puede transformar nuestras vidas en un infierno.

    Todas las elecciones son importantes, pero algunas pueden ser más trascedentes que otras y este es el caso de los comicios colombianos. Los chilenos recientemente se encontraron en una encrucijada similar, debían elegir entre un candidato de derecha, José Antonio Kast o la comunista Jeannette Jara, en mi opinión, tomaron el mejor camino porque considero que las experiencias comunistas y socialistas han sido rotundos fracasos que inevitablemente conduce a sus propios electores a la perdida de derecho y a la miseria más despiadada.

    Los candidatos de mayores opciones en los próximos comicios colombianos representan opciones muy opuestas.

    Iván Cepeda, figura de la izquierda política, representa el Pacto Histórico, una agrupación que llevo a la presidencia a Gustavo Petro, que según los colombianos que conozco y lo que he leído, ha gobernado desastrosamente.

    Cepeda, senador de la República que  sirvió, 2012, como facilitador del Acuerdo de paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP) suscrito por las partes en el 2016, propone impulsar una transformación económica y social profunda.

    Otro aspirante es Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, situado a la derecha, abogado, empresario y político, fundador del movimiento Defensores de la Patria, ha expresado su respaldo al libre mercado y su firme compromiso con restablecer la seguridad publica entre otras propuestas.

    Según las encuestas hay un tercer candidato de relevancia, la abogada y senadora Paloma Susana Valencia Laserna, que representará en los comicios al Centro Democrático que lidera el expresidente Alvaro Uribe Vélez, siendo de los tres aspirantes más importantes la que representa el centro del espectro político nacional.

    Sin dudas son candidatos que representa visiones políticas y hasta ideológicas muy opuestas. Personas competentes y al parecer capaces, lo que hace más complicada la tarea del electorado colombiano.

    *Pedro Corzo es periodista cubano

     

  • El poder de la oración sana a los enfermos

    El poder de la oración sana a los enfermos

    A veces Dios nos brinda avisos. Con mi esposa teníamos un viaje para España; yo iba a un congreso en la Universidad de Sevilla; sin embargo, un día antes, ella fue ingresada de emergencia en el ISSS. Ese fue el aviso definitivo para no viajar. Algo peor hubiese sucedido en esa travesía. No hay duda que Dios nos manda avisos. Se necesitaba sacar el pasaporte, pero mi esposa no tiene huellas dactilares. Tuvimos que llevar la orden de un dermatólogo, así le dieron el pasaporte. Luego, teníamos que tener el pasaporte mexicano y nos lo negaron. Ese fue el otro aviso; tuvimos que cambiar la ruta de vuelo. Los pasajes y el hotel en donde nos hospedaríamos ya lo teníamos comprados.

    Yo, acongojado, fui al Santísimo que está ubicado en San José de La Montaña, he llorado, he pedido con fe a Jesucristo para verle alegres sus ojitos a mi esposa. Me han dicho que es importante mantener la fe y que la oración es una fuente de sanación. Mis hijas han rezado el Santo Rosario.

    Todos nos afligimos, hemos orado junto con muchas personas que lo han hecho en redes sociales. Quiero comentar algo que me sucedió, que, desde mi punto de vista, es espiritual. Estaba tomando mi café solo, la silla de al lado la saqué. Llega el mesero (Franklin) del Pollo Campero de La Campana y me dice: “Acá estaba una señora de piel blanca con usted”, yo le dije que andaba solo. El mesero insistió y me dijo que vio a una señora a la par mía comiendo. Yo le dije que tengo a mi esposa en el hospital, que no se preocupará. El mesero me comentó que nunca le había pasado algo así. Luego, llega mi prima con su hijo y le preguntó lo mismo al mesero y él le rectificó lo sucedido. ¿Ustedes qué opinan amigos lectores?

    El poder de la oración para los enfermos. En esta Semana Santa mi familia ha vivido un vía crucis, hemos estado orando por la salud de Carolina Villatoro de López. Les doy gracias a todos, por este medio de comunicación, por las oraciones hacia mi esposa. Desde muchas partes del mundo me han mandado mensajes en redes sociales para que pronto sane ella. He comprobado que la oración tiene poder. No es importante el tipo de religión de donde emanen las oraciones. Le he leído en el hospital cada oración a mi esposa. Cuando se clama a Dios con fe las enfermedades se disuelven.

    El Domingo de Ramos le traje un ramito a mi esposa. Ella dice que está fuerte, agarrada de las manos del Señor. Ella se sintió alegre, su sonrisa hizo que mi alma se contentara. Fue un aviso que pronto estará en casa. Mi amada Carolina, pronto los cafetales echarán flor, sé que a usted le gusta disfrutar ese espectáculo. Los trabajos jurídicos le esperan (casamientos, herencias, casos penales, etc.). Alguna universidad la seguirá contratando para que imparta asignaturas, especialmente Derecho Penitenciario. Nuestras hijas la recibirán con flores en casa. Dios sabe que aún hay muchas cosas que usted debe disfrutar, como ver a sus nietos.

    En los hospitales se escucha a personas murmurando, sufriendo, gritando del dolor. Los familiares oran pidiendo un milagro de sanación a Dios. Se observa a pacientes más graves que a otros. Las miradas de los que yacen en las camas anhelan estar en su casa. Esa realidad acongoja al más fuerte. De repente, anuncian que un paciente ha fallecido. Uno se pone a pensar tantas cosas. Por esa razón, muchos seres humanos no logran digerir toda esa realidad.

    Señor Jesucristo, no hay día ni horario para darte las gracias por los alimentos, la familia, por la salud, por el trabajo, por todo… En todo momento te alabo. Enséñame cada día a lavar mi alma y mi cuerpo. Guía mis pasos por el sendero del bien. Te pido con todo corazón que sanes el corazón de mi esposa, sus pulmones y riñones.  Aquí estaré, como atalaya, esperando que mi esposa salga del hospital sana. Amén.

    *Fidel López Eguizábal, Docente investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

  • Paz en la tierra y poesía en las alturas

    Paz en la tierra y poesía en las alturas

    La calma que Jesús nos confiere en este meditativo tiempo de Semana Santa no sigue los cauces del mundo, que piensan obtenerla por la fuerza del poder, con las conquistas e imposiciones dominadoras, haciendo valer los intereses opresores en lugar del espíritu donante. Son dos modalidades, tan distintas como distantes; la del Señor sustentada en el camino de la mansedumbre y la de la cruz, de la que todos debemos hacernos cargo, aunque tampoco sea fácil de acogerla por nuestros intereses mundanos; y, la otra, aquella que nos ofrecen los opulentos, basada en la supremacía, que después suele reconducirnos al odio y a la traición entre sí, con la consabida amargura en el alma, dejándonos fuera de vocablo coherente, entre lo que decimos y luego obramos, sin apenas sonrisa alguna.

    Por cierto, a poco que ahondemos en la verdadera fiesta armónica divina, nos daremos cuenta que tenemos que desarmarnos, a la luz de las alegorías místicas del Evangelio, que son el espíritu contemplativo orante, la ternura en vez del temor y el castigo, el perdón y el amor gratuito al prójimo que debe costarnos, para que sea auténtico. Sin duda, es así como se lleva la alianza de las alturas a estas bajuras, con un sentido inequívoco de lo que está bien y lo que está mal, sostenida con una visión basada en el afecto, la moralidad y la acción colectiva. Sea como fuere, la mejor cognición es trabajar fusionados, con lenguajes de tolerancia y de respeto mutuo, que promuevan el atenderse y el entenderse, bajo el cultivo de la empatía, que es lo que aviva la mano extendida y el pulso compartido.

    Desde luego, para que nos cohabite el acuerdo en la tierra y el verso en los cielos, se requiere que pasemos de la codicia que llevamos mar adentro a la caridad que nos hace libres, subrayando el poder de la reflexión ética y la acción compasiva a la hora de abordar los retos actuales. Lo sustancial es dejar que tomen valor y valía comportamientos y modos de vivir enfocados al respeto por la vida, los seres humanos y sus derechos. Por tanto, nadie debería perder la existencia jamás, por ponerse al servicio de la concordia. El rechazo de la violencia en todas sus formas, el reconocimiento de la igualdad de derechos, la adhesión a los principios de democracia, libertad, justicia, desarrollo para todos, aceptando las diferencias, será un modo de fortalecernos para la unión y la unidad.

    Es precisamente esta comunión de tactos, lo que nos aleja de las contiendas, para conciliarnos bajo el paraguas de la fraternidad, rogando que las naciones renuncien a las armas y elijan el horizonte del diálogo y la diplomacia. Si las gentes no se sienten seguras, debido a este aluvión de absurdas hostilidades como lo que está sucediendo ahora en multitud de rincones, va a ser muy difícil que la cercanía se produzca; y, por ende, tampoco puede haber comercio global, del que dependen todas las economías. Hoy más que nunca, nos hace falta pues, continuar trabajando juntos a fin de que la dinámica del amor fraternal se convierta en el itinerario común de todos; a fin, de que nadie sea visto como un extraño o una amenaza, sino que sea reconocido como un aliado.

    Necesitamos enhebrar latidos que nos reconduzcan, dejando de fabricar artefactos. Pongamos de relieve, cada cual consigo mismo, el papel fundamental de la conciencia como fuerza orientadora para lograr abrazar el verso de la savia y poder tejer esos poemas vivientes del que todos, formamos parte y somos miembros. Nuestra esperanza, sin duda, está en tener los pies en la tierra; pero el corazón en el manto celeste, que es donde anida la claridad de lo armónico para poder discernir. Se trata de custodiarnos y de hacer crecer la vocación en una vía constante de conversión y de renovada fidelidad a los derechos humanos, comprometiéndonos a asistirnos unos a otros. Recordemos que, algo tan vital como el pan de cada día es la paz, sin la cual el mismo pan nos resulta molesto.

     

  • Cadena perpetua a la niñez y adolescencia

    Cadena perpetua a la niñez y adolescencia

    El Salvador está en proceso de reformar normativas secundarias para habilitar la pena de cadena perpetua. Esta cadena perpetua comenzaría desde los 12 años. La experiencia en otras partes del mundo, como en los Estados Unidos, demuestra que las sentencias severas no se traducen automáticamente en menos crimen.

    Las tasas de seguridad históricas ahora se logran sin recurrir a la cadena perpetua, quizás demostrando que el éxito a menudo depende del control territorial y la eficiencia del sistema, no de la duración de la sentencia. Cualquier reforma de este tipo deja al Estado en desventaja respecto a la Convención sobre los Derechos del Niño. Por ejemplo, el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en Mendoza y otros vs. Argentina (2013) es el precedente principal en la región sobre este tema; la Corte determinó que las sentencias de cadena perpetua son incompatibles con la Convención Americana (Art. 5.6), que establece que las sentencias deben ser exclusivamente para el propósito de la reforma y readaptación social. Una sentencia de cadena perpetua asume que los niños y adolescentes son incapaces de cambiar, lo cual es contrario a la ley.

    La educación y la prevención, pilares que se fortalecen ya a través de la reconstrucción de escuelas y el suministro de herramientas tecnológicas como tablets y computadoras, deben seguir siendo el núcleo del enfoque de El Salvador. El Estado está abordando directamente las causas raíz que pueden llevar a los niños y adolescentes al crimen, con becas universitarias y mejores condiciones de aprendizaje. Aunque en el país argumenten que al revisar la sentencia de cadena perpetua se elimina la pena de la prohibición de la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), es importante considerar que cualquier pena que no tenga una fecha de finalización clara y corta desde el inicio es contraria al interés superior del niño.

    Los países con sentencias equivalentes no han logrado eliminar el crimen solo por la severidad, y El Salvador ha demostrado que se puede lograr un mayor nivel de seguridad con las herramientas actuales. Además, provocaría conflicto con los tratados internacionales de derechos humanos para los niños y adolescentes, aumentar las sentencias impuestas a ellos no aborda ni reduce la tasa de resocialización; les niega las oportunidades de reintegrarse debido a la precariedad que enfrentan. Y como sociedad, debemos hacer un esfuerzo para identificar esos factores de riesgo y abordarlos. Si las tasas de criminalidad han caído lo suficiente como para que no se necesiten medidas adicionales para frenar y prevenir eso, entonces sentenciar a cadena perpetua sería simplemente una violación a los derechos fundamentales, sin generar ningún beneficio real para la seguridad pública.

    La propuesta de cadena perpetua desde los 12 años es una reforma absolutamente innecesaria. En lugar de avanzar en la resocialización, estas sentencias refuerzan el estigma y excluyen cualquier posibilidad de reintegración, en contravención del propósito educativo que debería sustentar la justicia para la niñez y adolescencia.

  • Época para reflexionar y fortalecer la fe cristiana

    Época para reflexionar y fortalecer la fe cristiana

    Cada ser humano, al margen de su raza o cualquier otra condición, es un templo y todos fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios, es decir como criaturas de la existencia tenemos cualidades divinas que nos hacen diferentes al resto de la creación.

    Nuestra semejanza se basa en la espiritualidad y moralidad, donde se refleja el carácter divino. Todos somos hijos de Dios, un Dios pletórico de bondad, amor al prójimo, misericordia y omnipotencia infinita. Tanto es su amor por los seres humanos que mando a su hijo unigénito a que nos trajera el mensaje de la salvación eterna y que sufriera el sacrificio de la pasión y la crucifixión para lavar los pecados de todo aquel que por fe este convencido que Jesucristo es el camino de la salvación eterna.

    En la Biblia Juan 3:16 dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” La humanidad fue testigo de su sacrificio, pero también de su resurrección, que fue la concreción de su divinidad. Jesús, el hijo de Dios, cumplió su promesa y con ello validó su mensaje de salvación hacia la vida eterna a través de la fe y las obras o acciones que sean bonancibles para la humanidad.

    Nadie sabe la fecha exacta de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, pero la historia registra que la pasión, muerte y resurrección de Jesús tiene su origen en el siglo II d.C. basada en los relatos del Nuevo Testamento.

    La conmemoración se deriva de la pascua, celebrando la liberación espiritual, y evolucionó de reuniones íntimas a una festividad pública, consolidándose con el Concilio de Nicea en el 325 d.C. Por derivarse de la Pascua Judía no tiene una fecha fija. En el referido concilio se estableció la celebración el domingo siguiente a la primera luna llena tras el equinoccio de primavera para separarla de la Pascua judía.

    La Pascua judía es una festividad fundamental que celebra la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto hace más de 3000 años, conmemorando el Éxodo narrado en la Biblia. Se celebra durante siete u ocho días en primavera (marzo-abril) e incluye tradiciones familiares.

    Por supuesto que la Semana Santa es una celebración pagana. pero es muy simbólica y nos permite a los cristianos fortalecer la fe y motivar la espiritualidad de nuestras vidas, sabiendo que hay una promesa de vida eterna y un caminode fe y esperanza de salvación que nos lleva hacia ella.

    Todos los días, especialmente en Semana Santa debemos reflexionar sobre el mensaje cristiano y permitir que Jesús resucite entre nosotros, Más que un templo, Jesús es amor yobras de bien. Lo ideal es acompañar alguna procesión o un acto simbólico sobre la vida, la pasión, muerte y resurrección, pero es mucho mejor una obra o una acción desinteresada hecha con amor y humildad hacia el prójimo.

    En América Latina y muchos países cristianos, la población trabajadora sale de vacaciones y muchos aprovechan para hacer turismo, para pasar en casa con sus seres queridos o simplemente descansar. Eso está bien, pero la ocasión es propicia para reflexionar sobre nuestra espiritualidad y nuestra relación con nuestros prójimos y con Dios.

    Dios agradecerá de mejor manera a quien le da comida al hambriento, abrigo al desnudo y techo al pordiosero, que a quien hace una sentada frente al altar. Aunque obviamente una sentada frente altar tiene un gran valor y una enorme recompensa si se hace con fe buscando la fortaleza espiritual, que nos haga mejores personas de cara a la sociedad.

    A Dios hay que agradecerle por su bondad, misericordia e infinito amor todos los días. Ese agradecimiento en el alma y corazón debe concretizarse con acciones buenas hacia nuestros semejantes. Jesús se sacrificó por la humanidad y para allanarnos el camino a la salvación. Y eso es lo que conmemoramos en la Semana Santa. Es una fiesta pagana, sí, pero nos viene a reconfortar y avivar nuestra fe. Gracias Jesús, porque con tu sacrificio se fortaleció la esperanza de una vida eterna a través de la bondad y la fe. Amén Señor.

    *Jaime Ulises Marinero es periodista

  • Pueblos crucificados

    Pueblos crucificados

    Siendo director del Centro Monseñor Romero, perteneciente a la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), el jesuita Jon Sobrino  publicó en la revista Estudios Centroamericanos del primer trimestre del 2012 un texto reelaborado cuyas ideas fundamentales –según su autor– las expuso durante la conmemoración del sexagésimo tercer aniversario del día en el cual la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) adoptó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En el evento referido , organizado por el instituto especializado en la materia y parte de dicha casa de estudios superiores, se contó con la presencia y participación de víctimas de violaciones de sus derechos humanos. Este teólogo nacido en España pero salvadoreño por opción, título así su artículo: “El pueblo crucificado”. Ensayo con ocasión de los aniversarios de la UCA y El Mozote.

    De entrada citó a Pedro Arrupe, quien fuera prepósito general de la Compañía de Jesús de 1965 a 1983; también a Ignacio Ellacuría, mártir de la UCA, y a Jean Ziegler quien es actual vicepresidente del Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y catedrático en las universidades de Ginebra y la Sorbona. El primero afirmó, en 1976, que el mundo estaba “enfermo”; el segundo, diez días antes de ser masacrado por integrantes del ejército salvadoreño el 16 de noviembre de 1989, sostuvo al momento de recibir el Premio Alfonso Comín que la civilización estaba “gravemente enferma”; el tercero ha asegurado que está “amenazada de muerte” y ha condenado el hambre, calificándolo como un “arma de destrucción masiva”.

    Y al día de hoy, ¿cómo podríamos calificar la civilización? Es más, ¿aún podemos llamarla civilización, cuando vemos en diversas partes del mundo escenas de una barbarie inaceptable y ‒por tanto‒ de un derroche descarado de atrocidades?; ¿cuándo el genocidio del Israel de Netanyahu asola Palestina?; ¿cuando este criminal junto a las fuerzas del imperio yanqui se ensañan con casi dos centenares de niñas escolares en Irán?; ¿cuando esa misma potencia imperial y su decadente conducción aprietan impúdicamente las tuercas del bloqueo contra Cuba, sin importar el daño que le causan aún más a su pueblo?; ¿cuando el conflicto armado ucrano-ruso ya superó los cuatro años?; ¿cuándo la Organización Mundial por la Paz reporta más de 52 conflictos activos en el planeta?; ¿cuándo, además, la biodiversidad de este la están devastando?

    Precisamente relacionado con esto último situémonos en nuestro país, donde desde diciembre del 2024 se aprobó una Ley general de minería metálica con todo y sus consecuencias negativas para nuestras mayorías populares que en gran número habitan un territorio pequeño, atravesado por el río más caudaloso existente en el mismo y cuya contaminación se incrementará. También hay que considerar la situación económica y social de estas, marcada por altos índices de subempleo e informalidad; el deterioro de un sistema de salud que nunca ha sido el mejor, pero que actualmente se ha visto más afectado por los despidos al interior del mismo; no existe autosuficiencia alimentaria, lo que hace dependiente a El Salvador de sus vecinos en lo más elemental para su supervivencia; en teoría, se tiene canasta básica alimentaria más baja de Centroamérica, pero en esta se incluyen menos productos que en los otros países y no ha sido actualizada desde hace más de cuatro décadas…

    Y qué decir cuando vemos a las familias de las víctimas inocentes del régimen de excepción, clamar por un debido proceso para sus seres queridos y llorar a quienes de estos mueren en prisión. Más allá del eufemismo insultante al llamarlos “daños colaterales”, ¿no son estas personas parte del pueblo crucificado salvadoreño? De ahí la pertinencia del título con el que Sobrino etiquetó su escrito, rememorando algunas de las palabras pronunciadas por el cuarto arzobispo de San Salvador durante su homilía del 19 de marzo de 1978. “Sentimos en el Cristo de los brazos abiertos y crucificados, al pueblo crucificado”. Eso dijo entonces monseñor Óscar Arnulfo Romero. Pero aclaró que su prédica de ese Domingo de Ramos, no era la de un “conformismo”; ojo: el pastor no le estaba pidiendo a su rebaño ser pasivo.

    Al contrario. En su Tercera carta pastoral expresó su apoyo al derecho humano de asociación, “sobre todo cuando en las circunstancias del país se considera la ‘organización popular’ como uno de los medios más importantes para la implantación de la justicia”. En consonancia con nuestro santo, una de las lecciones más importantes que nos deja la historia de las luchas populares en nuestro país ‒en el afán por dejar de ser un pueblo crucificado‒ es que estas deben partir de la organización desde el abajo y el adentro de nuestras mayorías populares.