Categoría: Opinión

  • Médicos y edad de retiro: ¿Debe regularse la práctica profesional después de los 60 años?

    Médicos y edad de retiro: ¿Debe regularse la práctica profesional después de los 60 años?

    Hace cuatro años decidí independizarme laboralmente y comenzar a recibir mi pensión. Después del periodo de pandemia me sentía agotado física y mentalmente; además, necesitaba independencia institucional para continuar escribiendo mis columnas de opinión. Sigo activo profesionalmente, aunque de forma independiente, y continúo escribiendo.

    Pero, ¿qué ocurre con el resto de colegas en El Salvador?

    En nuestro país, la jubilación no es obligatoria al alcanzar la edad legal de retiro. Los trabajadores pueden continuar laborando si así lo desean. Según la Ley Integral del Sistema de Pensiones, la edad para acceder a la pensión por vejez es de 55 años para las mujeres y 60 para los hombres, siempre que se hayan acumulado al menos 25 años de cotización. No existe, por tanto, una jubilación forzada o automática; la decisión depende del trabajador y del empleador.

    La edad de retiro es únicamente una referencia para acceder al beneficio de pensión, no una obligación de cesar actividades. Tampoco existe una normativa específica que obligue a los médicos a jubilarse al cumplir la edad mínima general. La práctica médica puede continuar mientras el profesional mantenga vigente su licencia y autorización emitida por el Consejo Superior de Salud Pública.

    ¿Debería regularse la práctica médica en profesionales mayores de 60 años?

    La medicina es una de las profesiones que más demandan precisión, juicio clínico y actualización constante. Por ello, en muchos países se ha debatido si debiese establecerse una regulación específica para los médicos mayores de 60 años. Este debate enfrenta dos valores esenciales: la seguridad del paciente y el respeto a la experiencia profesional.

    Regular la práctica médica en mayores de 60 años puede considerarse necesario desde una perspectiva de seguridad. El envejecimiento no implica necesariamente pérdida de competencia, pero puede afectar la agudeza visual, la memoria o la rapidez de reacción, elementos fundamentales en el ejercicio clínico. Además, la constante evolución del conocimiento médico exige una actualización continua.

    Por tanto, implementar evaluaciones periódicas de aptitud física, cognitiva y técnica podría garantizar que los profesionales sigan ejerciendo con plena capacidad.

    Países como Japón, Corea del Sur, China, Francia, Italia y España establecen edades de retiro obligatorio del sistema público entre los 60 y 70 años, aunque permiten que los médicos que demuestren sus competencias continúen ejerciendo en la práctica privada.

    No obstante, imponer un límite de edad o una jubilación obligatoria también puede considerarse una forma de discriminación. Muchos médicos con décadas de experiencia mantienen habilidades sobresalientes y aportan un valor incalculable en la docencia, la toma de decisiones complejas y la atención empática. La edad, por sí sola, no determina la calidad del ejercicio médico; lo hacen la competencia, la ética y el compromiso profesional.

    Por ello, más que fijar una edad de retiro, los sistemas de salud deberían optar por evaluaciones individualizadas. Este enfoque equilibra la seguridad de los pacientes con el respeto a la experiencia acumulada. En conclusión, la regulación no debe centrarse en la edad cronológica, sino en la capacidad real para ejercer la medicina con excelencia y responsabilidad.

    ¿Qué opinan los médicos?

    Aunque en El Salvador no existen estudios sobre este tema, en México sí se ha investigado la postura de los médicos ante la jubilación. Los resultados muestran que entre los profesionales menores de 45 años, la mayoría proyecta retirarse entre los 50 y 60 años (25% y 33% respectivamente). En cambio, entre los mayores de 45 años, el 21% desea trabajar hasta los 70 y el 13% hasta los 80 o más.

    Las principales razones para jubilarse fueron el desgaste profesional y la expectativa de una pensión económicamente cómoda. Los médicos jóvenes consideran que la edad es un factor determinante para continuar o dejar la práctica, mientras que los mayores de 45 años valoran más la capacidad individual. Sin embargo, ambos grupos coinciden en que a partir de los 71 años un médico podría considerarse demasiado mayor para ejercer.

    En el contexto salvadoreño, con una población envejecida y un déficit de personal de salud, una jubilación obligatoria sería contraproducente. No obstante, en aras de la seguridad del paciente, sería recomendable implementar evaluaciones anuales de competencia médica para los profesionales mayores de 60 años.

    De este modo, se equilibraría la protección del paciente con el aprovechamiento de la vasta experiencia de quienes han dedicado su vida a la medicina.

     

    *El Dr. Alfonso Rosales es médico epidemiólogo y consultor internacional.

  • Una feria sin toldos: la artesanía salvadoreña en la vitrina digital

    Una feria sin toldos: la artesanía salvadoreña en la vitrina digital

    Imaginemos una feria sin toldos: millones de salvadoreños descubren y compran desde una pantalla. En ese mercado sin fronteras, la MYPE que combina su oficio con herramientas digitales y analítica de datos, capta atención, mejora sus ventas y fideliza clientes. En ese proceso ocupa un lugar central la creatividad. No es adorno, sino parte de una estrategia que, al cruzarse con lo digital, aumenta las ventas, abre mercados, fortalece la marca y proyecta identidad cultural.

    En El Salvador, el encuentro de las MYPES y la digitalización avanza de forma desigual. El Informe Estado de la MYPE 2025 (Observatorio MYPE y FLACSO) revela que más del 60 % de las microempresas usa la tecnología sólo para comunicarse, mientras que menos del 15 % ha incorporado herramientas de gestión (inventario, facturación, CRM) o comercio electrónico.

    Un estudio de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), de 2024, muestra que, en El Salvador, la digitalización está dando un aporte a las Industrias Culturales y Creativas (ICC) en sectores como la publicidad, el diseño, la moda y el turismo creativo.

    Aunque no fueron consideradas en el mencionado estudio de la OEI, las artesanías — jarrones hechos con técnicas ancestrales, joyería artesanal a base de productos reciclados o jabones hechos con productos orgánicos, entre otros — son una de las ICC que tienen hoy una ventana de oportunidad con el auge turístico que experimenta el país. Con más de 3.4 millones de visitantes y US $3,600 millones en ingresos en 2024, los pequeños talleres que den el salto al mundo digital pueden convertir ese flujo de visitantes y gasto turístico en ventas sostenidas y empleo local.

    La artesanía y el mundo digital

    La oportunidad es ahora: integrar artesanía y turismo puede multiplicar ingresos y encadenar beneficios en los territorios. Pero para lograrlo, no basta “estar en internet”: el reto es crear valor con lo digital

    Las empresas no deben limitarse a presentar sus productos en redes; también deben producir catálogos bilingües y construir relatos que destaquen los valores intangibles del proceso artesanal, como la identidad y el origen de los productos, los cuales se convierten en ventajas competitivas.

    Avanzar en esta dirección exige desatar algunos nudos: formación intermitente y poco especializada; financiamiento que no entiende los ciclos creativos; articulación frágil entre MYPES, academia y Estado; y comercialización con baja presencia en plataformas de comercio electrónico.

    Desatar esos nudos no requiere una gran reforma, sino decisiones coordinadas: tender puentes de formación entre universidades, empresas, gremios y territorios; abrir laboratorios de prototipado con metas verificables; trazar rutas de comercialización en alianza con plataformas de comercio electrónico y operadores logísticos; crear catálogos bilingües y fichas técnicas; y, muy importante, establecer un sello de autenticidad con criterios de origen, técnica y calidad.

    Uno de los mayores hitos de la artesanía salvadoreña tuvo su origen en el talento y la visión de Fernando Llort, artista plástico, humanista y promotor cultural. Inspirado en el paisaje montañoso, la vida cotidiana y los personajes campesinos de La Palma, Chalatenango, Llort desarrolló un lenguaje visual propio, colorido y simbólico, que conjugaba la espiritualidad popular, la geometría ingenua y la alegría de lo cotidiano.

    Su estilo fue replicado y reinterpretado por numerosos talleres artesanales, consolidando una de las expresiones más reconocibles del arte salvadoreño contemporáneo. Llort demostró que una artesanía con raíces culturales sólidas puede convertirse en una marca país.

    En la era digital, donde la copia y la saturación visual son comunes, preservar una identidad auténtica es clave para destacar y conectar emocionalmente con el público. Llort demostró no solo vendía objetos, sino un relato de identidad, esperanza y color que impulsó el desarrollo local. Hoy, la digitalización puede ampliar estos beneficios si los artesanos logran posicionarse en mercados internacionales, sin perder el equilibrio entre producción, ética y comunidad.

    Como lo reconocen la UNESCO y otros organismos, las ICC son un pilar del desarrollo sostenible y de la diversidad cultural, por su aporte económico y simbólico. Tanto la OEI como el Observatorio MYPE coinciden: la transformación digital se sostiene en el conocimiento y también en la creatividad. Una política de innovación con identidad puede alinear economía y cultura: apoyando al talento local, protegiendo la creatividad y convirtiéndola en valor sostenible. La tecnología impulsará la innovación y la cultura aportará sentido.

  • La planificación estratégica de China: La clave de la grandeza sin precedentes

    La planificación estratégica de China: La clave de la grandeza sin precedentes

    La ascensión de la República Popular China (RPC) a la cúspide del poder global en tan solo siete décadas es un fenómeno fascinante de estudio desde la criminología, la seguridad y defensa nacional que son mis áreas de interés y, es frecuente, que desconcierta a Occidente. Desde la perspectiva de la criminología y la ciencia política, que estudian el orden, el control social y la arquitectura del poder, la «grandeza» de China no es un accidente histórico ni el simple resultado de la casualidad, sino la manifestación de una planificación estratégica rigurosa, incesante y a largo plazo que ha hecho predecibles sus resultados alcanzados.

    La planificación como arquitectura de la estrategia

    El éxito de la RPC en la consecución de objetivos masivos como sacar a cientos de millones de personas de la pobreza (que para mí es el que más destaco) construir una infraestructura de clase mundial, establecerse como líder en tecnología 5G e inteligencia artificial puede entenderse a través de lo que denomino preliminarmente el «Síndrome de la Planificación Centenaria». A diferencia de las democracias occidentales, cuyos ciclos políticos de cuatro a cinco años limitan la visión a un horizonte electoral, ya que, aunque gane el mismo partido político, lo cambian todo porque no corresponde al período político de ese líder o grupo de poder el Partido Comunista Chino (PCCh) opera con una visión de décadas, a menudo proyectándose hasta el centenario de la RPC en 2049. Puede usted estimado lector apreciar esta enorme diferencia para nuestros países en América Latina.

    Esta mentalidad de planificación se filtra a través de los denominados Planes Quinquenales, que no son meras directrices económicas, o cumplimientos de formalidades, sino documentos fundacionales que dictan la dirección de toda la sociedad. En un Estado la planificación se convierte en la herramienta principal para la gestión del riesgo social y la prevención de la desestabilización o crisis a cualquier nivel. Si un gobierno occidental ve la congestión urbana como problemas a mitigar, el PCCh los ve como amenazas para el desarrollo de sus habitantes, como posibles problemas de salud mental, que retrasara el bienestar de su población y por consecuencia el logro de sus objetivos que deben ser eliminadas mediante la ingeniería social, la creatividad, la participación ciudadana y la inversión masiva

     

    El diseño de una gran nación no es casualidad

    En criminología, estudiamos cómo la teoría del control social explica que el orden se mantiene cuando las instituciones tienen la capacidad de hacer cumplir las normas. En China, esta capacidad es inigualable. La planificación de Beijing es un «Diseño de la Cima» un concepto clave que asegura que cada política—desde la reforma educativa y cada una de sus políticas esté alineada con el objetivo estratégico final de la «Gran Rejuvenecimiento de la Nación China.»

    Lo que distingue a China no es solo la ambición de sus planes, sino su capacidad de ejecución y cumplimiento, son ejecutores. Los proyectos son concebidos con una firme determinación y los recursos se dirigen sin las fricciones burocráticas o las obstrucciones políticas comunes en otros sistemas. El resultado es un país que puede construir ciudades enteras en una década, desplegar redes de alta velocidad por miles de kilómetros, o movilizar a su población en respuesta a crisis, todo ello siguiendo una hoja de ruta preestablecida.

    La «grandeza» de China, por lo tanto, desde mi punto de vista, reside en su disciplina estratégica. Es una grandeza que se mide en megaproyectos completados, en metas de reducción de pobreza alcanzadas, y en el orden interno mantenido a través de una supervisión omnipresente. Los cimientos de su poder no se construyeron improvisadamente; fueron calculados, proyectados y cumplidos a través de 70 años de rigurosa adherencia a un plan maestro. El mundo solo está empezando a comprender las implicaciones de un poder cuyo motor principal es la planificación ininterrumpida. No se trata de un milagro es planificación estratégica que tiene continuidad de 70 años y que les permite buscar el logro de los objetivos nacionales permanentes. Esta columna será leída en treinta años y todas las metas abran sido sobrepasadas. La planificación paga bien.

    *Por Ricardo Sosa, Doctor y máster en Criminología 

    Experto en seguridad nacional 

  • Con la Iglesia hemos topado

    Con la Iglesia hemos topado

    En 1974 la Editorial Plaza&Janez publica 12 crónicas escritas entre 1957 y 1959 por quien sería décadas después laureado con el Nobel de literatura, Gabriel García Márquez. Crónicas que viajaban entre lo fantástico y el hecho real reseñado como periodista, mientras trabajaba para la revista Bohemia de Venezuela (originalmente de origen cubana, pero editada posteriormente por sus propietarios, a raíz del triunfo de la revolución cubana).

    Fueron doce, escritos que presagiaban obras mayores convertidas en novelas y cuentos que le haría famoso a nivel universal. Dos de ellas, son de lacerante y emocionante actualidad: “El clero en la lucha” y “Caracas sin agua”. Digo emocionante, pero en realidad pareciere escritas para repetirse una y otra vez, cuan si fuera un Sísifo.

    Escribe el autor, que una vez  mirando Caracas desde el balcón de su apartamento, en medio de una crisis de ausencia de agua en toda la ciudad que ya se prolongaba por más de una semana, su vecino, se la pasaba mirando el cielo desde su balcón, para desaparecer en  breves minutos, y volver a repetir su acción hasta que el sol se iba en el horizonte.

    Una mañana el novel periodista al dirigirse a la sala de redacción de la revista, observó el mismo fenómeno de la acción de su vecino, el del balcón; en la calle, vio que este fenómeno se repetía, muchas personas al detenerse en la esquina antes de cruzar alzaban su mirada al cielo, y movían la cabeza. Fue intrigante para él, ¿qué le pasaba a los caraqueños?, se preguntaría el novel periodista. Seguramente oraban para que pronto cayera la dictadura del General Pérez Jiménez, respondería para sí.

    Al atardecer al regresar a su hogar, se asomó de nuevo al balcón y allí estaba de nuevo el vecino, estático, absorto, mirando al cielo; no resistió la impertinencia y se decidió a preguntarle ¿por qué usted y todo el mundo en la calle mira tanto al cielo?. El vecino ladeó su rostro, le miró detenidamente y le dijo: no se ha dado cuenta que tenemos más de una semana sin agua, sin poder lavar los trastos, bañarnos, poder bajar el retrete o tan siquiera asearnos? Me asomo a ver si ya va a llover, le contestó.

    La otra crónica que relaciono con la anterior, fue la del “El clero en la lucha”. En esta, García Márquez narra las peripecias, posturas y acciones que asumió el clero venezolano frente a la dictadura de Pérez Jiménez y las amenazas de Pedro Estrada Director de la Seguridad Nacional, de su mano derecha Miguel Silvio Sanz, y del propio Ministro de Relaciones Interiores Laureano Vallenilla-Lanz Planchart.

    Allí quedaron para la historia venezolana y la reciedumbre de sus sacerdotes. Quizás por lo importante de su pastoral debemos comenzar por nombrar al Arzobispo de Caracas, Monseñor Rafael Arias, inquieto, luego de muchas peripecias, decidió que se debía leer en todos los templos de Venezuela, el mismo día y a la misma hora, la misma Pastoral que debería estar en cada parroquia el 29 de abril de 1957, para ser leída el 1 de mayo, el Día del trabajador. Y así se hizo, y allí se desencadenó el hostigamiento al clero en la lucha.

    Monseñor Rafael Arias, autor de la Pastoral, el padre Hernández Chapellín, director del diario La Religión, el padre José Sarratud, el padre José Osiglia, Monseñor Moncada, el padre Rafael María Alvarez, y cientos más de ellos, esparcidos en todo el territorio, en Caracas como centro de accionar que  desencadenaron el primero de enero de 1958 y luego el 23 de enero de ese mismo año, el fin de la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez. “Con la Iglesia hemos topado, Don Sancho”, le susurraría Pedro Estrada al General Pérez Jiménez.

    Cincuenta años después, de nuevo la tiranía, esta vez no de militares nacionalistas, graduados en Francia o en la famosa Academia Militar de Chorrillo de Perú, como fue el caso del General Marcos Pérez Jiménez, sino por militares y civiles admiradores de Fidel Castro y su revolución marxista y por antiguos guerrilleros venezolanos de la década de los sesenta, que quisieron edulcorar sus intenciones aviesas con el estrambótico nombre de Socialismo del Siglo XXI, pero que quedó finalmente atrapado por el narcotráfico, los “bolichicos” que transformaron ilusiones en euros y dólares a buen resguardo, y terminaron conformando la organización criminal más poderosa del mundo, dueña total de un estado  gobernado  actualmente Cartel Internacional del Crimen Organizado, instalado en el Palacio de Miraflores y en Fuerte Tiuna.

    Verdadero enemigo de la humanidad, que finalmente se ha topado con la Iglesia. Ya no son nuestros héroes del púlpito con su constante denuncia de violación de los derechos humanos, desde que el felón Teniente Coronel Hugo Chávez Frías traicionó su juramento militar y razón de ser, de defender la Constitución y leyes de la República, así como la soberanía nacional (entendida como territorio y ciudadanía), hasta esta insólita ocupación territorial, ideológica y económica que sufre y soporta Venezuela, con el ignaro Nicolás Maduro y sus cómplices que usurpan el poder y martiriza a sus ciudadanos.

    *Juan José Monsant Aristimuño es diplomático venezolano retirado, fue embajador de Venezuela en El Salvador

  • Practiquemos las relaciones humanas para ser más exitosos

    Practiquemos las relaciones humanas para ser más exitosos

    Este escrito va para todos los lectores, es que los seres humanos somos sociables por naturaleza, tal como lo manifestó Aristóteles. Un niño, por ejemplo, no le pregunta a otro ser humano por su edad, en dónde vive, qué posición social tiene, qué cargo ostenta en un determinado empleo, un niño no discrimina, no tiene diferencias. El adulto es el que pone barreras. Por lo tanto, un infante es más sociable.

    ¿Qué es la sociabilidad? La sociabilidad es un término que se usa para describir la predisposición innata de los seres humanos a asociarse, interactuar y formar relaciones con otros. Esta definición la podemos llevar hasta en la era en donde los humanos tenían que asociarse en grupos para poder cazar animales grandes.

    En la actualidad, el ser humano ha cambiado, tal parece que los teléfonos inteligentes le han anulado, casi en su totalidad, las relaciones humanas. Byung-Chul Han manifestó en su discurso como ganador del premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades que: “Es el teléfono inteligente el que nos utiliza a nosotros, y no al revés. No es que el smartphone sea nuestro producto, sino que nosotros somos productos suyos. Muchas veces sucede que el ser humano acaba convertido en esclavo de su propia creación”.

    En la casa se ha evidenciado que cada quien está como atalaya vigilando su celular, está pendiente de las notificaciones, las cuales no cesan. El celular es muy importante; sin embargo, no cuesta nada saludar a las personas, en una oficina, por ejemplo, alguien entra y saluda y notamos que nadie le contesta el saludo. Todos están hipnotizados con el celular. Recuerdo que en una ocasión, en unos restaurantes en Francia les decían a sus clientes que tenían que conversar y no estar usando los celulares. Estas tecnologías están haciendo que las personas sean asociables.

    La pandemia fue un ejemplo de volver a la socialización. De conversar entre familia. Es importante recalcar que la sociabilidad inicia en el hogar. A la hora de ingerir nuestros alimentos, es momento oportuno para que inicie la conversación, que nos preguntemos qué tal nos fue en la faena diaria. En otro contexto, en algunas familias hubo conflictos; ya que, no lograron conectar después de estar sin relaciones humanas por mucho tiempo.

    Es importante practicar las relaciones sociales, las cuales son cruciales para el aprendizaje y el bienestar emocional. Mientras tanto, una persona que se aísla tiende a ser apática y se le nota la tristeza. Según la psicología, las personas asociables no son emocionalmente capaces de enfrentar los retos, pierden el sentido de pertenencia y son ansiosas. La soledad es dañina para la salud mental.

    En mis cátedras les exhorto a mis alumnos que la clave del éxito de todo ser humano son las relaciones humanas. Entre más amistades tengamos nos irá mejor en la vida. Es importante hasta socializar en las redes sociales. Si alguien, por ejemplo, anhela una plaza laboral, que mejor hacerlo a través de Linkedln. Las redes sociables son una red en donde se nos posibilita acrecentar más las amistades.

    Recordemos el título de la canción del brasileño Roberto Carlos, “Un millón de amigos”. Nos deja un mensaje en donde todos somos capaces de abrir los brazos, ser empáticos y tener muchas amistades. Acá se corrobora la hipótesis, mientras más amistades se tengan, incrementa la posibilidad de poder conseguir los propósitos en la vida.

    Una persona exitosa es la que practica las relaciones humanas, es la que no busca pretextos o impone barreras. En conclusión, para tener excelentes relaciones humanas, se debe ser amable, generoso, comunicativo, carismático y servicial.

     

    *Fidel López Eguizábal es docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

  • Un enemigo sin fronteras: el auge del narcotráfico en la era digital

    Un enemigo sin fronteras: el auge del narcotráfico en la era digital

    Pete Hegseth, secretario de Guerra de Estados Unidos, encabeza actualmente una campaña militar intensificada contra redes de narcotráfico en el Caribe y en zonas cercanas a Venezuela, bajo la administración Trump. Hasta este 24 de octubre, la operación ha dejado un saldo de 43 personas muertas en 10 ataques contra embarcaciones sospechosas de mantener vínculos con grupos como el Tren de Aragua, catalogados por EE. UU. como organizaciones terroristas.

    El gobierno de Trump sostiene que estas acciones reducirán de forma significativa el tráfico de narcóticos hacia el país del norte. Sin embargo, expertos en narcotráfico advierten que la campaña tendrá un impacto limitado, cuando no nulo, sobre el flujo ilícito de drogas.

    En los últimos quince años, el negocio de las drogas ilegales ha experimentado una transformación profunda. Hoy, las redes de narcotráfico operan como corporaciones globales, utilizando criptomonedas, la “dark web” y complejos sistemas financieros internacionales. La producción de estupefacientes ya no está centralizada en los grandes carteles tradicionales ni se limita a América Latina o Asia. Actualmente, las drogas sintéticas —como el fentanilo— se fabrican en laboratorios pequeños y móviles distribuidos en diversos países, incluidos algunos centroamericanos, como Honduras, Guatemala y Belice.

    África Occidental y los Balcanes se han consolidado como corredores estratégicos hacia Europa. Los nuevos carteles emplean inteligencia artificial, drones y submarinos para evadir la vigilancia de las autoridades. El narcotráfico, cada vez más tecnificado y flexible, logra adaptarse con mayor rapidez que las políticas antidrogas, manteniendo una rentabilidad estimada en más de 500 mil millones de dólares anuales.

    La producción de drogas ilícitas ha pasado de depender de cultivos agrícolas en regiones específicas a una industria química globalizada, impulsada por la tecnología y los mercados digitales. El control se ha dispersado: ya no hay “grandes carteles” dominantes, sino redes flexibles y transnacionales que adaptan la producción según la demanda y la presión de las políticas antidrogas. La tendencia global de producción de drogas ilícitas es claramente ascendente. Por ejemplo, la producción de cocaína aumentó cerca de un 50 % entre 2021 y 2023, alcanzando más de 3 000 toneladas en 2023, según datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). El mercado más grande para la cocaína ilícita continúa siendo el de las Américas, especialmente Estados Unidos, seguido por Norteamérica, Europa Occidental y Central, y Sudamérica, que en conjunto conforman los principales centros de consumo a nivel mundial. Simultáneamente, aunque la producción asciende, debido al aumento de la demanda el precio al consumidor también se ha elevado. Así un kilo de cocaína en Estados Unidos oscila entre $28 mil y $70 mil dólares, En Australia, el precio por kilogramo puede llegar hasta los $240 mil dólares y en Irlanda el precio al por mayor ha subido a mas de $40 mil dólares por kilogramo.

    Impacto global de la guerra contra las drogas:

    La llamada guerra contra las drogas, iniciada formalmente en 1971 por el presidente estadounidense Richard Nixon, buscaba erradicar la producción, tráfico y consumo de drogas ilícitas a través de políticas de represión, militarización y criminalización. A pesar de las enormes inversiones —estimadas en billones de dólares— los resultados han sido limitados y, en muchos casos, contraproducentes. Si bien algunos gobiernos lograron debilitar temporalmente a grandes carteles, la producción y el consumo de drogas no han disminuido. Por el contrario, la industria del narcotráfico se ha adaptado y expandido. Uno de los efectos más notorios ha sido la militarización y el aumento de la violencia, especialmente en países productores o de tránsito como Colombia, México y Honduras.

    La ofensiva antidrogas ha generado cientos de miles de muertes, desplazamientos y violaciones de derechos humanos. Al mismo tiempo, la criminalización del consumo ha provocado una crisis carcelaria mundial, con millones de personas encarceladas por delitos menores, en su mayoría jóvenes y de bajos recursos.

    La guerra contra las drogas también ha debilitado instituciones, fomentado la corrupción y erosionado la confianza ciudadana, mientras que las políticas de erradicación forzada han causado daños ambientales y afectado gravemente a comunidades rurales. Ante estos resultados, y aunque el gobierno de Trump mantenga su cerco ante Venezuela, varios países se han replanteado este enfoque represivo, adoptando estrategias centradas en salud pública, la prevención, y la reducción de daños. Modelos como los de Portugal, Canadá y Uruguay muestran que las políticas alternativas pueden reducir la criminalización y los daños sociales sin aumentar el consumo.

    * El Dr. Alfonso Rosales es médico epidemiólogo y consultor internacional.

  • Mensajes secretos, discursos públicos

    Mensajes secretos, discursos públicos

    Los escenarios de guerra son proclives para los sinceramientos. Lo que ‘no se puede decir’ en público, en los mensajes secretos, durante las guerras, aparece con claridad y retrata al personaje. Y esto aplica quizá para cualquier guerra.

    Durante la segunda guerra mundial hubo a diversos niveles mensajes secretos, que examinados ahora arrojan luz sobre perspectivas, propósitos y talantes.

    Un poco antes del estallido de la segunda guerra mundial, Stalin y sus mariscales y sus confidentes quisieron pasarse de listos y gestaron un pacto de no agresión con Hitler y su gendarmería. Y, por un momento, parecía que sí, esas dos potencias enemigas era posible que interpusieran un muro. El cabo Hitler, en un arranque de ansiedad, les ordenó a sus generales lanzarse contra la Unión Soviética, quizá sin haber estudiado un poco lo que le pasó a Napoleón Bonaparte cuando en el siglo XIX se dispuso a avanzar sobre Moscú. Y, claro, pronto llegó el empantanamiento de las tropas alemanas y los jerarcas nazis a lo mejor no lograron comprender a tiempo que se habían descuadrado y habían ―por empeñarse en llegar a Moscú― comprometido sus otros frentes de batalla.

    Así, la correspondencia secreta entre Stalin y Churchill comenzó con un mensaje personal que el primer ministro inglés le envió al ‘Sr. Stalin’, y que fue recibido el 8 de julio de 1941, es decir, apenas solo unos días después de que Alemania inició su invasión a la Unión Soviética, el 22 de junio de 1941.

    De algún modo, para los soviéticos, aquello fue sorpresivo, puesto que el pacto Ribbentrop-Mólotov (‘tratado de no agresión’) se había firmado el 23 de agosto de 1939.

    Si se sopesa con cuidado ese giro de timón de Alemania, es fácil descubrir la ausencia de elementos de peso para provocarlo. Solo en la enfebrecida mente del cabo Hitler semejante dislocación de fuerzas y recursos podía tener un saldo favorable para el proyecto de dominación mundial pretendido por los nazis.

    Pues bien, una vez roto el pacto entre Alemania y la Unión Soviética, sir Churchill se adelantó a ponerle la alfombra ‘roja’ a Stalin, quien después de  dudas / consultas / elucubraciones le respondió el 18 de julio de 1941.

    Son bastantes mensajes secretos los que intercambiaron Stalin y Churchill. Hay uno que para los pelos ―fue recibido el 10 de abril de 1942―, y no porque lo dijera Stalin (que a esas alturas venía de ganarse la fama de matarife de sus compatriotas; y es que los Procesos de Moscú son solo un capítulo de aquel pandemónium de liquidación de opositores), sino porque lo escribió Churchill, a quien años después se le concedería el Premio Nobel de Literatura.

    Dice así esa joya de sinceramiento: ‘Contesto a su mensaje del 29 de marzo [de 1942]: 1) A principios de mayo haré una declaración por la que los nazis quedarán advertidos de que emplearemos gases tóxicos en respuesta a ataques análogos a su país. La advertencia, claro está, concerniría también a Finlandia con el mismo motivo y también se la mencionará, aunque no veo la forma de que lleguemos hasta allí [¡!]; 2) Tenga la bondad de enviar su especialista en cuestiones de defensa y contraataque anti químicos para valorar exactamente qué materiales necesita recibir de Inglaterra el gobierno soviético. Haremos entonces todo lo que de nosotros dependa para atender sus deseos.; 3) Naturalmente que, si le precisa incluso antes de que se nos entregue el comunicado de su especialista, podemos proporcionarle a usted, por el primer barco que zarpe, un mínimo de mil toneladas de iperita y mil de cloro. La aspersión de iperita representa mayor peligro para las tropas en campo abierto que para los habitantes de las ciudades’. [¡!]

    La respuesta de Stalin, el 22 de abril de 1942, es alucinante, porque dice que muchas gracias por la oferta de la iperita y el cloro, pero que él quisiera mejor hipoclorito de calcio y cloramina, y si eso no se puede, pues cloro líquido en bombonas. Todo eso es un desvarío químico de dementes que saben que morirán miles de personas como consecuencia del uso de esos preparados.

    Si Stalin o Churchill hubieran dicho esto en una conferencia de prensa, por ejemplo, habría sido un escándalo, y por eso lo hacen por medio de mensajes secretos. En público guardaban las apariencias, pero en el marco del ‘top secret’ desataban sus demonios.  En el discurso público trataban de ser pundonorosos, pero debajo de la mesa no se andaban con chiquitas.

    *Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

     

  • La respuesta está… 

    La respuesta está… 

    No ha faltado entre la gente que me quiere bien –la hay, aunque no lo crean– más de alguna que me haya cuestionado por qué evoco recurrentemente ciertos hechos transcurridos a lo largo de la historia, tanto de la nuestra como de las de otras tierras. Debo admitir que es una de mis manías cuando me lanzo a redactar mis atrevidas incursiones mediáticas; atrevidas, valga la aclaración, más por libres que por valientes. Pues bien, ese habitual ejercicio que me interesa recrear semanalmente  responde a una enraizada y comprometida convicción: es algo necesario y sano, pues a partir de este podríamos intentar y quizás hasta lograríamos evitar tropezar una y otra vez con las mismas piedras. No se trata, claro está, de una ocurrencia mía. Para nada. Pero duele tanto caer repetidamente en las mismas aberraciones, que deberíamos tenerlo siempre presente. Y es que si su práctica fuese más extendida en El Salvador y el mundo, quizás “otro gallo nos cantaría”.

    Pero no. Hay quienes no ven más allá de sus egoístas y cortoplacistas intereses. Así las cosas, por no conocer nuestro pasado o al descartarlo sin tener en cuenta sus lecciones, tendemos a regarla de manera irresponsable muy de vez en cuando. Es el caso lastimoso, por ejemplo, del ejercicio del poder autoritario y su sumisa aceptación por cierta parte de una población poco educada y lastimosamente por momentos abundante. Sin embargo, existe la otra cara de la moneda: el de las desafiantes expresiones de rebeldía popular organizada, a veces hasta armada, en pie de lucha dentro de tal escenario. También deberían estar presentes en nuestro imaginario, las altas facturas sociales que por esas vueltas de nuestro acontecer nacional hemos debido pagar. De ese devenir histórico tendríamos que rescatar, como algo meritorio y necesario, la defensa de la educación superior pública por ser parte esencial de la vigencia de los derechos humanos reconocidos para el beneficio de nuestras mayorías populares a partir de su desarrollo integral.

    Pero en el contexto de la actual regresión política e institucional en el país después de tanto sufrir durante la preguerra, la guerra y la posguerra, lamentablemente vemos cómo la Universidad de El Salvador está siendo asfixiada por los enemigos de la inteligencia y el saber; son estos quienes pretenden sumirnos en la ignorancia ciega y el fanatismo idólatra. En ese marco, dentro de su seno emergieron dos de las figuras históricas más insignes y representativas de la lucha por la dignidad humana individual y colectiva; son parte del legado de nuestra alma mater y continúan más vigentes que nunca: su rector mártir y un ejemplar alumno de la Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Sociales. Sus nombres: Félix Ulloa Morán y Herbert Anaya Sanabria. Su permanencia física en este mundo fue truncada hace 45 y 38 años respectivamente, casi en la misma fecha a finales de octubre; asimismo, los responsables de estos hechos criminales permanecen protegidos por la rancia impunidad estatal.

    Para Herbert, la posibilidad cierta de su asesinato era algo que tenía bien presente; sabía que en algún momento llegaría de forma abrupta, producto de su opción consciente en favor del pueblo sufriente. “La preocupación de no seguir trabajando por la justicia ‒declaró este‒ es más fuerte que la posibilidad cierta de mi muerte; esta es sólo un instante, lo otro constituye la totalidad de mi vida”. Félix, el grande, de igual forma pensaba más en la existencia de nuestra máxima casa de estudios que en la propia. “La Universidad de El Salvador se niega a morir ‒proclamó este‒ y nosotros estamos aquí para que viva por siempre”.

    Herbert y Félix, Félix y Herbert… Enormes seres, inolvidables ejemplos de vida plena, hijos predilectos de la sabia y guerrera diosa Minerva. ¿Renunciaremos a su legado de sapiencia, entrega y heroísmo así, sin más? ¿Podrá la mediocridad oficialista dominante hoy por hoy en nuestra tierra, imponerse sobre este par de protagonistas históricos y emblemáticos que deberían brillar por siempre con luz propia? Las “luces led” de unos corrientes “semiconductores” prepago, ¿terminarán ensombreciendo y hasta ocultando el esplendor de estos héroes reales que ni la muerte pudo matar?

    Las respuestas a esas interrogantes existen. Solamente debemos buscarlas, pienso, en los  vientos de octubre romerianos impregnados en el presente y para el futuro por la  rebeldía de nuestro buen pastor, también mártir por la fe y contra la injusticia; rebeldía de la buena, que fuera santificada hace siete años por el papa Francisco y que acaba de ser ratificada por su sucesor en el trono pontificio. “¿Cuántos años pueden existir algunas personas ‒cantó Dylan‒ antes de que se les permita ser libres?”. Las respuesta están ahí…

  • Delincuentes disfrazados de aficionados

    Delincuentes disfrazados de aficionados

    Al menos siete delitos se le pueden atribuir a los fanáticos de Alianza F. C. que atacaron a pedradas de manera irracional y delictiva a aficionados de FAS que el sábado pasado se dirigían en un autobús, sobre la carretera Panamericana, hacia el estadio Oscar Quiteño de Santa Ana a presenciar el partido entre FAS y Alianza.

    Los delincuentes disfrazados de aficionados pueden ser acusados de agrupaciones ilícitas, daños materiales, desórdenes públicos, lesiones, homicidio en grado de tentativa, limitación a la libertad de circulación y amenazas.  Se agruparon para atacar y es evidente que actuaron de manera planificada y con alevosía; le quebraron vidrios y focos de luces al autobús donde iban las víctimas;  generaron desórdenes en la vía pública lo que provocó zozobra y angustia a sus víctimas y a quienes circunstancialmente transitaban por el sector; causaron golpes y heridas a más de un aficionado de FAS; lanzaron piedras con saña y la finalidad de matar a alguien tal como se aprecia en los video; su intención era que el bus y los aficionados del otro equipo ya no continuaran su viaje, restringirles el paso; y gritaron amenazas de muerte generando pánico entre sus potenciales víctimas (en su mayoría mujeres y niños, según los videos).

    A los que resulten culpables fácilmente se les puede acumular más de 25 años de cárcel y la responsabilidad civil por los daños materiales causados. Eso sí, la Fiscalía General de la República (FGR) debe investigar a profundidad y acusar de manera firme e individualizada únicamente a los que participaron en el bochornoso ataque. Sí hay inocentes, hay que dejarlos en libertad.

    Hasta ahora la Policía Nacional Civil (PNC) ha asegurado que luego de un “intenso operativo” detuvo a 20 sospechosos los cuales ya presentó a la población como los autores del ataque ocurrido la tarde-noche del sábado pasado en el carril de San Salvador hacia Santa Ana, en la jurisdicción de San Juan Opico; sin embargo, las investigaciones de la FGR aún no individualizan a los imputados.

    En ese suceso las víctimas hicieron videos y al difundirlos a través de redes sociales han facilitado la identificación de algunos de los detenidos como autores materiales del ataque. Otros aparentemente no tienen mayor participación, pero insisto, debe ser la Fiscalía la que investigue e individualice para no castigar a inocentes. A los que resulten involucrados y culpables se les debe aplicar con todo rigor las leyes. La justicia debe ser implacable con los delincuentes aunque actúen disfrazados de fanáticos aficionados.

    No es la primera vez que fanáticos albos se ven envueltos en hechos delictivos. Hace varios años, cuando regresaban del oriente del país, saquearon una tienda de conveniencia sobre la carretera Panamericana, en San Vicente. Años después generaron desórdenes en los alrededores del estadio Jorge “Mágico” González. Esta vez la PNC hizo una redada y detuvo a todo aquel que portaba playera con los colores del Alianza, mientras que quienes originaron los desórdenes lograron escapar.

    En la mayoría de desórdenes de barras de aficionados se encuentran involucrados seguidores albos. Recientemente unos pocos fueron a provocar desórdenes a la ciudad de Antigua, Guatemala, declarada patrimonio cultural de la humanidad, donde macharon con grafitis algunas viviendas. Otras veces se les ha visto lanzado piedras y provocando pleitos con otras barras.

    Desde luego, no solo Alianza tiene malos y problemáticos aficionados, también los hay en otros equipos como FAS, Águila y Luis Ángel Firpo, equipos mal llamados grandes de la deficiente liga salvadoreña. Malos aficionados los tiene hasta la Selección Nacional, donde nos sancionan por racistas e intolerantes tal como ocurrió recientemente en el juego contra Surinam.

    Mis respetos para los verdaderos y buenos aficionados de Alianza porque son mayoría, pero a esos pocos que se disfrazan de fanáticos para saciar sus bajos y malos instintos, su intolerancia, amargura y frustración se les debe castigar con dureza, aunque antes hay que probarles su culpabilidad siguiéndoles el debido proceso.

    La actuación negativa de los malos aficionados es un problema de cultura estructural. Las drogas, el alcohol, las malas influencias, las frustraciones sociales, las convivencias deficitarias, la mala fundamentación de valores en el seno de la sociedad y particularmente en el sistema educativo y el núcleo familiar, es entre muchos factores, causas de los malos y nefastos comportamientos. En todo caso, las personas tienen libre albedrío y, salvo en pocos y especiales casos, la posibilidad de diferenciar el bien del mal. Es decir, el culpable de sus actos es el propio individuo.

    La prensa deportiva, las instituciones y la sociedad en general no debe pasar desapercibido este hecho y debemos mantenernos atentos y exigir dureza con justicia. Los dirigentes del futbol nacional deben activarse y evitar el acceso de fanáticos revoltosos a los escenarios deportivos, tomar medidas disciplinarias estrictas y justas con los delincuentes disfrazados de fanáticos. Que alguien pague su entrada no le da derecho a protagonizar desórdenes ni fuera ni dentro de los escenarios.

    La prensa deportiva está obligada a fomentar valores y a promover la sana convivencia entre aficionados y a no promover malinchismos idiotizantes. Conozco a personas que ni siquiera son capaces de ubicar a España en un mapa, pero que dicen “Mi Barcita” y que se declaran “enemigos a muerte” de quienes dicen “Mi Madrid” y viceversa. Salvadoreños que siguen a Messi y que son capaces de liarse a golpes con seguidores de Cristiano y viceversa.  A veces veo o escucho programas deportivos donde se fomenta el divisionismo, incluso supuestos periodistas que dejan a un lado el profesionalismo y se desenvuelven como aficionados.

    En definitiva, a juzgar por los resultados a nivel de selección nacional y la primera división, nuestro fútbol pasa por una de sus peores crisis, acentuada por los comportamientos de unos pocos cafres que disfrazados de aficionados son en realidad delincuentes peligrosos a los cuales hay que aplicarles todo el peso de la ley, pero con justicia.

    Que se haga justicia y que a estos pseudoaficionados se les  investigue a fondo para que los que resulten culpables paguen con cárcel sus fechorías y que jamás se les permita ingresar a un escenario deportivo. Los demás fanáticos deben poner sus barbas en remojo. Ser aficionado a un equipo es derecho respetable de cada salvadoreño, atentar contra un aficionado rival es un acto delictivo… de terrorismo.

    *Jaime Ulises Marinero es periodista

  • La palabra que sale de nuestro ser: la literatura salvadoreña y su voz en el mundo

    La palabra que sale de nuestro ser: la literatura salvadoreña y su voz en el mundo

    La literatura salvadoreña es más que un conjunto de libros: es una patria invisible donde vive la memoria del pueblo. En sus páginas se escucha el murmullo de la historia, los desafíos, las heridas, el dolor y también la esperanza que nos sostiene.

    Leer a nuestros escritores es escucharnos a nosotros mismos, reconocernos en nuestras alegrías y sufrimientos, y descubrir que cada palabra escrita por un salvadoreño es una forma de vida, de fe y del caminar del pueblo.

    Desde los primeros tiempos, Francisco Gavidia abrió el camino. Maestro, poeta, traductor y soñador, enseñó que la palabra puede elevar al hombre por encima de su miseria. Fue el primero en comprender que un país sin letras es un país sin alma. Su ejemplo fue semilla que germinó en otros escritores que, a su tiempo, dieron forma al espíritu nacional.

    Después vino Salarrué, con su pluma tierna y profunda, que recogió el habla y el corazón del campesino. En sus Cuentos de barro se siente el olor de la tierra mojada y la voz sencilla del pueblo que nunca deja de soñar.

    Alfredo Espino, reconocido por poetizar la realidad salvadoreña y sus paisajes, es considerado uno de los autores clásicos más leídos de la literatura centroamericana. Claudia Lars, poeta y educadora, fue una figura central de la literatura salvadoreña del siglo XX, caracterizada por una poesía lírica, romántica y de métrica refinada.

    Luego, Roque Dalton, con su fuego y su rebeldía, transformó la poesía en un grito de justicia. Su verso no buscaba aplausos, sino despertar conciencias. Nos dejó una amplia producción literaria y múltiples reconocimientos internacionales, como el Premio Casa de las Américas en 1969.

    David Escobar Galindo, con su palabra limpia y filosófica, nos recordó que la poesía también puede ser oración, y que escribir es una forma de reconciliación.

    Manlio Argueta, con Un día en la vida, mostró la dignidad del campesino salvadoreño y la fuerza de las mujeres que, aun en medio del dolor, siguieron sembrando esperanza. Su novela llegó a cientos de países, traducida a doce idiomas.

    Horacio Castellanos Moya, con su mirada aguda, retrató los desencantos del poder, el exilio y la ironía de nuestra historia. Traducido a quince idiomas, recibió, entre otros reconocimientos, el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas (2014).

    Y en tiempos más recientes, Claudia Hernández ha llevado nuestra literatura a escenarios internacionales, hablando de la fragilidad humana y de los silencios que deja la violencia. Traducida a tres idiomas, fue ganadora del Premio Juan Rulfo en 1998 y del Premio Anna Seghers en 2004.

    Cada uno de ellos, y muchos otros que hoy quedan en el tintero, con estilos distintos, ha sido una antorcha encendida. Gracias a ellos, El Salvador tiene un rostro en el mundo literario y un corazón que late en el idioma español.

    Pero la literatura no pertenece solo a los escritores. Pertenece a quien la lee, a quien se deja tocar por una historia y vuelve a creer en el poder de la palabra. Leer a nuestros autores es un acto de amor a la patria; es reconocer que seguimos vivos en la memoria de sus páginas.

    La Biblia dice: “La boca del justo habla sabiduría, y su lengua expresa justicia” (Salmos 37:30). Así también, el pueblo que ama las palabras sabias de sus escritores prospera, y aquel que las olvida, pierde su voz en el ruido del mundo.

    Nuestra tarea es sencilla y grande a la vez: seguir leyendo, para seguir existiendo.

    * Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial. 

    alfredocaballero.consultor@gmail.com